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Sinopsis
Una aventura con tintes románticos,
momentos entrañables, y un conjunto de jeroglíficos que nos ha
dejado la historia y las mentiras de la iglesia para reconstruir la
profecía del Argamedon.
- Una lucha entre un hombre casi común, José de
Nazaret, engañado por su fe, contra un Dios que le robó todo
cuanto quería, a su hijo y a su mujer. ¡Dos mil años esperando
la batalla final merece que sepamos la verdad!
Salvar al mundo, recuperar el amor, y
descubrir el misterio de nuestra existencia, ¡sólo estará disponible
para ti!
El novelista Carlos Nevado con su 5º Libro vuelve a asombrar al mundo con un manuscrito,
que hará temblar las puertas del cielo, y remover las cenizas del infierno.
José Vs Ratzinger Z ¡HEIL
DIOS!
Juan Carlos Nevado Sendarrubias
Prólogo
¡Es oportuno, ahora!
Si me faltaran teorías, no rezagaré,
el tiempo me enseñó a encontrarlas día a día.
Si el cielo se nubla y enferma, si se
gasta y nada llega, me denegaré a voluntad de haber vivido.
No me siento sentido, no encuentro
acaecido ahora en estado de milenios divididos en intervalos de un
girar terrenal haberlos tenido. Veinticuatro horas en la reserva, la
recamara malgastada, será trasmutada por una nueva, una que acabe,
que no pueda denegar a constancia interesada de la conformidad
pírrica del empeño por disponer de la huida en esta perseverancia.
De nuevo un día perdido, solo son
pasos que descuento hasta que mi teoría acelere, crezca hasta
convertirse de un delirio real, sólo será cuestión de esperar en la
eternidad. Esa es mi mentira, mi absoluta realidad.
Así en engaño me enredo en franqueza
de autenticidad.
Sin mancillar el corte de los rayos
de sol se figura su presencia.
Debe haber un proverbio ideal, se le
ha debido figurar andando, al fijarse en sus pasos profanando al sol
en sus directrices lineales. En esta reciente mañana, los
cristalinos rayos llegan traspasando la vidriera de colores que
asoman desde el exterior del edificio, temiendo resignados que
dentro fenece su viaje que partió hace más de ocho minutos desde el
gran astro universal, la piedra angular que emite la fuente de la
vida, ¡o copérnico mintió!
Asomando un nuevo día, callados
golpean radios refulgentes contra la materia construida.
Y anda, y al hacerlo corta la línea
de su sprint final de trescientos mil kilómetros por segundo, sin
que ese candor pudiera en ningún momento asomar aquejándose,
pidiendo paso en su desesperado tropiezo secular.
Así teorías, como romeos escondidos
yerro en la vida.
Si fijara metas nada intentaría, si
clavara en mi memoria tu mirada, todo cambiaría.
Si hasta ayer no supe que era el
perder los hoy, si te lograra encontrar y saltar al mañana.
Si ayer no fue ayer, si ayer quedó
recóndito en miles de algo sujeto a una medida temporal, inocua
transitoria en su propio rebujo. Debo palidecer de reencontarme para
lograr simplemente ser un paso a hoy en mi ser.
Está lista, es mi ridícula idea
pequeña, debo darme mas prisa. Sin embargo me maldigo como oración
de misa, la alocada dependencia de desganada risa, de que mi sueño,
cuando llegues ante mí me avisaras, dame un toque a mi cabeza...
Y crecido en la existencia de la
mentira, sólo recreativo y siendo una ficha en una miserable
partida, nunca debo parar o moriría, la fábula forjada, en mi mente
demente vacía. ¿De que valdría? Esos cantos, esos ruegos, esos
llantos, de rescatarte de ese cielo en que tú creías.
Y si la crisis me niega llegarte a
buscar, doy vuelta, doy puerta, no dejo que se posicione a
estacionar, que el mundo en un hoy se detenga ¿Y que importará? Yo
seguiré siempre tu estela en mi soñar, mis recuerdos me vuelven de
ti sonar al despertar.
Y si todo marcha bien, reviviré. Y si
fuera retenido, no andara hoy mi sien, pondré freno, romperé el
desconsuelo y lo intentare otra vez, en un nuevo hoy.
-Dime José, ¿qué ayer querías?
-¡Por María, jamás me rendiría!
Capítulo I
Reencuentros
A modo compulsivo, los pasos le
llevan por el pasillo del parisino hotel Madeleine. Unos
metros atrás dejó su habitación numero impar 313. No es
supersticioso, no tiene excentricidades, se asemeja nítido caminar a
desganas por pasear. Aun medio dormido recién levantado, vestido
arreglado en una moda pasajera, la actual presente. No está
afeitado, no sigue estilos, un poco de dejadez se aprecia en barba
de dos días. Hace stop ante el ascensor. Golpea el botón, o casi, ya
que faltando un centímetro del roce se enciende el indicador de
haber pulsado. Nada que argumentar, detalles insignificantes,
reseñas incontables desechables. El elevador desciende y él siente
una extraña sensación en su interior. Un hormigueo que no responde a
nada subjetivo, su incierto cautivado lo desconoce.
En su bajada hace ¡Alto! en la
tercera planta, y las puertas del montaseres se abre.
Ante las personas que lo ocupan se
encuentra él fuera, a media zancada del paso. Al intentar subir uno
de los individuos de dentro le corta arrogante el acceso, al poner
de barrera su brazo- Está completo -tajante y con muy poco talante
lo dice.
Sin prestarle importancia ni atención
acepta denegando entrar. Pequeña mueca de pasotismo, una bajada de
ojos en vertical, un mordisco en los labios, presionadas arrugas en
sus frentes detallan una historia marcada de misterio. No es fácil
describirlo, la efemérides le da su propia magullada identidad.
Las puertas se cierran
irreversiblemente. Imán detallo, que catapulta su mirada hacia las
pupilas de la chica, que no había dejado de observarle desde que
apareció tras la puerta del ascensor.
Gesticulando, abriendo los labios
intenta, parece decir algo. Sordas las intenciones quedan al
cerrarse por enteras a la bajada. Inútil ante la adversidad, hasta
el gran salto del día de mañana, ha llegado. ¿Preparado?
Coherentemente... Aplastantemente...
Cosquilleo siente como cuando...
...La contempló por primera vez. La
plaza de Ataner, el mercadillo de Barusel, estaba a rebosar. De
puesto en puesto labiaba las cosas grandiosas que los vendedores
enseñaban. Desde collares coloridos traídos desde las lejanas rutas
orientales, meras llegadas a sus oídos por medio de mercaderes que
se encontró alguna vez, hasta la mas linda seda que observara nunca.
El espectáculo beduino de pitones bailando al ritmo de la melodía de
un músico orientaba a los reptiles con percusión.
Era su primera visita a una gran
ciudad, y se sentía mareado de tanto alboroto. Razonaba que era mas
difícil moverse entre congéneres semejantes a él, que sortear su
rebaño de ovejas.
Chispó algo que
sólo él sabe y le hizo mirar hacia atrás. En el puesto de frutas
sirviendo una jovencita regañaba con una vieja que gruñía, quien
sabe porqué desconcertante y estúpida razón.
Imán rebelo, le hizo mirarle,
armonizaron bellas almas idiotas, y no hicieron otra cosa por mucho
tiempo. Rompió la violencia, el fuego en el cuerpo, la ingenuidad de
la doctrina, la sutura que cedió...
- ¿Quieres una? -Le ofreció una
cereza ella, que atenta, que secuaz de él le acompañaba en su cruce
de mirada.
- Si, -él aceptó. Así lo quiso y se
lo hizo saber...
Reaccionando, baja la escalera
rápidamente, flotando entre la gente a la carrera por el templado
hall del "Madeleine"
Sale desde las puertas giratorias a
la calle. Mira izquierda, mira derecha, recibe un empujón fortuito
de un individuo que abandonaba el hotel, haciéndole rodar sobre la
acera.
Rápidamente hace un revuelo por
situarse en pie. La busca y la ve al fin cuando ella entra en un
coche lujoso negro, abrigándola de la corriente de calle, cerrando
al mundo exterior su gracia, el porte de esa expresión que acaba
José de recoger. En décimas quebrantó reglas de lo que era en su
contar un día, si hoy alambicado de lo que él trató por saltar,
hasta ella en un mañana llegar. Que confuso expresarme en un tiempo
que no tiene medida concreta, variable en sentimientos dimensional y
ordenarlas. Traducida del Arameo la modera en nuestro lenguaje
comprensible a, apenas una marca de extensión de veinte metros de
longitud a su alcance. Tras ponerse en marcha el vehículo, se pierde
por la gran avenida lejos de su haz de visibilidad.
Una fuerza invisible le paraliza en
su tanteo de echarse a correr tras ella. Atempera sus ansias con
afán de velocidarse y se amuela girándose hacia la entrada del
hotel.
-¿Conoce la identidad de la señorita
de negro que acaba de salir? -Le pregunta dirigiéndose al botones
galardonado de ellos por toda la guerrera.
-No conozco su nombre caballero.
Llegó esta mañana con el príncipe Masín -dijo el estirado y
escuchimizado muchacho amablemente, con simpleza.
Dudativo,
revuelto desequilibrado entra de nuevo en el hotel. Se dirige a la
cafetería, al punto donde se encaminaba desde el principio cuando
salió de su habitación y esperaba el ascensor, antes que fuera
desviado por el encuentro inesperado.
Como anunciando su llegada guiña el
ojo a una mujer madura que le esperaba. En la empalizada de los
cincuenta anos serenaba sus extendidas y progresivas arrugas de la
piel con una mirada juvenil, adolescente en la ingenuidad de sentir
sentimentalismo, por la persona que ansiosa esperaba ver. Se levanta
revulsiva y le abraza cariñosamente. Su bienvenida hace entrever la
complicidad del tiempo que han estado sin verse.
-Me has hecho esperar mucho... tanto
tiempo sin saber de ti.
Ambos se sientan, llegados del
momento de la bienvenida.
Flor, que era el nombre de la mujer
está entusiasmada de verle -¿Cómo estás José?
Así se llamaba él. Era un nombre, una
etiqueta identificativa. Tenía tantas a lo largo de su existencia
que no cabria redamar en una taza de poleo menta, ni en las leyendas
contadas en tertulias de copa y café. Pero a él le gustaba que le
llamaran de este modo, él se auto proclamó reconocido como José. De
esta forma lo decidieron sus padres de corazón que tuvo...
-Ella está aquí, flor -inflexiona
respondiéndola.
La mujer se detracta de echarse para
atrás cuando lanzaba su espalda sobre el respaldo alertada por una
noticia que recoge, de la que en su vida aguardó confiada en que
José le transmitiera alguna vez. Manifiesta percibir quien es ella,
no carece necesidad de nombrarla, su misterio no es un callado
secreto. Perpetua presencia residió en los márgenes que José
extendía, en su vivir.
-La he visto, hace un momento -le
induce José a escucharla. Su raciocinio alterado examinaba,
comprendido de sí mismo sin medio a experimentar una conclusión
firme al acertijo.
-¿Es posible? -Asombrada de lo que
oía le decía ella expresándose
-Es seguro -afirmaba José.
Le cuenta, sin muchos detalles, al no
haberlos lo anteriormente sucedido. Su trazeo de palabras le muerden
la garganta, aprisiona nudos ficticios al expresarse. Maneja meditar
ligado a narración, y más... proceder a desatarse y enlazar cabos
sueltos. Gira disimulado su cabeza hacia la barra del bar.
- A las dos, ese es el príncipe Masín-.
Señalaba apuntando con la vista José. Se deducía la inspección que
llevaba a aquel hombre que aludía, con la mirada a fondo.
- ¿Cómo lo sabes? -Le preguntaba. Aun
se sorprende, aun ella, ya conocedora de las capacidades de sus
poderes. Él los hacía llamar habilidades, tributos naturales, bienes
gananciales de secuencias de trucos de instintos, ardid de
idiosincrasia de propia personalidad. No tenia méritos, no era más
que mecanismos para distinta era, inadmisible lucrarse inhumanamente
del privilegio de ventaja. Ataques de paz, salvaguardia contra el
mal. ¿Pero qué mal?
Perjuicios de injusticias de achaques
de maldad, padecimiento de dolencia en la enfermedad y en la
perdida, injusticia del estrago bajo la atenta decisión partidista
del destino, la vileza del mandamiento de iniquidad al daño, la
infamia que envuelve la verdad, la malignidad de la mentira, todo
eso, y todo más, todo lo demás. El bien del mal, el mal del bien.
Sin parodias, sin entrelazados pictogramas lleva el agobio en su
designio. Sostener la noción de conocer lo desconocido. Extranjero
al pensamiento del mundo discierne en rebeldía saber que no existe
el mal como tal, únicamente sustentado por el antagónico bien. ¿Qué
evidencia tiene el bien? Sino el uso sectario de servirse del mal.
Ying o Yang demasiado mitológico e irreal, tan simple como que se
concibe el mal por el mismo productor que el bien. Intereses
unánimes de un mal bien...
Leyendo los labios, repite José lo
que suelta el príncipe Masín a su acompañante-. "No es un problema,
cree que no hay nada que temer. Simplemente es un espantapájaros
asustado por temores de cuervos, que huye sin saber que va directo
al fuego. ¡Nos marchamos! Llévame a la mansión, y..." -Masín se da
media vuelta cortando la narración de José, dejando la frase en
acción construida, medio dictada. El príncipe se marcha junto al
hombre al que hablaba, que aparentaba ser un súbdito guardaespaldas
de él por su pose.
José se fijó en la sombra que
proyectaba la llave que colgaba de la mano del príncipe Masín,
Una pequeña mancha sin forma para
cualquier mediocre vista, de cualesquiera ojos que ven lo que nos
hacen dejarnos ver. Ágil, decide pronto como maniobrar, no hay
tiempo para dilucidar...
- Sigue al príncipe, intentaré buscar
algo en su habitación. La 457, iré allí, quizás tengamos suerte y
tope con algo interesante.
- ¿Cómo... -Flor le preguntaba
asombrada como sabía el número de habitación.
-Schissss, esto no es ningún juego,
pequeña flor. ¡Vamos! -Parco entendía flor el estado de
José para liturgia triviales.
Respetando contenía sus preguntas y entendiendo que la aparición de
la mística ella, es un antes y un después en la vida de ambos, el
santiamén abordado impactaba nuevas direcciones que tomar. Entereza,
determinación y firmeza en el ruego de José.
Flor deja el lugar y José inicia la
misma situación. Tras salir ambos del bar se despide José
momentáneamente de ella acariciándola la mano, apretándola le
impulsa ánimos en su tarea. El se marcha a su cometido, prefiere y
lo hace subir por las escaleras. Cauteloso reflexiona cada detalle a
su paso, correlativo el pensamiento le sigue hasta llegar a la
habitación 457. Ingenuamente gira el pomo. ¡Está cerrado!, y en un
detalle fraccionario de un tira y afloja, la muñeca susurrando un
clic a la cerradura, sin suponer ningún problema, la tima.
Primera vista de entrada, notando el
cuarto sobradamente maqueado para haber pasado alguien allí la
noche. Excesivamente temprano para que lo hallan limpiado. José
llevaba dos días instalado en el hotel y verificaba que el servicio
de habitaciones pasaba mucho más tarde que la hora que actualmente
era.
Segundo detalle, los cajones vacíos y
el MiniBar, rebosante de bebidas repleto.
Cree haber sido alquilada para una
reunión, que puede haber ya finalizado, ¿Pudiera ser entre ella y el
príncipe Masín? No lo manifestaba como cierto, ya que el botones le
había deducido que al venir ambos juntos esta mañana y no por
separados no tendría mucho sentido dar valor a este juicio. Echa la
vista en los cajones del aparador obre macizo, mordido en un
esquinazo por un patente mordisco canino. ¡Igualmente vacíos!
Revolotea entre las sabanas y demás ajuar del dormitorio, en el
armario empotrado sobre la pared. Cierra pausadamente, cuando uno de
sus instintos le para. Escucha pasos en el pasillo acercándose.
Entra ligero en un cuarto interior, escondiendo su presencia de
quien se aproxima. El ronquido del pasador le acierta su despierta
alarma que tuvo. Cuatro fornidos hombres se meten en la habitación,
bruscos transgrediendo el sigilo que serenaba la única presencia de
José, tal cual fuera un enser más de la estancia en el lugar.
-No sé por qué debemos hacerlo aquí
-hablaba fuerte uno de los sujeto recién llegado. Apalancaba su
cuerpo tosco, apoyándose sobre la pared.
-Porqué lo decidió él. No confiaba en
otro sitio en venir, y porqué así lo quiere el príncipe -le
contestaba otro, sentado sobre la cama replicando molesto le
preguntara cosas ya confirmadas de antemano. Su temple no
distanciaba en cuerpo y rostro a aquel que había preguntado. En
serio, los cuatro individuos eran parientes próximos en contextura.
Su anatomía física semejante les valía premio a ser hombres duros.
José tras la puerta no deducía la complexión de ellos, ni le merecía
interés. Apreciaba su hablar burdo, y por lo poco que había podido
escuchar se orientaba a que la cita que presumía no había dado aun
lugar. La espera en el cuarto podría ser larga, descontaba a las
dudas pertinentes.
-Ya, yo sólo quería decir...
-Se paga por el trabajo, no por
discurrir -preciso detalla enérgico otro de los hombres. Acercándose
a un bol de frutas toma una manzana, mordisqueándola seguido.
Llaman a la puerta. El mismo que
mordisqueaba la pieza de postre abre apareciendo un hombre mermado,
menudo comparado con la constitución que rasgaban los cuatro
instalados que prevalecían en la habitación.
José escuchaba lo que decían, y
confiaba en que no entrara ninguno en el cuarto donde se cobijaba
-Soy el padre Gaudi -se presentó el
recién llegado. Vestido como tal, calco la imagen a la idea de quien
podría ser. Más ellos sabían perfectamente quien era, causaba ese
dato el motivo de estar allí aguardándole.
Desde arriba, desde la cabeza que le
separaba en talla el sujeto que le abrió, ofreciendo con la palma de
su mano entrar le hace pasar, mientras muerde otra vez la fruta de
la pasión. Amor a primer mordisco parecía.
El menudo personaje, parece nervioso.
Encorva la estrecha espalda, y el largo cuello. Sus ojos hambrientos
de luz se esconden en su pequeñez, agotados de horas de fatiga de
múltiples lecturas.
-¿Dónde está...? -Rogaba en palabras,
conocer el paradero del interesado innombrado.
-Nos ha manifestado que le disculpe
su ausencia, no ha podido acudir. De hecho nos ha mandado a nosotros
para cerrar el trato.
-¿Trato? No había ninguno. Yo sólo...
Uno de los gorilas le corta su
explicación.
Bueno, era un juego de palabras.
Trato, tema, pico. ¿Que más da? Ya sé que es un chiste malo, pero
tampoco soy un tipo gracioso, ni lo intento. Entendámonos mejor,
Masín pasa de ti y nosotros te vamos a liquidar, ¿entiendes?
El hombre reaccionaba sistemático a
un modo flemático, su nerviosismo le entramaba su hablar y carecía
del poder de explanarse tras lo oído.
-¿Cómo..? No entiendo... Yo...
-Ni falta que hace -remataba, o
premataba con su vocablo otro de los asistentes a la breve reunión
según se columbraba.
Tras la puerta José guarecido, oye el
tañido del gatillo de un arma de fuego presionado, y actúa antes de
que sea demasiado tarde. De un puntapié pasaporta la puerta
destrozándola, lanzándose en avalancha contra quien había tras ella.
El hombre que había encañonado a la incipiente víctima cae rodando
al suelo sepultado.
Atónitos quedan todos tras observar
la inopinada escena, y sin incurría, son hombres de acción
encallecidos a lo impredecible, y reaccionan inmutables en resulta.
Prenden maniobra tratando apresarle.
Salta uno de los corpulentos hombres sobre José, que le desvía con
un toque y le sacude sobre el costado, extrayéndole el aire. Su cara
porta queja de aflicción, reventando al caer.
Los otros dos malvados arremeten a la
vez. El efecto sorpresa ha cesado, el reconforte de aventajarle en
número les hace fuerte, pero estos hombres, pobres desgraciados no
saben quien es su contrincante...
Es José, José de Nazaret, el padre
del elegido. El pastorcillo valiente que escuchó una voz, que fue
manejado a falsía. Ha hartado por mil infiernos, ha habitado miles
de años, ha progresado medrando su fuerza, ha experimentado lo
sabido y escarmentado lo desconocido.
Un experto en artes marciales, un
maestro en la lucha cuerpo a cuerpo. Todo el arte de la ciencia de
las técnicas de combate utilizadas desde los tiempos mas ascentros
reposan en su ser. Aun más, el poder de ser un semidiós mal llamado,
un espíritu superior en discordia, un quejado llanto poder le hace
prácticamente inmunerable. No es inmortal, sólo es un morador del
tiempo eterno.
¿Cuál ha sido el cometido a lo largo
de la vida?
Buscarla... sin descanso.
¿Cuál ha sido su vomitivo a lo largo
de la vida?
Buscarle... su respiro. Vindicar el
odio sin reparo, hasta que cese sin aliento callado.
Todas esas muertes vanas. Ninguna
tiene justificación, ninguna sirvió para nada.
Sus manos también están manchadas,
mestizas entre el color de su piel y la sangre derramada del horror
de batallas. Ya acostumbrado, no horroriza el matar, sus ojos no
destilan, no parece, no lo acepta, pero él no creó este mundo. No
quiere ser el Dios que marque las pautas, que evangelice una
doctrina. Todo fue un error, un fracaso de razas ya por réquiem
anunciado desde el germen divino.
De sendos golpes preciso José acaba
con los dos contrincantes, dejándoles inconscientes.
-He visto a un cura huir corriendo
por el pasillo cuando llegaba -le dice flor, que desde el corte de
línea de habitaciones había contemplado la última parte de la lucha.
-¿Te sorprende? De todas maneras
sabemos su nombre, quizás le necesitemos.
Se agacha sobre uno de los derrotados
contrincantes, desgarrándole la camisa ve tatuado sobre el corazón
una cruz roja.
-Los de siempre sacerdotes rojos.
¡Legionarios de Cristo! -comenta José.
-Este no -dice pequeña flor-.
Quitándose del medio hace descubrir ante los ojos de José, el
merchandising del caído, una cruz negra tatuada sobre el corazón.
José receloso titubea. Inmenso en
duelo mental, se aproxima hacia el gran ventanal de la habitación.
Su enésimo sentido le hace cerrar el ojo por un reflejo que rebota
del edificio contrario. ¡No hay tiempo!
Como un resorte da un salto mortal
hacia atrás, en el instante en que una bala atraviesa el ventanal
atentando contra él, bailando el sitio donde estaba hace un segundo
José, incrustándose en cuadros. Y hace un nuevo esfuerzo para
superarse, barriendo sobre Flor se arroja tirándola al suelo, cuando
un segundo disparo señalaba el camino de la muerte de ella.
José agarra del brazo a Flor y salen
a trompicones de la habitación al pasillo- ¡Vamos, corre¡
Flor no dice nada, solo obedece las
indicaciones de José bajando por las escaleras hasta llegar a la
salida del hotel a la calle, pero él antes de salir la asegura -.
¡Cuidado! Puede estar esperando el francotirador nuestra salida
-tras advertir sale primero e intenta refugiar a Flor detrás suya, y
mira hacia arriba por la tanda de bloques de la acera contraria,
buscando al probable enemigo. Hay una cubierta tranquilidad
traicionera, parece ser el actuar cesación que no está. ¡Mentira!
Observan salir presurosos del edificio de enfrente a varios matones
trajeados. Huyen intentando enlatarse entre la gente que envasan la
calle. La estridencia de sirenas de coches patrulla se idéntica en
la escabullida
Se paran dos vehículos policiales a
su altura. Emergen de su interior los dos ocupantes dándoles el
alto. Sin mirar atrás José y Flor se emergen en una boca de metro.
Notan al aliento acosador detrás, saltan las taquillas de peaje y a
la carrera ruedan por la escalera sorteando a los andantes por los
pasillos hasta el anden. Fuerzas especiales próximas están sobre
ellos rifando topetazos entre los viandantes en su marcha. En
progresión, pocos metros detrás se les acercan cada vez mas. Llegan
al muelle de mercancía humana, y se lanzan sobre el convoy que
reposaba cargando pasajeros in extremis, antes de que cierre las
puertas eluden las barricadas fronterizas en ciernes.
Sus perseguidores llegan ya demasiado
tarde, ¡cerrado!, ya está vendido todo intento. Furiosamente golpean
sobre el vagón, amenazando saca uno de ellos una pistola sin espacio
de exactitud a encañonarle, perdiendo campo de visión dejan atrás el
peligro... Inminente.. escurriéndose como sardinas en aceite
José se apoya en la barandilla
suspirando. Flor se tiende sobre él buscando seguridad.
-Tranquila, ya los hemos despistado
-le dice, la alimenta con palabras, la consuela acariciándola el
pelo.
José mira a su alrededor, pocos
usuarios hay en el vagón.
Un punky enganchado a un Walkman
desechando de adentro para afuera, una anciana con un cachorro de
perro reposando en sus manos, y un ejecutivo con un maletín que lo
agarra confinado.
Al fondo tirado escabroso sobre la
puerta de emergencia, un seboso hombre de camiseta blanca de
tirantes marcando celulitis le mira. Macarrón desviado de ser
sardina en tomate. Tras unos segundos de déspota y vacilante mirada,
escupe desafiante al suelo, y se da media vuelta, reclinando el
hombro sobre la pared. Animal demental marcando territorio.
A Flor le sujeta José sus dos manos e
intenta razonar lo sucedido en la habitación del hotel.
De nuevo, desde lejano desdice lo mas
antiguo de su vida, la reminiscencia de detalles que hubo que negar.
Vlasenica,
Croacia, años 1941. El polvo credo fascista pesa menos al aire frío,
se empolvora por el rostro. Las piernas cruzan aceleradas las
calles, los tacones de morteros silban conglomerado sin cuidado. No
hay manera de acallar ese miedo que grita, desencajando la
exculpación, que lloros por decir "yo no... a mi no...". Los por
favor como una permuta de ser un visado están privados, vetados por
autoritaria contundencia seca, sesgan palabras que aun no fueron ni
iniciadas en pensamientos, o debieron permanecer en espera de
repetir memez, abortan, por impedimento beatífico.
Tropas de asalto atrincheran los
intentos de gente que huye a la desesperada, diezmada su confianza
otros se cobijan en su hogar, de poco vale tal amparo. Lugareños,
por impulsos salvaguardan socorrerse en el templo de oración,
desamparados desconocen a cobijarse el árido destino que les depara.
Desbendecida la
iglesia alejada del catolicismo es tapiada, y enviada al infierno
mas terrenal. La quema es sobrecogedora, los gritos, los signos, los
paganos que buscaban guarida comparten con ortodoxos la fechoría de
los soldados.
¿Soldados? Ejercito conducido por
franciscanos, por la iglesia católica, por el vaticano, por el gran
Dios.. ¡Heil Dios!
Incipientes empalados niños yerguen
en suelo de arena en la plaza del pueblo. Una niña se escurre antes
de ser brocheada, y su cautivador no persiste en la enferma
degeneración fisiológica. Apunta su rifle a la impura criatura,
porque quien más que menos que una fulana de tres años no sería para
haber sido sentenciada por aquel brazo emisario de Dios y de la
patria croata.
Suena el disparo, enunciando la
muerte, desviada es. La bala gira sobre si misma, sobre el aire sin
avanzar. La niña mantenida en el suelo mira como si se tratara de un
juego de magia. El soldado la descarta, evoca a la brujería.
Tres Croatas cercanos fascistas a la
escena se acercan, se miran e inquietan. Se insta uno mediando en la
oscilación parar satánica visión. Con la culata de la metralleta
toza la bala torbellina, rasgando la parte del arma se la traga. Se
oye rodar la munición hacia la cámara, y tras chocar con otro
proyectil explota cegando al soldado, quemando su rostro, ¡salvaja
en gritos auxilio!
Sus compañeros tienden a ayudarle,
dos de ellos le arropan con una capa deseando aliviarle. El otro
servidor del grupeto, encendido de miedo arranca la anilla a una
granada de mano, y parece no bastarle. Amputa una segunda arandela a
otro explosivo, y se la pasa de brazo, aportando ambas su
contundente arrojos de peligro hacia la niña.
-Eres una pequeña zorrita, ¡eh! ¡To...
Antes de que la impulse hacia ella,
algo para su propósito. Algo es alguien, aparecido de no se sabe
dónde, nadie le vio. Se interpone entre el soldado y su objetivo
agarrando sus brazos, con una inmensa fuerza aprieta hasta que el
combatiente deja caer una mina al suelo mientras la otra la abandona
abriendo su mano cayendo justo debajo, en la palma del recién
llegado. La agarra, sin dilación antes de que pudiera explotar, la
engancha sobre la nuez del quinto de la fuerza regular de Nezavisna
Drzava Hrvatska" (Estado Independiente de Croacia) y le arroja a
varios metros, hacia donde están los dos soldados que auxiliaban al
cegado, antes de que obren contra él. La explosión secciona la vida
que contenía mitigada en ellos.
Varios soldados se reaccionan ante él
venidos por otras calles. José recoge del suelo una ametralladora de
asalto y nutre la muerte de cadáveres de los malditos soldados
etnocidas.
Un blindado hace cabida en la plaza.
José lanza en forma de disparos picaduras de mosquitos para el
tanque que los recibe, hasta que acaba con toda la munición de un
arma que robó a uno de los soldados caídos. José mira a la niña,
-calma, ahora vuelvo a por ti -ella no entendía las palabras de
aquel extraño lenguaje extranjero, pero parecía comprender en parte.
El carro de combate apunta hacia él.
En su carrera por desviarlo José es disparado por un obús que es
burlado en un reducto de esquivo. La niña detrás de un metro de muro
asoma su cabeza, escondiendo su cuerpo detalla curiosa lo que ve.
El cañonero del tanque encarga un
proyectil, que otro militante ideológico da postura e introduce en
el cañón. José encuentra un bidón de gasolina, y lo arroja a un
carro de juguete que quedó abandonado en la calle por algún
chiquillo, y subido de auge se lanza dirección al blindado, tal
fuera un monoplaza. De la inercia de la apenas desnivelada cuesta,
recoge al vuelo, mejor expresado al ras de suelo, una de las
granadas que intentaba el militar tirar a la niña y quedó en espera
de sentenciar la acción.
La agarra y la tira al aire dibujando
una parábola. El peso hacia el suelo conduce el mismo tiempo que
impulsa su cuerpo hacia el tanque. Anclando un puntapié en la tabla
él cae de costado y rueda a un lado, y esta, la tabla, embolsa una
línea ascendente despegando del suelo, elevándose hacia el aparatoso
vehículo.
La mina detona sobre el artilugio,
estallando fuerte y seco sobre el tanque, dejándolo inservible y con
sus ocupantes asfixios.
José corre buscando a la niña, la
encuentra enseguida- ¡hola!. -Ella cautelosa agarra el pedazo de
muro derrumbado, donde se ocultaba, como si fuera un escudo
invulnerable. José recoge una flor del suelo y se la ofrece. -¡Soy
tu amigo, pequeña...!
-¡Pequeña flor, sigo siendo tu amigo,
y sigo estando a tu lado! -Le dice José que compartió el presente
narrado, y el pasado recordado.
-Gracias -dice ella.
- Spasibo, suena dulce en la niña
tras recoger la flor.
- Ne zachto, moya podruga.
-¿Gde naxodyatca tvoi roditeli?
-Etim ytrom soldatu prishli k nam
domou i mama spryatala menya v shkafy .Kogda ya vushla, ix yge ne
bulo. "Los soldados vinieron a casa esta mañana y mama me escondió
en una cesta. Cuando salí no estaban"(Traducido de la lengua de
origen eslavo).
José oye ruido de columnas de tropas
ligeras acercarse. Se agacha a la altura de la niña y le dice-
¿Quieres que juguemos a un juego? -Ella asiente con la cabeza-.
Vamos a hacernos invisible, para que no nos encuentren y darles una
sorpresa a quien viene, ¿quieres?
-Si -dice ella.
Él La agarra de la mano dirigiéndose
a una casa que tenia la puerta derrumbada.
-Quédate aquí dentro, yo vuelvo
enseguida.
-¿Dónde vas? -Le pregunta curiosa la
chiquilla.
A por un regalo, pero no tienes que
salir para conseguirlo.
-Está bien, seré buena -aprobaba, con
la finura de un rasgo inquieto y complaciente. Fiada, el conseguir
el premio sin alimento que ya aspiraba ser suyo, en la desconfianza
que el miedo le engullía.
La pequeña entró en la casa y José
marchó rápido hasta donde estaban los Croatas recién abatidos. Con
el fusil que recupera del suelo, punza la bayoneta que piqueta al
tórax de uno de los militares degradado a compuesto orgánico,
arrancándole el corazón de un tirón estragónico. Y de vuelta,
pareciendo carnicero callejero, portando carne mufada en ganchera,
suspendida cuelga en marcha rápida hacia la casa donde dejó a la
niña. Al llegar se detiene a la entrada y en la pared restriega el
corazón dibujando una señal nazi que elogia que han cumplido la
misión en ese renegado hogar. Arroja el fusil, junto al órgano
descompuesto detrás del tejado y se entromete sin llamar en el
interior.
No encuentra a la joven chica, y teme
que halla huido. Dentro de la vivienda el polvo aísla la poca
visibilidad que entra por los orificios de las arrinconadas, a base
de telas, ventanas. Intuido se arrima a una espuerta de mimbre y
levanta el tapete que lo cubría, donde se ocultaba la pequeña.
-Ya he vuelto -le dice.
-¡No me he movido de aquí, como me
dijiste! -La pequeña aprecia que ha cumplido lo acordado.
-¡Si, tú has ganado! -Intentaba
animar a la niña, que a pesar de que José la endulzaba con tacto en
su propósito, estaba dañada por lo que había visto en el pueblo.
José se dio cuenta de que poco más
allá había una esportilla, de igual parecido al cesto donde se quedó
esperando la niña, pero esta tenía dos asas, y en comparación con la
otra un trapo tapaba lo que hubiera, de haber algo, que evidente
parecía porque el cesto anchaba por lo que guardaba.
-¿No será una amiga tuya? -Preguntó
José a la pequeña, señalando la esportilla.
-¡No! -Dijo ella-, pero hay... -dio
unos pasos hasta el segundo cesto, que era un poco más grande que el
otro, y donde podría haberse metido de estar vacío, y destapó la
incógnita-. ¡Manzanas! Fue una suerte encontrar algo de comida,
porque no se apreciaba que hubiera nada comestible por allí.
La horas abandonan el día, y pasan
lenta, muy lentamente para dar tiempo a José y la chica que cuida
él, de que el pueblo sea despejado por el ejército regular Croata.
José no se atrevía arriesgar a la niña a un fuego cruzado, a dos S.
El cesto de manzanas va bajando su
grosor, aumentando el que estaba vació de los centros de las frutas
que los alimentan. Desde la perspectiva de estar sentados en el
suelo, a lomos apoyados en la pared, el cesto interpreta estar
escondida una cobra adentro. Una serpiente venenosa carnívora que
enroscada en sus dos metros de altura, buscaría el movimiento de la
danza de una flauta, o la boca ensuciada al desnudo del néctar
privado de Eva.
La niña formal, alejaba su carácter
risueño y bulliciosa de la formalidad que le era habitual, y
reposaba en estado de espera, sin saber exactamente que plazo se
debía aguardar, y a la calma en paciencia de qué tendría que
ocurrir. Movió de un pellizco de su mano la cazadora de José
llamando su atención. Al mirarla, ella le recordó-. ¿Y mi regalo?
-¡Es verdad, no te lo había dado! -Le
dijo sonriente- . Pero no creas que me he olvidado, está aquí, pero
antes de dártelo te voy a contar un cuento, ¿quieres?
-Si, por favor, -le pidió la niña,
gustosa de la proposición que le hizo José- Me gusta los cuentos
mucho! -Abarcaba sus brazos en un gesto marcando cuanto era ese
mucho.
"Para la gata Gatruska era un día
especial. Había alcanzado la madurez, ya no era una niña, lo que
significaba que pronto abandonaría el lugar donde vivía con sus
padres para trasladarse a uno nuevo, con el gato al que se uniera
para formar un hogar con la celebración previa clásica antes
obligatoria.
La ceremonia era esperada con deseo
vehemente por las gatas que se encontrasen en este paso que dar, y
también, claro, por los gatos. Una vez al año se celebraba una
fiesta en el pueblecito donde vivía Gatruska. A medianoche se
juntaban en un solar amplio, lejos de curiosos humanos, todos los
gatos de aquel pueblo. El sitio elegido era un sitio abandonado,
lejos de las casas donde vivían los hombres, para no molestarles, y
ellos libres, divertirse toda la noche, sin interrupciones.
Durante esa fiesta los jóvenes gatos
y gatas solteros que ya tenían la edad precisa para considerarse lo
suficientemente responsables para formar una familia, que no para
amar, porque todos sabemos que el amor no tiene edad, y a veces era
normal, que muchos gatos y gatas esperasen este día para por fin
alcanzar el sentimiento que le ligaba a otro ser durante mucho
tiempo previo, anterior.
La costumbre habitual era que las
gatas que se fueran a prometer llevaran en su frente, una flor de
adorno. No una cualquiera, sino una elegida por sus padres, aunque
lo normal era que las escogieran sus madres, ya que tenían mejor
gusto y más dedicación en el rito que los gatos machos. Así, durante
la fiesta, cuando lenta y dulce la música cambiase a romántica los
gatos harían la petición del honor de bailar con la gata que
hubieran elegido, siempre que esta, claro, aceptada. En este momento
se podía considerar pedida la gata, y el baile con su gato
simbolizaría el enlace entre ellos.
La flor jugaba un privilegiado apunte
en el culto de la formalidad, ya que muchos gatos y gatas no se
conocían, otros si, y en secretas miradas ya habían compartido lo
que vendría en la pedida, pero lo frecuente era que no se hubieran
tratado. Para estos gatos imprecisos de no conocer con anterioridad
a su amor, decidir con quien debían juntarse era difícil elección, a
veces mucho más aun. No era un concurso, ni intentar llevarse el
gato más fuerte, o la gata con menos bigote. Lo que buscaban era
estar seguro de que apegado al sentimiento del amor fuera el
verdadero.
Hubo ocasiones, ¡normal!, que tras
una pedida poco después algunas parejas de gatos comprendieran que
no sería sensato unirse en verdad eternamente y que se habían
equivocado. Desde el momento de la pedida, había un intervalo de
tiempo hasta que viviesen juntos, donde ambos, gata y gato, se veían
todos los días como si fueran amigos para conocerse bien y mejor,
antes del paso definitivo, de vivir solos. Cuando ocurría esto,
debía dejarse transcurrir para estos gatos y gatas un año, para
acudir nuevamente a la fiesta de la pedida. Como un año es mucho
tiempo, y aun más estar con quien ames, ya que es el tiempo que no
tendrá fin, surgían dudas, y debía tenerse mucha seguridad a la hora
de la pedida. A veces cuando gatos o gatas dudaban, permanecían
quietos, sin los gatos pedir el compromiso, y las gatas sin aceptar
el baile, a pesar de que deberían aguardar durante doce meses otra
tentativa. Y es aquí donde la flor hacía su grandeza en el rito. En
la noche, iluminada por luna llena reflejaba su corola en los
rostros de las gatas, haciéndolas delicadas mininas, a los ojos de
los gatos.
En este día tan representativo, a
Gatruska le habían entregado sus padres la flor que llevaría a la
fiesta de la noche. Era una flor realmente bella, preciosa. Los
padres de Gatruska estaban realmente satisfechos de lo hermosa que
se veía. Gatruska se miró en un cristal la flor sobre su cabeza y se
sintió enormemente emocionada. Sus padres la abrazaron y la flor
quedó en un lugar fresco a la espera de que transcurriera el gran
día, para llegar a la esperada noche. Sin embargo, Gatruska era una
gata nerviosa, y la espera le resultaba muy molesta. Ella ya se
imaginaba en el solar mostrando la belleza que tenía y reflejaría la
flor. Se acercaría el gato que ella ya amaba desde hace tiempo, al
dirigirle su mirada y bailarían. El felino que le gustaba lo conocía
de verle por la ciudad. Ella cambiaba de rueda para verle al pasar,
y levantaba su peso a poca altura para que no pinchara, a la vista
del vehículo donde maquinaba su empeño. A veces le descubría y la
risa ronroneaba entre ellos dos. Pero esto a Gatruska no le daba
seguridad de que él sintiera lo mismo por ella, que lo que ella
sentía hacia él.
Imaginando como sería la pedida, y
queriendo interpretar su naturalidad, se atrevió arriesgándose sin
pensar a que pasara algo, a coger la flor del lugar donde reposaba
descansando para la noche, y se fue con ella al bosque, camino hacía
el río.
Al llegar al borde del caudal, colocó
la flor en la cabeza y presumió su rostro en la corriente de agua
continua. Embelesada fijaba la vista al bailarle el agua, sin que
desembocara en más ocurrencias. Notó y vio en el reflejo que una
mariposa reposaba sobre la flor que adornaba la cabeza de Gatruska.
Le molestó la sospecha de que estropease la flor, y con la pata se
la quiso quitar de en medio, sin que se fuera. Agitó la cabeza para
que se decidiese el insecto alejarse, y así pasó, pero fue al riesgo
de ver como la flor caía en dirección al río.
Cuando Gatruska lo observaba como
caía la flor hizo todo el esfuerzo posible para recuperarla sin
dañarla, pero no pudo, y finalmente la flor cayó al agua. La
atolondrada gata permanecía en la orilla, ¡no sabía nadar! Y sólo
pudo quedarse arañando sus gestos al ver como la flor se separaba
dejando agua de por medio.
Tendió la vista hacia la mariposa que
cerca aun de ella, le enviaba a culpabilidad de lo que había pasado,
y se entretuvo en despreciar sentidos al animal volador, para
atribuirle el castigo al delito que se había cometido. Con las
zarpas bien afiladas, quería atrapar a la mariposa, engancharla con
las uñas. La mariposa no era tonta y viendo el peligro de las
intenciones de la gata, y sus ojos de combate feroz procuraba
escapar de las uñas curvas de los golpes que asistía el felino al
aire. Sin llevarse el gato al agua, descarada la perseguía. Puso
tanta actitud de entrega para alcanzarla, que durante largo periodo
la persiguió por el bosque sin otro propósito que dañarla por lo mal
que se sentía. No reparó la distancia que había recorrido tras la
mariposa, y que se alejaba demasiado de la parte del bosque donde
sabía perfectamente que no debía entrar, por ser comprometida la
ventura de exponerse al peligro que suponía ir más allá de la zona
marcada para su especie. Omitió alertada razonamiento, cuando fue
demasiado tarde el saber que no era una posibilidad sino ya una
certeza el fallo que había cursado al llegar allí. La mariposa
quedaba atrapada en un similar nombre al de ella, un cazamariposas.
Al entrar por el aro, quedó apresada en la red de gasa de tergal. El
cazador apresó sin posibilidad de escape al insecto volador,
quedando adormecida bajo la asfixia de la red, y la observaba para
ver como era, y su sorpresa no fue minúscula- ¡Es una paradisea
galatea! -Exclamó.
El individuo parecía estar bastante
contento de su cacería, pues se marchó con la reciente captura. La
gata que se encontraba en medio del paso del sujeto, alterada de que
la que iba a ser su presa para castigarla fuese engatusada por un
hombre, no le convencía, ni reparaba su malestar. Al pasar al lado
de ella el hombre interpuso interjección- ¡zape! Y Gatruska se
apartó, y a gatas se ocultó entre caños para divisar como el hombre
se iba con la mariposa que había acosado largo rato.
Gatruska ya no era una niña y sabía
lo que le esperaba a la mariposa, y en parte pensó para conformarse
de su actuación de que se lo tenía merecido, pero Gatruska, aunque
traviesa no era mala. Le venía el pesar de que si la mariposa cayó
presa fue a causa de perseguirla ofuscada, y que si se buscase
culpable hallaría irresponsable sus actos, al coger la flor, al
perderla al río, a desear esquivar su propia negligencia y echarla
sobre la mariposa.
Siguió arrastrada entre la maleza por
donde se dirigía el trampero de vuelos. Este llegó a una casa de
campo, abrió la valla, y fue a su encuentro un perro, de raza
pitbull. El hombre le apartaba con una mano al animal para que no
causara daño a su captura y se encerró en la casa, cerrando la
puerta y dejando al perro fuera en el patio. El arisco animal estaba
encadenado. Una cadena le sujetaba a la pared, de la casa de madera
en una argolla metálica. Gatruska quería entrar dentro del patio
para ir a la casa, pero la cadena del perro era muy larga, tanto
como que antes llegó hasta casi la entrada de la valla, ¿ y porque
lo iba a negar?, ya no era momento de negar nada, le daba miedo.
¡Mucho miedo!
Gatruska rodeó la valla discreta, se
coló por un agujero por la parte trasera y se encaramó a la ventana
de un lateral de la casa ojeando que estaba pasando.
El hombre tenía a la Mariposa dentro
de un bote de cristal, secuestrada, con el único favor de unos
agujeros para mantenerla fresca. Encima de la mesa parecía tener un
instrumental médico, cosas que Gatruska jamás había visto, pero
comprendía que hacían pupa ¡Mucha pupa! El hombre si sabía como se
llamaban e iba en alto haciendo la lista de lo que preciso
necesitaba, o según encontraba y molestaba lo apartaba a un lado -.
Cajas entomológicas, Aguja enmangada, Pinza, Alfileres, Etiquetas
engomadas. Pero... Pero... Este ejemplar es grandioso, y merece algo
especial, un enmarcado de oro. -Miró el reloj y pensó en alto-. ¡Voy
a comprar uno para ti, amiguita! ¡No te vayas a ir! -Dijo jovial,
sin detenerse en darse ni él mismo una respuesta y se fue fuera de
la casa, cerrando seguro con llaves. Gatruska le veía agazapada,
casi en el esquinazo del lateral con el frontal de la casa. El
hombre cogió su vehículo que tras sacarlo fuera de la valla y
ponerla de nuevo en su sitio, se fue.
El perro intentaba seguirle durante
toda esta fase antes de marcharse, pero el hombre no se lo llevó, y
volvió sobre el porche a tumbarse y dormir un rato, para no estar
aburrido sin saber que hacer.
Gatruska debía de aprovechar la
ocasión de que el hombre no estuviera en la casa para liberar a la
mariposa, ¿Pero cómo hacerlo? Buscó alguna entrada, algún agujero
por los laterales, por la parte trasera, pero no encontró por donde
acceder. Se subió de un salto a la ventana del otro lado de la casa
a la que estuvo antes, y quedó angustiada intratable para numerar al
ver sobre la pared mariposas que colgaban a cuadros bajo cristales.
"El coleccionista lepidóctero" Ella
no sabía que era eso, ni que significaba esas palabras que daría un
entendido. A la comprensión de entenderlo la gata sentenciaba ser
asesino de mariposas, por capricho puro.
Tenía que ayudarla ya, antes de que
fuera imposible, y había de hacerlo sin dilación. Confundida
pensaba, y se puso a meditar todo cuanto antes ignoró para que no
hubiera pasado esto. Al llegar junto a la valla, al principio,
cuando siguió al hombre hasta aquí pudo ver una abertura cerca de la
puerta de la casa, suficiente para pasar ella, pero estaba el perro
al acecho vigilando sobre el patio, y de cogerla, podría hasta
devorarla. Parecía muy peligroso, y los colmillos que tenía la
aterraban de haberlo presenciado antes.
Y Gatruska pensó, pensó, y
desgarrando una idea la puso en práctica. Se tiró al patio, el
pitbull se puso en pie, desprevenido por sorpresa de no haberla
visto acercarse. Se repuso firme, atrevido la miraba, enseñándole su
dentadura y esgrimiendo se servía de su gruñir para apoderarse del
terror para paralizar a la gata. Salió hacia ella, sacudiéndose de
encima las malas pulgas del perro prendió a la carrera seguido por
el loco animal, que en vueltas le vaciló llevándole entre los dos
postes que sujetaban el porche, que al girar sobre ellos se
enroscaba la cadena, y ya cuando el perro le costaba trabajo moverse
se metió entre los dos palos, que el perro también al hacerlo quedó
enganchado al intentar volver sobre sí, por debajo cuando la gata
Gatruska echó para atrás su cuerpo.
El perro tonto, peligro de muerte,
ahora rechinaba molesto de su torpeza el estar atrapado, doblemente
pillado entre las cadenas que le retenían desde el principio.
Gatruska se metió por el orificio
para entrar dentro de la casa, y saltó a la mesa. Sacó a la mariposa
del bote de cristal y la agarró sin causarle daño con su pata, para
evitar que asustada emprendiera un vuelo a la nada, sin salida.
Se la llevó fuera de la casa, más
allá de la valla y la puso en libertad al llegar al bosque. La
mariposa estaba recelosa, porque aunque la gata le había calmado al
llevársela de la casa presa, el que se lo dijera no calmaba su
temor. Cuando entendió que era verdad serenó, la gata le maulló
disculpas por lo que había hecho al ponerla en lata del cazador, y
su rabia por lo que ocurriría por perder la flor.
Gatruska se despidió feliz de haber
hecho bien, pero triste de las pocas ganas de fiesta que le quedaban
para salir trasnochada por pensarlo, y regresó sin flor a su hogar.
Durante la noche, el baile para la
pedida se anunciaba por la música romántica que se escuchaba. Las
gatas lucían las flores para la ocasión, excepto una que deslumbraba
su rostro de negro y verde, como miel de luna bajo floral, vivo de
entusiasmo doraba el camino hacia el cuello. Todos, gatos y gatas
quedaron admirados por aquel asombroso adorno que aquella gata
reflejaba. Pero a ella, a Gatruska no le interesaba el perderse en
miradas ajenas, sólo se rendía ante una, hacia el gato que ella
amaba y que fue a su encuentro para pedirle su amor. Al acercarse a
su lado, le dijo. Tu flor es maravillosa- , ¿Cómo se llama? -La gata
le sonreía sin rebelar que la flor no era tal, sino la mariposa que
actuó en su favor colocándose en su cabeza la acompañaba en esta
noche mágica"
José le pidió la flor a la niña, que
remolinaba por el eje que sujetaba el tallo. Cogió un corazón de una
manzana del cesto pequeño restregándola suave a la yema de la
planta. Abrió la palma de la mano de la pequeña y la bañó de polen
al voltear la flor sobre la parte inferior de la retoña, la acercó a
un filo de luz que escasa entraba por la ventana, y esperó. La niña
le hacía gracia el juego pero no pensaba que fuera para nada, cuando
por el orificio desde la calle atravesando la rota cortina apareció
una mariposa que se posó en el néctar de la mano de ella, bebiendo
en reposo.
Era un momento alegre, pero la verdad
fue distinta. Cuando abandonaron el hogar conoció la destrucción,
los muertos por toda la región, la negación a encontrar a sus padres
por la sádica guerra en los Balcanes y lo peor es que aun le tocaba
por perder. El afecto propiciado por su pronta edad de lo que tuvo
que ver y sentir estaba imborrable. Terribles momentos, secuelas
quedaron adheridas en su consciente de inconsistencia vivida.
- ¡Ustasha, sacerdotes negros! Su
orden fue fundada por el gobierno Croata pro Nazi y el
clero-fascista durante la segunda guerra mundial. Su labor fue
llevar al Vaticano el botín que robaban a sus víctimas. Este dinero
fue usado para proteger y enviar a los criminales de guerra a
Sudamérica - le comentaba en un metro del mundo José.
-No hace mucho escuché en la TV algo
de un nuevo juicio que habían formulado contra la iglesia los
descendientes de las víctimas. ¡Perdona, sigue! -le dice pequeña
flor a ver a José encendido, destellando rabia por su expresión de
tener que describir a los Ustasha, los mismos que quemaron todas las
raíces familiares de Flor.
"De 1941 a 1945, los Ustasha
exterminaron a más de 700.000 serbios, gitanos y judíos tras
saquearles las propiedades. A los judíos de Zagreb le hicieron a la
fuerza dar el pago de 1 kilo de oro para comprar su propia persona,
y por el encarecimiento de una vida no aria acabaron en los campos
de exterminio. La Iglesia Católica compartía intereses con los
Ustasha, los sacerdotes católicos gestionaban las conversiones en
masa de serbios entre tanto que los franciscanos extendían
antisemitismo. Varios altos oficiales de la Iglesia fueron juzgados
y condenados por crímenes de guerra.
En 1943, acordaron con la sucursal
religiosa el envío del sacerdote y coronel etnicida Ustasha
Draganovic a la sede con entidad en Roma. Llegó como
representante de la Cruz Roja croata y sirvió en un seminario
clandestino de Monjes Croatas. Ayudó proveyendo a los criminales de
guerra pasaportes falsificados de la Cruz Roja, y con la invención
del Ratline, la línea de las ratas, aligeró los trámites de aduanas
en un carril de huida fundado por sacerdotes católicos. Los Ustasha
lograron evadirse gracias a la plana mayor del Vaticano, y se
ocultaron frecuentemente en países centro y sudamericanos con
trayectoria y gran potencial clero-fascista.
Los inmensos ajusticiamientos civiles
por los Ustasha fueron habituales, las víctimas eran degolladas, a
veces despedazadas y se colgaban pedazos de carne en carnicerías con
un cartel que rezaba- Carne humana- . Los crímenes ejecutados por
los católicos levantaron el nivel del mar por fosas comunes. En
panazimo fascinaban con orgías nocturnas clavando clavos al rojo
vivo debajo de las uñas y salándolas, cortando todas las partes
humanas concebibles compitiendo por el reconocimiento de quien era
el mejor degollador. Quemaron iglesias ortodoxas llenas de gente,
empalaron niños en Vlasenika y Kladany, cortaron
narices, orejas y arrancaron ojos. El apoyo del Vaticano hacia los
Ustasha durante la guerra no era ningún secreto".
José para en seco su explicación.
Teja su ira de la incomprensión de esta injusticia, como mísera
saber que es una cualquiera del total que ha tenido que recorrer en
su vivir.
Pequeña flor le comenta-. Me acuerdo
que dijeron que la iglesia insistía en que no tenían nada que
ocultar y al mismo tiempo se rehusan a cooperar con los
investigadores negándoles la entrada a los archivos...
-¿Por la famosa regla de los 75 años?
-Abreviaba preguntando José el motivo de la negación.
-Sí, así es. 75 años de espera para
que la iglesia publique sus documentos -se articulaba el rostro de
flor confusa, despechada reflejaba su queja.
-¿Cómo fue que no seguiste a Masín? -
Le preguntó José.
-No hubo necesidad, oí que iría a la
cena que iba a celebrar el arzobispo Silfredo Rocco veleta. Además
conseguí la dirección de su residencia.
- ¡Buena chica! Allí quizás esté
ella. He de ir a buscarla, la necesitamos a nuestro lado.
- ¿La necesitamos o la necesitas?
-Preguntaba flor manifestando reticencias sin caer en la mordacidad.
Puede no sea buena idea.
-Flor, dos milenios sin ella, me han
hecho descubrir eso que dicen que querer es mas fuerte que tener. Lo
que se avecina antes o temprano es la batalla definitiva contra
Dios, y ella podría equilibrar la balanza a nuestro favor.
Recuerdos...
¡Esa balanza está trucada, seguro que nos engañáis!
-bramaba la anciana mujer ante nosotros. La cereza en mis manos, la
mirada en su fuego, mi voz rompió el hielo eterno de la edad glaciar
que entumeció nuestros momentos.
-Está muy buena -la dijo a ella.
-Pero si no la has probado -le
detalló su comentario.
-Eh, sí. Sugería a que tiene buena
pinta -espontáneo trocó la conversación-. ¿Me podrías indicar donde
hay un zapatero en Jerusalén? Mis alpargatas están destrozadas del
fatigado camino que me trajo a la ciudad. ¿Sabes, donde está...?
-¡Niña, hazme caso!, me quejaré a los
guardias y os cerrarán el puesto.
-¡Tome! -La chica le entregó varias
piezas de fruta a la anciana, mientras esta las guardaba avariciosa,
bajando el tono de voz, no confundida regañaba ahora para ella. Al
fin dio por finalizado su descontento y se marchó.
-Confió en que no siempre sean así
contigo.
-¿Esto? Esto es siempre así, que si
las engañamos, que si son pequeñas, que si son grandes, que si son
muy verdes, que si...siempre es así. Volviendo a la ayuda que le
había solicitado el muchacho le dice - ¿Sabes donde está la Torre
Antonia?
-Yo, es que.. ¡No! -Acertó a dar con
la respuesta.
-Ya, ¿eres nuevo en la ciudad y no
sabes como moverte?
José afirmó con un gesto.
-Me has caído simpático. Espera. ¡Nehemias,
salgo un momento a descansar!
-Vale María, cuidado con el mal vino
-sonreía el hombre campechano que había tras el puesto de frutas.
-Bueno, vente conmigo, que te voy a
llevar hasta el zapatero -le indicaba con la mano la muchacha que le
siguiera al chico despistado que acababa de conocer.
- Yo no quisiera molestar.
-No molestas, necesitaba salir o me
hubiera vuelto loca. Eres como un salvador, a tu modo eres como un
mecías.
-¿El mecías? Por el camino a la
ciudad, me contaron los viajeros cosas sobre su aparición.
-Sí, hay mucha fe en él -le contaba y
percataba desinterés por este tema en él- ¿tú no...?
-Yo es que...
-Ya, ¿que aquello que no puedes ver,
no puedes creer?
-No, no así, incluso adopto al revés.
A veces siento como si mi vida estuviera marcada por alguien que me
indica los caminos a seguir. Una fuerza extraña que me ayuda a
elegir, es muy extraño explicarlo, no podría decirlo de un modo
mejor.
-Quizás seas el elegido -le hacia
caritas la chica en sonrisas. José no decía nada, parecía pensar, o
simplemente callar-. Ya sabes, los textos, de... "que llegará un
buen día y salvará a nuestro pueblo del mal y..."
-Sólo soy un humilde pastor -inocente
nombraba llaneza sobre sí mismo.
-Por algo se empieza. Ser pastor de
ovejas o de personas no debe dispar mucho, ¿no piensas así?
Albur casual, le detuvo unos segundos
juzgar estas palabras tan opuestas a tan igual pensamiento que
reflexionó apenas minutos atrás. Como si fuera matriz, copia de
ideas repentinas, pura suerte eventual corrige.
-"Bienaventurados los hombres de
buena voluntad, que hacen su camino labrando su futuro. El hombre
que mira desde arriba caerá más alto, sin embargo el que mira desde
abajo le lloverán piedras. Mirar de igual a igual, de tú a..."
Los dos jóvenes miraban a aquel
hombre que elevado sobre una piedra consignaba designios de proezas
que lograr. La chica mostraba de nuevo sus sonrisas con gestos
sonrientes a José, ¿Qué, pugnando por quitarte el sitio?
El muchacho callaba. Su timidez
tajante firmaba su seco hablar, aun afluía intenciones de hacerlo-.
Yo no, no, no seria capaz de hacer lo
que él hace. Con mis ovejas soy feliz, estoy regusto.
No sé como actuar ante los hombres,
eso debe ser el fruto de vivir rodeado de animales.
-¿De dónde eres?
-Soy de una aldea cercana a Nazaret,
en el valle de Galilea, somos muy pocos allí, apenas hay muchedumbre
y menos chi... chicas como... como... -y retraído cesa disimulando
su mirada que le dirigía. Ahora proseguían otra dirección.
-¿Cómo Como? Normalmente sentada
-carcajeaba dulcemente.
-No te burles de mi, por favor -A
brío de ruego dijo impulsivo.
-Si no me quería reír de ti, sino
contigo. Oh pobrecito si te has puesto colorado como un tomate.
-¡Pero no me lo digas que es peor!
-El muchacho en parte enojado y en mucho avergonzado acelera el
paso, y camina un metro por delante de ella para simular el tomate y
la burla.
La chica le sigue, entonando una
melodía que José escucha en simpatías.
-"La mañana tenia un revés, era parte
de mí haber sido sin querer,
un chico que encontré, lo lastimé..."
José miró atrás y le simbolizó con
una seña que callara. Ella seguía recitando, sin hacerle caso.
- "Creo que le dolió, más una piedra
no fue la que le tiré..."¡Izquierda, Izquierda, gira a la izquierda!
-Voceando le indicaba a José el camino que debía marchar, que
recorrían juntos pero separados.
-"...Y él dijo ¡Ay! Y yo le tendré
que decir perdón, perdón, te lo dice mi corazón...
-¡Schsss! -Chispeó José tras pararse
mostrándole su ruego-. Cállate por favor, te perdono, pero no me
hagas esto, que es mi primer día en la ciudad. ¡Ah, que difícil es
esto!
-¿El que? -Preguntó ella.
-¡Todo!
-¿Todo el qué?-Insistía la chica en
preguntarle
-¡No, solo tú!
-¿Yo? ¿Porqué me dices eso? -María,
que era el nombre de la chiquilla agachó la cabeza haciéndose
dolorida.
-Yo no quería decir eso.
-Pero lo has dicho.
-Si, discúlpame.
-Lo ves, no era tan difícil,
perdonado -ella le sonríe, mostrando su disimulo de haber estado
enfadada.
José, ya no sabe que hacer, si llorar
o reír, y se decide por lo segundo.
-¿Estas así de loca por tu trabajo?
-¿Quién sabe? Quizás si, quizás no, y
quizás... ¡quizás no lo sé! -Le sonríe, como si se tratara de un pez
hinchado sus carrillos de aire-. Ahí está la zapatería, tengo que
volver al puesto, me ha gustado tu media compañía.
-Yo... yo...
Su yo volvió a la era actual, la
instantánea del pasado le trasladó regresando al tiempo presente.
José mostró su palma de la mano hacia
arriba, diciendo- ¡Es hora de que llegue mi Maríaposa!
Toca la frente de flor y le envía un
mensaje filtrado mental. Ella sonríe.
-Pareces un caudillo. "Hasta que la
tenga".
-Hasta que la tenga... para ser suyo
-dice encejando, poniéndose melancólico.
-¡Eh, que vamos a ganar! ¡Somos los
buenos! -Advertía flor.
-Sí, pero sólo lo sabemos nosotros
-reflexionaba José.
-Y Dios no está con nosotros, le
guiñó el ojo pequeña flor ;)
El convoy enlazaba pasando las
paradas, encasilladas a los registros horarios, igual que la vaga
independencia de la gente en sus rutinarias pistas. Torpes formas de
itinerarios, sin más cambio que el adelanto o retraso de una unidad
fraccionada por 60. Quizás se note por algunos una mayor presencia
policial en las estaciones. Quizás si, quizás inmersos en la forma
pactada de desinterés en la travesía, el recorrido sea parejo a lo
grabado en pausa anterior. Los cruces es la enumeración. Los cruces
de línea, los cruces de estaciones, los cruces de cuerpos, los
cruces de miradas, cortas, vanas, tediosas enlazan. Pequeña Flor y
Gaudi ya no están en el metro, del Vía Crucis descabalgaron, pasaron
hace mucho de las paradas.
Capítulo II
Desconocida
La sonora refriega de pájaros
cantando es obvia, del alejamiento de los grandes edificios. Las
calles anchas, las rondas circulan la zona residencial embellecida
por bastante vegetación. Incitante a la quietud, la armonía va a la
derecha de la paz que tranquiliza el sosiego de estar fuera de
lugar. Excitado del apetito que le despierta de avivar el ahora del
ayer José ha llegado a la mansión. Estimulado lo tiene todo
acordado, encontrar a María. Salta el muro de la residencia
señorial, y evita que suene la alarma trucando el hilo del
infrarrojo. En una interfase dirige el rayo de vigilancia con una
onda sin mediación en dos puntos de la línea recta, en el encuentro
de él al pasar está viciado el renglón de intercesión, y la
centinela de alerta en celo de la mansión la burla, de entrada.
Desenvuelto en el jardín se mueve
hacia la casa.. Por la zona que ha entrado no hay nadie que le
impida avanzar hacia ella, y dar si le viera allí el aviso de su
interrupción en el recinto. No sabe a qué puede enfrentarse ni a
cuantos, pero por sentido humano le hace ser precavido. Traído el
encuentro esta mañana en el hotel con los emisarios de fe y la
ulterior escapada por el transporte subterráneo presume que de estar
María no estará sola, sino bien protegida.
Se cuela por la ventana de la
habitación baja que da a la parte del jardín por donde llegó,
espacia sus pasos procurando no hacer ruido, y percatar si hubiera
personas cerca saberlo.
Busca, rastrea los rincones, los
salones, los distintos cuartos. La mansión a la luz contemplada
sería definida por un palacete disimulado del estilo renacentista,
porque elementos de distintas épocas habitan la decoración, que
desinteresada, non grata purga José para llegar a su María. Oye una
voz femenina débilmente. Al acercase al esquinazo del pasillo donde
la había escuchado tiene que evitar ser visto por un guarda que está
situado en puerta de entrada de una de las habitaciones de la
residencia, oyendo presumiblemente peticiones al estudiar su
lenguaje de gestos afirmando. Puja apostando que la figura que
delante del hombre, al que ve medio lateral al dorso y ante la
puerta niega más vista, pueda ser ella. No transcurre largo lapso
antes que el esbirro se marche, al lado opuesto de donde está José.
Cuando desaparece de su vista José se
traslada impávido en su propósito, agitado su corazón removido,
azorado en querer. Del todo parado, del presente estado, del pasado
tratado, del todo dolido, del áspero vivido, del honor caído, acaba
llegando por quereres.
Valiendo porte de saqueador abre la
puerta sigiloso, y la cierra al igual cauteloso más entrar, sellando
íntima cualidad de ser privada la visita, de extraños a cada huella
impresa al andar se reconoce como suya en seguirle los pasos.
La habitación está dividida en dos
zonas. La que está José, la entrada, que a modo de recibidor sitúa
tres centros de sofás que rodean en corrillo a una mesa. La rendija
que se deja al cierre de fondo entreabierta desvela la otra ración
del cuarto y una sombra en fragancia. Se dirige José hacia allí, y
la encuentra a ella por inherencia colocando unos libros sobre la
mesa sin darse cuenta de que la estén observando, ni tampoco
advertida como la abertura de la porción de la habitación es comida
al abrirse a puerta abierta.
José tiende desprestigio. Vil bellaco
se ayuna la alegría de verla, lamentándose se hace sentir ante María
al sujetarla a traición de espaldas por la boca.
-No grites por favor -a norma de
suplica en plegaria le reza-. No voy a hacerte daño -de este modo
indigno le ruega.
Ella en su cabida de la descompresión
no está muy católica, se manifiesta protestante. En su redención
brama.
Un vigilante de la mansión cercano al
lugar de donde se escuchaba altercado, alertado por los gritos de
María entra decidido en la habitación, sin que dé tiempo a José a
hacerse oír ante ella.
Viendo el custodia a un hombre
desconocido frente a la mujer a la que este ya había soltado al
entrar, tosca en su voz- ¡Alto, no intentes nada! -Sin sonar como
advertencia ni calificativo apropiado a su petición, ya que sin que
José moviera músculo en su cuerpo, el recién llegado, ¡sin bajarla,
en guardia!, levantaba su lanza y la movía intentando alcanzar a
José en el pecho. José pudo agarrarla sobre el palo de madera
inmovilizándola antes de que le tocara. Se giró en 180 grados y de
una patada certera anestesió al secuaz mandándole a dormir, después
de estar de guardia toda una tensión. Dejando caer al suelo, arroja
la lanza deseando no intimidarla.
-Soy José, ¿no te acuerdas de mí
María? -Dirigiéndose le ora, le implora festejando ante sus ojos el
poder tener tangible las aspiraciones de dejar de ser visionada. Y
en duelo de desideratum abrazarla sin morderla, como un amor
que te abandonó, su rechazo es sagrado para intentarlo. Que te dijo
no... que te olvidó.. quiere y no sabe como, "¿cómo como?" Recordaba
revolucionario impreciso, se tiende preso embriagado, y aprieta para
adentro.
-¿Cómo sabes mi nombre? -Le pide
explicaciones ella.
-El te ha hecho olvidar -sin
detallar, lo dice desanimado, encuna su pena.
-Has sido enviado por el diablo
-consiente pensadilla de encontrar rápida explicación a los malos
sueños que figura José.
Él le enseña una cadena-, ¿era tuya,
no eres capaz de recordarlo, ni de mí? -Quitándosela del cuello se
la ofrece con la mano extendida en suma sumaria, a su mar de días.
- ¡Apártate de mi vista, Satanás! -De
un manotazo tira de su mano la cadena besando la imagen que deposita
el suelo.
Aparece en escena, sin advertir lo
que ocurría dentro de la habitación la figura del cardenal Ratzinger.
Descubre al guardia tumbado, la confrontación entre José y María, y
se interpola entre ellos para mediar por la mujer.
José en su sensación no explica el
comportamiento del impronunciado alemán, el emisario de Cristo toma
una conducta desconcertante. Entrante decidido no dice nada, y
desafiándole intercede entre él y María.
José hace ademan de burlar al obispo
con un rápido movimiento no computable para la vista humana, sin
embargo Ratzinger le para en seco poniéndose delante. De esta forma
José interviene comprensible lo que predecía anteriormente, que
Ratzinger no es quien representa, mostrando al momento exacto un
poder inexplicable.
De nuevo intenta llegar hasta María,
pero Ratzinger le agarra el brazo, obligándole a ceder en su
intento. Haciéndole una llave derriba al obispo contra el suelo, que
ágil al caer impulsa sus piernas con los pies empujando a José dos
metros atrás.
María ya ha salido de la habitación
durante la trifulca. A través del ventanal ve acercarse a varios
hombres de la guarda real del príncipe armados por el jardín, que
deberían permanecer en el edificio adyacente que parecía un
cobertizo. Oye ladridos de perros y la sirena que le anuncia
espontáneamente ¡Alarma! Un descuido y Ratzinger se agarra a él,
mientras dice- ¡Deja a María en paz!
José se siente sorprendido por el
cáliz que ha tomado el rumbo de las cosas. Con María huida ante su
vista, varios hombres a punto de entrar ante él, esto no sería mucho
contratiempo, pero la inevitable realidad de sentirse incapaz de
hacer frente a Ratzinger le hace modificar sus planes iniciales.
-Bonita palabra de tu boca, ¡paz
Dios! -Ya que José por un remoto momento pensó que era una función
del Obispo.
-Estás equivocado José, yo no soy
Dios.
-Entonces adiós -sujetándole las
manos le retiene de espalda, dándole una patada le desplaza y
aprovecha para abandonar la pelea, desistiendo de buscar nuevamente
a María, antes de que el reconocido prelado pueda frustrar su huida
Segundos de meros instantes, y varios
vigilantes entran en los aposentos de María.
-Monseñor disculpe, la señora nos
advirtió de que un extraño había entrado aquí.
-No está aquí, ya se fue.
-Buscaremos por la mansión, por
seguridad. Haciéndole reverencia se marchan -apostillando-. Le
avisaremos si diéramos con el extraño.
Dejan a Ratzinger en su celebración
de un ritual pagano de pensamientos lúdicos, diciéndose- No es un
extraño, no es un extraño -ensimismado piensa para que no fuera
ministerio.
Fuera de la mansión, en una calle
cercana alejada del perímetro de la residencia del príncipe para no
levantar sospecha, una furgoneta ocupada por pequeña flor espera la
llegada de José, en su regreso de la misión. Hace tiempo que se fue
y nerviosa atesora nerviosismo en la trama del destino. Oye ruido
descubriendo a través del retrovisor a dos guardias del príncipe
portando metralletas en mano. Puede apreciar que señalan al vehículo
y como se acerca a ella uno de ellos, mientras el otro espera a unos
veinte metros atento a la requisa a la que su compañero se dirige.
Pequeña flor discurre rápido,
buscando en la guantera arremolina el surtido de objetos que hay
esparcidos a mediana orden, hasta dar con una vieja pistola
Tokarev. La saca, la engancha firme sobre el pecho tras quitarle
el seguro. Cierra los ojos momentáneamente para recoger fuerzas para
emplear el arma de fuego, y espera la inevitable visita del soldado.
Voltea la puerta abriéndose a la derecha, concordia mente con su
pulso y encañona allí, para aliviarse de que quien aparece,
sustituto del peligro, es amigo.
-¡Vámonos! -Acierta a decirle el
hombre de nombre José, a la esperada ganas de alejarse de allí por
parte de flor, que guardando la pistola donde estaba y encendiendo
el motor arranca en segunda haciendo ruedas. Al girarlas puede ver a
través del espejo a dos guardias caídos sobre el asfalto.
-¿Están muertos? -Pregunta flor.
-¿Qué más da? -Responde José
drástico. Le impresiona en parte escuchar flor estas palabras tan
duras por parte de él. Sabe perfectamente, ambos lo saben, que matar
o no, no es una cuestión de elegir ética o religión, ni decidir
entre salvación o condena sin doble evaluación. Sin embargo José
ahuyenta ser un déspota evitando ajusticiar a todos sus enemigos, ya
que desde los escalafones de abajo, no son mas que entes de zombis
atrofiados en mentes envueltas en el engaño, creyendo en una
doctrina impuesta. La esclavitud es tomada como liberación, el
arrodillarse y someterse es voluntad apremiada en aplausos de
fiestas santas, muchas de las cuales no tuvieron otro interés que
cristianizarlas ante la repulsa de renunciar el populacho a ellas.
Si sirvieran de ejemplo no se nombrarían a Fiestas de San Juan,
donde es el único santo del que se celebra el nacimiento y no la
muerte. La Iglesia al ver que era imposible suprimir estas fiestas
hace una excepción y le conmemora el día de su nacimiento, porque
fue santificado en el vientre de su madre y vino al mundo sin culpa,
y los demás mortales nacen necios pecadores por haber bebido sangre
de sus madres, intercambiando placenta en su neutro planeta, dejando
al popular adulterar el solsticio de verano tomando posesión la
fecundidad de la verbena, San Juan. Porque fue imposible erradicar
las ancestrales celebraciones solares. ¿E insólita no hubiera
ejecución, ¡Por Dios!, que conviniera a mismo día fiesta con muerte
a la santidad carta? Sus actos obras de adoración, sus pecados la
mano que mece a los renegados a demonios, denegados de la obra
divina de vida, de la misma que ellos retiran bendecidos. Rescatados
del abismo adoctrinan a criaturas, de lo afeo les hacen creer en la
buena fe de ver como son en su ser. Ser o no ser, es elección suya,
y así también lo piensa José, y él no desea elegir. Y matar José
matará, pero no liberará. No es un Dios, ni un exterminador. No es
un salvador, ni el que todo lo creó, sólo desea ser tan solo lo que
imaginaria siendo yo...
Poco más adelante, pequeña flor gira
torciendo por completo la dirección de la furgoneta tras ver que un
camión ocupa todo el ancho de la calzada al estar descargando un
contenedor. Al volver atrás, uno de los caídos guardias se ha
levantado, y ante la inminente vuelta del vehículo apunta con su
arma de repetición hacia ellos.
Pequeña flor vacila en que hacer, y
José turbado, ¿de qué más da? ¡Nada da igual! Como hombre, tiene su
ira y la comparte. Antes de calibrar que hará pequeña flor, toma la
decisión tensionando la pierna y pisa enérgicamente el pedal de
velocidad, revolucionando el motor. Tal fuga de furia de llamas de
dragón acelera el transporte hacia el hostil hombre, que no rige
entre apuntar y levantar la vista viéndosele venir la furgoneta. Le
impacta en su cuerpo, despidiéndole acaba con el finiquito de su
trabajo, metros allá.
Pequeña flor acompañada de nervios,
encendida de la escena desacelera su ritmo. Sin dejar de apretar a
fondo marcha abandonando el lugar de auto, su comparar viendo la
nervadura de José es escasa. Las muestras de horror, de guerras, de
muerte ha sido frecuente en su vida desde niña, y no es precisamente
una Teresa de Calcuta, aunque impresiona lo que ha visto. Ya te dice
que si, y aun hace hincapié, la nervatura de José irradia como
díscolo de firmamento.
Le conoce desde siempre, desde los
primeros recuerdos. Considerado como un padre, después como un
amigo, y a cierto modo un hijo, es un todo en ella. Si tuviera que
venerar, sería sin duda todopoderoso Jesús. Mitificarle sería lo más
justo, la estima no tiene fronteras en su amor. Y nota desasosiego,
una confusión que José no puede esconder allá en donde su talón de
Aquiles se descubren sentimientos, ¡en sus ojos! Su mirada es el
punto débil, donde ella es capaz de leer cada movimiento de sus
alegóricos ánimos. Ahora muestra aflicción, y no puede más, y le
pide que lo comparta con ella- ¿Qué ha pasado José, que pasó en la
mansión?
-No me ha reconocido... no sabe quien
soy... Yo no...
-Debes inferir, y dar tiempo al
tiempo. Sabes de lo que es capaz el veneno católico, y más en ella
como madre de la fe, el idolatrismo del propio Dios la emana.
-Por favor flor, no me hables más de
tiempo -recela y castiga lo que escucha.
-Yo...
-Lo sé flor, perdóname -lanzándose su
propio castigo se maldiga-. Tienes razón, y no lo aceptaré ¡jamás!,
sólo o sólo que todo duele.
Flor no le debe hacer falta mirar a
José para entender su callar repentino tras la frase, y que el mareo
tiende a descolocar sus formas. Hacia el limbo parte, allá donde
desgana una salida hacia la que ir, ya que allí no hay luz, no
existe camino, donde murió su último amigo, por medio de miedo se
alimenta, por odio se vela, y de queja se respira. Y tal
disconformidad, no levanta más que desazón de condenarte
eternamente, de no escapar, cuando sin salida te advierten que sin
luz, sin amigos, te retienen sin sentido donde no hay que marchar.
Está allá donde le colocaron pastoral, donde el amor remató. A lo
interior se le escucha- "Demostraré valor, nunca más amor en el
paredón, sólo, y una taza de café..." -Inconsciente tararea una
canción creada en su conmoción, la única sublevación que presume
podría cumplir un adjetivo. Creador de su deseo, si de reflexionar
no se consigue, si por sufrirlo no se atiende, por conmiseración
sería una batalla perdida, y al rezo una estupidez, no hay forma
humana de tener el querer, e inhumanamente en su yo, percance daño.
Si no es fácil desde hoy, tendrá el
mundo que recapacitar que son milenios los instrumentos de segundos
de movimientos en sueños que evitó en sus adentros ser, una
presencia suya que seguirá por la vida. Si única fue siempre la
postura, el deforme de cambiar sería inservible, y lactante mama de
Tesón. Ahora que la vio la fuerza es sublime, de su ordenación no
entiende que es una ultima sensación. A su modo, del biocompuesto
encuentra demonios en cielos "sin blue". Su vida se disculpa así,
hablando claro de María y cuanto esté que todo se suprima.
El cielo no importaría pararlo en
instantes a riesgo de vida truncada por ese color que desvaneció, y
debate- ¡Oh cielos, yo jamás te borré! -Es el lamento de una
obsesión. E imagina esa fantasía tenerla al lado, como el sol que
diera alegría, en su rostro enseña de la sonrisa que le encolore.
Al verle en su caso es escaso saber
lo que ha de pensar de él. En nulidad matrimonial debe recitarla
palabras hacia su virtud -¿Donde estás ahora amiga María mía? Si
todavía no lo sabe, no renegará por serla fiel. Sus palabras,
resonarán de tormento, eco del pensamiento. Su mirada reflejará en
apostólicos hombres, guiños en inesperado encuentros.
Como aquello de ti, como todo, como
solo tú-. ¡Ahora dime, dime, dime!, ¿dónde estás amiga mía? Dios te
condenó María, vacía eres en repulsa. El infame creo contigo mi
castigo. Desgraciada entre todas las mujeres, maldito el provecho de
tu vientre. Condenada María, madre ilusa de la divinidad, no concede
perdón por ellos fracasados inocentes, nunca y jamás en toda nuestra
muerte hasta que llegues a encontrarnos en nuestra vida.
-¡No eres de ellos, y te daré un stop
de retorno a mi! -Somete ante su propia aprobación José.
-Flor, hay algo más. En la mansión
estaba el cardenal Ratzinger y me ha hecho frente. Tenía un nivel de
fuerza elevado, tanto que me hizo frente, hasta diría que mas pero
se sentía retenido.
Flor ajena a cualquier interpretación
no decía nada. Al fin pregunta-, ¿quizás Dios le halla delegado
poderes como otras veces ha hecho?
-La explicación me apabulla, no
acepso a que a un Obispo pueda darle Dios ese tipo de poder, no es
su papel-. No se -dice José -no se -repite.
María después de la calma, ya
apartado cualquier personaje de estancia en la habitación revuelve
con ella. Reflexiona de pie sentido común a qué había llegado lo de
antes, y le cuesta el iniciar pensarlo. Libra por apartar la mirada
de la cadena que José le había ofrecido y omite resignarse, sucumbe
ante el impulso que le induce a obrar mal, recogiendo del suelo
caído la fruta del árbol prohibido. Le vienen detalles de cuando el
que fue su marido se la entregó a su hijo y se asusta de cualquier
acople de interpretarlo. Abre un cajón del tocador y recluye la
cadena de eslabones enlazados, por condena a grilletes de presidio,
sin derecho de amparo de libertad de expresión.
El príncipe Masín ha llegado tras
saber que un intruso había entrado en su palacete. Directo va en
busca de María. Golpea la puerta y abre sin espera -¿Qué ha ocurrido
aquí? -Interpeló que aclarase las dudas que traía tras el aviso de
la indignante incursión del desconocido forzando la mansión.
María le cuenta asustada lo ocurrido
sin dar nombre de hombre, detalla lo poco que hubo allí de
repentino.
-El mal es fuerte -concilia Masín-.
Debemos tener fe.
-Si -resignada dice María sin
calibrar nada más.
En la mansión las tinieblas no
existen, eso sería una malformada metáfora diabólica. El juego del
movimiento, cabalgando como un gato en la noche saltando sobre la
luna, y a este lado daría pena divertirse. No son mas que procesos
incorrectos de una mente desquiciada.
¡No, no, y mil veces no! En la
mansión se respira quietud, negando en mayor grado un fantasma
absurdo de haber existido alguna inquisición. Es una benévola casa,
malévola lo impide libre.
¿De qué entorno es, esta reflexión?
De una inventiva de que los hombres
no fueron mediadores buenos. Sabiendo, reconociendo paso a paso la
historia, este mundo de contraparidas, en donde no se puede
encontrar trazos de confrontamientos, cuando la búsqueda del saber
era cosa de herejes, de míseros brujos retando al sol en su
movimiento. De la eternidad muerta de Eva y Adán, justo hemos de
pagar por saciar bajadas de hemoglobina, de los azucares de fructosa
envenenatada. Y si librarse por clero, porque tú me lo digas ¡Oh
señor, elígeme! ¡Elige tu por mí!, porque sólo merezco vivir si te
da en ganas, si has tenido un buen día... me comprenderás.
En la mansión cerrada a canto, han
dado por finalizada la búsqueda de los intrusos, tras haber
descubierto fuera los cuerpos sin vida de dos esbirros suyos. En la
habitación de María está el príncipe Masín y el cardenal Ratzinger,
uno de los príncipes de la iglesia que se recluirá dentro de unos
días junto a la realeza eclesiástica en la ciudad pontificia para
deliberar elegir a un nuevo rey católico, tras el duelo oficial por
el funeral del antiguo patriarca, fallecido o rendido por Dios hace
dos vueltas terrenales. La clave bajo llave está en el cónclave ¡Annuntio
vobis Gaudium magnum... habemus papam! ¡Urbi et Orb!!, ¡Tenéis
nueva papada!, a la explicación de abultamiento carnoso anormal que
se forma debajo de la piel, daños colaterales de la buena vida,
efectos secundarios de buen tratado. Ambos hombres hablan de lo
acontecido. Los semblantes exaltan inquietud en María, que sentada
desea olvidar lo pasado. Tan inesperado inadecuado momento,
desoportuno, rompiendo un millón de ayunos. No sabe qué, no quiere
pensar ni relatar. No detalla nada que dudar, que fastidie
interpretación, acaece de voluntad, se deja llevar.
-Acompañadme -acercándose a María le pide Ratzinger. Esta expresiona ¡Nada!, exactamente. Su aire regulado desatiende los ojos con que el obispo la indaga, queriendo encontrar un fallo que resorte. Aspaviento en el interior la turba temerosa, rechazándose de continuar pensando, pensando y sintiéndose que engaña al detener sus impulsos de preguntar. Corcha hilos de cabos retorcidos y echa un velo a callar acompañando al hombre de Dios a otro aposento. Como le solicitó, va en camino.
Descorcha indecisiones a filásticas
¿Qué es el camino? No razona, el desconcierto la invade, una
alteración agarra su calma. Manejada de hilos desea cesar su
revuelo. La tierra se pierde a lo lejos de su vista, el pasillo
ancho se desplaza, el ruido de las palabras del obispo comentándole
ciertas notas enajena su retirada del verbo a adjetivo. Se desplaza
del camino, -¿y qué es mi camino? -Desorientada se pregunta ella.
Tantas interpretaciones se retuercen, desbordada parece alejarse de
la vía de tierra, de su recorrido rutea sin topar la dirección que
le lleve a algún lugar. Se resuelve su meta volante cuando los dos
se detienen junto a la entrada de uno de los aposentos de la
residencia del príncipe Masín. Ratzinger pasa sin llamar, seguida de
María a rebujo.
Al entrar, la radiación de luz
infinita que dimana sin principio ciega suave la vista, y nítido se
rebaja la claridad hasta un ambiente natural. La figura eternizada,
escondida a la humanidad, tan conocida por los dos personajes se
descubre. Muriéndose la curiosidad de describirlo, atempera las
ganas de un nuevo encuentro. Sin dilación les habla con resonancia,
rebotando el eco en la habitación.
-Hijos míos, son tiempos difíciles.
Siempre lo ha sido, y llevar la cruz supone un largo camino de
espinas.
María siente estas palabras tal si se
crucificara ella misma, encaminándose de remordimientos se axioma
sin comprenderlo su impedido insensato pulso.
-La muestra que nos ha tocado vivir
aquí mismo, nos da una prueba más de que el mal no tiene intermedio
por conseguir su fin -anunciaba a los llegados, la afirmación del
dogma desde el principio del fondo. Providencia calla y el cardenal
Ratzinger se dirige a él, confirmando las palabras del propio Dios.
-La consistencia y perseverancia
conseguirá lograr el mundo que deseamos.
Se interrumpe su hablar llegando la
quietud. El lugar da instancia a la relajación, a desahogarse, a
calmar ánimos y ser sinceros. María no puede evitarlo, sin retenerlo
a través de un gas de la verdad, cuestiona en propia indecisión.
-¿Porqué Dios, porqué se dirigió ese
hombre a mí presencia, que quería de mí?
Dios retiene su respuesta, haciéndose
rogar, y pide a Ratzinger su abandono de la habitación - Por favor
déjanos solos mi fiel alumno -le clama mirando al cardenal que se
inclina mostrando respeto, y torna irse de su marcha de la reunión.
Al dar vuelta atrás enuncia postura de superhéroe o supervillano con
la capa agitada al viento, ¿pero cuál? María lo distingue, pero ella
no está para acometidas de trapicheos ligeros.
Quedan María y el mandatario de ella
solos en la habitación. María durante estos últimos casi dos mil
años le ha servido incondicional a Dios, abanderada de la fe, el
máximo estandarte de sus palabras en la tierra. Dios utilizaba
varios organismos de estructura simple que fueran portadores del
mensaje confiando una autentica programación de la metrópolis. Ella
sin rivalizar el poder que cada uno de los papas han configurado la
máxima estancia en el programa vaticano, es la máxima que traslada
la santidad por el mundo. Los papas vienen y van, ella siempre ha
estado a su lado desde el principio sin dudar, sin esperar nada a
cambio, ¿o quizás sí? Momentos de reflexionar...
-¿Sabes quién era la tentación que te
ha visitado? -Le pregunta Dios a una María insistente de
meditaciones.
-Dios, me esquivo de encontrarle
respuesta noble, no creo conocerle pero...
El instructor curiosea en María, y
tras llegar de la profundidad de la luz se hace estar al lado. El le
suaviza la frente conteniendo un toque divino, María sigue
explicándose-. Sin embargo tenia la apariencia de un ser que hace
años am.. amenizó mi vida.
-No receles, sólo es una visión de un
ensayo constante. El diabólico trama perversidad donde más nos puede
afectar. La pretensión de ese ser con apariencia humana la desdeño,
y tras un alarde bellaco su finalidad querer confundirte y sabe si
ponerte en contra mía.
María, virtuosa discípula siempre
representaba esas palabras divinas como eran transmitidas, y hoy
veleidad en rebeldía destripaba esas uniones de letras, recreo de
saltos de consonantes rodeadas de históricas vocales y asimilaba de
Dios ser el interprete de su propia idea. Ya atrevida preguntó- ¿No
podría ser que sea él mismo tras condenar por el averno?
Dios no intuía ninguna destemplanza
en la consulta de María. Ligero lo tomaba a duda de adolescente,
aunque no era normal que nadie ni por supuesto ella las
presentaran..
-En esta ocasión no -sin darle
importancia respondía dando respuesta a la desorientación que tenía
la mujer.
Ella no conforme, osada le sugería
procaz a Dios- ¿Estás seguro Dios Mío? No quiero poner en tela de
juicio tus palabras y me arrepiento si al expresarme cometo
sacrilegio, pero si él no llegó posiblemente al reino de los cielos,
¿no podría vivir en su cuerpo eterno con Satanás?
-¡María! -Aceleró Dios la voz en
primer momento. Rebajó su iniciado vocinglero y discreto prosiguió
su réplica-. No debes crearte suposiciones. Belcebú regodearía en tu
conjetura. Su júbilo de dicha aumenta, en cada hipótesis deleite.
Dios retrocede retirándose de su
presencia como humo al viento. A espaldas se desplaza en dirección
al fondo, citándole unas ultimas líneas-. Fe María, fe, todos los
demonios se vencen de esta manera.
La mujer sale de la habitación citada
de vacilaciones, la lectura en resumen son creencias no resueltas.
No tuvo más nunca que actual, especular, que en ningún modo más
ahora dudó jamás, ¡Ahora y en la Hora de Nuestra Muerte!
Una oración de una carta que nunca
alcanzó trasmitida por Dios a ella, y de su parte a los humanos.
Jesús es una plegaria incesante, y Dios no le da descanso en su
encomienda de retirarse de este mundo, de acercarse a su hijo, de
reencontrarle de esa huida que tras la muerte no ha llegado el día
de reunise. Y ahora él... y el vacile transgresor prosigue.
La puerta cerrada de la habitación
que reunía anteriormente a Dios y María, gime por el agarre de su
empuñadura marcando la acción de abrirse, nombrando la entrada del
recién llegado.
Ratzinger entra y valúa ante Dios el
insospechado suceso, con la aparición de José.
-Hemos de acabar con él -de entereza
se manifiesta ante Dios.
-No supone ninguna amenaza, lleva
jugando por los siglos pero está sólo.
-Pero señor, hoy se ha acercado mucho
a María, y si consiguiera....
-El no puede hacer nada. De ella no
conseguirá nada, porque es mi instrumento, ¡igual que tú!, ¡igual
que todos! Si él vive es porqué le regalé la vida, quizás ha llegado
el momento de vetarle de compartir el mundo, pero sabes querido hijo
que tenemos una misión más importante, y no podemos desviar nuestras
fuerzas en su búsqueda. Ahora no es el momento, pero pronto llegará
su hora, a todos les llegará. Ahora retírate y con la decisión firme
que te hace gala, devota.
Ratzinger se ausenta, y la reserva de
mutismo cerca el recinto.
En otro lado, enemistado con el
anterior también se mantiene una charla. Mas apaciguada entre ellos,
pero no mas serena en la énfasis de la importancia.
Flor examinó accediendo a los
archivos del ayuntamiento desde su ordenador, a que parroquia
pertenece el padre Gaudi, era la iglesia de la alma en pena. Junto a
José ha ido a buscarle allí, por si acaso dieran con él.
Flor hace rato que entró a la
capilla. La iglesia desde fuera era modesta, contraria al visto del
templo de oro de cualquier pueblo edificado entre casas mediocres.
El gobierno eclesiástico formaba la multinacional en franquicias,
llegando y construyendo su todo a fe donde no lo logró la coca cola.
Entretanto José guarda almas en la
espera. Nota por la desfachatez de las formas, presentarse junto a
la puerta de la iglesia un monovolumen de lujo tintado con los
cristales oscuros. La velocidad que traía por la venida y
posteriormente el estacionarlo descarado privando el paso de cebra a
su normalidad cuando había espacio suficiente para aparcarlo bien,
abre una pequeña certeza de tener mucha prisa, silenciada por no
salir nadie del vehículo y/o ser los ultra católicos legionarios de
Cristo, rivalizando monetariamente con la banda del Opus Dei. No
cree que vengan a donar parte de su recaudación diaria del programa
"ayuda por un kilo". Su cartera de valores hecha de donativos
particulares confundidos en la letra grande de limosna a
cotizaciones de especulaciones, de comisiones innegables,
subvenciones otorgadas por los partidos más populares, de una
derecha encubierta centralizada al don del dinero donde no hay
tendencias, no existe giro a la zurda, diestra se compensa por
tránsfuga de capitales, y al señor partidario del parlamento
negociado. Dios es un negocio al alza, las acciones se cambian de
manos limpias, protegidas por la santa sede patronal, por las leyes,
por el mutismo, incluso por presidente de organizaciones
republicanas gubernamentales tomateras. La corrupción está blindada,
la razón del mundo, en la vanguardia separatista del país se compra.
La luz apagada del sol hace ademán de
retirarse del día. La calle es transitada alegre, el flujo de
ajetreo se renueva de los ir y venir, la disparidad de los
individuos distrae la espera.
La afluencia a la iglesia es
constante a cuentagotas, José se detiene en cada una de ellas.
Quisiera no pensar, pasar del tema
religioso, sin que la obsesión le indujera a permitir parcial cada
situación. La repetición de escenas fervorosas, las insistencias de
peticiones, ruegos, deseos de creyentes, y la suya propia cae en
redundancia.
Desenchufado de una recontra, su
causa no iza ningún estandarte. No mueve antenas copadas de medios,
no existe la campaña de desinformación, no atrapa prisioneros. Los
enemigos de él ni siguieran saben que lo son. Aquellas personas que
irrumpen la casa del señor, él los ve, algunos, muchos ya con el
techo de su vida alcanzada, a las puertas de retirarse. Planear que
los tiempos ha cambiado, que la religión descrece, que el fin vendrá
a cada nueva generación reduciendo los fieles o ser válida para una
tapadera socioeconómica politizada sería un error inmenso, una
absurdidad tremenda.
La religión excusa la finalidad del
misticismo de Dios. Cristianos, musulmanes, mormones, tibetanos, la
diferencia depara en detalles, Fariseísmo que al cesar renacería en
necedades o en disparates. Humanos ataviados en vidas simples, se
empeñan en salvar almas de pecaminosos cuerpos. Sentenciados a la
condena de Dios, alimentándose de sus miserables existencias.
José despabila de representaciones
teatrales cómicos-dramáticas cuando pequeña flor baja las escaleras
que rige desde la puerta de la entrada de la iglesia a la calle. La
mujer al acercarse al monovolumen lo rodea para cruzar, y distrae su
mirada de lo que piensa. Memoriza la matricula y prosigue hacia su
automóvil. Al llegar no encuentra a José en el asiento de copiloto.
Disimula en su intento de buscarle, con ojos en la espalda desde los
monos descalabrados acechan como se desplaza. Sin girar la postura
abre la furgoneta, y se pierde unos segundos en tonterías, ganándose
el tiempo para discurrir que hacer.
-No mires atrás -oye desde el trasero
de los asientos delanteros, donde se resguarda José. Lo puede ver
por el retrovisor torciendo la mirada, pero inmediato lo evita en su
disimulo.
-Haz que te vas, sin detenerte. No
digas nada, pueden notar que hablas.
Pequeña flor arranca el automóvil y
sale a la carretera. Se cruza en el paralelo sentido con el
monovolumen donde perceptivos la mirada dirigían sus ocupantes a la
retirada de la mujer, por la vía de dos carriles. Tras pasarles,
pocos metros más adelante José le señala con su voz-. Metámonos en
ese callejón, desde allí no podrán vernos.
Flor cumple la sugerencia de José y
sigue sus indicaciones. La noche aterriza sobre la poca luz que hay
del día antes que se vaya definitivamente. Conculca las intenciones
de cotilleos, y la vigilancia se torna hacia los inquisidores que
protegían o interpretación libre se enclaustraban confinando el
lugar santo.
Flor se dirige a José para hablarle,
mirando por el retrovisor no le ve en la parte trasera. Él le habla
desde el asiento derecho causándole sorpresa a la mujer. Ella dice-
No hagas eso, por Zeus.
-Ja, muy bueno. Por Zeus u Odín.
-U Odín de Zeus -da la vuelta pesuña
flor.
Frívola la conversación retira la
tensión apilada desde la temprana mañana. La noche ha cercado al
día, y le embosca para apoderarse de sus dominios despedidos de
tiempo especifico que preciar.
Pequeña flor trajina un ordenador
portátil en la parte de atrás del vehículo tras pasarse desde la
parte delantera. Jesús cuida vigilando la iglesia y la supervisión
que aparcada seguía allí. A la vez, cotillea a intervalos la
búsqueda en la red de pequeña flor. Ella le está contando lo
acontecido en la parroquia.
-Los fieles me han contando que no
han visto venir hoy al Padre Gaudi, y de la monja que te he hablado,
que me había dicho que no podía atenderme hoy al estar enfermo, la
noté exaltada.
-Quizás tome mucha cafeína -dijo
José.
-¡Sí, o micebrina con redbull!
-añadió Flor. José la miraba y sonreía, volviendo a su vigilancia
para no perderse en algún despiste-. En serio José, creo que ella
sabe donde está. Puede que en la iglesia escondido ¿no? -Se
preguntaba poniendo alguna posibilidad a su encuentro.
José no contestó, no sabía si cabría
esa opción de hallarse en la parroquia refugiado el cura.
-¡Vualá¡ -Elevó la voz Pequeña Flor,
entusiasmada por hallar lo que indagaba en el ordenador.
-¿Qué has encontrado? -Le preguntó
José.
-He entrado en la base de datos de
tráfico y he dado con la placa de la matrícula de la furgoneta que
está esperando. Y no te vas a sorprender, verás que no, está a
nombre de Rocco veleta.
-¡El Obispo! -Ellos mantienen su
mirada, sobre el semblante afirman incorporando sin comprendio,
aparte de la trama de la intriga.
Sin dar tregua para cábala
irrefutables, José ve salir a una monja de la parroquia, y se lo
hace saber a pequeña flor-. ¡Está saliendo una religiosa!
Con el barro revestido en las ruedas
esperaban en el vehículo
Un pésimo centímetro es capaz de
destruir un mundo, quebrar una luna, y recorrer la vida para
llevarla al límite del frío inexplicable.
Una bala lo pudo con todo, y saló al
ser de José en humedad sumergida. Le llegó a su flor la alergia del
mundo pasada de humano a humano, pistola en mano contagia inmunes
bronquios por respirar impensable paz.
En los pequeños detalles se esconde
lo más grande. Atacada niña, la sobresalía tanta sangre que su
corazón tallaba XL.
El genocida infantil cargaba de nuevo
pasando su fuego a senior. Eléctrico motor José detiene la afluencia
de recursos, apunto de nuevo ¡asesino! Devuelve atestado por la boca
esperma de una hilera de tejidos de rata hinchada por la cloaca del
vomito. Son dos cámaras de aire que se pinchan, pulmones salidos de
padre que acaban desinflado, y separado por no respirar, merecido le
consumen al Croata.
José despoja la cubierta, a pecho, y
con la camisa quitada procura inmovilizar la incontrolada sangre que
no se detiene en la retención del torniquete.
La flor se manchó teniéndose del
color del corazón. José aspiraba para que no se secara al sol.
-¡Es con quien hablé, la hermana
margarita! -La novicia está motorizada. Abre un coche gastado por
los años y se marcha del cuadrante que José y Flor pueden llegar a
ver desde donde están. El monovolumen mafioso que esperaba en
descansillo ruge el motor, se encienden las luces conduciéndola
detrás del coche de la monja, lo que hace que José y flor se unan en
su persecución como pista válida, empezando la casería del juego del
gato y el ratón, cerrando la comitiva.
Alejándose por las calles de las
grandes avenidas tras dejar una vía rápida, la monja tuerce hacia
una zona más cerrada, además estrecha. La zona residencial aparece
desértica casi de gente y coches circulando, y la línea imaginaria
que pende el equilibrio que forma su mediatriz se alarga, guardando
separación de no ser descubiertos. Los circulantes de ABC conjuran
restringiéndose conminarse de pronto.
La lentitud de la monja al conducir
rumorea que busca aparcamiento. Hallándolo fácil, lo señala para
aviso de quien venga detrás. Los ocultos seguidores se detienen
cobijándose en la oscuridad, y salen del encubrido transporte tres
hombres siguiendo sus pasos.
El vehículo donde viene José y
pequeña flor retiene su carrera, calibrando una separación comedida.
José balanza la táctica de forma
arbitraria, soportando él todo su peso-. Espera aquí, pequeña flor.
Ahora sabemos si es una pista falsa -José sale a la calle, y abre la
puerta seguido más cerrarla, pidiendo prudencia a Flor-. Te lo digo
en serio, no te muevas de aquí, ¡y si te descubrieran vete no me
esperes!
Tras un nuevo cierre José simula ser
un paseante más, en esta calle un paseante casi único. Logra ver a
la monja entrar en un portal antes de perderla de vista, y a pocos
metros de ella los tres presuntos legionarios de Cristo la igualan
entrando en el edificio.
Al aproximarse al monovolumen de sus
antecesores perseguidores, José calibra si ocuparse de los ocupantes
que hubiera o librarse rápido esquivándoles e ir tras la monja.
El discreto silencio se ha adueñado
de la calle. No es menos cierto que esto duda segundos, la quietud
se anega tras el escollo golpear contra el espejo retrovisor
derecho, haciéndolo añicos, de una piedra.
Sobresaltados salen los ocupantes
delanteros del automóvil, gritando-, ¿qué pasa, qué ocurre?
¡Demonios! -Consigue decir el que bajó por la parte del copiloto al
ver venir un objeto hacia él, antes de descubrir que es la punta de
una bota, más el resto que ya no vería al sufrir un puntapié del
salto que había dado José hacia él, reservándose contrarréplica a-
¡No a los Demonios!
Antes de que pueda hablar el
conductor que ha bajado por su lado, y estaba sacando su arma de la
empuñadura de piel que llevaba en el pecho, José voltea sobre el
capó de la furgoneta, girándose en pleno revuelo le sacude una
patada en los morros acallando las intenciones que en giro brusco
conducía. Este pierde el equilibrio por el impacto tambaleándose
hacia atrás, a la vez que de la parte trasera del piloto un tercer
hombre que permanecía en el interior del vehículo sale esgrimiendo
una pistola. José se escuda agarrando al piloto golpeado, deteniendo
su caída se impulsa junto a él al sentido contrario, cayendo de
espaldas y delante viniéndosele encima el inconsciente cochero,
rebatiendo el desafío de la acusación que le apuntaba el otro
sicario, reprobado detiene en su cuerpo los impactos de bala. José
en su caída, acerca su mano al brazo del ya muerto esbirro a torpeza
de su compañero, y sujetando la pistola que se desprendía de los
inertes dedos insensibles, deriva en un disparo que disgrega las
intenciones de su opresor deteniendo en seco el recorrido de su
execrable existencia
Oculto tras la furgoneta pequeña flor
no eleva toda la visión que tranquilice la lucha que ha contemplado
en parte. A flor de piel alivia tensión, al poco puede ver que José
sigue en pasos corriendo veloz hasta el portal entrando, dejando en
la calle tras un pausado, vuelta a la calma.
Recién llegado, echando iniciativa
recoge la idea de plantearse la situación más acorde. Remiendos a
tantas luchas sacando conclusas recompensas, de personas concretas,
de dañar insignificante a Dios o a sus fanáticos ultras, sabe que
son idioteces en lo que representaría una batalla real contra su
enemigo.
Está dureza de juego ante amalgamados
hombres sin don. Religiosos, mercenarios, mixtos o autárquicos. La
dura entereza se hace insoportable tras batallas diarias, por
existencia acecha en la búsqueda insistentemente, por fraude de
traiciones indignado de la verdad, cada liza le hace perder algo más
en su condición de humano, de su menguada mitad humana.
En la quinta planta, el hombre que
custodia el piso en forma de cura, escucha en la puerta unos golpes
discretos. La llamada es retenida en la puerta, dilatante.
-Abra padre Gaudi, soy yo, la hermana
Margarita -Anuncia quien es para convencimiento del hombre interior,
que abriendo sus puertas deja pasar a la conocida providencia. Más
abrir, le arrojan a cuerpo a la novicia y sin dar uso a la razón
entran los tres hooligans seguidores de la monja, arropando juntos
hacia dentro.
El padre Gaudi descorazonado
palidecía de volver a repetirse la misma escena que le había
abrigado a retirarse a escondidas del peligro que le seguía. La
hermana Margarita no omitía la fuerza de su credo ante los
presentes.
Uno de los corpulentos hombres que la
atentaba le instigaba. -Reza cuanto quieras hermanita, que Dios hoy
juega en campo contrario.
Otro de los personajes inspeccionaba
la morada que escasa limitaba su confort a una habitación, una
cocina de un fogón, un cuarto de baño enclenque sin baño, más que
con un plato de ducha y la sala donde estaban todos, que parecía
haberse tirado unos tabiques para juntar salón con habitación, al
dividir la mitad del piso sólo en este espacio. De uno de los
armarios empotrados sobresalía lo que parecía una sabana de lo que
estaba recubriendo, el colchón de Sor margarita.
Eran detalles insignificantes,
despreciables cuando la importante tensión sometía toda la emoción
fuera del cotilleo absurdo de rumorear explicaciones detalladas,
tales como un vaso de agua sobre el armario, enjuagado de un
producto limpiador de una dentadura postiza, que por cierto, no
estaba. Y era fácil buscar en qué boca chirriaba, y de la cueva que
formaba su concavidad escupía caridad en sintonía de milagros.
Cantidad de reseñas de huecos de rellenos, de mal comida o de
caries, empastes de que la han pillado en jaque, que se erosionan en
detalles.
-Limpio, no hay nadie más -advirtió
el marujo que buscó por la vivienda desprotegida.
-Ok, se acabaron los rezos -anunciaba
el fin sin escape para los dos religiosos, a manos de otros hermanos
de fe más traviesos. Exageradamente maliciosos si la censura
omitiera negarlo.
De escalones acelerados ya ha llegado
José a la quinta. En el pasillo manifiesta una puerta abierta que le
invita a descubrir donde están sin embozo. En la entrada del rellano
se detiene haciendo constar su presencia, observando el cáliz de la
situación, viendo a tres hombres guardando en paralelo su similitud
de coordenadas. Más atrás está la hermana Margarita, y el padre
Gaudi, que ya lo conocía, de haberle visto en brevedad por la
mañana.
El hombre que parecía el jefe de
grupo encañonaba con la extensión del brazo a los dos profesadores
católicos. Giró sobre José, este permanecía parado. Todos, excepto
el apuntador retenían moverse, y hablar- ¡Llegas tarde, la fiesta ha
terminado! -Dijo. El brazo de él seguía extendido, y José se
preparaba para el disparo de la pistola que llevaba puesto
silenciador, pero sin embargó paró en seco lo que se preveía. El
sujeto articuló a la inversa volviendo a sus fueros de origen, y
echó fuego del arma contra el sacerdote. La hermana Margarita se
interpuso entre el objetivo recibiendo el impacto del proyectil.
En ese instante, si de la comparación
de una partida de ajedrez fuera, en pausa, cambió de canal a una
melé de rugby. El que había disparado no volvió a disparar contra el
padre Gaudi, que permanecía arropado cubierto en su mayor parte por
el cuerpo que se le iba a la monja Margarita. Tiró como un juguete
de cuerda hacia el lado de José, dispusiéndose a dispararle. Los
otros dos compañeros intentaban sacar sus armas que permanecían
guardadas, ya que la aparición de José les había pillado por
sorpresa y se habían relajado al apresar al cura, que debido a su
indefensión no les causaba ni risa para preocuparse.
El macabro personaje disparó, pero
encontró el punto perdido en el hueco del descansillo, que tras la
puerta se había alejado de su intención de acabar con José. Este
había rodado sobre el suelo, y llegado en gracia se metió entre las
piernas del hombre a su espalda, la cual ya había de nuevo doblado,
queriendo ahora sí, acabar con el padre Gaudi. La monja ya
descansando sobre el suelo frío, descontaba su presencia y el escudo
que le supuso al padre Gaudi anteriormente.
José retuvo la intención al colérico
hombre. Agarrándole el brazo logró desviar el proyectil, asestando
el disparo contra su compañero que a la izquierda intentaba apuntar
a José, dando de lleno sobre el cuerpo, caía postergado. De un
manotazo abierto sobre el cuello José sacude a su confrontario un
topetazo en la nuca quitándole la consciencia. Coaccionado a su
derecha, chepudo en su intento de erguirse, saca su pistola el
tercer asaltante, el único que quedaba en pie de ellos. Antes de
conseguir levantar el revólver, de una patada que le impuso José
hace nacerle alas al arma, volando fuera de su alcance. Al retornar
José de su medio salto el equilibrio se pierde, enredado sus pies al
posicionar sobre la alfombra le arruga su firme pose. Tendiéndole
una emboscada al azar, cae.
De este aprieto se aprovecha el
supervivido intruso, que saca de su espalda un gran machete afilado
que llevaba envuelto en una cartuchera especial para guardarlo. Le
da la vuelta, y sujeta el filo con determinación de arrojarle el
arma blanca. José perdida la situación agarra rápido una manzana que
junto a otros despropósitos se habían caído, en la entrada que
interrumpió el vacío que compartía el padre Gaudi hasta el presente
lance, que maduraba por el suelo
Sujetándola aparándose en legítima
defensa, consigue detener el puñal que le acaban arrojando, al
clavarse sobre la pieza de fruta que actuaba de cáscara baluarte.
José contraataca, y desde el suelo le plancha una llave para hacer
caer al impresionado contrincante. Puede levantarse de inmediato al
igual que José que elevando la pierna le etiqueta, colocándosela
debajo de la barbilla arrastrándole medio metro, cuerpo entero hacia
atrás contra el tabique ejerciendo una fuerza brutal le sujeta y
eleva del suelo, presionándole el cuello hasta que cesa su anhelo de
recoger insistentemente oxigeno que se le escapaba.
José tras acabar con el último
legionario comprobado al arranque de tirón de camisa, se acerca al
padre Gaudi, que sentado sobre el suelo guardaba el cadáver de la
hermana Margarita. Perceptivo de lo que había pasado, no encontraba
una posición a la que acogerse, perdido en todo este asunto del
deseo que tenían de darle muerte.
-¡Hemos de irnos de aquí, pronto
vendrán más! -le informaba en frecuencia modulada al sacerdote que
arrugaba su cara, cuando para él se había detenido la transmisión de
señales que escuchar. Ver allí la hermana postrada, los cuerpos
también perdidos acompañándoles por el pavimento de esos hombres que
instantes escasos habían intentando matarle, y ahora esa voz
consejera de un hombre desconocido, que si, que le había salvado dos
veces, no sabe como encajarlo en el tiempo presente.
-Y no podré retenerles
indefinidamente en su empeño de asesinarle -prosiguió su insistencia
José, con una frase tan rotunda que el cura se lo tomo como un hecho
real, práctico, válido actualmente.
Se levantó diciendo- ¡Vayámonos¡ -a
un modo pausado acompañando sus pasos. José salió por delante
vigilando la entrada por si hubieran llegado más contrincantes, pero
allí no había nadie más. El silencio impuesto inhabitado a voluntad
dejaba carente el vació del pasillo.
Se dirigió de nuevo al sacerdote, que
de pie observaba el plante de la escena sin inclinarse por salir
definitivamente del piso-. Ya no podemos hacer nada por ella -le
comentó agarrando suave el brazo del Padre Gaudi, queriendo
aportarle entereza
Dándole la razón en oculto silencio,
el hombre apagado salió de la casa y bajaron escaleras hasta el
portal. José nuevamente conspiró una posible encerrona de que le
esperaran, y se escurrió fuera a la calle, asegurándose que no
corrían peligro.
A la pequeña distancia seguían por
los suelos los esbirros, tumbados por coma mortal. Oyeron de
inmediato sirenas de policía que anunciaba la pronta venida al
lugar. José quiso hacer un gesto llamando la atención de Flor, pero
esta ya habiendo visto a ambos hombres salir del edificio había ido
a su encuentro. Deteniéndose sobre ellos les instan en una de esas
dependencias que sobraban al caso-. ¡Subir, rápido!
José iniciaba entrar por la puerta
derecha delantera, cuando el padre Gaudi sugirió-, ¿no deberíamos
esperar a la policía? Se encargaran de ellos y...
José se detuvo sin entrar en el
vehículo. Sujeto sus brazos al techo, dio vuelta a la cabeza y se
dirigió raudo con sus palabras al intranquilo y confundido
sacerdote-. ¡Ellos son la policía! Si quiere vivir padre -diciéndolo
de una forma que le resultaba a José forzada a calidad de que
considerase su confianza en él, añadiendo-, no intente buscar una
razón. Si se queda no obtendrá respuestas, sólo la muerte.
El padre Gaudi, que en básico se
había sentado en su decisión de esperar a la fuerza de ley al oír
sus bocinas, la serena explicación de José le instigó de tal manera,
que dándole todo un acertijo era justo lo necesario para decidir
acompañarles.
José ya había entrado en la
furgoneta, notificó a Flor la muerte de la monja y andaba sentado
dispuesto a irse. El padre Gaudi abrió la parte trasera y dijo en
humor negro-. Espero que no halla que echar gasolina, no me he
traído la cartera..
José y pequeña flor se miraron y sin
malevosidad carcajearon en reposo ante la expresión tan insospechada
que había tenido el clérigo-. No se preocupe Gaudi, y no evite
distenderse. El peligro de hoy ha cesado de momento.
Algo que cura insignificante no podía
calmar religiosamente. Parecía tenderle un alivio contenido el que
la resolución de su tranquilidad no había llegado. No era sólo los
intentos de matarle, no era todo lo que consistía en él, ahora ya
había muerto una persona a costa de salvarle la vida y era
tembloroso no poder cesar revivirlo.
La furgoneta iba por las calles
alejándose del punto donde se encontró el trance, en el piso de la
monja. Las sirenas ya no se escuchaban, y el derroche de evitar
hablar aguantando la huida ya cansaba en todos.
Rompió pequeña flor el himen del
sigilo-. Padre, ¿dónde estaba, esa era su casa? -Ellos no lo sabían,
quizás tenían puesta su creencia en que no, pero flor aparte de
querer saberlo segura, buscaba complicidad para formar un diálogo.
-¡No!, era la vivienda de la hermana
Margarita. Pobrecilla, era tan buena. Me refugié en su casa tras lo
que pasó esta mañana en el hotel -No dio detalles de lo que había
pasado allí, ya que había visto a ellos dos, a José en la habitación
y a pequeña flor cuando huía en la misma planta, donde había
encontrado el infortunio de su sentencia.
Gaudi inició una de las tantas dudas
que se le amontonaban, y varias donde ambos acompañantes que le
antesaban en el vehículo estaban de por medio-. ¿Vosotros quienes
sois? -Preguntó buscando un poco de luz al sin sentido.
- Yo soy Flor.
- Pequeña flor -sugiere José.
-Y él es José- le da réplica ella.
-¿O pequeño José? Se dice el padre
Gaudi, sin esperar comentarios.
-Bruuff -Flor se parte de risa al oír
esto, mientras José se lo toma simpáticamente.
-Ésta podría ser su oportunidad de
cambiar de profesión -le sugería a José dirigiéndose al cura.
Dejar los votos por el reality show.
-Sinceramente, estaba en proceso de
descolmugarme y dejar el sacerdocio. Soy teólogo, si, así es como me
considero.
-¿Quiere decir que ya no pertenece a
la familia católica? -Le preguntó Flor.
-Bueno yo... -se retiene primer
momento cautelando que decir y prosigue- a todos los niveles sigo
siendo sacerdote, pero desde hace tiempo mi labor está encaminada en
otro sentido que no comparto con la Iglesia. Sigo sí, quizás de
forma egoísta por la oportunidad de poder ayudar a otras personas,
que estando fuera sin hábitos no conseguiría.
-Menos mal, decía flor. Sino a ver
como convencer a un sacerdote de José.
Gaudi no comprendía de que hablaba,
siquiera si se trataba ese José del mismo hombre que le había
ayudado a librarse de sus opresores. Trasladó su indecisión a ella
preguntándoselo-, ¿José, pequeño José? -Señalándole al hombre que le
había rescatado..
-¡No, Gaudi! Soy solo José, sin
pequeño.
Flor no aguantaba más, y se reía sin
poderlo retener. José la miraba y se sentía salpicado de risa, de
tanta que hasta a él le hizo sonreír.
-Ah perdón Don José, usted disculpe
mi torpeza.
-Nooooo, esto va a peor -Pequeña Flor
que aun no había detenido la risa del anterior comentario cómico de
Gaudi, detuvo el coche entrando en un camino que encontró en la
carretera, escondiendo la furgoneta de presencia de miradas ajenas.
Flor no era apática a la última valoración oral de Gaudi y no
titubeaba en reírse.
Ella Apagó el motor, restreñando el
ruido. Las luces ocluyeron su mirar, quedando en stand by dormían.
Desde luego la coyuntura que obligaba
a haberse unido a aquellos tres personajes en el día de hoy daba por
sentado que la carga de pesar era mal sostenida, y en cambio ante
una intervención inoportuna de Gaudi se retornaba por y aunque fuera
instantánea perecedera, hasta su caduco momento ocurrente, sobre
todo para flor, que le había entrado el baile de san vito.
José explicaba clases de parvulario
cívico.
-Usted Gaudi. Ella -señalándola-
Flor, y yo José, sólo José, no es tan difícil.
-Lo he entendido -advertía el cura
sin ánimos de debatir, concienciado de no darle importancia si había
habido alguna expresión inapropiada- No piensen que soy un estúpido.
Ya lo tengo claro, tú José, y ella flor, o chiquita flor -dijo con
templarte adusto.
-Eh, pero bueno -se rebelaba flor de
lo oído.
-Excúsame hija, era mi forma de
quitarme el miedo que tengo. Dispénsame, me reprocho yo mismo de ser
tan infantil.
-Nada, ha sido divertido -oxígeno
nitroso alertado por fuego sacudía, y mediaba de ser singularidades
espontáneas sin trasfondo.
-Gaudi, ¿porqué han intentado
matarle? -Intentaba José averiguar lo que estaba ocurriendo,
perdiéndose la fugaz relajación.
El rostro del padre se serenaba en
querer hablar, respondía su semblante en no poder explicar muy bien
el suceso- ¿No sabéis vosotros el porqué? -Contrapreguntaba.
José y flor le miraban y no negaron.
Esperaban que el párroco les diera la respuesta, y él distinguía en
la callada negación de ellos que lo confirmaba ese apunte.
El padre intentó sacar algo que
exponer, pero se le notaba reticente a desvelar cualquier dato que
no debiera. No se encontraba del todo seguro, pero sabía al completo
que ellos le habían ayudado a salvar la vida, y si no fuera por la
intervención precisa de José, ahora no estaría destejiendo cuerdas
que sujetaban el puente hacia la única salida despejada. Era un
riego adentrarse y caer, pero el obstáculo es que le habían empujado
ya parcialmente atravesarlo, impulsándole de un modo agresivo. Sin
ser atrevido no decide, tan único pasaje se supone que hasta
cruzarlo por inercia se debe, se sigue.
-Yo... -iniciaba en un gran
monosílabo su idea que le pedían ambos personajes que acababa de
conocer un rato antes. Yc... - parecía tener una respiración
sibilante o querer volver a la estrecha sobresaliente monosílaba,
pero aceleró en su pasar y saltó en él, conjuntándose a la vez con
nuevas palabras-, no puedo confirmar el porqué de atentar contra mí.
Es cierto que intuyo que debe ser... -amagó a medias y prosiguió su
explicación-. por el desc... -renovó su parada en espera, y se
encaminó sin vuelta atrás al desnudar los cabos que agarraban la
entrada del reforzado portón-, descubrimiento que hice, pero no
entiendo que por ello desearan mi...
José le detuvo para ayudarle en la
travesía.- ¿Qué descubrimiento? -le solicitó que hablara de ello.
Gaudi se escurría entre los tablones.
Miró atrás, y la pasarela no tenia ya entrada. Era perecer o seguir
y sortear lo que hubiera que venir. Se instaló en su continuar
agarrando la mano que le tendía José.
-Una profecía que concierne al mundo
religioso, y en global a la humanidad.
Flor se dirigía a José evaluando lo
que había oído, dándole explicación a su entender-. ¿Las profecías
no han sido instrumento del pasado? Hace siglos que no hay nada
relevante en la forma de actuar de él.
-Sí, tienes razón, pero dejemos que
nos diga. Gaudi por favor, cuéntenos qué tiene de misteriosa esa
profecía
-Bueno, sería muy largo de explicar,
y necesitaría mis apuntes para poder dar una visión correcta de
ella, aunque se puede simplificar en una fecha histórica precedida
por otras que ya ha habido que dará con un eventual suceso sin
precedente.
-¿No se tratará -le preguntaba flor-
de la profecía de los papas, donde el último de la lista sería ´"Petrus
Romanus", y alude a la destrucción de la ciudad de las siete
colinas?
-¿La profecía de Malachy? -Curioseaba
en pregunta-respuesta rápida José.
-San Malachy -Detalla Gaudi,
corrigiendo lo que no era un fallo de José, sino su actitud de
anular nombrar santos donde no los hay.
-Sí -dice Pequeña Flor-. Circulaba el
rumor por internet...
-El viejo bastado irlandés
-denigrando interrumpió José los detalles que daba la mujer.
Gaudi alzaba su miraba impactado, no
acostumbrado a este reproche malsano hacia personas religiosas.
-Es verdad que existe, ejem, esa
profecía, que le fue otorgada por uno de los propios papas a
instancia del mandamás, pero el muy ignorante apenas sabía leer, ya
que mintió en su congregación haciéndose pasar por escribano, y
malinterpretó los escritos que le dieron para formar la leyenda de
los futuros papas -narraba José cuanto sabía.
El padre Gaudi se sorprendía del tema
que se hablaba. Le resultaba insólito los comentarios de José de
temas que él, no ya como católico donde debería aceptarlos
ciegamente, sino como historiador de religiones le obedecían
familiares. Ahora separados enemistados, la historia era su
debilidad y la causa de encontrarse desvalido de la desgracia
recogida en la última cosecha del día-. ¿Cómo sabe eso amigo José,
porqué cree que San Malachy interpretó mal la profecía que tuvo
durante su visita a roma?
-No lo creo, lo sé, créame Gaudi, lo
sé.
Sin mojarse, a Gaudi no le pareció
convincente la respuesta de un José precavido de la intemperie. Ya
que él en cambio pasaba sobre suelo mojado de un puente escurridizo,
lluvioso se añadía a su tarea difícil. Entendió que había sido
sincero con sus compañeros de travesía, pero sin embargo de ellos no
conocía nada, ningún dato que permitiera poder juzgarles, o al menos
adjetivizarles. Así se lo hizo saber a ambos.
-Creo que deberíais contarme como
sabíais que iban a intentar matarme. Yo he revelado en parte
confiando en vosotros, pero necesito lo mismo que me pedís,
respuestas, que ahora me aquejan mi cabeza de tremendas dudas. Lo
necesito -no dijo más, aceptando que ellos habían entendido perfecto
su postura.
-Está bien, sincerémonos. Yo soy
José, José de Nazaret, lucho contra Dios, busco a María. Esta mañana
seguía su rastro y me tropecé con usted en la habitación cuando le
iban a despachar. Después le hemos buscado para que nos pudiera dar
una explicación al porqué, de lo que había pasado. Y nada más.
Bueno, y pequeña Flor me acompaña, pero no tema, ella es normal.
-Si -acepta ella-, así que la
kriptonita no me hace nada.
El presbítero ordenaba cuanto había
escuchado. En primera instancia tomaba a José sus palabras por loco,
en segunda de cómico, y de vuelta a la sensación de que aquel hombre
estaba chiflado le hizo entender los complejos.
-¿Estáis locos o qué intenciones
tenéis para engañarme de este modo tan vil?
José agarró el brazo a Gaudi, y este,
ambos, partieron en una retrospectiva que José proyectaba de un
momento vivido anteriormente. Era una de las habilidades que podía
conseguir. Cierto modo no era lo que los ignorantes pensarían como
un gran don, un poder absoluto, simple sólo le valía para volver a
vivir su vida si era preciso.
Si olvidar es difícil cuando se
quiere, cuando la vida está grabada es imposible desprenderse de
ella. A voluntad él podía regresar, y al igual uniéndose a otra
persona seguirla en el viaje al pasado... en un retorno de ida y
vuelta válido para ocasiones. Ahora José trasladaba a Gaudi a un
recuerdo profano en las entrañas de su mente.
En primeras, revive la escena en la
habitación del hotel tras la puerta. El propio Gaudi oye sus
palabras, recorre la escena de José luchando con los malvados
hombres que se encontraban en la sala, los disparos, los asesinos
caídos, y se fija en la cruz roja de uno de ellos. Se agacha
intentando tocarla temeroso, descubriendo que sólo es una capa en la
cinta del tiempo. Una figura que ve, que oye, y siente tan natural
como estar allí sin poder participar. Un espíritu revelado, velando
la película de José. Ve su propia huida, y el posterior encuentro de
pequeña flor llegando por el pasillo hacia la habitación.
Inmediato saltan en el recuerdo en el
frescor del tiempo para trasladarse a uno histórico, la condenación
a la crucifixión de su hijo Jesús de Nazaret, ajusticiado bajo
mandato del procurador romano Poncio Pilato. José no puede
aguantar ni el mínimo comienzo y vuelven a la realidad, Gaudi
impactado recobra la mesura. Ecuánime no concibe entenderlo, esto
tan irreal que seduce de auténtica realidad. Sensato no es momento
de tirarse a ilusiones-. ¿Qué me has hecho José, has usado hipnosis
conmigo?
-¿Eso has sentido, o únicamente eso
piensas?
El clérigo procuraba serenarse, y
elucidar sentido común-. Esto no es posible -ese fue su argumento.
-¿Y ahora qué me dices, estás seguro
que estás despierto? -Preguntaba al párroco.
Gaudi lo interpretaba como un deseo
de intentar confundirle, pero no cayó en la táctica que empleaba
José-. ¡No, ahora estoy aquí, despierto, y dueño de mí mismo!
-¿Y como aclaras eso? -Le señalaba
hacía él, hacia sus piernas.
Gaudi se miró, y desde las
pantorrillas hasta su calzado brillaba, estando envuelto de polvo.
Manchado con la misma énfasis que
tras una caminata donde se recibe los deshechos menudos del camino
de arena y se engancha barro en el calzado, él lo llevaba refregado.
Polvareda de gravilla, nubes de lodo le impregnaban.
-¿Cómo es posible? -Se decía. José le
aclaraba su perplejidad.
-Cuando salto a un recuerdo, el
llevarlo a cabo tiene una tasa. En mi memoria no se pierde, o mejor
dicho, estará como en cualquier persona, pero al querer
reemprenderlo como el que hemos tenido no será recuperado igual, se
habrán perdidos detalles -como un filme, celuloides quemados se
desecan, extrayéndole la savia la remembranza seca-, y por ello ese
polvo que tú tienes es capa de mis momentos que ya no rebrotarán,
¡como este polvo!
José abre la palma de la mano, que
desde que llegó del tránsfugo viaje perpetuaba cerrada resistiéndose
a la pérdida de su existencia elemental.
Abriéndola la deja caer como reloj de
arena, irremediable irreparar su angustia compartida junto a Gaudi,
de Jesús.
Quieto en la gran noche Flor y Gaudi
obedecían el instinto de dejar pasar un respiro al alma, al que José
tendía un pulso coetáneo, simple, eterno. Se dio media vuelta, y se
encaminó allá hacia la línea de arboles que entre la espesura y la
poca luz que regaba la luna se perdía su silueta.
El padre Gaudi, sintiéndose castigo y
amigo de haber revivido de instantes pasados y actualmente perdidos
de José, tan duros, tan espectaculares, irracionalmente humanísticos
se preocupaba de su ida.
Se interesó alzando la voz- ¿José, a
donde vas?
-Una voz acelerada gritona, le
llegaba desde la maleza-. ¡Voy a mear!
Gaudi se quedó pillado, avergonzado
en parte, no sin saber más si de la pregunta o de la respuesta.
Flor enmascara su boca tapándola con
la mano, sin poder no mediar en el rostro un simulo de su gracia.
Al poco volvió José. Flor y Gaudi
permanecían en silencio, cosa que no esperaba José, pero la incomoda
desligada ultima pregunta le llenó de rubor al cura. Ya pasó y ahora
parecía estar meditando en su cabeza, calibrando sus propias ideas.
-Imagino que lo que le he contado y
ha visto le habrá asombrado -comentaba José.
-No estoy acostumbrado a que la gente
sea tan flanca conmigo a la hora de hacer a sus necesidades.
El padre le contestaba a su escaso
entender que José hablaba de algo contrario a lo que preguntaba,
puesto que se encomendaba en sus pensamientos haciendo cábalas. José
miraba a Flor gesticulando con los hombros como no entendieron lo
que quería decir, y esta ya, en disimulo total se dio la vuelta
mirando a otro lado haciéndose la desinteresada para esconder su
risa.
-José creyó entender, o sin exactitud
detallaba a Gaudi-. Me refería a saber quien soy, y..
-Sí, desde luego, y me gustaría saber
tantas cosas de usted, que me podrían interesar. Ya pienso en las
maravillosas confirmaciones que me podría dar a mis estudios.
El cura hablaba como estudioso
matemático complejo, parecía no alterado de algo tan enormemente
sorprendente, de haber conocido a José Se lo tomaba de forma
natural, y no ya por ser un, o un ex medio religioso como anticipó
el mismo, pero no era normal esta falta de desinterés inicial. A
José no le molestaba, era singular el trato.
-José -el sacerdote se inclinó en una
duda hacia él, pero no era la que pensaba por donde podía ir-.
Reparé en la habitación de una cosa que me había llamado peculiar mi
atención. Uno de los hombres que había aporreado en la pelea llevaba
una Svástica
-¿Se refiere a la cruz roja tatuada
que llevaba?
-Sí, pero era una cruz envuelta en el
símbolo...
-Esos símbolos eran normales en los
Ustasha, eran religiosos nazis.
-¡Ustasha! -Reaccionó sorprendido
Gaudi-. Pe... pero si los Ustasha se extinguieron con el paso de los
tiempos, sólo deberían quedar auténticos ancianos que hallan
sobrevivido.
José buscaba la forma de explicarle
el hecho de que los Ustasha estuvieran presentes en esta época, cosa
que él también deslumbraba como chocante. Podría responder en parte
a la existencia en el tiempo de estas temerosas personalidades, y
hacerlo era complejo, era esclarecer todo o casi todo el revuelo de
la religión, de Dios, del cielo y la tierra, de la vida y la
desvivida desviva.
Créame que yo también me he asombrado
de su reaparición, ya hace tanto que no sabia nada de ellos, pero
tenga conciencia que no desaparecieron. Tras la guerra mundial
ejercieron algunas operaciones fastuosas.
¿Cómo... -Gaudi se urdía en el
conocimiento. Risa cínica que aplaca la religión, oprime cualquier
suspicacia en la búsqueda de la duda, de las teorías, de la verdad.
-¿Cómo cuál? -Seguía la tendida
pregunta iniciada de Gaudi, José-. ¡Kennedy! - coordinaba queriendo
convencer rápido-. Después otras penetraciones más calladas, pero
desde los años 80 apenas se han registrado incursiones de
movimientos, que sepa al menos de ellos, y ya los daba por una red
desmantelada y sus combatientes reclutados en otras organizaciones
Gaudi se lo tomaba despacio.
Demasiadas sensaciones se hacinaban, para dar cabida a un tenso
debate como a él gustaría. Debe omitirlas de momento, aunque era
difícil para él.
-¡Kenendy, es increíble! -reflejaba
su sensación Gaudi.
-Nosotros no sabíamos que intentaban
asesinarle. Cuando me encontró en la habitación estaba buscando
alguna pista que me dijera algo de la presencia de María en el
hotel.
-¿María... qué María? -Preguntó de no
saber de quien se trataba. Ipso facto, dictada la pena de excomunión
se echó la mano a la boca descorazonado-, ¡María! ¿María Inmaculada?
-Averiguaba saberlo en su irresolución.
-¡María, mi María! -era su suponer.
No hace falta ser un escogido, un diestro de visualizaciones mágicas
ni etéreas, para descubrir el ánima de José sensible ante la nula
incruenta de pensar en ella. No es una falta caer en su pensamiento,
no es un error, más maldito corazón que late, que presume de amor,
del negado perdido poderío de sentirse a escasos niveles vivo.
¡Retenido!, exclama en la lejana
existencia vagando mordaz de amenazas seguidas, de locuaces
interveniencias. Las déspotas contiendas, la aborrecible calamidad
que su mundo le tilda faltándole a su sinceridad, y él tan solo
quisiera ser normal, ser vurgal natural, un callado sin quejarse ni
que gritar, un renegado adorador de estropicios, de hipocricio, todo
cambiarlo... por tenerla a su lado.
¡Su María! Sus autoritarias palabras
de dueño de una mujer es lo único que le queda, que pueda considerar
suyo. Ni ella está, ni el amor que siente que le resta, ni los
recuerdos que cieno le agarra sus pasos ciego, ni el bosque que
simula existir de un día estar allí, no anima, en la castiga diaria
de ser tan sólo él, él y su María. Si fuera amor sería un consuelo
en un restriego perdido, pero omnipresente la llama más allá de
aquella persona a la que se ama.
-"Esa es mi María -se señala-.
Aquella que me nubla, envuelta de almas pasajeras reprime mi
existencia.
Aquella perdida niña de mis ojos, la
que ahora lloro, la que me ignora en sus despojos. Aquella sonrisa
viva, la que concede que se adueñen hombres sin nombre, de su cuerpo
efigie, como soberana zorra libertina, que inocente exculpa los
santos demonios que conozca. Y fumarada de orgullo que revoque el
derrotero sentido de que tú, dueña, elegiste tu fracasado camino,
engañada yo no te dejo porque sigo siendo yo mismo. Y ángeles no
lloran por la desdicha, alucinógenos vuelan al rumbo que no
encuentro, porque ya no te tengo".
José vuelve del viaje, del que tiende
acercarse, y prende de nuevo coraje. Le preguntó interesándose por
su aparición esa mañana en la habitación del hotel a Gaudi,
procurando encontrar mayor significado al estancado derrochismo de
calibrar el cómo del porqué que le consternaba- ¿Porqué fue esta
mañana al hotel? ¿Cómo había quedado allí con el príncipe Masín?
-Yo no conozco al príncipe Masín,
había quedado con el Obispo rocco.
Este dato, pasaba de ser
insignificante a eludir la responsabilidad de los actos de
terrorismo católico, y de nuevo una vez más, hacia su propia etnia.
Flor comentó-, Gaudi, los hombres que
le intentaron matar esta noche eran esbirros del príncipe Masín. Y
el auto que utilizaron para seguir a la hermana Margarita pertenece
al Obispo rocco.
Gaudi Reflexionó, incrédulo atribuyó
una teoría incierta-. ¿Los hombres del príncipe han matado al
Obispo?
-No precisamente. Mejor pensar que él
le pasó la información de su encuentro a Masín, y este debía cumplir
la liquidación del contrato que tuvieran negociado.
En parte Gaudi dudaba de esa cábala,
conocía al Obispo desde hace años, y mantenía un trato respetuoso,
sin llegar al amiguismo. Le consideraba un hombre con ideas duras,
conservadoras, y a la vez en el máximo expresionismo de su cargo.
-¿Porqué en el hotel con el Obispo,
un poco extraño, no? -deducía preguntando Flor.
-Yo no pensé eso ya que me informó
que tenía una cita importante allí, y podríamos vernos antes de su
reunión en el mismo hotel para poder tratar lo que concernía.
-¿Y era...? -Preguntaba José. Y
seguido ingirió una segunda pregunta-, ¿Tenía que ver con el
Príncipe Masín?
-¡No! -Seco y rotundo apuntaló-. Ya
he dicho que no conocía al tal príncipe de donde sea. La reunión
tenía que tratar de la profecía que antes anticipé. Como pensé que
era de absoluta necesidad contar lo que había encontrado, llamé al
Obispo por teléfono, y le conté brevemente mi hipótesis. Era tarde
casi medianoche, y me tendió la ocasión de vernos a la mañana en el
hotel. No hay ninguna reseña significativa que pueda decir.
-Excepto qué nos explique a nosotros
la profecía -daba por buena esta posibilidad José.
-¿La de Petrus Romanus? -Inquirío
Pequeña Flor, ya que antes se había quedado en el aire saber si se
relacionaba con este vaticinio.
-No se trata de eso -dijo Gaudi.
Pensó para adentro un pis pas, y los obsequió con lo que ellos
estaban esperando.
-Para explicarlo correctamente sería
necesario ir a mi casa y coger todos los apuntes que tengo. Aunque
temo que eso sería imposible que fuéramos allí, si han conseguido
seguir a la hermana Margarita habrán dado con el paradero de mi
casa.
-¡Sin duda es lo primero que habrán
hecho! -le confirmaba José.
-Entonces debemos desecharlo, estarán
esperándome.
-Si fuese necesario podríamos
intentarlo. Ir, y ver como está el panorama. Es fácil que halla
únicamente algunos esbirros allí, pero es mejor comprobarlo -le
sugería José.
-De poder os podría explicar que he
conseguido descifrar, sería una lástima perder todo mi trabajo si
aun no lo está -Gaudi decaía en su disposición de ser optimista al
pensar en la eventualidad enorme de que hubieran robado su
investigación.
José le echó una mano por el hombro,
animándole- Vamos a ver esa profecía -de esta frase se estimaba y se
aprobaba ir a donde vivía el católico de derecho, y problemática
polémica sin resolver de hecho.
Capítulo III - La
profecía Z
La medianoche llegó hace rato. En el
proceso de relaciones de igualdad de noches sin luz y días sin
sombras interfiere la complejidad de los elementos no respetando
formas. Sombras al acecho y luces provocadoras de energía propia,
limitadas por tiempo.
-Es al final de esa calle -advierte
Gaudi desde la parte trasera de la furgoneta que conduce Pequeña
Flor, y a su lado José. Ellos van por una calle amplia de cuatros
carriles, dos en cada dirección, que ahora se hace inmensa de ancha
por la fluidez en la carretera-. ¡Allí, la de la puerta verde!
-avisa señalando con el brazo el dueño de la vivienda, de donde se
encontraba su hogar. En el trecho que falta antes de llegar a ese
punto, pueden localizar como un coche cercano está presenciando los
movimientos que puedan llegar desde la casa de Gaudi, al estar
aparcado delante suya. Se prevé a cierta vista quienes serán.
-¡Gaudi! -le nombra José.
-¿Sí? -Contesta este
-¿Su casa tiene entrada trasera? -Le
pregunta seguido.
-¡Sí! -Veloz le responde el hombre,
que llevaba colgando religioso en su cuerpo los mismos hábitos desde
esta mañana en el hotel.
-Está bien, ¡para aquí Flor! -la
furgoneta se detiene siguiendo la indicación de José. Dirigiéndose a
sus acompañantes le muestra las demás instrucciones para que todo
marche bien-. Id por detrás y entrar dentro de la casa sin encender
las luces. Yo ahora iré, en cuanto vea a nuestros visitantes si
están en la lista de invitados.
Su amiga acierta con la cabeza
confirmándole la petición de José. Este baja de la furgoneta,
prosiguiendo su camino separado que conducirá al punto de encuentro.
Flor rodea la calle, donde antes de girar debió pasar por donde
estaban los hombres que custodiaban en coche la casa de Gaudi, sin
que interpretaran nada extraño cuando les rebasó delante de ellos.
Al estar en una vía de tránsito, el pasar de los coches era lo más
normal.
La furgoneta se frena en una zona
tranquila. Bajan Gaudi y pequeña Flor entrando por la parte
posterior de la casa como habían acordado. Guiándose con el tacto al
estar las luces apagadas, apartando caer se mueven despacio
precavidos de hacer ruido, del que si pueden escuchar provenir de
otra habitación. Se contiene cualquier decisión que realizar por
parte de ellos, cuando de pronto las luces de la sala donde se
hallan se han encendido. Pueden respirar más distendidos sin cambios
bruscos de ritmos al saber que era José quien había quebrado la
dominada tranquilidad-. Tenemos un rato. Tenían sensores de calor
para saber en todo momento si alguien entraba en la casa -les
anunciaba a Pequeña Flor y Gaudi, José en el explicado encuentro,
llegado a este otro ahora mismo.
La vivienda está revuelta, el
estropicio es descomunal, es lo primero que pueden advertir al andar
por la casa. La longitud dilatada del pasillo divide las distintas
estancias, todas sacudidas por el destrozo que encuentran en cada
mirada nueva. Los peores de los temores de Gaudi se han confirmado,
¿O quizás no? -¡Ahora veremos si se han encontrado lo que andaban
buscando! -Coge nervio Gaudi en la incertidumbre más intranquila y
rápido marcha dirigiendo a sus nuevos amigos hasta un armario
empotrado.
Al mover la puerta que estaba
fragmentada, hallan cascarones de rotos estropicios del espejo
interno, de los distintos estantes, y lo que queda de una escultura
de ébano. José y pequeña flor entendían que allí había oculto Gaudi
sus anotaciones y fueron encontradas al estar ausente ¡de nada!,
todo el armario. Para estimularles, generoso Gaudi los sorprendía al
subirse encima del cuello de la menguada obra esculpida que
representaba un guerrero, que decapitada cabeza cuadrada rodaba por
los despojos, y abrió el techo, empujando para arriba y después para
dentro la madera, para enseñarles-. ¡El trastero!
Gaudi buscaba con los dedos al lado
opuesto de la tapa que hacía de techo y tiró abajo una escalerilla
de cuerdas un tanto rara, que parecía ser hecha propiamente casera
por él. Llevaba peldaños de madera frágiles de confianza, de poder
venirse abajo al escalarla.
-¡Vamos Arriba! ¡Allí tengo to.. o lo
tenía! -Humilde no apuesta Gaudi con lo que se va encontrar.
Al subir, es seguido por José primero
y después, ayudándola este último desde lo alto a su pequeña Flor en
la tentativa de unirse a la expedición, consiguiendo alzarla hasta
el desván.
Gaudi ya ha hecho luz, y se alegra
enormemente sin ocultarlo al encontrar todo a salvo y sano, tal cual
lo dejó.
-No han estado aquí -comentaba-. En
esta cueva, como la llamo, es donde guardo las cosas más importantes
que tengo -seguía detallando- De coste material no tengo nada
apreciable, pero hay un gran valor enriquecedor y sin precio
académico en libros, objetos históricos y mis estudios que
desempeño. En este barrio hay que tener cuidado, todos me conocen
pero es mejor estar prevenido y no dejar al demonio la posibilidad
de tentarle, por eso utilizo este lugar desde hace años para
encerrarme al estudio de mi dedicación.
El trastero no era tan pequeño como
se podría creer desde abajo, ocupaba unos veinte metros cuadrados, y
lo que más destacaba sin dudas aparte del polvo, eran los libros.
Decenas se albergaban compartiendo el lugar además con una mesa de
escritorio, un flexón, una bombilla despojada del calor de una
lámpara que colgaba solitaria, raquítica sobre tres hilos de
conducción eléctricos, una pizarra, un par de armarios para el
reposo de los libros, y algunos objetos sin meterlo fijos en una
redacción acorde que pintaba en varios, todo cuanto lucía por el
desnudo globo de vidrio que daba una luz adecuada y generaba
múltiples manchas de perfiles negro monocolor de sombras.
-Como podéis ver -señalándoles la
pizarra- aquí esta el quid de la situación -le muestra partidario de
que reconozcan en los recargados eslóganes, invertebrados que
ecuacionaban.
-Si, ahora lo tengo clariiisimo -
vocalizaba sarcástica flor.
-Gaudi, explíquenos qué significa
toda esta fase, no somos adivinos.
Perdón, perdón, desde luego.
Rebuscando entre la historia hallé indicios de una quimera juntando
fragmentos de retablos históricos, datos perdidos, otros encubiertos
disimulados, olvidados e incluso secuestrados por la propia iglesia,
que gracias a mis privilegios otorgados por el Obispo rocco he
podido tener acceso a ellos.
-Para que podáis entenderlo de un
modo fácil todo se basa y parte de la cruz como si fuera un camino,
marcando pasos por el mundo de hechos singulares. Teniéndote aquí
José sería de gran ayuda tu colaboración para confirmar mis
conclusiones -detallaba Gaudi el interés de que interpretaran bien
sus conclusiones.
Supongamos que la cruz es una Z -les
seguía explicando a José y Flor-, distingue apuntando y señala tres
fechas trascendentales con medida en su principio, rellano y final.
Y aun más, como una ecuación lineal, cada barra de la Z, o siguiendo
la cruz en paralelo distinguirían unas segundas fechas históricas,
¿Vais entendiendo?
-No. -no -le dijeron ambos oyentes.
Bien -dijo Gaudi. Se acercó al
encerado y dibujó una cruz. Sobrepuso trazando por encima una letra
Z y a la vez detallaba el avance por cada paso que daba-. Fecha 1
inicio de la Z, fecha 2 final de la línea de arriba de la Z, fecha 3
principio barra central, fecha 4 final de la barra central, fecha 5
comienzo de la barra inferior, y fecha 6 final de la barra inferior.
-La cruz no tiene barra inferior
-aclaraba Flor.
-En este caso es la tierra que la
sujeta argucia. ¿Entendéis esto? -le reflexionaba Gaudi la posición
de este valor.
En respuesta simbolizaron sin
mencionar palabra que le seguían de entrada, pero sólo vacío
entrante sin llegada.
Ahora José esto es una teoría de
apoyo, ya que según mis cálculos necesito la fecha tres y cuatro, la
de la barra central para darle sentido, y no se tiene certeza de que
homólogo en la cruz existiera la correspondiente forma, en modo de
barra inferior, o también conocida por pie de descanso. Es cierto
que no fue hacia el siglo X donde nos dice las escrituras que
aparecen las primeras cruces que tengan esta forma, y son en cruces
eslavas. Siento preguntarte esto José, pero sería importante saber
si la cruz de Jesús tenía... -paró dejando que la frase no esputara
en tremendas la arrogancia dañina. No hacía falta, sus contertulios
comprendían lo que Gaudi inquiría.
José en su recuerdo veía la tormenta
de terror de aquel día. El sustento mediano por querer salvar a
Jesús, su rabia sujetada por vecinos y amigos, ante la atenta mirada
de centuriones romanos.
-Las crucifixiones nunca tuvieron
punto de apoyo -pudo decir José.
-No me esperaba eso -Gaudi encajaba
mal este hecho, ya que su concreción del trayecto central no
encajaba y se divorciaba la constructiva pieza de seis puntos.
José asaltado de oídos no escuchaba
lo que le decía. Inmerso en su memoria seguía relatando, contando
con intrínsecos detalles lo que ocurrió-. La angustia de Jesús era
tan penetrante que su pie derecho clavado torció la parte floja de
la cruz cuando empujó un pie hacia abajo, mientras le clavaban el
otro. Desencajado el hueso, partido, balanceando sin punto de
sostenimiento se colgó al pie izquierdo.
José se arrimó a la pizarra y obtuvo
una tiza al arrancarla de los dedos de Gaudi, que utilizó para
sombrear sobre la cruz envuelta en la z que se había representado
antes en el tablero. Los pies de Jesús, los dos que unidos torcidos
hacia la derecha, creaba la barra inferior de la cruz y fratricida
lo que se podía considerar pie de apoyo, cuando el puntal peculiar
que le sostenía se lo daba su propio pie que aguantaba machacado al
otro.
José subrayó esta recta con tal
ímpetu que levantó chispas la pizarra. Por un momento Gaudi se
atrevería a proclamar que ese fluir era sangre lineal, que acababa
apagado fuego al contacto de perder el oxigeno que de tanta
concentración se debatía en especie, en puntos concretos.
José examinando añadía-. La cruz
eslava tiene una barra extra superior -la rayó de forma tenue al
dibujo de la cruz Zeta.
Gaudi se aproximó con la manga de la
camisa y la borró-. Si, si, pero no interviene en el enigma. Esta
línea sólo representa lo que siempre se ha considerado, la réplica
de la que plantó el Apóstol San Andrés cuando mirando hacia el
norte, sobre las montañas del Cáucaso, vaticinó que una gran Iglesia
se levantaría en aquella dirección. San Andrés de este modo se
convirtió en el profeta de la Iglesia Eslava-Bizantina, que para mí
detalla que esta profecía es una intervención final eclesiástica.
-Andrés no sabía ni cual era el
norte, pero en fin... -denegaba José tributos de santo.
-¿Pero no era pescador? -Le
preguntaba Gaudi, mientas flor columpiaba su mirar en el equilibrio
de los dos hombres que manejaban la conversación. Ella, combinaba en
piedra su postura casi inmóvil.
-Pecador un rato, pescador lo que
podía pillar -comentaba deshonrando las memorias que Gaudi supiera
transmitida por la secta religiosa.
El menudo hombre no quería perderse
en detalles ni entrar en una confrontación de hechos que solo fueron
posibles mitos, ante su postura imparcial desde hace mucho en temas
de leyendas reflexionarias, a las cuales no entregaría su alma ni
aceptando pondría cuerpo en tierra a disposición de la recalcada
verdad ecuánime, y prosiguió contando-. Si entendéis esto
continuaré.
José le detuvo ante una duda que
creaba-. Nos hablas de la Z contando esos 6 puntos de apoyo, ¿y no
podría ser que fuera la barra vertical la línea imaginaria de lo que
representa la inclinación de la Z y el pie de apoyo de la cruz la
barra inferior? Si fuera así a su favor, omitiendo que es la tierra
el punto 5 y 6.
-Ya razoné eso hace mucho, pero
calculando los desfases de tiempo no cuadraba, y ahora con lo que
acabas de contarme no hay duda de que encaja perfectamente la
hipótesis que presumo al conjunto de la dicha. Dejadme un momento
que os lo explique cuanto tengo por favor -el hombre invocaba la
atención de ellos-. El proyecto Z surte del sustento de distintas
fuentes conjuntadas, para lograr formar un mapa que estaba repartido
en acciones ejercidas de distintas épocas.
-Disculpa Gaudi. ¿Esto lo sabe
alguien más? -José quería conocer este apunte.
-¡No!, a nadie he precisado mi
alegato. Y ahora por favor no me interrumpáis hasta que desarrolle
mi razonamiento, después me preguntáis todo cuanto no comprendáis
-de nota breve se mencionó a la petición requerida.
José plagió recogiendo un gesto
religioso, al pedirle disculpas. Agarrándose las manos como forma de
rezo se las llevó al rostro simbolizando respeto y silencio.
-Como decía, son multitud de años
estudiando teología e historia del arte lo que me llevó de un apunte
a otro, y a otro, etc..., enroscando una secuencia en cadena. Un
hecho importante que clama luz al asunto es lo que el matemático
griego Euclides comentó, y esto fue 300 años antes de la era
cristiana. Escribió los elementos, representando allí los cinco
postulados. Siglos después, el matemático alemán Bernhard Riemann
en 1859, redactó una conjetura sobre la distribución de los ceros,
conocida como de la función zeta de Riemann Z(s) -Gaudi
subtitulaba cuantos números complejos redactaba sobre el tablero del
encerado-, y constituye uno de los problemas abiertos más
importantes de las matemáticas contemporáneas. En sus conclusiones
se podían sacar distintas secuencias que encajan en la profecía de
la Z.
La función zeta de Riemann Z(s)
está definida para todos los números complejos s =/ 1 y adquiere
ciertos ceros "triviales" para s = -2, s = -4, s = -6, ... El
indicio de juicio de Riemann hace referencia a los ceros no
triviales sosteniendo: "La parte real de todo cero no trivial de la
función zeta de Riemann es 1/2.
Por lo tanto los ceros no triviales
deberían encontrarse en la línea crítica 1/2 + i t donde t es un
número real e i es la unidad imaginaria".
José y flor se dividían entre ellos
la raíz nula de tener completa la tabla del problema que les
planteaba Gaudi. En la cuantiosa explicación se podía detectar lo
que quería expresar, pero ya cuando entraba en ecuaciones, en
números complejos, en ilimitadas sumas y restas infinitas, quedaba
una claridad sin amperios suficientes de precisión, multiplicándose
las ganas de preguntar. El resultado era igual a que Gaudi seguía la
explicativa solución del desarrollo.
-La función zeta de Riemann
Z(s) está definida para todo número complejo s con parte real > 1
-decía y enmarcaba ajustes de lo dicho en la pizarra. Por momentos
parecía elevarse a la máxima potencia sus detalles-. En la región{s
en C: Re(s) > 1}, esta serie infinita converge. Bernhard Riemann
extendió esta función a todos los números complejos s con s =/ 1.
Esta es la función objeto de la hipótesis
de Riemann.
Gaudi paró en seco, notando que se le
iba la interpretación del razonamiento-. Disculpad este embrollo de
números, no puedo negar que me entusiasma.
Ellos veían a Gaudi en el éxtasis del
séptimo cielo cuando hacia adelante contaba sus números,
recobrándoles los adornaba de relación propia. Emisores de renglones
con formas definidas, objetos simbolizando valores propios, y ahora
de la profecía en espera... o en marcha.
-Recapitulando todo lo anterior os
inicio más comprensible cuanto sé. Existen tres fechas y otras tres
secuénciales en paralelo que coincide con la función zeta de Riemann,
o casi. ¡Veamos! El nacimiento de Jesús fecha 1, la muerte de Jesús
fecha 2, el ataque a pearl haword fecha 4, y la ubicación 6 que dará
con el exacto momento de la fecha crucial más importante, ¡El
Apocalipsis! Y aquí vienen los peros, no he hallado todavía la fecha
3 o 5, y es que con encontrar una más tendría preciso a casi toda
seguridad lograr decir la fecha del Apocalipsis, o quizás necesitase
las dos para determinar la fecha fija o en el peor de los casos
variable en su rango. Hasta ahora encaja todo cuanto he sacado.
-¿Porqué no puede ser una fecha
concreta? -Rompió Flor la obediencia cáustica, del voto del
silencio.
-Sencillamente porque la teoría de la
Hipótesis de Riemann nunca ha podido ser demostrada.
Esto ocasionó un malestar en José y
flor al atender ellos que la teoría ni siquiera era una, sino una
conjetura basada en otra. Era turbio interpretarlo de cualquier
modo.
-No me miréis así -encarrilaba Gaudi
un deseo de amparar confianza-. Euclides de Megara ha sido
puente, -y en su concordancia, reblandecía cuando meditaba de cruzar
la plataforma para contarles lo que consiguió descifrar, que este si
era el vinculo del pontón que le une a la tierra firme, el que
fortifica y confirma los pies donde pisa. En su metáfora anda-, para
las matemáticas, y además de ser un magnifica herramienta de
conceptos deductivo ha sido elevadamente valioso en muchos campos
del conocimiento, por ejemplo en la química, la física, la
astronomía, y numerosas ingenierías. Sin duda en el terreno de las
matemáticas es una valiosísima herramienta. Inspirados por la
euritmia de la exposición de Euclides, en el siglo II se
formuló "la teoría Ptolemaica del Universo", según apuntaba
que la Tierra era el centro del Universo, y los planetas, la Luna y
el Sol daban vueltas a su alrededor. Bueno, olvidar este punto
-procuró ignorar lo último expuesto, prevaleciendo que la idea de
este comentario no era muy saludable por razones obvias.
-¿De esto hay algo que queráis
preguntar? -Gaudi dejaba que inquirieran sobre el tema que trataban.
Flor reseñó-. Una total que no sé ni
como empezarla -expresaba confusa.
-¿Que opinas José? -Gaudi quería
conocer lo que pensaba él, de cuanto había dado a entender hasta
ahora.
-¿Tú reflexión, sólo parte del
indicio del conocimiento especulativo de Euclides? -Basó su
entendimiento en preguntar
-¡No, no, no! Lo he tomado como un
fundamento, pero podría y os haré detallar...
-¡Más números no, por favor! -Flor no
pudo evitar callar su corto regaño.
Gaudi la miraba sintiéndola aburrida,
aunque quizás pensaba que su intelecto no era capaz de asimilar
estas complicadas ecuaciones. Se revolvió ignorando el séquito y se
dirigió reflexionando la respuesta a la pregunta de José.
-Es una tela de araña, que sigue un
cartabón preciso...
-Que sin embargo no has logrado dar
con el término -le pausó José la réplica de continuidad que llevaba
Gaudi, el cual no esgrimió comentario alguno. La búsqueda de
intentar explicar su teoría de la profecía, era preciso
concienciarla desde distintas latitudes para llegar a ella.
Detallarlo en minutos el trabajo de cuantiosos años era enormemente
insostenible.
-Lo que sí sabemos, es que sea o no
exacta esta hipótesis tiene que inducir un nexo que considere
peligroso la iglesia en ella. El querer matarle por ello convence a
creerlo firmemente, a no ser que halla
algo que aun no nos halla contado -le
echó el sonda para averiguar toda la verdad de Gaudi.
Este resolvió el asunto expuesto en
voz alta-. ¡No hay nada más, lo juro! -Sé sinceraba, al menos
parecía en sus gestos definirlo acorde-. ¡Lo juro por Dios y por
José! -En estimulo de realce comentó.
Flor esquivó mirar a José, ya que era
una mujer de risa fácil, y tentadora en ese momento la dicha
ignoraba el no reír. José seguía sin exactitud atinar si estos
comentarios de Gaudi eran inercia de su personalidad sin
intencionalidad o más bien dando un punto irónico.
Una fuerza impulsora se presentó sin
duda a prender indecisión sobre un matiz pasado por válido. José
necesitaba confirmarlo, y preguntó a Gaudi -Los tiempos que has
utilizado para la ecuación Z, si es correcto que la llame así -Gaudi
gesticuló que si, que estaba bien la forma de definirla-, ¿están
hechos a partir de fecha de la era actual cristiana o has corregido
los años diferenciales que lleva la era presente?
El teólogo matemático, historizaba lo
que él intuyó de la pregunta de José-. Con referencia a las fechas
fueron delimitadas anotando con el nacimiento de Jesús, año 0 D.C,
muerte de Jesús año 35 D.C, y así...
-Pero entonces es preciso que sepas
que es erróneo los cálculos, ya que Jesús nació 6 años antes del año
cero.
-¿Estás seguro de ello? -Gaudi pedía
que le reafirmara esta corrección, ya que era fundamental.
- Seguro -rotundo José afirmaba en su
secuencia.
-Esto demuestra lo que se ha
rumoreado en tantas ocasiones -admitía un Gaudi pensativo. Caminante
se dirigió a la estantería, y rebuscó entre las decenas de libros
que se apilaban sin jerarquía. Los estantes intentaban guardan un
orden, pero era fatigoso el deseo por la contra de tomos
atrincherados tapándose entre ellos, y otros que se elevaban en
torres con formas desobedientes.
Rascó entre estos últimos y consiguió
dar con el que buscaba. Lo desenvolvió del polvo que le editaba
sacudiéndolo sobre sus lomos. Buscó entre las paginas y dijo-,
"Jesús no nació, como suele decirse, en el año primero de la Era
Cristiana. El sabio benedictino Dionisio el Exiguo, que en el año
533 empezó por vez primera a contar los años a partir del nacimiento
del Señor, sustituyendo la antigua numeración que partía de la
fundación de Roma, se equivocó en 6 años»(302). Él hizo coincidir el
1 de enero el año uno, con el 1 de enero del año 754 de la fundación
de Roma, en vez de escoger el 748 que hoy se considera como exacto.
Por lo tanto, debemos colocar el nacimiento de Cristo seis años
antes de la Era Cristiana"-. ¿Es así José?
-Ya se me hace difícil memorizar a
Dionisio, al calendario Romano y a sus restos de muertos -respondió
severo, rehusando la sensación que normalmente encajaba José, de la
forma de dialogar de Gaudi. Esta vez era al revés, el historiador
matemático no podía medir si su hablar era una expresión simbólica o
una quejada mofa de sublevación antes sus propios hitos históricos,
como dejados muertos en el tiempo permanecen para ser rescatados o
sepultados definitivamente-. Date cuenta -continuaba elucidando
José-, que la historia y sobre todo la historia religiosa está
carcada de mentiras, de incorrecciones, de fechas y lugares que ni
fueron ni estuvieron presentes. Otras modificadas a pulso de un
escribano a su suerte o a permuta de monedas de oro que enaltecieran
al que fuera su pagador. Lo que sí puedo asegurar es que fueron 6
años antes.
-Tu alusión muda mis apuntes
-afirmaba Gaudi-. Se volvió hacia la pizarra aun con el libro en la
mano del que citó a "benedictino". Sintió que le estorbaba y se lo
entregó a Flor, e inició una continua sesión de numerología
desfilando ante sus invitados, con cambios de guión, ataques en
adelanto a planos a tres, bajadas contenidas, subidas en
contraataque. Reseñas que esperaban en circulo ser tomadas como
botín de conjunto, dependía de sus factores de potencia. Binomios,
que por termino común eran elevados, atascados en cuadrados
parapetados tras un segundo grado era su oportunidad, pero acababan
borrados por el plano tangente, la concordancia era un ir, venir, y
esperar. El valor de la incógnita se despejaba.
- Tengo el punto 4 y resuelto el...
¡No puede ser! -fallaba en error la conclusión de Gaudi.
-¿Qué no puede ser? Preguntaron
indistinto Flor y José.
-La fecha que nos da el punto 5, el
20 de abril 2005
-¡Es dentro de una semana,
sorprendente! -Decía Flor.
-Y yo vaticinaría que ese día será
elegido el nuevo sucesor de la iglesia -apostaba José en su pensar
de cálculo rápido
Gaudi, seguía mientras tanto voceando
para sí cuentas de última hora, y se detuvo al oír lo que había
comentado José-. ¡El cónclave! -Tienes razón, no puede ser de otro
modo, o eso espero yo también.
-¿Cuál es la fecha resultante seis,
del Argamedon? -Provocó Flor llegar a la parte más esperada.
-No lo sé -se aseguró Gaudi en
avisarlo sin demora.
-¿Cómo que no lo sabes? ¿Pero...pero
esto que es? Esto no es serio -parecía entrar Flor en el juego de
comentar para luego tener que deducir comentarios rítmicos o
impulsivos sin doble identidad. No lo dejó en esa posibilidad y
preguntó con una duda más importante que discernir-. ¿No es una
regla de tres? Si tienes todos los demás puntos, por evidencia debe
saberse cual es el punto sexto -certera proclamaba.
No, Flor.- ¿Te puedo llamar de otro
modo? Me siento un poco incomodo llamándote de esta manera.
-¡No! -Le rotundizó ella con el
semblante en espera de lo que realmente le preocupaba-, A no ser que
quiera bautizarme de nuevo -comentó bajando la autoritaria respuesta
que hizo al instante de llegada la pregunta sin tiempo a reaccionar
mejor.
-Escúsame, no quería ofenderte y
respeto tus...
José le inducía virilla. -¡Gaudi, por
favor!, no nos desviemos en trivialismos.
-Ah si, disculparme de nuevo -Se
captaba en su forma de actuar al hablar, que era un hombre propicio
a la consideración y costumbre de pedir perdón, sin conocerse si más
a los mortales o a frutos actos con destinos para acogerse en el
cielo. -No es como comentas Flor. Todo son conjunciones, faltan
directrices, y falta no olvidemos el punto tres.
-Pero si antes.. -Flor intentaba
comentar que previamente se sabía, pero el teólogo le respondió
previo saltándose este paso.
-Los puntos han cambiado, las
modificaciones al igual. Los puntos 1 y 2 continúan en litigio. El
tres se pierde, perdón -volvió a excusarse- al no haberlo comentado
antes si era el momento apropiado, y el cuatro aparece en sustituto
del tres modificado.
-¿No puede existir otra forma más
elocuente de que fueran otras fechas y estas...? -José, cierto
dudaba de la profecía, que en su conjunto no le parecía
descabellada, pero si quizás las fechas. El proceso de entenderlo
correcto de cómo había sido calculado era una posibilidad indudable.
-¿Estuvieran erróneas? -Se afirmaban
por los demás esta percepción. Gaudi se sentía desganado de no estar
arropado de aprecio, y figuraba animarse para razonarles. -Como os
he dicho todo son conjeturas, y sin embargo estas nuevas fechas, me
dan más razón incluso que antes en mi desarrollo de la procedía Z,
con la aparición del punto cinco que probable sea la elección del
nuevo papa. Y logrado de mérito es el punto cuatro, ya que es justo
y milimétrico el que razonaba con los anteriores plazos como tres.
Idéntico ideado como jeroglífico que deja detalles para engañar,
porque el concordar el mismo día en dos posiciones de espacio
diferentes basados en una formula con unas variantes mínimas, no
entraría en un infinito de posibilidades de que resultase
equivalente. El punto cuatro nos da la fecha 26 noviembre de 1941,
que es el ataque y preciso al pearl haword.
Tanto datos precisos como imprecisas
confusiones de toda la trama, embrollaba y se seguía con interés por
José y Pequeña Flor, que estaban dispuesto a escuchar hasta el
resuelto último punto. Sobre el rescatado anterior comentario de
Gaudi se complicaba más tanta maquinación por descifrar.
-¿Y porqué es tan importante este
antecedente de guerra en la profecía? El dato es llamativo, pero es
uno más, uno de tantos en los anales de la historia. ¿Qué relevancia
tiene en la idea de esta conjunción? ¿Qué tiene que ver en sí con la
religión? -le envió Flor una pila de metralla cargada para
responder.
-Flor, José -guiaba Gaudi sus
palabras indicándoselas a ellos dos,- quizás no me he explicado
coherente. Es que pensar, que os estoy contando en resumen detalles
que han sido años y años de estudio, de dificultoso trabajo en la
recolección de búsquedas de documentos, muchos de los cuales estaban
con los precintos adjuntos clasificados. El análisis desde varios
campos científicos distintos, para que pueda resolver una certera
causa de lo que en sí sería una representación inverosímil de
iluminar detallada. A tu pregunta te digo Flor, que la profecía no
está únicamente ligada a la religión. También interviene por ejemplo
la doctrina del álgebra y el simbolismo, especialmente de la cruz, o
representada en la vida mundana como una Z, Zeta el final, da
escalofríos de pensarlo así. Sin ignorar que proviene del alfabeto
romano que la derivó de una letra griega, la cual tenía su origen en
un jeroglífico egipcio, que como número representa 2000, lo que nos
lleva a nuestro tiempo actual casi milimétrico si descontamos los 6
años de avance que presumía erróneos. Ya os veo con intención de
preguntarme si esa sería la fecha 6 de la profecía, el año 2006 -a
flor se le había subido a la cara por lo visto esa idea al
gesticular sorpresiva, pero fue por un momento nada más, para acabar
al escuchar a Gaudi- y la respuesta es que no, ya que no entra en
ningún parámetro más que en este recuento fácil. Creo que es una
treta para desviar la atención, no imagináis la cantidad de
acertijos mordaces he tenido que desmentir para no arruinar en un
punto sin salida la profecía Z. Ahora os intentaré explicar la
relación del punto cuatro.
La batalla de pearl harbor fue
bautizada como operación Z. Para empezar, ya os dais una semejanza
de su intervención con tal designación. No sólo esto, sino que las
propias fechas que hay desde el origen del preparativo, su forma de
tramitar la batalla, el ataque final, es una propia si aislamos
únicamente estos datos a la teoría ptolemaica. Designada por su
autor alejandrino Ptolomeo, la teoría testimonia que el
centro del universo era la Tierra, y que los distintos elementos
celestiales, inclusive el Sol, giraban en torno a nuestro planeta.
Obviando esta abominación y fijándonos exclusivamente en una de sus
cartas astrales las fechas son las coordenadas minuciosas de ataque
a pearl hadword. Toda su obra está inspirada por la armonía de la
presentación de Euclides. Cuando menciono toda dejo insistencia que
sólo de las cosas que nos han quedado reseñadas de sus avatares, ya
que escribió un libro que a lo largo del periodo del tiempo en el
mundo se perdió. Es cuanto puedo contaros, sobre lo que podría ser
el nefasto día final.
Gaudi se persigna, José le mira,
quisiera sonreír como simpatizando en su ironía. Sin embargo ese
gesto tan simple y desafiante, merma vanidad de simplificar el
deseo.
Perdona José, es la costumbre. Tu
aparición es dar una entrada precisa para certeza de lo que estaba
averiguando, y no obstante, me siento traicionando mis creencias
religiosas, si tuviera que llamarlas de algún modo. Una cosa es la
Iglesia y otra Dios.
-No quiero confundirte, ni intentar
que creas nada distinto, sólo reflexiona lo que te ha pasado esta
mañana, ¿quién te ataco? No eran propios cristianos de tu fe los que
querían acabar contigo?
-Debe de existir alguna razón para
todo esto.
-¿Una lógica?
Gaudi no sabe que responder, tanto lo
que le pasó por la mañana como la presencia ahora de un hombre que
decía ser mas que menos que José, José de Nazaret, opaca caracteriza
su definición de todo el porqué.
-Discúlpame José me supera este
ensayo de mi fe, no estoy preparado para ello -ahora mismo Gaudi se
había transformado del fugitivo religioso al fiel testigo de la
credulidad del dogma.
-¿Quién más que una persona de fe
como tú para poderlo entender? ¿Qué has hecho con tu vida?
-¡Prepararme!
-¿Prepararte o perderla? -José
atacaba sin compasión.
-¡Prepararme sirviendo a Dios!
-¿Para?
-Para enseñar su doctrina y ser fiel
merecedor de su gracia.
-Bien, te has ganado una excedencia
al cielo. Ahora Gaudi te pido que olvides lo que te ha enseñado la
Biblia y la propia iglesia.
-¿Es esto una prueba?
-No, solo quiero compartir un retablo
de verdad
-Yo he sido siempre un buen cirstia...
-Gaudi por favor, no seas una
marioneta, ¿no sabes hablar sin un contexto religioso?
Hiriendo su sensibilidad, que es
justo lo que buscaba, el perturbado hombre se ausenta de las cosas
preparando tal capricho de José, y le cuenta su ser personal.
-¿Quieres saber mi opinión sincera?
-José confirma apoyando su decisión-. A lo largo de mis años he
sentido inconveniencias terribles que todo fuera vano, que sirvieran
estériles los deseos para poseer capacidad de poder dispensar ayuda
al mundo y a su gente. Miles de seres sufriendo día a día, con o sin
razón. Y no es una gracia divina la misericordia... -dejaba su
cábala sin pregunta por que sabía que no existía respuesta.
-"Dreams dreams dreams"
-tarareaba José en su cabeza. No sea un parecer de ignorar lo que
estaba escuchando de Gaudi, lo que él quiere es su fundamento de
recogerse integro a la sinceridad. La belleza de la verdad siempre
se la cuestionó y hace mucho que decidió ser imparcial, y no
desvelar excepto ocasiones imperiosas su propia identidad. No se
puede estar preparado para romper un sueño, ¿qué castigo es mayor
que destruyan tu fe? ¿Cuál es el delito que ha cometido una persona
por creer en una quimera? No es posible que él sea el dueño de la
seguridad que abra cada ser a la ponencia verídica.
Si destrozase un sueño, ¿qué le
quedaría a quien vivió en sus márgenes? Tan frágil, cada persona es
una mísera gota minúscula sobre la faz de la tierra. ¿y qué
diferencia hay entre esa ridícula gota y tu oceánico mundo devoto?
¡Nada! Humanos, seres marcados al hierro frío del vacío existencial,
inperfecionados con la capacidad de razonar, de sentimentalizar la
gloria y la miseria. Tan sencillo que se dificulta descifrar esta
presencia de razonar, y debe adecuarlo en siglos, para darle formar
y decidir que es peor conocer una posible realidad que vivir en tus
mas absurdos engaños, muchos impuestos por propia voluntad.
"¿Pero quien es él? Es una ironía, el
perdón al pecado original por el deshonor y derecho a nacer.
Es una metáfora, la noche que abraza
la oscuridad.
Es un extraño, donde su naturaleza
está engañada al mundo.
Es la llave, de la puerta a un rumbo
que se detiene por soñar girar".
-¿Exactamente, que le contó al Obispo
al respecto del este asunto? Cambió de tema José, ya hastio de todos
los apuntes recogidos de la anterior materia.
-Él conocía desde hace años mis
estudios históricos, matemáticos, y astrónomos en menor medida.
Cuando le llamé la pasada medianoche le dije que había resuelto
prácticamente el enigma a una investigación en la que estaba
inmerso, de esto no sabía él nada antes -aclaraba Gaudi- ,que se
trataba de una profecía que partía de la cruz y concluía como final
en el Apocalipsis. No entré en concreciones esperando a la mañana,
por lo que desconoce al completo cualquier detalle básico.
Ha sido una suerte que no hallan dado
con el trastero -aspiraba satisfecho añadiendo al comentario.
-Demasiada -apuntillaba José.
-¿Qué quieres decir?
-Que es muy extraño que hallan estado
en la casa y no hubieran dado con este lugar.
-Quizás las prisas -ponía de pega
Gaudi-. ¿Aunque prisas para qué? -Se negaba él mismo aquella
justificación e ideó una nueva posibilidad-. Vosotros lo habéis
visto que no era tan fácil encontrar el escondrijo, ¿no? -Miraba a
sus compañeros de historia buscando aceptación de posibles.
-¡Gaudi, tenemos que irnos de aquí!
Pronto vendrán nuevos esbirros cuando intenten sin resultado
contactar con los guardias que vigilaban la casa- apercibía José
proponiendo que no permanecieran más segundos descontando allí,
¿especulaciones?
Gaudi aceptaba su petición-. Necesito
llevarme unas cuantas cosas -advirtió.
-Dese prisa, y procure coger sólo lo
imprescindible y con certeza saber que será del todo imposible
volver aquí.
Gaudi reunió un par de libros, varias
hojas sueltas documentadas, y anotaciones personales. Ya dispuesto
con los deberes hechos, aceptó irse. Los tres tras haberse apagado
la luz del trastero, lo dejaron desértico de presencia de vida, y
bajaron por la escalera temblorosa a la planta baja.
José solicitó a sus acompañantes que
esperasen dentro de la casa mientras él iba a echar un vistazo por
el vecindario. Salió por la puerta trasera y volvió a los pocos
minutos por la misma entrada, tiempo que permanecieron Flor y Gaudi
expectantes sin hacer menciones, más que leves tendencias de frases
cotidianas de queja.
-No hay peligro, salgamos-aseguró
José y se dirigieron todos a donde se ubicaba la furgoneta, que de
nuevo Flor poniéndose al volante los trasladaba de sitio. Con el
cruce de calles cogieron la autopista, para salir fuera de la
ciudad. Durante la travesía Gaudi interesado preguntó-. ¿Dónde
vamos? Si se puede saber -alargó su frase dejando nota de no desear
parecer indiscreto.
-A un lugar seguro, no se preocupe
-le tranquilizaba Flor.
Para su acomodo José le extendió la
respuesta-. Vamos a la casa de Flor, o mejor dicho a su laboratorio.
Allí estaremos a salvo, ellos no conocen ese lugar.
-¿Laboratorio de qué? -Fisgón ahora
sí, curioseaba Gaudi.
-Flor es Química Bióloga e investiga
distintas vías para una solución que hasta el día no hemos dado con
ella.
Gaudi hizo un inicio de preguntar,
pero no dijo nada para no resbalar en la indiscreción, tampoco hubo
falta José se apresuro a saciar su intriga.
-Matar a Dios -le comentó la causa de
la investigación y pasó a detallarle otros aspectos más del preciso
lugar mezclando cosas distintas. Su naturalidad al expresarse era
amena - Ya verá como le gusta el sitio, hay diversos objetos
históricos que por lo que creo le fascinará.
-Lo único que hacen es amontonar
polvo. Si por mí fuera los subastaría por Internet ahora que está de
moda -se entremetió Flor quejándose.
-¡Oh, qué aberración! -protestaba
Gaudi por el despropósito que acababa de escuchar. Pararon un
momento sus palabras delirando y sujeto en la curiosidad preguntó-
¿Y de qué épocas son los objetos que tenéis, son muy antiguos? -se
cortó un segundo su hablar para implicar una nueva pregunta- ¿Y Para
qué Matar a Dios? Hizo conveniente conocer más rasgos sobre la
connivencia, del delito que se confabulaba.
-Hay objetos que adquirí por mi vida
de trotamundos, de roma, Egipto, Hispania, algunos de ellos con
bastantes siglos.
-Y algunos milenios -especificaba
Pequeña Flor- sacando la punta de lanza. A ella no le producía una
satisfacción la recolección de esos objetos antiguos e inservibles,
donde al opuesto, Gaudi era un fervor incondicional. Para José en un
termino medio eran resultados de detalles pasados cronológicos, y
detallado más elocuente, de su constituida biografía.
Gaudi se entusiasmaba goloso como un
niño esperando un regalo, el llegar a su destino para descubrir los
hallazgos que se le presentaba.
-Pregunte Gaudi sin temor, le veo
excitado -Tras las conversaciones que han mantenido los tres al
trato dado entre ellos y las propias observaciones de Gaudi
queriendo rebajar a un lado su parte profesante, al dirigirse a él
sus nuevos amigos le tratan con el nombre únicamente. Su nombre, sin
calificaciones fervorosas. Esto podría valer para Pequeña Flor,
porque en José de siempre, era una trasvase difícil que se dirigiera
él de una forma más ortodoxa en otras circunstancias. La antipatía
hacia todo lo relacionado con la doctrina del clero chocaba con el
trato respetuoso con el que humilde disponía invariable hacia los
demás, predicando el ejemplo del respeto.
-José, te agradezco tu voluntad -Gaudi
agradecía-. Déjame darte las gracias por haberme salvado la vida e
intentar protegerme. A ambos os doy gracias infinitas -hizo esta
mención también hacia Flor, mirándola.
Ella le hizo un saludo militar, sin
apartar la vista de la carretera. Gaudi seguía esforzándose en que
le entendieran lo que él estaba sintiendo-. Es tan repentino que
halla pasado a la vez todas estas cosas tan grandes, que para mi
monótona vida se sobrecoge sujetar el impulso. Imagino que para
vosotros mi vida será ridícula.
-Gaudi, ninguna lo es -contrarrestaba
José.
-Sí, sólo cómica -dejó suelto Flor,
dando la nota de humor para restar importancia al desencanto de
Gaudi de sentirse inferior a ellos.
-Llevaba tantos años tratando
conjunciones, hipotéticas profecías, que al inicio era una quimera
de un sueño astral. Ahora lo descubro, y en doble sentido soy el
valedor de malos augurios. El descubrir que la profecía acaba con un
mal mundial, y desearía denegar esta posibilidad, que estuviera
equivocado. ¡Y me han intentando matar ya por dos veces!, y estas
circunstancias me disgustan en la acomodada y tranquila vida que
llevo. Luego aparecéis vosotros, y descubrir que eres José ¡José! Es
inconcebible por mucho que lo admita. No quiero ser brusco -se
serenaba tras declararlo efusivo.
-No, no, tranquilo, sigue por favor
-Le pedía José siguiendo con interés las palabras de Gaudi.
-Ahora tengo en mi cabeza preguntas
por doquier, de esas dudas terrenales que siempre se sienten, de
hechos históricos que se han cuestionado, de otros misterios jamás
encontrados, y no sé ni si debería respetuosamente preguntarlos, y
quizás peor, aun el merecer saberlo.
José apreciaba esas palabras de tal
pureza, que le encomendaba en un prestigio de considerarlo verdad-.
No retengas tu deseo ni temas preguntar, yo estoy dispuesto a
escucharte.
-Escena ganadora para los Óscar
-bromeó Flor-. José en el papel de su vida reclama infranqueable la
amistad entrañable de los desprotegidos.
-Te voy a dar -dijo e hizo José
zarandeándola el pelo.
-Eh, profesionalidad, que estoy
conduciendo -le pedía cordura ella, más como excusa de que no la
chinchara.
Fue un momento bastante grato para
los tres, por un instante compartían una sensación que emanaba
simpatías. Gaudi después de las risas recogió el testigo de José, y
comenzó a preguntarle cuantas cosas se le ocurría mientras marchaban
a la casa de Flor. La gran ciudad se quedaba atrás, al igual que la
noche. El día a un tercio de la noche alferecía nítidamente. Se
vislumbraría la ciudad por la nube de impureza que la coronaba, de
los habituales malos humos.
José Fue contestando a casi todos los
requerimientos de Gaudi, exceptuando pasar por alto algunos detalles
dolorosos o que pensara que no fuera correcto implicarlos para una
persona y que curvara en una meditación dolorosa e irrecuperable.
Contó sobre su existencia, el paso del largo periodo de vida por el
mundo narrando acontecimientos fabulosos a los oídos de Gaudi, y
también de Flor, que prácticamente conocía todo, absolutamente todo
de José.
Le informó de lo que él sabía de Dios
y su poder, de la patraña inventada para conseguir movilizaciones en
masas idólatras. Gaudi se satisfacía de cuanto iba conociendo y por
él podría pasar semanas recopilando anales tan enriquecedores, pero
persuadió para convencer a José que estaba complacido.
Hubo después de esto un momento de
perdida de cadencia para proveerse la conveniente relajación, que
muda paraba tan extensa conversaciones. Por los cristales, como
niños amaban los amarillentos campos de girasoles que les acompañaba
en su recorrido.
Tras la interrupción extendida se
animó de nuevo a hablar.
-¿Te puedo preguntar por qué te
hiciste cura? -Se dirigió José a un Gaudi mucho más sereno que
cuando lo habían encontrado exaltado por el peligro que le acechaba.
-Pues me da algo de vergüenza
contarlo -calló levemente para acabar su indecisión y reanudó la
respuesta- fue por una chica.
-¡¿De verdad?! -Flor no se lo
esperaba y se exclamó su frase al preguntarle
-Sí, yo era muy joven. Era la primera
vez que me enamoraba, y me causó tanto trauma el que me rechazara
aquella chica, que me metí en un convento. Perfectamente en ese
momento me hubiera alistado voluntario si hubiera sido preciso,
meterme en una secta satánica, hacerme hippie o a saber el qué
hubiera sido capaz por ella, y después por olvidarla. Así empezó
todo, después me acomodé, y al estar allí pude proseguir y renovar
con bríos nuevos mis estudios que llevaba del colegio, y eran una
pasión para mí, el álgebra y la astronomía. Más tarde hice mis
votos, y hasta ahora.
Contándolo así da la impresión que
era una fachada escondida, y quizás si, pero yo creía en Dios, creía
en su obra y quería trasmitirla y conseguir un mundo mejor.
-Como las misses, comentaba Flor.
-¡Sí! -aprobaba -, ¡No! -Rectificó
cambiando donde dijo, sonriendo-. Mi necesidad estaba cubierta, y mi
vida quizás por inconsciencia, por falta de carisma o de egoísmo de
deseos propios encaminaban a ayudar a otras personas, e ir de la
mano de Dios era una garantía. Tras el tiempo a no ser que uno sea
un creyente compulsivo, un farisaico o un beneficiario te haces
preguntas. Preguntas no contestadas, y peor aun, preguntas donde las
respuestas conseguidas no se aceptan.
Mi alejamiento fue progresivo.
Reconozco que en mi puesto, en mi labor que ejercía me sentía a
gusto, pero denegaba de lo que la iglesia y su institución fomenta,
y el amar a Dios se alojó en una duda inmensa, en una pregunta de
las que jamás tuve respuesta.
José se inclinó hacia Flor y le
chistó con un gesto, como en clave pidiendo que no dijera nada
ahora. No era momento de cortar la sensibilidad y sinceridad que
Gaudi reportaba.
-Quizás otros verían un
aprovechamiento personal el seguir en la orden eclesiástica, y la
propia iglesia no toleraría mi actitud. Incluso vosotros es justo
que decidáis que soy un cobarde.
-No seas tan duro contigo mismo
-deseaba José estimular la negativa aceptación que inducía Gaudi de
sí mismo-. He conocido muchos hombres en mi existencia, multitud de
religiosos, y bastantes dirigiendo un mando como el que tú tienes.
El creer o no creer ni siquiera yo podría justificar que es
ecuánime, que es lo ideal. Las creencias deberían tener una base
real, que sin embargo es justo por lo que son ideadas, por la falta
de esa realidad que se anhela. El valer o no para una persona en
concreto sería algo muy, muy personal. Yo no lucho contra eso Gaudi,
mi guerra es contra Dios, la manipulación, la iniciativa de querer
apoderarse de personas, de almas, de sentimientos, de un futuro que
no llegará de un presente inútil, y con estas palabras vuelvo a caer
en mi propia duda, de si creer o no es correcto. Yo batallo porque
las personas sean capaces de decidir sus propios deseos veraces, su
propia creencia. Tener la oportunidad de que esas personas hundidas
en países pobres, enfermos, sentenciados por políticos y religiones,
en general sustentada por la voluntad de Dios tengan su propia
oportunidad de decidir después como serian. Si estúpidos o
bondadosos, si broncos o tranquilos, si vivirán un día más, sin
esperar a que llegue un trago de agua con el tiempo.
El tema para José le dolía. La
injusticia que deportaba en sus siglos no lo lleva agusto. El
sentenciar que el 90% de la humanidad es destruida por un 10% de un
planeta sediento de maximisarse, de crecer. Y tan solo ni el 1% es
quien tiene poder de decidir, y de ahí, solo el 0,1% la voluntad
justa para plantearse los cambios, o los medios que perdurarán en
línea, para que después 1, 2, o 3 personas encandile el destino del
mundo, y como rúbrica Dios induce y juega, apostando a todos a su
favor.
Con la medianoche avanzada llegan a
su destino. La habitación presentada a Gaudi le invita a descansar
sobre el lecho de la cama. Él lo acoge con toda la energía que le
queda, pero una cosa es descansar y otra dormir. Los miedos
transitan irremediable por la mente, robando el sueño claman
desembocando en repeticiones inamovibles.
Capítulo IV
Imborrable
Igual, repetida escena, cansina en la
misma idea, similar narración a idéntico intento.
La ruidosa riña de aves entonando se
manifiesta, apartadas de la urbe de abarrotadas viviendas. En rúa
"sin número" 5, se llega del aledaño sector 3, poblado de
majestuosos chalets y casas palacete, ornadas de arbustos regalando
puro aire. Incitada inquietud le agobia, al caminar recto al
contingente que histérico le abre pasos, llegando al lugar.
Explicado antes de acostar sus sueños si alguien pudiese reconocer
su despierto arrimar, él anoche negó más que el arzobispo a José,
que le animó a ir a donde ya ha llegado. ¡A la mansión! Estipulado
lo tiene todo establecido. ¡Encontrar a María! Salta la vista al
muro de la residencia señorial, y evita su temblequeo, con decisión.
Llama más llegar al soportal.
Claustrofóbico deposita el retiemble que va debajo de la sotana,
colegiado para evidencia.
-¿Sí, que quiere?- solicitó una voz
lacónica a través del portero mecánico.
-Soy el padre tenario y recalo la
petición de solicitar audiencia con el príncipe Masín.
-El príncipe no recibe visitas, sino
han sido gestionadas previamente.
-Lo entiendo, buen hermano. Sin
embargo si hiciera un enclave en su labor samaritana le ruego
amparase mi deber de verle. Sólo comuníquele que vengo a instancia
del Obispo Rocco.
Se hizo un intervalo callado, para
oírse seguido-. Espere un momento.
-Que Dios le bendiga -comentó a
continuación Gaudi haciendo un papel frívolo de cura sin cura.
Gaudi guardó espera. Tenue,
considerando que por medio de las cámaras del exterior supervisaban
su asistencia, degustaba la columnata del pórtico sin derribarse de
su tranquilo actuar.
Al cabo de unos minutos acudió un
individuo plantado en los dos metros, que pudo ver llegar antes de
que abriera la verja de entrada a través de la separación de los
barrotes. Aquel hombre le solicitó que le acompañar prefijando por
delante el camino, por el espacio abierto y porticado de su
interior.
Entrando en el edificio se le hacía
difícil rechazar de golpe de vista los cuadros que engalanaban la
mansión. Su guía le redirige a una de las habitaciones de la planta
baja dejándole sujeto a una nueva dilación de encontrase con Masín-.
Espere aquí. El príncipe Masín le atenderá en unos minutos. Si
necesita alguna cosa hágamelo saber.
-Gracias hijo, no se preocupe por mí,
esperaré con gusto la llegada del príncipe
-De acuerdo -el hombre que le
acompañó se marchó dejando a Gaudi en la permanencia de aquella
suntuosa sala.
-"Esperare con gusto su llegada", ni
que fuera la cenicienta -escuchó al fondo del pasillo el comentario
del hombre que acababa de marcharse, que se lo estaba diciendo a
otro que acababa de llegar a su lado. A Gaudi le salió una sonrisa
sagaz.
-¡Bajemos a la Bodega a por
provisiones! -escuchó la resonación por el pasillo, antes de que
dejase el sonido abandonarse ante la llegada de su contrario.
Sin parárselo, ya no hay nada que
pensar. Sale de la sala donde prorrogaba su espera y se encamina por
el pasillo cauteloso hacia las escaleras que estaban cercanas a la
sala de parada. Al fondo se prendía otra escalera más, que detalló
por si era preciso una escapada por algún posible importuno. Era
difícil el escapar si fuera preciso, nada mas se hacía el valiente
en pensarlo, no en llevarlo a cabo.
Siguiendo las orientaciones que le
comentó José busca la habitación donde debe encontrarse María, si
permanecía aun en la residencia. Mientras pasaba cada metro se le
urgía cualquier subterfugio. Necesitaba un plan, una mentira piadosa
si le veían visitando aquella zona. No se le ocurría nada, pisaba
sus ideas en cada paso por encontrar cualquier tontería que
sirviera, ¡y la encontró a ella!
Llamó previamente a la habitación
cuarta a la izquierda de la escalera, la que le indujo José como
válida, y correcto fue. Entró más tocar la puerta, sin esperar
permiso, único era un gesto, un detalle, una evasiva.
-¿María? -No encontraba palabras
válidas de cómo mostrarse. La adoración le introdujo un parón en su
determinación de hallarla, y descubrirle a lo que había venido.
-¿Sí padre, me conoce? -Lo siento,
pero yo no os recuerdo.
-No, no me conocéis. -Gaudi se
persigna ante ella arrodillado, besando su mano como señal de
respeto, y deslumbrado ante su imagen. Mientras la sujeta, al tacto
María recibe un mensaje que José le había trasmitido previamente
escondido en sus carnes.
El hilo conductor que era Gaudi,
trasladaba la misiva que José la enviaba a ella.
María atemorizada quisiera gritar
pidiendo auxilio, pero señero tiembla sintiéndose angustiada, falsa
de un delito de desobediencia a su credo, del mandamiento fidedigno
a la cruz y a Dios. Y más al contrario, tentadora de la verdad
parece omitir su intolerancia desatendiendo este aspecto y se deja
seducir por el comunicado de José.
Remembranzando el remoto pasado
lejano José le evoca, la convoca para que su espíritu se haga
perceptible ante su alusión extendida que comienza...
Indefinido e indiferente año A.C.
-Corazón, corazón, ¿cómo quieres que
sea el sueño de tu vida? -preguntaba María en las murallas de
Jericó.
-Mi sueño quiero que sea real
-confiado respondía José.
-¿Cómo de real? -retaba en su saber
esta chica tan risueña, dejada de preocupaciones adormecía en
letargo su sonrisa pronunciada espabilando a la llamada de José se
levantaba, con la fuerza de un ciclón
-Tanto como mientras permanezcas a mi
lado. Si irreal fuera tu no presencia, mas que pena mi ilusión
perecería en mis ansias por que pudiera existir.
-Si es real no puede ser un sueño -le
susurraba adelantándose a las siguientes palabras de José ella,
acercándole sus labios al oído, le recitaba de brisa calmada y
apacigüe.
-¿Quién necesita soñar? Un pez no
sueña con volar, su sueño es el mar, ¿y como puede un pez idealizar
dormido con lo que ya tiene? Ese soy yo, sueño contigo. Quizás no me
entiendas, pero si ningún pez naufragaría en su mar porque es su
medio de esencia, yo sé como me salvo cuando sueño contigo María.
¡Como ahora!
Y si... -le iniciaba María un regaño,
de un negativo posible irreal
-¿Si no estuvieras aquí? Ya no
nadaría, ni volvería a la tierra. Relleno de plomo me hundiría, y
tan ligero es mi mundo que refutaría reflotando, y el agua me
llevaría inmóvil en mi inofensivo pataleo, estéril sobre el mar. La
contracorriente me arrastrará, la marea me ladea, mi mirada tangente
al sol me irritan los ojos de sal y choco contra el acantilado donde
el agua me tira, me suelta, me amaga, me lleva del viento del norte,
me empuja de nuevo contra las rocas interminables, y me vuelvo en
duelo contra el muro. ¡Y no! -Dice y calla José.
-¿Y nooo? -Inocente Pregunta María,
picada en el cebo arrojado por José.
¡Y no! Y no tengo miedo al choque. Si
tus brazos me agarran braceare, y si mis piernas me flagelan me
remolcare a tus sentidos preguntando tierra adentro a cada codo, me
reitero esperando tu encuentro. Y si mis ojos se cerraran de la
arena del desierto, abriré mi pensamiento y me acercará hasta ti el
viento, si persisto llegaré, cuando abra los párpados de momento. Y
si las noches perdieran sus días, miraría a las estrellas, en la
línea que me iluminen me dirigiré, porque si alzas tus manos, el
oasis surgirá en la cúspide de mi cansado andar del desierto helado.
-No sé que decir -esterilizaba María
sin poder repararlo su piel. El bello se levantaba de las palabras
escuchadas. No es fácil disimular sus ganas de sentirse ligera como
un sueño y llegarle a José como dueño de su cuerpo, como reino
dispuesto a ser conquistado deja ciudadela abandonada a sus brazos.
-Tu sueño ha sido concedido -le besa
la frente, despertándole del mundo le traslada en la gloria de la
divinidad.
José cierra los ojos, visionando su
alegría está a punto de evolucionar, y de su narrativo pez hacer un
salto al vuelo, y echarse a volar entre las nubes.
María recobra el presente, y debe
sentarse. Gaudi la suelta tras ayudarla a tomar asiento. Escalando a
medida 1:1 a levantarse Gaudi sigue pareciéndola una emisaria
simbólica. El céfiro de su aura es palpable, y la convierte en una
adoración ante sus ojos, admirándola como Diosa, como virgen
inmaculada despoja y derrocha en la vista de quien la ve, por esa
incombustible luz que la prende circundando la figura del adorado
perfil.
María tienta hablar indecisa-.
¿Entonces...?
-Mi señora, no hable -Gaudi le
muestra una página, abriendo una Biblia de bolsillo que se había
sacado de su uniforme de Dios. Con el dedo pulgar, prende la imagen
de una postal que muestra astuta escondida entre las hojas del
ejemplar, indicándole la iglesia de Saint-Germain des Pres, e
infiere que le acompañe en la resulta, al sentar su dedo brújulo por
la imagen deteniéndose como señal inequívoca sobre el reloj del
campanario, que marcaba por siempre instantánea parada al tiempo,
las 14.50 h.
La mujer colige lo que entraña esta
mímica exégesis. Mira y no habla, no asienta, tampoco niega. Pura
mira, cautivada aparenta recoger del legado su enviado.
-He de irme -clama que comprenda su
brusca apariencia, y dando pasos atrás venerándola la deja en su
habitación.
Al marcharse de allí, una vez estaba
en pasillo más salir de la sala que compartió la presencia de María,
oye pasos acelerados, y voces clamorosas. No desecha que deben haber
dado cuenta de su deserción de la sala que le impusieron cautelar
para el encuentro con el príncipe Masín.
-Rápidamente se aproxima al cuarto de
aseo y se cuela dentro. No sin miedo, ni el condicionante de
quedarse por voluntad propia retenido sin salir, le echa coraje. De
pundonor, y la elevada moral que debe mostrar aparece en el corredor
de la planta, tras cerrar rotunda la puerta del lavabo, dejando nota
de su estar allí.
Cuando marchaba hacia la escalera por
la que había subido rodea la cintura mirando atrás con decisión, sin
nervios que atempere resquicios de sospecha. Ve a uno de los
guardias privados quieto mirándole, y hablando por un comunicador
privado, lo que será delatando sin mitigar su paradero. Dicho y
hecho, casi sin espera, por la escalera sale hacia él un hombre, que
pudiera ser el Príncipe junto a otro guardia de seguridad de la
Mansión.
-¿Padre, que hace aquí? Le estábamos
buscando, ¿pero qué le ha pasado? -Hablaba quien se suponía ser el
príncipe Masín.
El temple de Gaudi recelaba,
manejando una pose de angustias ante lo que mostraba. Empapado de
agua pelo y rostro se le relacionaba en disimulo con un apósito
tapando uno de los agujeros de su nariz. El hábito hace al monje y
también mojado pinzaba exagerando la causa católica al bulo
-Ruego me disculpen. Sufro a menudo
de hemorragias nasales, y tuve que venir raudo a refrescarme y
cortar la sangre.
El hombre que le había preguntado por
el hecho, y el que le acompañaba no decían nada. Miraban el rostro
mojado de Gaudi sereno, con buenas dotes de escondidas, y cansado.
Ajetreado proseguía en la explicación el cura ante sus vistas.
-No me dio tiempo de preguntar dónde
estaba situado el servicio, y busqué con atrevimiento, ya que al
contemplar su alfombra egipcia seria vandálico y una autentica
expoliación haberla manchado.
-Si, soy un ferviente admirador de
rarezas antiguas. Tengo algunas colecciones interesantes de la era
egipcia y anteriores ¿Por casualidad es usted aficionado al arte
antiguo?
Parecía haberse templado la
incertidumbre que le reinaba, y ese dialogo sencillo le hacía
ganador de haber funcionado su estrategia.
-Oh no no -se excedió rápido Gaudi
negando su apreciación por el arte vetusto mordiéndose sus gustos y
la atrayente incitación a charlar sobre la materia-. Sólo que me
pareció que la alfombra era muy parecida a una que se halla en el
museo egipcio de la ciudad del vaticano. Eso me pareció recordar de
cuando estuve visitando toda la institución de nuestra gran amada
iglesia. Aunque quizás estoy engañado y la confundiera por otro
lugar, mi memoria no es una de las virtudes de las que Dios me
poseyó -recalcó no dando importancia a su entender de arte, ni
intuirle nada que le hiciera pensar.
-Debe ser otra semejante, esta es una
pieza única que adquirí en una subasta de arte - revelaba ser él el
dueño y por consiguiente vaticinar su rango. La relación de la
alfombra ya lo sabía Gaudi, que lo utilizó concurrente para dar a la
mentira distracción de inocencia.
Seguido preguntó Gaudi al hombre con
el que mantenía la charla, -¿es usted el Príncipe Masín?
-Que torpeza la mía, discúlpeme padre
mi descortesía.
Gaudi le extendió la mano mostrando
su saludo, y el príncipe le hizo una reverencia que Gaudi no
presumía.
-Acompáñeme por favor -le ofreció
cortés Masín que le siguiera-. Puedes retirarte -dijo a su guardia
personal, que cumpliendo el mandato se fue acelerando el paso
bajando las escaleras. Igual hicieron ellos dos con más calma, en
una discreta conversación nimia.
Cuando llegaron a la planta baja el
príncipe le introdujo en la sala, la misma a cual había sido su
comitiva más entrar en el caserío. Cerró las puertas velando por una
discreta conversación, y afable y sin dilación requirió consultarle
su visita.
-¿Cuál es el propósito de solicitar
verme?, me trae noticias de parte del Obispo Rocco según me han
dicho -adelantó parte de la respuesta en su introducción.
-Exacto, como usted ha mencionado. Él
me encargó tácitamente que acudiera a informarle si durante el viaje
de su mitrado a la santa sede, diera con el paradero del sacerdote
Gaudi -noticia verdadera que él mismo conocía hace días de la
intención de viajar en este día por parte del Obispo, donde confiaba
que quizás el príncipe estuviera al tanto.
Al príncipe Masín le surgía un
interés inmediato ante lo que escuchaba, sin aludir si conocía la
ausencia del Obispo Rocco en la ciudad. -¿Sabe donde se encuentra
ahora? -Interpelaba solicitando prontitud de conocer esta necesidad.
El sacerdote se hizo de rogar-. Vino
a verme muy temprano. Le encontré intranquilo, tan sucio que parecía
haber pasado la noche a la intemperie, al menos me impresionaba
pensarlo del aspecto tan desaseado con el que se presentó en mi
casa.
-¿Está allí ahora? -demandaba o
prácticamente interrogaba al presentado por párroco, el encontrarle
a su propio él, que camuflado formaba ser otra persona.
-No -comentó para saciar el ímpetu
del príncipe-. Me habló de que le habían atacado unos hombres
durante una reunión con el arzobispo Rocco, e intranquilo por si le
hubiera pasado algo a nuestro prelado hube de llamarle para
tranquilizar y aliviarme de encontrarse bien. Más él, me advirtió
que renegara de lo que dijera el hermano Gaudi, pues estaba al tanto
de que sufría bajo el castigo del averno de crisis nerviosas, y que
estaba bajo tratamiento. Yo traté de hacerle entrar en razón para
acudir a un especialista pero él se negó y se marchó de mi casa sin
preciar el intento de ayudarse. El Obispo me antepuso el deber de
acudir en su socorro si diera donde estaba para poder ponerle en su
mano y llevarle a algún centro psiquiátrico para que le trataran en
estos momentos difíciles para nuestro indefenso capellán.
-Entiendo, y ahora...
Gaudi, ya renegó el espacionar su
ejercicio de teatro y manejó llevarle al énfasis final.
-Apenas media hora hace, que me llamó
diciéndome que estaba en Gare de Lyon y se marcharía a
Dijón si conseguía billete, sino quizás se trasladara a Gare
du Nord para coger el tren que partiera hacia Lille, pues
tenía familia próxima a la frontera con Bélgica, aunque se temía que
ya fuera tarde para encontrar embarque y tendría que coger un
autocar regular.
Ante la multitud de datos que
recibía, el príncipe predicaba desoriento en los postulos de
encontrar a Gaudi.
-Siento no poder ser preciso, pero
siguiendo el mandato del Obispo me debo a contarle cuanto me dijo.
-¿Dijón, y Lille, no
mencionó algún otro lugar? -Preguntaba el príncipe Masín descartando
más posibilidades.
-No, solamente los que le he
enumerado. Lille por la familia, y de Dijón me insinuó
sin tomarle en serio que iba por tocar la lechuza de la suerte,
¿conoce la historia? -Se daba un nuevo ajuste de perderse en
pormenores.
-¿La lechuza que hay en una de las
iglesias de Dijón, que la tienen desgastada de manosearla?
-Si -dijo el sacerdote.
-Claro, ¿quien no conoce la leyenda?
-Eso es cuanto le puedo decir, no sé
si le servirá de ayuda para encontrarle por su bien, ya que me temo
que este hombre en sus condiciones no sé de lo que es capaz. ¡Dios
mío, ayúdale a encontrar el camino! -Argucia su papel postrándose al
cielo su favor.
-Le agradezco enormemente su ayuda,
padre...
-Padre Notorio -recordaba al príncipe
que se quedó a medias buscándole el nombre.
-Gracias padre Notorio -se esforzó el
príncipe Masín en agradecerle seguido nuevamente su colaboración.
-Si no interfiere en necesitar de mí,
debo marcharme para continuar mis tareas diarias. La obra de Dios es
continua y no hay descanso -dijo el delator de Gaudi solicitando su
retirada.
-Sí, padre, puede ir bendecido por
Dios -Gaudi se distanciaba cuando el príncipe le paró en seco-.
¡Espere un momento! -Gaudi no quería referir a qué debía esta acción
y a la suerte esperó para ver qué ocurría.
-¡Tome! -el príncipe se sacó del
bolsillo una cartera, y de ella una tarjeta de visita que se la
entregó al religioso-, por si acaso se pusiera de nuevo en contacto
el padre Gaudi con usted, me puede llamar a este número de teléfono,
para no tener que hacerle venir de nuevo y alejarle de sus
quehaceres.
El disfrazado zorro de Gaudi se la
guardó sin caricaturizar una cruzada Z, acompañándole en un gesto
aceptando el recado del príncipe se despidió de él. Nuevamente el
príncipe Masín atento tomó su mano de forma serena en saludo.
El padre se acercó a su nuca y le
comentó en voz baja -entre nosotros, el Padre Gaudi siempre me ha
dado la impresión de estar algo desequilibrado -le soltó de su boca
precisando, y también de su mano que agarraba tenaz el príncipe y se
fue.
La soledad cautiva en su virtud araña
rasgos, trazas insignificantes con forma única de torearlas y
liberarse de la capa maciza que envuelve el carisma. Se puede evitar
pensar, sólo es decisión de conjugar el verbo rezar, pidiendo por
mí, por ti, por él, por nosotros, por vosotros y por ellos.
-Oro, y no deseo que deslumbre
recordar a esa quinceañera niña de quinta esencia que aborda de
audacia la evidencia.
Suplico, ante el mas grande que
sentencie mi inquilina sumisión, y me avergüenzo de pensar que
tribunal debe juzgar lo máximo. En un último momento paro, ¿cómo
digo esto?, ¿cómo lo retengo lo que trata de salir?, ¿no es acaso
mío? ¿Porqué debo castigarme por quien fui, por lo que es, y a lo
que intento ahora dudoso dilucidar que siento?
Adoro, siguiéndole en un
complementario destino nunca visto, ¿y que me pasa María? Tengo
reflexión de borracha del vino, sagrado, no vaciles, sé firme, no
tropieces, eso es lo que él quiere, ¿pero quien de ellos? A quien yo
elegí tengo reverenciado honrando sea ahora o no de mi gusto, a
quien quise lo deje por vacile quizás asiento que así fue, y ya
nunca dudé que se acabó, que mi vida salió, por mi fe yo tal vez le
maté. ¿Qué fe es la que destruye el amor? ¿Qué feo me hace sentir mi
deseo? Y mi extremo de necesito... me detiene. La labor que se
construye edificó en... ¡Mejor calla María! No pienses nada, ha sido
un día turbio, ¡pero no lo entiendo!, ¡y lo quiero entender! ¿Qué
hago cuando lo que dije aprobando infinito se traduce en un mundo
destinado al apego de mí darle todo por cero? Y en esa nada es la
que no ha cambiado el planeta, por cuanto dije, hacia lo que hice,
por renunciar ¡A TODO!
Imploro, y me hago daño. El peso de
mis lágrimas harán que el mundo esté triste, y me debo a mis hombres
socorrerles, a mis hermanos, a mis niñas del mal, ¿pero quien le
ayudará a él en su oceánico mar al que yo arrojé? Le endose a su
cuello la losa tirándole al fondo. No puedo ni negarlo ni
confundirme de no arrepentirme, de hacerle destruido a sus sueños de
ser tan sólo él.
Ruego me perdones, porque sé que no
estuve contigo ayer. Y embarqué dejando a nado pacto de la
devoración mis emociones. Y remé ignorando el mirar atrás porque no
podía soportar verte allí alejado, encharcado y hundido, profundo
flotando agarrado a un letrero, con mi nombre llamándome.
Rezo, en contra tuya por que no
estuvieras en mi cabeza, porque no me hubieras encontrado, porque no
hubieras existido, porque no me perdones jamás, porque yo no lo
haré, por intencionalidad víctima te dejé sin auxilio, sin amparo,
porque yo en mí nunca supe como dejarte de amar. Y pienso en mi
castigo, del que llevo en mis adentros sin nadie saberlo.
En sus aposentos María, loca,
quitándose la vida a lagrimas pierde sus sentidos. Las confusas
ideas que inundan su cabeza la dejan podrida, estancada séptica.
Quiere esconderse, ¡pero si ya estaba escondida! Quiere olvidarle,
¡pero si ya fue olvidado! Quiere morir, ¡pero si ya le mató! Y la
alternativa, la que seduce en forma de vida no merece más que llorar
por cuanto daño hizo sin piedad, tan rebajada a quimera de puta
barata que se vendió por una adoración al mundo del señor.
Pesada, envuelta en penitentes siglos
con la fuerza malgastada, llega tras urdirlo al cajón de su coqueta.
El momento perpetua ganándose el perdón, interpretando que si
pasasen dos mil años más llorándole quizás podría tener un voto de
derecho para recordarle sin ultrajar su memoria. Si pondera su
castigo, se detiene a cada momento maldiciéndose. Esfuerzos
coyuntural para desplazar materiales de entes inanimados. Cava
liberando, encontrando de su descanso letal de sus miles de días
sepultados de la luz el medallón que le encontró José.
Y ya no vuelve a decidir que está mal
o que está bien, ya no es dueña de sí misma, ella parte al pasado de
recuerdos, viaja transportándose en una memoria desplazada temporal
en su mente, va sin saber cuando regresara.
Revive después de morir Jesús, como
se apareció Dios en su casa...
-Bendita María -embauca templar la
desdicha de una madre.
Ella, mujer rota, ahorcada en sus
desfogados respiros, incapaz de evitar la muerte presente en sus
venas. Cacho de su cuerpo sentenciado, arrancado de las vísceras.
Dios -arrodillada invoca respeto
hacia su figura, tendiendo explicaciones que no calmaran, ¡nada lo
hará!-, una madre debería morir en su lecho rodeada de su familia.
No es justo, los hijos deben sobrevivir a sus padres y no al revés.
Elegiste mal Dios Todopoderoso, es a mí a quien tenían que haber
ajusticiado, yo soy la portadora de...
-Levántate María, he de hablarte -le
solicita Dios, partiendo la venida de la frase, que no su
sentimiento resquebrajado, destrozado a medio día sin sentido.
Plañendo, y en cada gota menuda que rezuma la arde el ácido
derretido de sus tripas, revolviéndola dentro de sus senos deplora
destilando furia mal concedida entre ella y la poca vida que la
acompaña. Tormento de angustias en su calvario presume su deseo de
poder coexistir donde fuera, donde estuviera su ser, el que ella
forjó de su cuerpo de mujer.
María hace ademán de querer hablar,
de preguntar, de quejarse, y no hay firmeza. Débil aguanta sin poder
el peso del suplicio, y calla tras sus primeras palabras sintiéndose
avergonzada e indigna de llevar su queja al altísimo.
-Veo en tu rostro la fatiga del
dolor, más no te escondas en tu frigidez. Jesús está conmigo,
descansa con el pecado de la humanidad, y atiende mi necesidad a los
mandatos divinos que le hacen maravillosamente apreciar con gran
resignación su muerte. Yo te pido lo mismo María, y debo rogarte que
si crees en mi de corazón vengas también y te deje salvar de las
impurezas.
-Yo aceptaré cuanto me digáis mi
señor, soy una humilde sierva vuestra, mi vida no me pertenece
-envuelta en el apuro, el tránsito del crimen hacia ella misma le
valdría, lo aceptaría si por ello pudiera alcanzar el don de la
purificación, de serenar el deceso que la sujeta queriéndola
llevarla de partida.
-Escúchame bien María, tú eres la
madre del salvador. Hiciste el milagro milagroso -redundó adulación,
ganándosela en sus sosegadas paz de palabras- realizado tu papel en
el mundo, trayendo en tu cuerpo celestial al elegido por mí para
esta ardua tarea.
-Perdonadme mi Dios, debo confesados
que Jesús.... -distante, renqueante burla seguir adelante en su
confesión, atenuada debe mediar para depurar la limpieza de la que
está manchada.
-¿Temes que eres indigna por como fue
engendrado?
María humilde mira al suelo,
humillada deshonra angustia, corseteada de manos a su desnudo
figurado cuerpo flagelándose, se siente condenada a un pecado
culpable.
Dios blande su posesivo verbo, el que
él en siete días creó. Se sirve en su empeño de robarle sus
destrozado ánimo María, la impureza de ese acto que no deje paso al
autocastigo, tu cuerpo esta bendecido por tu propio hijo, expulsado
en su comunión hijo mío se convirtió al igual que tú. Jesús fue
elegido para salvar a todos los hombres sobre la faz de la tierra, y
tú María, debes aceptar ser la madre del salvador, pero para ello
necesitas... una cosa... debes tener fe, es lo único, fe. Ahora
busca en tu corazón y sin vacilaciones ni temores dime si la tuya se
mantiene
María vela su mirada germinando el
arrinconado suelo, y medio ojo ocular levantado viendo nada mas una
luz allá donde Dios le engatusaba. La llama que cubre al señor no
daña a María, la deidad bendecida del compromiso que la pide abocan
sinceridad y se echa como atenuante su caída de la tierra al suelo,
la que bañan sus sollozos ojos, bajo el mismo suelo preciado del río
Jordán que baña la mancha de su culpa al comulgarse, desluciendo del
impregnado flujo manchado, penetrada en la transgresión de la pasión
del amor de José.
-Me rebosa mi señor la perdida de mi
hijo, y en cambio siento reconfortamiento en vuestras palabras. Soy
fiel mi gran Dios. Os creo, os amo, y sé que obráis con la mejor de
las intenciones, aunque no alcance a comprender quizás todo, yo os
seguiré siempre al lado que mandéis. Encomendar mi alma a vuestra
petición, que acatará en la fidelidad de querer cumplir la misión de
santificados.
-Requiero que dejes tu casa María y
vengas conmigo continuando mi senda segura leal. Jesús ha abierto la
luz a los obcecados hombres incrédulos, pero dispongo que tú, como
madre del elegido prediques mi ejemplo a imagen y enseñanza e
invoques mi nombre por el bien de la cristiandad. En esta tierra
áspera que creé hay imperfecciones, demonios que quieren estropear
la pureza, devorar la bondad codiciando materialismo, omitiendo
mandatos, matando, demonios que existen en el infierno, y en la
propia tierra María. ¿Qué sirve ser Dios si el diablo se adueñara de
aquellos hombres y mujeres viciados, rota sus dogmas, que no hallan
seguido el recorrido correcto? Debemos ayudarles a imponer un
mundial orden de bienestar, y debes ayudarme, María, ¡Te pido por
Jesús le veneres, que creas en mi y me acompañes!
Detallar el comentario de Dios de una
forma imparcial, alejado del arbitrario sentimiento hacia la
religión sería temeroso, por lo que callo no levantando el espíritu.
Omito ser acarreador de lo que no comprendo, de lo que no veo, de lo
que no soy capaz de decidir, cuando eligen por mí deben llevar la
razón, puntualizo, decide tu por mí, votos de confianza, en mi
esperada esperanza te adueñas de mí, en una simbólica alianza.
-De corazón me seguirás siempre, sin
mirar atrás, sin arrepentirte. La fe te guiará por encima de las
cosas, ¿por los siglos de los siglos? -Dios erige el brazo confiando
en María su mano, mientras la luz que le predecía se expande, y
logra aceptada ver la cara de Dios, que sobrecogida niña indefensa
se postra a sus ojos.
María se levanta- os seguiré mi
señor, por los siglos de los siglos -aferra la mano de su salvador y
entra en el aro de luz blanca envolviéndoles. Al instante medido que
José entra en el hogar, pudiendo ver la tiniebla de la parte final
de la escena. Y una fuerza increíble le hace detenerse, paralizado
le niegan el paso del deseo de llegar a su mujer.
-¡María! -la grita pero esta no
escucha, sólo sentida en la intención del conato de mirar atrás,
pero valiente y firme no tantea a la par que la luz se va cerrando
entre Dios y ella.
-Por favor Dios, te llevaste a Jesús,
no te lleves María, llévate a mi pero no a ella, por favor, por
favor te lo ruego mi señor -José imploraba.
Dios le oye, apenas el rostro de él
se le puede ver en la casi desvanecida y degradada luz que
habitaculaba en el interior de la casa, y este le sonríe a José.
¿Una sonrisa?, ¿qué tipo de sonrisa es esta, que hace sentir a José
traicionado en la desgracia? Rota su doctrina, se siente humillado,
burlado, secuestrado en una efímera voluntad de seguir en el mundo
en preguntas contradictorias en las respuestas dadas.
-¿Qué ha sido de este Dios, que obra
a su voluntad? ¿Con qué derecho ejerce su posesión sobre las
personas? ¿Es justo que decida el bien y el mal?, ¿es real un acto
de sabiduría ejercer la muerte a un fiel cristiano como era María?
¿Es en verdad un buen padre el que castiga a sus hijos por el propio
derecho de serlo? ¿Qué persona, que Dios puede dar la vida y
quitarla a su antojo? Esto no es un Dios, es un déspota bellaco.
¿Cómo puedes querer un mundo bello cuando doctrinas dolor, perjurio,
arrepentimiento propio, a tu albedrío dar el cielo y quemar al
infierno al que tenga dudas, dudas de qué? ¿De ser un pecador por
haber nacido? ¿Por querer saber? ¿Por comer una estúpida manzana?
Eres el peor de los emperadores romanos, el peor de los Dioses del
mundo, un tirano que matas, ¡y yo te maldigoooooo! -grita, sajando
rabia.
Para José no estaba ya a su alcance
el poder verlo que toda su ira es escuchada por María, donde
permanece sin partir pareciéndola una demostración de fe, confinada
en la confianza de Dios que la observa y susurra. -Que tus ojos y
oídos no te engañen María, ¿ves a José? No debes sentir ninguna
sensación de encono por él. Las personas de buenas se destruyen
solas ante la adversidad, ¿cómo ser merecedores del descanso eterno
y de mi gracia cuando se me cuestiona mi bondad divina? Por eso
María, tenemos un largo y tedio camino que recorrer de espinas para
oler las dulces rosas de cada ser.
La mujer presa de la incertidumbre
recuerda mitigada por el tiempo lo que sucedió la última vez que le
vio al que fuera su esposo. Minimizados detalles pasan veloz
intensos en su rememorar. Tras dejar Judea, su casa y a José, seguir
el camino de Dios dando fuerza ante todas las instituciones de la
iglesia, obispos, sacerdotes, Sumos Pontífices, y algunos hombres
incluso encomendándoles rectitud en el camino de la salvación o
exigiéndole cristiandad para realizar actos incomprensibles que
podían ser paradójicos, sin plantearse meditarlo, aborreciendo la
mentira que se cursaba en la envenenada vida mundana, perdonando
actos impuros, reviviendo a la gente de sus temores, alejando
aquellas posiciones materialistas en palabras, y siendo una ministra
de la fuerza política de Dios... por la eternidad... con la fuerza
del espíritu santo...
Poder hacer nacer palabras nuevas lo
crea como un don torpe a su entendimiento, para sólo ella, asumida
la muertemente imagina que deriva al intenso escalofrío desvivar, al
condenar riacho muerto, viciando vaciando seres quesaran futuros de
nada, secos de vidamente, lo divide sin caer debidamente. No está
bien, lo sabe, pero es solo suyo, sin derecho a que entren nadie en
sus juros, a no ser que lo aceptes y lo entiendas, desde que lo
admiras ella sudicirá la poseadilla en desantológico pillada por ser
amiga, torpe si, ¿pero no la ves que está perdida? ¡Dale un
abrazar!, ¡dale mis ganas de que vuelva a ser ella un alma de
alegrar!, tan María como puedas tu secarla las cruzadas lagrimas.
¡Sal andino!, saca tu tierra peregrino y santa tu Coránada de la
reconquista de tierra de María.
Capítulo V La
Svástica Comunista
Se respira sosiego, un hervido sentir
de tranquilidad. La frescura del templo aligera el pesar de la carga
de los inquilinos que se acercan penitentes dejando su mercancía.
Traficantes al tributo que le salvaconducten de virtud, postergando
los vicios que manchan su hoja de ruta.
Ética vanguardistas de adoradores a
la pureza de la nobleza que eximen su propia moral, de sopesar que
el fallo se resuelve con la petición del perdón que solicitan,
eximirles por marrar conscientemente en su mundo habitado de siete
capitales pecaminosas.
El estado de la soberbia, el
principal, utilizado para el discrimine de la vanagloria, la que
quizás inconsciente la iglesia depara en sus propios santos, la
jactancia de la rectitud de ser menos dañinos el humo de una fumata
que el revelo de 'La Stampa' homosexual, basura de mentes
atrofiadas. El fausto que contradice en ornamentos de oro los santos
lugares, el propio botín de guerra expoliado en la tenencia.
Altanería desdeñando despreciativo a quien ose contrariar sus tesis,
quien reconoce santos por dos presuntos milagros de curas de niños
en la hipocresía, ¿ya que cuantos enfermaron, cuantos murieron tras
ser tocados por su manual miembro santificado? La presunción de
infanticidio, acallada por golpe del aforado primer estado, la
petininacia a la desobediencia civil, a la ley de cuando la
violación del precepto no nace del desprecio sino de otra causa y
considerando la materia y las circunstancias del caso, puede ser
considerada una falta menor. Hijos de un Dios menor, nacidos sin
nombre que dar a su progenitor, llámele tío pues padre será
obsequiado por los demás feligreses, y en la paidofilia, no es un
trastorno, que atrevimiento, es una atracción lingüística a
moralmente superada, y es que si hubiera de existir un presidio para
localizar a los derivados de la práctica llegada a realidad de
psiquiatría serían enviados a lugares donde el mundo supiera de
ellos. En la Peste Negra, los leprosos con cencerro al cuello se les
aislaban en Lazaretos, a los ignorados por Pío XII, se los recreaban
recluidos en campos de consumiciones consumadas, de expiración
limitada, dejándolo caducar no le es reconocido. En la transgresión
de la vida infantil, ¿no deberían ser enclaustrados y ponerle una
vestimenta oscura como señal de su impureza, y larga, escindiendo su
vergüenza?
La ambición de ser el único, el Dios
verdadero.
El estado de Acidia, en su pereza el
más metafísico, La repugnancia y la aversión por dañarme, por no
querer ser tu esclavo. Que no, que no me gusta que me digan que nací
pecador, ni que puedo o no comer, ni a quien debo querer, y cuando
decida que esta, la desesperación mía que despremia mi vida y me
haga verme en la pusilanimidad y cobardía de lo que tu piensas, la
inconsistencia debe equilibrar que no, que no es justo que mi vida
se acabe, que yo no soy dueño de ella para decidir cuando tener su
fin, pero si hubo que alguien en La ociosidad me dio, ¿me regaló?,
¿me jodió?, con la condena a la vida sin preguntarme, sin yo ser
consciente de decidir por mí, si a esta tu vida quería yo venir. La
curiosidad o desordenado prurito no da derecho, y si deberé.
El estado de la lujuria, ¿no fue
separatista de esquerra del primer estado, ¿allá en la parte
septentrional colindando las llanuras de la hipocresía? "appetitus
inorditatus delectationis venerae".
Perdónenme no quiero crear la tercera
república, ni en el tercer testamento de ningún nuevo estado
colonizador, ni adicionar en un aslato, más sólo como inútil
reflexión, el gozo prohibido donde prevalece una finalidad
preestablecida, única y clara., la reproducción y la perpetuación de
la especie. Pero Dios mío, formula secreta, maravillosa e inocente
para reproducción asistida con mando a mano. Que toque el hombre
cien veces con su dedo índice el ombligo de la mujer que ama
recíproca, y que en su esencia de transmutar el amor sea rápida,
pues no veo en mi mundo, no el que se escribe, ni se cuenta, ni
siquiera en este donde se reproducen, el amor sostenido, la
fidelidad. ¡Oh cielos!, que engañosa es mi diabólica mente, ¿mas
como puedo negar a los hombres respectos a las mujeres?, que la
mayoría son presas simbólicas de la fiebre. Pues si señor, tenía
usted razón, que la lujuria es un estado depositado, ¿pero medio
vacío o medio lleno de fingidos? Se quieren, por joderse.
Rompo el saco, La avaricia, cuarto
estado, y menos mal que reza "El crimen de la avaricia no lo
constituyen las riquezas o su posesión, sino el apego inmoderado a
ellas". Y siete reyes tiene el estado, que no país combatiendo
juntos aliados, el fraude, el dolo, el perjurio, el robo y el hurto,
la tacañería y la usura.
El estado de la Gula, vomita sangre
de Cristo, barra libre de cuerpo de mal estomago dolido a hostias.
Más no comas en ayuno, más mejor no ayunen treinta millones de
personas, y como hay que dar ejemplo, tampoco comer ni cenar,
sacrificarse hasta cesar exiliados de la vida, por un pan que no
tentó, ya que entre sus manos no alcanzó.
El estado de la ira, "Appetitus
inordinatus vindictae", el maquiavelismo "Porque si Dios no
perdonó a los ángeles delincuentes, sino que amarrados con cadenas
infernales los precipito al tenebroso abismo, en donde son
atormentados y tenidos como en reserva hasta el día del juicio, si
tampoco perdono al antiguo mundo, bien que preservó al predicador de
la justicia divina, Noé, con siete personas, al anegar con el
diluvio el mundo de los impíos en su clamor; si reduciendo a cenizas
las ciudades de Sodoma y Gomorra, las condeno a la indignación del
desolamiento, poniéndolas para escarmiento de los que vivirán
impíamente" en notte di sabato. - 2 Pedro 2:4-6
La contumelia dicha y hecha sobre el
antisemitismo vaticano, la blasfemia de Pío XII que instituyó
Cáritas para dar escape sin sospecha hacia Sudamérica a nazis con
paradero en secreto de confidencia profesional. También se desvío a
sus aliados utilizando el pasaporte de Cruz Roja Internacional. La
riña, "Pío XII no excomulgó a ningún nazi, siquiera a Hitler, pero
si expulsó a todos los comunistas de cualquier país de la faz de la
iglesia católica". ¡Heil Dios!
El último, el estado de la envidia "tristia
de bono alteriusin quantum est diminutivum propiae gloriae et
excellentiae", La mentira de Dios, la traición de Dios, la
intriga de la profecía continua... ¡El espurio debe claudicar!
María, anunciada por vuelos de
palomas negras cristalizadas en pergaminos del vidriado de las
ventanas irrumpe en la parroquia. Las palomas acechan, María
escabechada réproba su venir.
Cementerio el lugar, habita de almas
sin cuerpos acercados al mundo que emerge fuera en la calle, en la
ciudad, en la vida real. Anda despacio e intranquila escondiendo su
rostro, como estrella del pop se oculta bajo un velo del mismo color
que su vestido negro, que combina correteando con rayos blancos que
traspasan los ventanales al prolongarse a recorrer la iglesia.
El sonido de los tacones despierta el
sepulcro habitado, donde las gárgolas observan petrificadas,
dirigidas por el taconeo de un andar femenino los pasos creyendo
crear una trama de novela negra, a Grace Kelly tras el velo, y al
mafioso acabando antes con el párroco dentro del confesionario
esperándola. Sus inmoralidades inmortales en tan aburrida casa
rentara por Dios le fricciona para hurgar escenas fantásticas, mas
esta no, dentro del confesionario está el sacerdote, no ha habido
previo ningún muerto y sus frescos cuerpos de piedra reciben el aire
corredizo en las alturas de la bóveda
-Padre, he de liberar mi angustia,
pero temo que no sea el lugar correcto -tras reposar en el asiento,
toma palabra confesora.
-"Extra Ecclesia nulla salus",
fuera de la Iglesia no hay salvación -invocaba una voz tras los
orificios, que abstracta formaba posterior a María una imagen
confusa del párroco.
Ella se ausenta, le impide hablar su
polémica sensación de qué está bien, si el estar allí ahora
disponible a dialogar con flaqueza, o arrodillada condescender de la
gracia infinita del amo del universo.
-¿Porqué ese mutismo, hija mía? Estás
entre amigos
-Es difícil explicarlo -asesora
bondad al responder la voz femenina que respiraba embriagado el
sacerdote.
-No debes temerte nada. Abre tu
corazón, y cuéntame que sientes, ¿qué te aflige?
Leyéndola el pensamiento le inspira
dando causas para llegar a su indecisión. En su corazón cerrado por
raíces trepadoras muertas la sujetan, impidiendo liberarse
abiertamente. Arrinconada prendida por destellos de un láser
invisible han hendido la suficiencia para dosificar la evasión.
-Padre, yo soy cristiana, llevo...
-hace un retardo en su hablar, el gotero se satura y prosigue-.
Llevo mucho tiempo creyendo en Dios, y en su obra divina. A mi
instancia soy una sirviente incombustible de nuestro adorado Señor,
pero...-cautela ante la liberación de fluidos, tomando su tiempo
para formar su cuerpo-, ahora ha aparecido un hombre del pasado y me
ha hecho surgir una duda.
-¿De qué exactamente?
-De mi fe cristiana, tan espiritual
como existencial
-¿Y cuál es el motivo para lograr
tensionar la inseguridad en tu Dios? El te ama, a todos nosotros nos
adora como hijos.
-La razón es que no se si es
correcto, el carácter periódico de la propia iglesia me obliga a
hacer, a actuar sin sentido convaleciendo a la impunidad momentos
que parecen enojos de maldad.
-Hija mía, los caminos de Dios son
difíciles de entender a veces, pero él nos guía en nuestros temores
a....
-¿Y cuándo te estrujan al viento
chocando contra lo que halla, sin darse cuenta que una cometa no
puede, no va a soportar las tormentas? Tan harta ahora basto, y una
pesada carga como castigo de algo que no he hecho me aprisiona.
-No debes desfallecer María, los que
nos marca Dios tiene su explicación mas elocuente si entendemos su
obra y recapacita...
María al oír su nombre de las manos
del cura comete que el padre la conoce, pero no la podido
reconocerla.
-¿José? -Pregunta incrédula, pensando
que pudiera ser él-. ¿Eres José? -Pregunta de nuevo.
Rota las ligas que la aprisionan los
músculos, se libera en los gritos de extremaunción del silencio
teñido del sacerdote. Avisándola, la unción la halla en inminente
peligro de muerte, a uno y único segundo que las campañas retumben
la parroquia, como señalizando la señal de lo que contiene después,
en los siguientes.
Cuestionada de que algo pasa, tiende
por inercia su cabeza a la derecha bajándola, oyendo en su trasiego
girar el zumbido de un extraño cuerpo que le araña el oído al pasar
a escaso momento de su destino final, que era la frente de ella.
Mira a su espalda descubriendo lo que le parece un puñal con forma
de estrella ninja clavada sobre la madera del confesionario.
María se siente explosivamente
alterada, no contiene sentido aquello, no reflexiona y como instinto
felino sale temerosa asustada de allí.
El cura sale también de la caja de
madera y muestra desafiante a María un puñal extraño de doble filo,
que pudiera ser el mismo que la atacó recuperado por el sacrílego
hombre, que ella no clarifica más que un cuchillo buscando su
cuerpo.
María paralizada grita coincidiendo
con el cantar continuado de campañas señalándola su criminología,
que amortiguan capturando los chillidos que emite huérfana de aire,
en la pesadilla descrita que ahoga su querer correr y gritar. La
apresan la zozobra de echarse a perseguir el fondo del pasillo hasta
la salida de la iglesia. Su fuerza al clamar apagó toda su energía,
derrochada tiende una oportunidad al homicidio. En la parroquia no
hay nadie, solo están ellos dos. El cura, coincidiendo en su perfil
asesino se acerca a dos pasos de María, que indefensa no sostiene
más que una mirada de espantada como protección de que se aleje, el
resto del cuerpo ya no le pertenece, ni casi se siente.
Las cosas no suelen llegar solas, y a
una bella dama no se la debe hacer de rogar en una cita.
Muchas veces lo motivos tienen una
explicación, que sencillo, ¿qué hace María allí? Buscándole...
Esperándole... Deseándole ver llegar...
La presencia en el lugar atiende la
demanda precisa, y rompe la escena atajando el crimen que las
gárgolas en sus alturas saboreaban de un espectáculo humano, por
fin, tras el tedio impuesto pegados al cemento por opresores
cautivadores, dejándose adueñados por seres de carne y huesos. Un
cáliz bordea el cielo del cosmos que le separa desde la tierra que
retiene, hasta su estrella mariática. La estela de un segundo
movimiento detrás del cáliz le persigue. Un copón que en la
extensión universal del lugar dando alcance a su modelo de juego se
fusiona en una mininova, que sin detener su marcha machaca la mano
del capellán que se desprende del arma que agarraba. Tras el impacto
está aturdido, aqueja un gran dolor, que no le impide tras caer al
suelo del impacto arrastrarse hacia el filo que ve del puñal con el
que quería agredir a María, e intenta volver de nuevo a ello. Lo
agarra con su otra mano, malsana yerra por hierro candente al rojo
vivo. El objeto de lucha irradiaba fuego tras el impacto con la
mininova que ya había sido reducida a enana blanca.
La demanda precisa atiende en el
lugar la presencia.
Las cosas no suelen llegar solas, y a
una bella dama no se la debe hacer de rogar en una cita.
Muchas veces lo motivos tienen una
explicación, que sencillo, ¿qué hace María allí? Buscándole...
Esperándole... Deseándole ver llegar... Estancada detenida, porque
el sol reconocido por él seguía permaneciendo quieto, inmóvil al
movimiento de toda constelación que desbordaba contorneándola.
El lisiado sacerdote mira hacia el
lugar de origen de los meteoros y se encuentra la figura de José,
que de un salto severo se sube al altar retumbando los cimientos,
las columnas de Pompeya tiemblan bajo sus pies. José busca con su
mirada algún objeto del altar, y de un golpe de talón arroja la
patena que halla a sus pies, lo eleva de un puntapié y usando
telequinesis se lo lleva directo a la careta del falso judas. Este
impulsivo se tira al ras del suelo, donde permanecía herido
intentándose levantar. José baja de su status y se encamina hacia el
letargado criminal, que nebuloso ante el encuentro con el hombre que
protegía a María consigue ponerse en pie y salir alma que lleva el
diablo huyendo, arrojando cualquier tentativa de combatir.
Renqueante agarra la mano que soportó el golpe del cuerpo único de
Cristo, ligeramente al tener quemada la palma de la otra mano.
José llega al presente de María y le
separa una línea invisible, en espera de una aprobación se detiene
en la puerta de acceso a la Tierra Prometida. Él cumplió su pacto y
consiguió derribar la muralla de Jericó.
Si hubiera que evangelizar la
descripción para el realce de la historia de los pueblos venideros,
encontrar un discípulo, un profeta, o un novelista sería remoto
hallarlo, no podrían, no son merecedores de tal derecho.
Si se pudiese encontrar en un remoto
hombre del mundo animal un momento estremecedor, uno donde sintió
que todo dependía de algo externo a su control como..., que vueltas
para reconocer lo que es amor. Existencias buscando, existencias
deseando, existencias expulsadas a la condena del desasosiego.
Existes y no te halla más que en extintos sueños. En la pesadilla de
sus días le duele el no tenerte, no saber de ti, ni un hola en tu
boca, ni una hora en un encuentro milenario, ni en una ola que
cabalgue hasta ti o le trague definitivo en el augurio que ya piensa
que es tiempo, sólo tiempo, nada más que cuestión de contar que
fallecido guarda reseco. Y en las noches le trasladan sus repetidas
ganas, subconsciente le hace cociente de que estas ahí a un paso, a
un espacio, a un presente que te encontrará cuando al fin despierte,
y al llegar el día te persigue y no te logra. -Te predico, te elijo,
te pido, te predije, te extrañé, te impuse sobre mí, y por mas que
deseo y mas te quiero, soy un fruto más hecho vano en su caída. Sin
descanso los engaños rebusco, hallándote en la deuda de la huella
perdida-. Sólo habría que reconocer el amor y sobraría tan burda
descripción... de escritor mediocre, de chapucero aventurero, de
historiador medianero inmerecedor del amor callo, me aparto, y dejo
espacio al reconocido amor...
-Gracias por venir María. Ante todo
no te asustes, no quiero hacerte ningún mal, yo...
-No temo José, me reconforta estar
contigo -susurra levantando las palabras, intenciones. Al vuelo las
recoge José adueñándoselas, sin que se traslade y prosperen lejos.
Apasionados corazones de piedra se esfuerzan por escuchar,
sensibleros resbalan gravilla por asomarse y sentirse conquistados.
Embelesados, arrebatados, extasiados, cautivados los sentidos de
románticas gárgolas petrifican absorta sus emociones.
José tiembla. El cuerpo que cubre
sentido ser, no contiene el almamoto que invade los confines donde
circula sus sensaciones. Dos mil años sin ella no es tiempo, es la
aborrecidad inmóvil del abatimiento. Que complicado sería
explicarlo, así que deja de callar tan insensata definición, y
piensa un recóndito amor.
No es un tecnócrata ni lo necesita.
El nada más que es un espíritu desunido a su mitad que deambulaba
disgregada por la tierra, alejada aquejaba cada paso por no poder
guiarle, cada presentimiento por no poder decidirle, y a cada
respiro, porque cada medio era veneno infectado de un mundo y medio
perdido.
Dos mil años y no sabe que decir, no
tiene nada guardado, todo se le fue escurriendo, sólo le queda para
mostrarle él. Mira a María y sólo puede hacer una cosa, la más
impura de las que pudiera imaginar en sus interminables reencuentros
cotidianos que le atormentaban. Dos mil años sin objetivo para
hallar en su busca, desaparecida las expresiones, ahora llorando
aparecen.
No tiene ganas de hablar, no quiere
recordar, esperaba ilusa ilusión en su interior, la vio pasar a cada
segundo y es imposible, te lo jura, dos milenios y sin nada en que
creer mas que en esa mirada que le volviese a brillar en la
oscuridad, en un abrazo tras una sombra renaciendo en la noche que
desatienda la eterna lobreguez. Hoy es un nuevo día alejándose la
oscura y eterna noche, encendiendo una vela tras una ventana ella le
avisa de la señal, de que la puerta de Jericó está abierta. El
agotado guerrero vuelve a casa, le duele la espalda de cargar con
tantos sueños muertos, sin haber sido incapaz jamás de abandonarlos
en medio del camino, echado sobre él le pesaban. Sus pies sangran,
de pasos recorriendo el mundo, de cardinal a cardinal luchando en
pedestales camino, en vueltas envueltas en la decisión de regresar,
y corre derrochando la sangre del desamor perdida.
María le mira sin creerse la vuelta
del furtivo soldado de Dios. Y ella desertora de tan sólo y único
amor que le entregó todo sin preguntar, que mataría por ella, que la
salvaría si la encontrara en los cautivados mandamientos irrumpiendo
por los siete estados capitales, matasombra fustiga la llama para
que no se apague ¡Jamás! Puede seguirle y lo quiere, lo desea, es su
propia voluntad. Le agarra de la mano y se la aprieta, es
estigmatizada con presión sus milenios. José aun cerrando los ojos,
no para de inundar sobre la iglesia la prisión que mantuvo alejado
de ella, y desoye decir nada. Y ahora mágico, el exclusivo poder que
desearía tener es borrar el tiempo, deshacer marcha atrás. Si un
segundo sin ella fue rotundo, en la rota y cambiada alianza
desdeñando venganza, ¿de esta manera cómo pudo vivir? Que sus mundos
no se calmen en siglos. ¿Y que fue amor? -No puedo no tenerte, solo
quiero estar contigo María, que soy yo mas que un rayo de
pensamientos, un trueno de sentimientos. Déjame acercarme, no me
prives de ti, la separación por mandato de Dios la vida sin amor,
¿la vida que es? Sin ti, nunca supe contestarla- alisaba José en su
cautivo cuerpo.
-Estoy aquí José, estoy aquí contigo,
apriétame fuerte, tanto que me duela saber que es cierto.
Es inevitable recordar para José,
traumatizado, loco de enojo desnuda sus manos sin que pudieran
sostener las de ella.
Tras desaparecer María con Dios, José
se pierde. Denegando de la vida deja pasar las horas deseando que
acabe todo, que no sea desgracia más el contar los años en vano
resentido. Sin secuestro no muere, ni envejece. Ellos, tanto María
como José desde que aproximadamente tuvieron a Jesús, en su piel no
progresaba la edad, convencidos que era un regalo de Dios por el
hecho de salvaguardar al electo niño, profeta de Dios. Y tras su
muerte, y el pasar de los años presumía en su desconocimiento ser un
castigo del mismo Creador.
Pero los peligros a la muerte antes o
mas tardes vienen, peligrosos alcances de hojas afiladas, de caídas
fortuitas, de mordeduras venenosas, y su cuerpo inmune no reconoce
el deceso. Burla la muerte sin explicación, y los años se convierten
en lustros, en décadas, en siglos. Y él sigue vagando postrado a la
falta necesidad de luchar por la vida, a la misma que desprecia.
Poco a poco José manifiesta que sigue
sin envejecer, no muere y se va haciendo mas fuerte, descubriendo
poderes. Intentando pasar desapercibido en el tiempo se acordona el
calloso deber de encontrar a Dios, Mordido en su sien, molido a
despojos, movido por desprecio busca en cualquier batalla su
vendetta.
En La batalla de Nicópolis. Meses
antes, 30 de abril de 1396, fecha de expedición de cruzados.
Partiendo dejaron Dijon ambicionando expulsar a los turcos de los
Balcanes, liberar a Constantinopla, pasar al Asia Menor e ir sin
rodeos hacia Tierra Santa para la reconquista de Jerusalén y el
Santo Sepulcro.
Fecha del recuerdo, El 25 de
septiembre de 1396 para combatir dejando Nicópolis atrás a regreso
de cobardes, la caballería francesa avanzaba a la batalla, donde
quedaban en rezaga alemanes y el rey de Hungría Segismundo, el cual
pidió ayuda a los franceses años antes para formar la cruzada contra
los infieles.
Los ejércitos de la cristiandad y del
Islam luchaban. José se había unido como soldado por dinero al
ejercito otomano, la paga era buena, y su ansia de destruir a los
aliados de la cruz se sujeta con un odio mayor, que cualquier
antipatía que pudiera tener por su impersonal ejercito. No rezaba
arrodillado ni besaba el libro sagrado. ¡No Hay Dios fuera de Alá!
¡No Hay Dios fuera de Alá! -canturreaban los islámicos esperando en
envite. José no desgreñaba gritos, tenso esperaba sesgar vidas en
nombre, ¡de Jesús y María!
Con el primer encuentro, los
caballeros franceses reducieron a polvo la horda de contención
campesina que conformaba la delantera del Sultán Bayazid. Pasados
por encima, los cruzados superaron la primera línea de defensa
enemiga y embistieron contra la infantería islámica, sin sopesar en
retenerse del aluvión de flechas que los escudos de franceses
adiestrados rezaban en alto por derecho canónico. Rebasados los
estratégicos turcos de a pié fueron vencidos, y huyeron derrotados
hasta la tercera línea, la de los sipahis, el cuerpo de caballería
turca. Crucial se discutía si provisional el ataque detenerlo para
reagrupar las distintas tropas que habían quedado exponencialmente
separadas o acabar arrasando por el espoleo del clamor del éxito
cosechado. En la recogida, no hubo vuelta atrás.
Atrás a la vez se sucedía, que los
restos de la primera y segunda línea turca, con la rápida llegada de
algunos sipahis, se habían organizado y se abalanzaba sin
impedimento al reducto de Segismundo y sus aliados que asomado
asombraba desconcertados. Irremediable, se asistió a una desbandada
impetuosa de caballos descabalgados que eran plan de la caballería
de reserva. Los transilvanos y valacos creyeron que se trataba del
preludio del escape y se retiraron de la conflagración. Aun en
detrimento, Segismundo lograba mantenerse sin retroceder.
Las flechas cruzaban a campo abierto
el cielo, el mismo que existe para mutuas religiones. Compartiendo
el mismo aire, la misma tierra, hasta los mismos nombres venerados
se enfrentan excusándose en cambios desconocidos. Una flecha del
enemigo cristiano atenta al punto donde José sitúa su cuerpo
apóstata. Moviéndose rápido se desplaza para que no de en su blanco
e intenta agarrarla impetuoso, y escandalizado la retiene.
Por un instante se siente majestuoso,
sólo por un instante. Suelta su mano de la flecha y esta permanece
quieta, parada en el tiempo, sujetada en el aire, inconcebible para
su pensamiento.
Pero no es lo único que ha sido
inmovilizado. En el campo de batalla todo ha sido detenido formando
un sueño desatino, revuelto duda que está pasando, sintiéndose
incompetente no presume qué ha ocurrido. Anda entre los hombres,
mezclados entre islámicos y los europeos, cruzados de franceses,
alemanes, valacos, transilvanos, navarros, españoles, bohemios,
polacos y húngaros. Amalgama misceláneo entre reposados muertos y
embestidos vivos, aun con los delatores rostros desvirgadores,
arremetiendo sus espadas. Las patas inmóviles de caballos a trote,
en pleno salto, o yaciendo derribados son sostenidos para una
alteración que no calcula, ni sabe entenderlo.
Todo quieto, todo muerto, ¡o casi! La
visión de la sombra de una silueta hace girarle.
-¡José, no pensaba encontrarte aquí!
-le habla la voz de un ser aparecido en la clandestinidad de la
partida de batalla detenida.
-¡Dios! -se sorprende fragoroso de
reencontrarle.
-De esta manera me llaman.
-¿Aun sigues vivo escoria?
-amenazante no silencia su sentir.
-¿Te Extraña? -si soy Dios, tendré
que vivir siempre -le deducía sin mostrar aprecio al desprecio de
José.
-Igual soy yo Dios, ¿o no ves que
llevo siglos aquí?
-Jajaja -Dios reía gravando
incisiones onduladas sobre la arena seca del suelo-, también dicen
los testigos que moisés lo has vivido.
-Y matusalén, y crecen disparates, se
dicen muchas tonterías en este mundo de ignorantes.
-¿Y porqué no creer que hallan vivido
siglos o lo sigan estando?- le consultaba curioso el conocer su
explicación, el presunto amo de la densidad imaginable.
-Porque a ambos les vi morir y bien
jóvenes, su instrumentación es un falo de mentiras.
-Jajaja -Dios reía sin preocupaciones
enfrente de José, a unos metros escasos le magnificaba la pose desde
la altura, al estar en lo alto de la ladera. -lo que si tienes razón
es que es un mundo de ignorantes, me digna aunque no creas poder
hablar al fin con alguien mas logrado.
-¿Logrado? ¿Para que crear hombres
menospreciando la vida ajena? Mira a tu alrededor, ¿estos hombres
que llevan tu emblema y lucha por tu religión, que propósito cumplen
hoy aquí?
-La misma que todos, adorarme.
-¿Para lograr que fin? -preguntaba
sin aceptar lo que no podía comprender ¿Su muerte, como murió mi
hijo? –Y lo que comprendía, no lo aceptaba.
-Jesús no murió en vano, no estaba
predestinado su sacrificio, pero fue su vida y su muerte la que ha
servido para llegar a estos seres tan descarriados.
José seguía sin encontrar respuestas.
Dogma, dogma, maldito dogma de no ser capaz de dar claridad al tema.
Confuso, sectario, limitado a acontecimientos orquestados, a
escrituras turbias, renegadas de la ciencia y del sentido común. -¿Y
para que sirvió? ¡Dime y no te escondas! ¿Para que me arrebataste a
mi hijo? Jamás te lo perdonaré
-Jajaja -reia Dios con soberbia- ¿Tu
a mi no me vas a perdonar?, ¿no has leído las escrituras?, -me
pareces algo desviado del camino recto jajaja -seguía carcajeándose
de los entremeses dialécticos de un José airoso, hostil y a pesar de
su insistente descaro, edificaba su rostro una percepción de estar
acabado, hastío, repugnado de Dios y de sí mismo.
-¿De qué te ríes bastardo? -su
ineficaz empeño en una contienda donde sabía que tenía perdida de
antemano, le daba el suficiente valor para bravatear a José.
-¿Eso si tiene gracia -le dijo Dios
con una sonrisa mordaz.
José no preguntó, no inquirió al no
encontrar sentido para expeler "¿El qué?"
-Pobre ingenuo -respondía Dios a una
pregunta nunca formulada. El desdén era manejador de anteceder su
supremacía y cortarle cuando apreciara acabar con la destemplanza de
José, que él bien sabía que podría morir en cualquier instante. Hado
donde no le importaba este final, que anduvo buscando hace ni se
acuerda, pero si hace memorar que se siente persistente y le
acomete. Dios prosigue su monserga-. Eres igual al resto, envuelto
en tus cimientos de ignorancia. Hay tantas cosas que no sabes que
solo son teorías en tu cabezita ¿Qué te hace diferente, que te hace
creer mejor que todos los demás? Por seguir una fe que desconoces,
que tú mismo te creas, tú eres igual persistiendo alargarla aun
desconociendo la verdad.
-Yo no conozco la verdad, pero sé
diferenciar donde está la mentira
-¿Tu dudas que yo sea el creador?
-serio reposando altivez preguntaba seco, imponiéndole ardua
contestación a José.
Este callaba pausado, dudativo que
contestar. -Me importa poco eso - respondió al fin-, solo es una
facha, fachada recalca.
-Jajaja facha -la risa de Dios
colindaba los ecos del recinto de batalla, que los hombres
petrificados de no estarlos hubieran sido alarmados ante tal
carcajeo, incluso en su estado José dudaba que no pudieran oírle esa
malévola risa siniestra, y mantuvieran la inconsciencia voluntaria
de posar en escondite inglés.
-Quería decir fachada -modifica José
en lo que dijo explicándolo.
-¡No, no, no! -Le corregía Dios en
sintaxis-. Has dicho una palabra que aun no ha nacido pero surgirá
hallándose en un tiempo futuro, si Dios quiere jajaja -la risa de
este ser llamado Dios no estremecía a José pero le ensombrecía, le
hacia palidecer entre la arrogancia y su ya traída cólera de
sentimientos del pasado hacia él.
-Entonces José no te importa que sea
tu creador, ¿tampoco estimas tu vida que no deseas arrepentirte de
tus malos pensamientos, no tienes miedo a mi cólera?
-Si quisieras matarme ya me hubieras
matado, que valor no puedo dar a mi vida de deseo de vivir, sin
piedad no la temo.
Dios se pone receloso y serio,
cambiando el temperamento grita-. ¿No temes al purgatorio?
-Chocándole la severidad de las palabras, era tal, que el quieto
revivir detenido de cuanto acontecía alrededor de la pausada
batalla, hizo la arena cercana a José saltarle como estampida de
camellos a la carrera, arañándole la cara y purgando la vista
enojosa al entrarle en los ojos.
-Tormenta del desierto sin luz y sin
agua en la vida, ¿qué hay que temer después, cuando no tienes
cuerpo?, ¿qué dolor se puede infringir a un alma que has renunciado
a tenerla? -enfrentándose de un modo inerte le mostraba como era su
ser.
-Nadie es dueño de su vida, no
repitas una necedad de tal índole. Peca contra sí mismo el que se
quita la vida o se mutila, la pone en peligro sin necesidad, se
embriaga y el que por desesperación se desea la muerte -le arremetía
su quinto mandamiento.
-¿En la autocracia del imperio
tirano? -Niego de esas leyes, y reniego de ti. Me empalaga tu
catecismo, mátame si así deseas o mejor muérete al igual que hiciste
con mi hijo -apuntillaba José a la espera de aceptar las ultimas
frases que diría en una tierra maldita que pisaba, pero no tanta
como la tierra santa de la que alejó.
Algo enojado por el desplante, osaba
jactándose deducir que intentaba provocarle, pero Dios apenas siente
ese ímpetu de bravosidad, y sin temor hace lo que sabe que más le
molesta a José, lo que no desea y vuelve a reír-, jaajaja. Mejor te
voy a contar cierta verdad, que ha sido rotundo secreto en el
transcurso de tu existencia. ¡Jesús no era hijo tuyo!
-¿Qué, repite eso? Mejor no menciones
atreverte a una calumnia rellena de desvergüenza, no ensucies el
buen nombre de María, pues ella era una mujer fiel, ejemplar, no la
nombres miserable, y no mancilles su estampa y ultrajes a mi propio
hijo de mí. No te lo consiento, ten dignidad, al menos ten un valor
en tu degradada religión.
-¿Lo que no puedes ver, no puedes
creer no? -Le preguntaba confiándole en su saber respuestas
desveladoras-. Jesús no es hijo tuyo y lo puedo afirmar ciertamente.
Yo no tengo ninguna determinación en querer convencerte, tú no eres
nada, sólo un pasatiempo encontrado en medio de muchas nadas, así
que evalúa lo que te digo, porque hallarás la verdad en mis
palabras.
-¿Con qué derecho te atreves, como
puedes asegurar tal infamia? -Presumía José contar con la
rotundidad, inquiriendo dilucidar la razón de esa noticia.
-Lo sé, porque Jesús era hijo mío.
José escuchaba preso del escuchar de
palabras tediosas. Hasta ese momento nada consistía su existencia,
un recuerdo, mejor, dos recuerdos llevaba en sus muslos cargando por
los siglos, Jesús y María. No quería creer a Dios, de hecho no le
creía, pero el saber su afirmación, sus deseos de seguridad,
encontraban luchas en la escucha de crecidos temores, y un paso
hacia atrás enseñaba ausencias de comprensión.
Puede apreciar como Dios experimenta
en sus ojos una álgida y repentina escalofriante maldad encaminada a
dañar, pero no a José, ¿a quien entonces? No sabe a donde arroja su
destilada malicia de general inmoralidad.
-¿Te acuerdas José de cuando aparecí
ante ti por primera vez y te envié al desierto a que fueras digno de
mí? ¡Claro que puedes recordarlo! En ese preciso momento mientras tu
te deleitabas mirando estrellas yo me aparecí a María, y creo que
sobran los detalles para confírmate que María engendró un hijo mío,
y no precisamente por la obra del espíritu santo -restregaba Dios a
José este hecho indigno.
-¡No! ¡Mientes! -María aun creyendo
en ti no hubiera depositado su cuerpo a tu disposición.
Dios transmuta su aspecto. La imagen
de la cara se planta sobre José haciéndose pasar antes sus ojos como
si fuera el propio reflejo de él sobre un cristal-. Existen muchos
métodos de persuasión, apercibía a José el modo con el que consiguió
engañar a la ingenua María, haciéndose pasar por su Marido.
-¡Nooooo! -José se arrodilló sobre la
arena sin darse cuenta de sus actos, donde seguía del todo el
inmóvil medio a su alrededor. Con furia cerró sus puños sobre la
arena congelada, que inmovilizara desde que se paró el absoluto ver
seguía en cuadro estancada sin dividirse los granos, formando un
cuerpo único, tosco, sin resentirse al andar José sobre ella, no
reflejaba las huellas. Y ahora él sin tenerlo en cuenta la cogía
arrancándola del suelo como arena normal, como la que era y había
sido siempre, e igual se le acababa escapando entre sus puños. José
no percibía este hecho, que Dios si, y se fijaba algo sorprendido, y
sin nada inquietarle.
-Debo reconocer que María aun
pasándome por ti no estaba dispuesta a transcurrir con su destino,
creo que no pude disimular tu dulzura jajaja.
-¡Bastardo! -los escasos granos de
arena que aun permanecía en las manos de José, tras levantarse se lo
arrojó a Dios- ¡te mataré! -La arena irrumpió sobre la entidad de
Dios que estaba a su alcance. A pocos metros se tanteaba la
conversación, y más parecía ser piedra por la potencia que impelió
José al tirárserla. Apenas Dios lo siente, pero este hecho no era
predecible para él, la capacidad de este ataque era insospechado
para el rey de los hombres cristianos.
Enojado todopoderoso, arroja una
ráfaga de viento a José arrastrándole al suelo con empuje, y lo
petrifica, dejándolo lúcido a lo que pasaba e inerte al movimiento,
evitándole maniobrar expedito.
José angustia, su cara aparenta tener
autosuficiencia a la rigidez del cuerpo, y la boca libre al indagar
su ocurrir acude a la sublevación- ¿porqué, porqué a ella?
-¿Porqué? Pobre inconsciente, si aun
no lo comprendes seguirás vivo, esa es mi escuela y tu deber de
vida.
-Jamás te perdonare que mataras a
Jesús y a María.
-¿María muerta? -Dios se le vino que
José había hecho su propia lectura de cuando María se fue con él-
Claro, no lo sabes, -deducía el mismo Dios la comprensión a lo que
acababa José de decir- María vive, aunque para ti está muerta.
Esta reseña causa parada en el tiempo
parado, y la doble incongruencia, de haber asistido tediosos siglos
sedado a la idea de que María no vivía, que tras llevársela Dios la
habría dado muerte, ahora recibe, tras el propio culpado, confesión
de desmentir la ejecución de ella..
En el mundo muerto donde circula, en
el recorrido quieto que permanece todo a su alrededor, recobra vida
tras amortiguar la revuelta cambiada, como formula de dos negaciones
es una afirmación que se apercibe. Quiere saber más sobre María e
improvisa la decisión de exigirlo saber. No hay tiempo, no del
parado, ni del revivido, ni del aceptado o predestinado, el tiempo
lo ha denegado Dios, en su ultima intervención.
-Allí vienen los servios -alerta.
José observa llegar un regimiento
numeroso de servios que parecía dar una avanzada ventaja a favor del
ejercito otomano. Inmerso en su propia lucha no comprendía que al
fondo, esos hombres si tuvieran posibilidad de moverse, y lo
asombroso es que eran enemigos de Dios, los cuales este los había
recibido con buenos ojos. Se quedó aturdido ante la secuencia
inquiriendo a Dios la nulidad de su comprendio entre la arena que se
levantaba, pues ya volvía todo a sucederse en vivo. Los hombres, los
caballos, cada gota de sudor, arena y sangre secuenciaban
milimétrico segundo al anterior detenido tiempo, como si jamás
hubiera permanecido inamovible. Este le miró, y sin sentir dijo- Hay
que perder batallas para ganar la guerra. --fue lo último que se
escuchó y solo José parecía oírlo. Nadie a su alrededor daba cuenta
de la dejada última presencia de Dios sobre la tierra, para
posteriormente el desinteresado desvanecerse.
La historia contaría, que en el
momento determinante apareció un regimiento de 1500 servios
comandados por el déspota Esteban Lazarevich, que odiaba a
los húngaros más que a los propios otomanos. Estos servios, que
componían el ejército de Bayazid en calidad de vasallos, decidieron
la contienda.
De retorno consciente a la iglesia,
aferrado a María le reanuda al presente. José le cuenta dosificando,
acontecimientos vividos, situaciones esperadas, reencuentros de
soñados sentimientos plasmados. Pormenores de la justa, inquietudes
de esta contienda bíblica es clavada satánica.
María, escucha entre ilusionada de
afectos y recelosa de quejas que se sientan en dudas, pero no es
aquella María que aparece tan firme en los textos sacros. Ella se ha
planteado tantas manifestaciones, doctrinas contradicciones, y solo
su fe le hacia no dudar de lo que estaba bien o mal. Veleta
ingeniada al viento soplado por las manos de Dios.
José recoge del suelo el extraño
puñal con el que anteriormente, el canalla de la facción más ultra
de la religión católica había atacado a María, Ustasha o legionario
de Cristo restaba ahora repercusión desenmascararle. Con el puñal en
las manos alcanza traducir sentido, la parecida simétrica a los
bocetos que vio en la casa de Gaudi. A primer instante, se semejaba
a una simple Svástica, pero extraña en su forma. Nunca había visto
algo así, y eran muchas las cosas que ha podido contemplar en su
material esencia.
Se la guardó en el bolsillo y tiró de
María llevándosela con la voluntad de ella afuera del templo
maldito, al cielo abierto del exterior, del mundo al que se le
escapó hace... ¡Un día eterno!
Capítulo VI El
desangre
-La Svástica es una doble Z en su
geometría, y significa bienestar y en algunas culturas mil Dioses.
Eso tiene mucho significado, porque son en distintas religiones
donde aparece este símbolo mítico. Hay bastantes similitudes entre
ellas y relacionadas con lo que nos concierne, parece estar
diseñadas por un mismo cartabón o copiadas de unas a otras
-explicaba Gaudi a José, Pequeña Flor y María.
Después de lo transcurrido en la
iglesia José se dirigió con María a la casa de campo de Flor. La
recién llegada ha estado descansando unas horas, y después ha
conocido a sus amigos de aventura. Sería ridículo no aceptar lo
cautivo que eran las impresiones de todos por María. Gaudi, un
teólogo desmesurado, un idolatra de la historia, un fanático de las
religiones, y un traidor evadido de las filas cristianas. Pequeña
Flor, tenía desde su tierna infancia adoración por esta mujer, que
no era su santificado la causa, sino la brillantez, la dulzura con
que José la detallaba al mencionarla, festejando el común ordinario.
Preparativa, de la hermana perdida que jamás dejó de buscar junto a
José, en su empeño hasta conocer su paradero.
Gaudi dibujaba de pie en un cuaderno
diferentes ilustraciones de Svásticas mientras explicaba las
aclaraciones aceleradas, de tantas cosas conjuntas que pensaba y
quería trasmitir a los demás, que alrededor de él circundaban la
mesa de reunión.
-En el cristianismo la Svástica
simbolizaba el poder de Cristo y esta sin lugar a dudas tiene
tendencia a una Svástica utilizada en la edad media para representar
a los cuatro apóstoles y en medio a Jesucristo, sin embargo casi
descartaría ser de la época donde se utilizaban por lo que todos
podemos apreciar como hecho asombroso, que es la hoz y el martillo.
El simbolismo presume de maniático, pero no podemos ignorar que no
es un capricho. La explicación es imposible deducir, nunca antes se
había conjuntado una unión entre una Svástica con toda la apariencia
hitleriana firme unida a la representación del comunismo.
Si esto hubiera pasado hace siglos,
se pensaría sin dudar que se tratara de brujería, de Belcebú en
forma de contagio simbólico, y ahora no sé que deducción darle. No
puedo entenderlo, lo siento, pero no tengo respuestas a este
svasticograma.
-¿Y de las figuras entalladas que
aparecen sobre el objeto, puedes decirnos algo? -preguntaba pequeña
Flor.
Gaudi aportaba cuanto sabía-. Los
cristianos sincretizaron esta iconografía representando al
tetramorfos, símbolo de los cuatro evangelistas: El león San Marcos,
el águila Santiago, el toro de San Lucas y el hombre de San Mateo.
Las esculturas tetramórficas usadas comúnmente en los pórticos
románicos daban al nuevo creyente una sensación de continuidad con
los viejos ritos paganos.
Flor que había escaneado la figura
encontrada por José, inquieta buscaba en archivos oficiales desde su
ordenador portátil por si hallara algún indicativo que sirviera para
desentrañar el enredo encontrado.
-Creo que he encontrado algo
-señalaba atenta Flor. Dobla la pantalla enseñando lo que acababa de
ver a los demás-. Es la iglesia de Iglesia Sta. María de Azogue, en
un pequeño pueblo de España -decía mientras mostraba la imagen
capturada de la red.
-Podríamos ir allí -sugería Gaudi,
puede que nos sirviera de ayuda si encontrásemos alguna otra
representación, si descartamos que sea casual la conjunción de la
Svástica con esta iglesia.
-¿Tu crees? -Preguntaba José. Gaudi
callaba de no saber la respuesta que dar.
-Esa pared parece diferente -dijo
María acercando el dedo al ordenador, tanto que inexperta postró su
huella en la pantalla. Rápida apartó la mano creyendo que podría
perderse la imagen en la sacudida.
Pequeña Flor se detiene buscando una
explicación a la interesante alusión de María, y dada la comenta-.
Tienes razón, obedece a que fue reconstruida tras el terremoto de
Lisboa en 1755, dice aquí- subrayando la información del amplio
texto que la página dictaba. Flor no se detiene y rebusca exactos,
detallada precisa la minucia separando rápido lo bardo y encuentra
algo interesante que menciona-. Aquí hay unas ilustraciones hechas
antes del terremoto -la página web muestra distintas visiones desde
ángulos distintos, realizadas desde cada punto cardinal.
-¿Esto que es? -advierte María
señalando una hebra desgastada en una de las estampas.
-Parece ser alguna grieta abierta en
la pared. Ya se apreciaba que no estaba en buenas condiciones.
-¿Se puede ampliar la imagen?
-preguntó María, seguida por una corazonada.
-Si claro, -respondía Flor que se
acercó al lateral del laboratorio y encendió una pantalla grande que
tenía enlazada a su ordenador. La imagen mostrada en el portátil
aparecía tal cual en el monitor encendido-. Intentaré aumentarlo sin
perder la calidad -comento pequeña Flor.
La imagen crece, se multiplica la
escala de la foto que se va haciendo a golpes de pixel más grande.
La definición se va perdiendo y se detiene la dilatación, para todos
por sorpresa quedar atónitos tras comparar las grietas que la pared
mostraba con la Svástica, pues el distintivo de la hendidura es
ideograma perfecto de la representación de la hoz y el martillo de
la manifestación comunista. Tal encarnación a la idea de tenerlo en
la mente, asustaba.
Todos apreciaban nítido el emblema, y
no quebrantaron la mudez que se acentuó tras el hallazgo.
El sosiego es disimulado con Gaudi
echándose las manos a la boca no creyéndose la igualdad de la imagen
que veía y la Svástica que tenían a su lado- creo que tenías razón
Gaudi, será mejor ir allí y profundizar sobre el terreno -apreciaba
José la formulación antes creada por el otro hombre de viajar a
España.
-¡Flor! ¿Has podido examinar el
objeto que encontré en la iglesia? -Cambió de tercios José,
convaleciente de la euforia del escenario de la Svástica hallado.
-Si, José -dijo en una pesada carga.
Aparentaba al menos al decirlo, mirando fijamente a sus tres
compañeros-. La he analizado y he encontrado hechos fascinantes. Las
puntas están hechas de un material que no existe en la tierra, una
aleación parecida mezcla al titanio y al diamante pero con una
características muy peculiares. Con frío alarga como una cuchilla su
composición, con calor se dilata y expulsa microorganismos cortantes
que en espiral se abren camino. Si analizamos la biología molecular
de la pieza existen dos grandes moléculas diferenciales, que como he
dicho parecen ser diamante una, y titanio otro. La comparación no es
válida, y es más un acercamiento a que lo entendáis. Antes he dicho
que era un combinado, pero lo que quería decir es que son dos capas
sobrepuestas autónomas que están unidas por unos vasos conductores
que son capaces de arrastrar de una a otro en indiferente
ordenamiento distintos materiales, en variantes fases. Se arma
configurado según la temperatura a la que se halle al contacto que
pinche.
Para mí es fascinante, porque las
posibilidades de desarrollar aplicaciones serían novedosas con estos
materiales. Todo lo que he probado, lo distribuye sin problemas. Y
si esto os parece inaudito ¡esperad!- Pedía pequeña Flor algo de
paciencia.
Las imágenes de la pantalla grande va
cambiando según cambia impresiones rápida Flor, de su acelerada y
aun así, precisa investigación-. Y a su vez, el contenido que lleva
estos canales es sangre rodando en tubos de venas moleculares.
-¿Más? -preguntaba, por si alguno de
los presente quería hacer alguna intervención de lo escuchado hasta
ahora. Ninguno opuso duda, pues la incertidumbre era la dilación de
cualquier trámite para conocer nuevas impresionantes anotaciones.
-La sangre al ser liberada tras el
corte por la punta desarrolla una molécula, que la Svástica crea en
una película destructiva e infranqueable de defender. Lo curioso, lo
más raro es que actúa preferentemente sobre la sangre procedente de
una rama genética similar, quiero decir, un familiar. He comparado
esta sangre con la tuya José y una muestra que saqué antes a María y
proviene de una cepa muy similar a la suya. Sin lugar a dudas y si
siguiera una correlativa jerarquía paralela a la sangre humana
aseguro que es de un familiar de María. De Jesús podía ser a estar
en una línea descendente de progenitura, y no conocerse ningún
descendiente más. Las caras de María y José se probaban al pasarse
sus miradas, desconcertados por el apunte que se estaba detallando-.
Guardando la estructura de ser de la misma raza la de José y María a
su vez con la sacada de la Svástica puedo confirmar que es variable
respecto a la tuya José, y no ejerce ningún parecido que pueda
considerase bastión tuyo.
José entendía que la sangre era de
Jesús, hijo de María pero no suyo. Desde hace siglos, eternos siglos
lo llevaba en su mente esa duda que apesadumbraba contra él, y la
esperanza de que su premisa pudiera fallarle, y haberle mentido
Dios. No fue así y ahora confirmado sentía lo que mantuvo día a día,
que Jesús es su hijo, sea de su sangre o no, y nada conseguirá
hacerlo dudar.
María sospechosa, alarmante
desgranaba cabezazos al aire buscando respuesta de la pregunta que
le engullía, ¿quien era el padre de Jesús? José sostenía a un metro
con la mirada a María, quería hablarla, y explicarle lo que jamás le
fue rebelado.
Yo... -principiaba José a contar,
pero María no esperaba respuestas que le hicieran un daño
desvirgador. Aquejaba templanza de soportar solo verdades de pureza,
no dejaba acercarse el daño que intuía. Tiró el vaso que sostenía en
sus manos y salió corriendo. Explosionó el estallido al suelo de
cristales frágiles, de lagrimas de eternidad, de gotas de un hielo
forjado. Su suelo le había estampado contra la figura esencial, que
sostenía un ser resbaladizo. Causante la base de la tierra se le
acercó, y en mil estropicios tuvo que estallar. No era un alma de
metal, solo vidriado nada más, gotas que caen de un hielo derretido
llegado de las estrellas al desierto. Bautismo al entrar en la
tierra, permanente no cesa su caída. Sin aguantar no se sostiene
firme, y al llegar se arenoga.
José sale en su busca, corriendo al
consuelo que serene la incomprensión, la injuria de la verdad.
Eufemismo de un ayer turbio, impotencia de la esterilidad al llegar
al jardín que ve en María, agarrando una rosa por el tallo. Algo tan
hermoso que cede a su fuerza, incapaz de tacto no la destroza, ella
deja que las espinas la claven en piel. Su cuerpo estático presenta
a la luz un fatal gesto, del camino gotear por la palma de su mano
de la perforación del aguijón de la pequeña flor que la dañó.
José lo tolera en mal medida, un
prestigio de actos desobedientes a la sinrazón de que María tiende
un pulso a suerte, a muerte. A suerte de ser derrotada por el
engaño, a muerte de conseguir devolver la vida a esa rosa que yacía
tendida en el jardín. José la agarra, quisiera callar su llanto, su
angustia que él llevó por siglos que María acaba de descubrirlo, y
sabe, y lo sabe, que duele, que muerde, que quema, que angustia, por
mas astucia que empeñe, no hay más que darle todo de su parte. Y sus
brazos respondan y que abracen, que jamás cedan, y reconocidos
sostenidos siempre en él crea.
-¿Cómo, José, como eres capaz de
mirarme?, te fallé, y te y me traicioné -angustiaba desordenes.
-¡Noooo! No María, tú no tienes la
culpa.
-¿Quién fue José, tú lo sabes?
Dímelo, ¿fue él, fue él? -María enloquecida parecía desvanecerse de
la rabia que impulsaba en serpentinos ladeos cuerpo y brazos.
-Si María, si -José no podía negarlo,
ni decir más. La abrazaba, la sostenía a la vida, no calmaba su
caída del cielo a la tierra, por mas que bañara esta tierra
consumida, de agua que amortiguara el impacto.
-¡Noooooo!, me violaron José, ¡nononononono!
Dios me violo. ¡No!, ¡no!,¡no! ¡Nooooooooooo...!
María bailaba en llantos, movía el
cuerpo restregando las espinas por su vida. Las de rosa en una
palma, y las de las uñas de la otra mano que abrazaba a José se
clavaban hasta su intrínseca alma. La espalda de José rasgó y sangre
de una taimada herida se exhibía, acompañaba como ser uno a la del
recorrido de María. Si la sangre fue la herida, la brecha de la
humillación, seguía un itinerario que recorría el tiempo narrando
los pasos. De la sangre surgió hijo bastardo de José, de la sangre
se adueño en el día de hoy la acalorada verdad sobre María
desconocedora de ella, y de la sangre en mano, en espalda, en mente,
en alma, en vida y en muerte arrastraba, se atravesaban, enlazaban
un destino que no debía haber empezado, un flujo caído de un
afluente abierto por la mano no natural que provocó despliegue, su
desvío de la vital naturaleza que llevaba esa sangre al mar, del que
José podía rescatarla con su red. Él pescaría y la serenaría en
agua, que haría renacerla una vez mas, como cada día, una nueva
brisa que movería su alma al viento, y no llegó, en desvío la sangre
afluyó entre las rocas, perdiéndose regaba en el camino sembrándolo
de esporas al irse secando la tierra, convirtiéndola en maldita. Y
no llegó a ningún mar, porque sangre muerta se quedó en sus
adentros, en su ser, en Jesús. Y maldita sangre que corre por sus
venas, intentaría ahora escupir toda, y que transfundiera por el mar
que José le arrimaba. Sangre invicta a la muerte, sangre perdida en
su suerte, sangre bendita restregada en la frente. Sangre, sangre en
su desangre...
Torniquete despechano, remiendo
efímero, cuenta las gotas que empapa la gasa, satura y clama brotar
a chorros. Cuanto tiempo pasó apretando José sobre la herida
inservible mediar, los cálculos no son de tiempo pues son
temporales, no son de a continuación pues no son secuenciales, son
de sentidos, pues son sentimientos, y debo, lo aclaro, que estimo en
timo el amago de creer resultado de alivio, pero es mi deber, pues
todo se basa en qué uno ha intentado por querer.
Tullida, tras elevada propia
conmiseración, tras larga a su pesar conmoción, apacigua indolándose,
y acude de los brazos guiados por José a la sala donde estaba
pequeña Flor, y Gaudi.
Es poco creativo, y automático el
querer saber su estado, el de María por parte de sus nuevos amigos.
Estúpido, es un decir ¿Cómo estas, te encuentras bien? Un poco de
estilo les sobra para callarse la inútil e inservible terquedad de
preguntas necias y al menos, en esta vez, y porque esta escena es
única, y nadie se podrá adueñar de ella, actúan a su modo, al que
les han creado, a esforzados corazones de pura autentica amistad,
donde el amor es prioritario, cuando el mundo muerde como zombi los
cerebros, pueden aun ser personas, las que tienen que ser.
Pequeña Flor la arropa en un abrazo,
la embolsa uniéndose a su necesidad de compartir el momento. Gaudi
por su parte se aproxima, y retraído quiere expresarle su ánimo de
confianza, y la da un apretón de manos, no de señor sino de señorío,
de darle cuanto necesite de él, y es qué ¿Cómo está? Todos los
sabemos, entonces no digamos pamemas como idiotas.
Los momentos pasan, hay que
proseguir, aunque se pudiera detallar momentos terriblemente
angustiosos de ternura camuflados en delirios, amoríos de nunca
acabar y dolor de nunca regresar, pero debe seguirse sin parar, el
peligro inminencia en la cúpula de eminencias.
Diatriba pasada que vuelve a llegar,
invectiva alejada de la sátira nos acercan a la realidad, a la cruel
y despiadada despreciable realidad, lo quedamos o no.
Pequeña Flor hace de goma, entrando
en liza de lo que intentaba explicar hasta la eclosión de María.
Prosigue su explicación, y razona-, la sangre de Jesús provocaría en
ti María un coagulo si hubieras sido pinchada por la esvástica junto
a la alineación del material recientemente descubierto, aunque de la
manera que me contaste que te lo arrojaron, ya de por sí su corte
sería casi mortal por el troceo de inquisidora mordedura de
cuchillas. He estado realizando distintas pruebas con sangre de
ambos, y a la de José le afectaría pero no para ser capaz de
matarle, más bien aturdirle. Es como si la sangre de un familiar
fuese capaz de matar a los suyos, pero no a otros.
María aun retraída, iniciaba hablar.
Su tanteo le hace decir unas palabras en tono bajo que nadie oye.
Alza la voz para expresarse de nuevo-. ¿Lo que has dicho, quiere
decir en cierta forma como si nuestra sangre no fuera humana, algo
como que perteneceríamos a otra especie, quizás ni terrícola?
-exponía interrogante, mientas se lo preguntaba ella misma al
pensarlo.
-Así es -decía Flor, abierta.
-¿Y os lo tomáis tan natural, no os
impresiona? -extrañaba María la pose de Flor, y de los demás, a los
que miraba esperando algún comentario lógico.
Gaudi al ser mirado se apresuró para
decir- Yo soy nuevo, yo no sé nada de esto, que me lo expliquen a mí
también -solicitaba uniéndose a la petición de María
José resumió las dudas explicando-.
No es que no nos sorprenda -advirtió- lo único es que era una
posibilidad que teníamos y nunca hemos descartado. Basándonos en lo
que sabemos, en la autenticidad, ¿de qué hechos concluyentes
disponemos? Tú y yo, llevamos viviendo más de dos mil años, no
envejecemos, somos aparentemente inmortales. Yo, tengo recursos de
capacidades que ningún mortal es capaz de conseguir, ni poderlo
obtener de una u otra forma. No sé si tú has tenido alguna sensación
en este sentido y algún poder que hallas ejercitado.
-Poder, poder no, sólo minucias de
comportamientos, aunque siempre no he inducido a querer conocerlos,
por..., pero te entiendo lo que quieres explicarme -decía María,
cambiando en último momento en su frase el porqué de conocer más
allá si tenía capacidades, foráneo no era el motivo.
-Como digo, de nosotros podemos negar
que somos humanos, a no ser que estuviéramos dotados por un poder
concedido ¿gracias a una divinidad, a una patología genética?
¿Quizás proveemos de una raza incluso anterior a los seres humanos,
o puede que vengamos de otro planeta, o únicamente seamos conejillos
de indias creados para ser estudiados? No quiero volverte loco
María, ni tampoco a ti Gaudi -el sacerdote permanecía atento sin
mencionar palabra, predispuesto a todo cuanto se dijera escuchar sin
plantear nada.
-Lo que siempre hemos sabido ha sido
nulo -proseguía José en su intervención- y tus dudas actuales han
sido las mías en un rodar continuo. Acuérdate Flor, cuantas veces
hemos tratado este tema -Flor asentaba gesticulando-. Lo del ADN
hace ya mucho que lo sabíamos, que mi sangre no era precisamente
comparable a un ser humano, pero lo que ha averiguado Pequeña Flor
hace reivindicar la tesis de que tú y Jesús formáis parte precisa de
lo que es externo a la raza humana, sin olvidar que él -José no
pronuncia el nombre de Dios, pero naturalmente todos saben de quien
se trata esa tercera persona singular - es indudable que humano no
es, y que su poder es descomunal a comparación nuestra, y
más...-hace un silencio, mientras todos, o particularmente María y
Gaudi esperan el continuar de José pareciendo que va a desvelar uno
de los misterios desconocidos- en el siguiente capitulo -acaba
diciendo embromado ante el desconocimiento popular.
Capítulo VII La
muerte de la cruz
Dejándose llevar José y María los
recuerdos son innegables, el palpitar de sus corazones trasmiten
como ondas, rebotándoselas entre ellos. La nulidad de absorberlo
libera emociones, demasiada dependencia del verano que nunca llegó,
del maldito abnegado año 35 D.C. Acalorado quema en sus interiores,
la separación y unión entre cuerpo y alma.
Excavaciones milenarias prosiguen en
su historia, buscando la verdad.
No es tarde, se ha esperado mucho por
volver y estar unidos como siempre fue.
Hace calor, carboniza este enrarecido
clima tan suyo, que si te alejas de él te sientes extraviado de
haber perdido el terreno. Desterrados, cuerpos malogrados
incendiados, calcinan al contacto en esta maldita tierra santa.
Tierra única, punto de partida de guerras étnicas multinacionales.
Tierra pisada estéril con recursos falsos, donde al excavar fuera
donde fuese hallarían pozos, oleoductos de sangre milenaria de
cuerpos de 0 a 100, de cuerpos airados, de cuerpos odiosos, de
cuerpos vengativos, vengados, luchadores, rendidos, esclavos
pasionistas definidos hasta indefinidos, todos traicionados por un
único Dios que les escucha a la izquierda del nulo cero con el les
oye.
José y María simulan, todo el patio
de arena está atrincherado de agujeros. Tantos equipos buscando
trozos del pasado sin darse cuenta que el futuro se le escapa y
forman parte del un presente indolente, subestimando donde medir su
exactitud de afincarse en los mundos personales de cada arqueólogo
donde profesan antigüedad. Profanadores, blasfemados por los vivos,
maldecidos por los muertos. Historiadores, del salón del oeste al
salón de té. Salam Aleikum, cuadrilla árabe de pico y pala,
pagada al precio de dólares americanos, de expediciones "madre en
usa", otras propias del reino patente hebreo y del estado registrado
de Israel, comprado por deuda de guerra, asumida por quilates que se
reparten por partes.
Territorio subastado, robada fe de
sacrificados arrojos, por la nulidad de adueñarse de la autentica
verdad, la que pasaron por el lugar destrozando no uno, sino
milenios de millares de Dioses individuales. Dioses grandes de
miradas profundas, Dioses enfermos palidecientes, Dioses pequeños,
tanto que nunca lograron a mediar palabra. Salam Aleikum,
"que la paz sea con vosotros" reza, ya que el pueblo palestino sin
papeles, ilegalizado del propio territorio actúa como ladrón de su
cosecha, como vampiro de su vino, y no parara por punto final,
seguro puede que ni coma, porque asquea y vomita de mortales
legitimados por "dios" para borrar a los auténticos Dioses que
existen, las personas.
David, asirios, babilonios,
macedonios, seleúcidas, romanos, bizantinos, árabes, cristianos,
saladino, mamelucos, otomanos, británicos, todos partieron parte a
pequeñas minúsculas. El oro pagado al precio de vidas aniquiladas en
el exterminio judío, ¿pero cuantos ejecutores hay?, ¿cuántas vidas
reconocidas para un documental?, ¿cuántas incapaces anónimas? No
vale un voto ni un euro, no tienen oro negro, solo fe, sus vidas no
depende de ellos y están arrendadas, aparceros por viles salteadores
imperialistas.
La Basílica del Santo Sepulcro,
iniciativa de desayuno obligado preescolar en periodos fascistas de
atrofiar la enseñanza por delante de las leyes de la física, las
reglas de las matemáticas, el lenguaje comprensible, la historia
repetida, la lectura rizada indecisa, la religión de calla o palo,
de pagas por meterla a mano ¿A qué nos dedicamos hoy? ¡Viva Dios,
Viva América! Matadores de nativos, odiadores de patrias sin barras
ni estrellas. La Explanada de las Mezquitas, ¿o debíamos decir la
diezmada voluntad de ultraterritorionalistas? El Muro de los
Lamentos, hecho que quedó del templo para enjuague mental de los
sacerdotes, y duda es la vida, tanto que por pensar en lo malo
porque lo bueno no acude, no llega a mentes salteadas de vocíferos
infectos de apoderarse de almas impropias. Y si casualidad,
urinarios del templo quedasen en pie como único resquicio
construido, ¿podría ser dueño escogido de las nuevas veneradas
plegarias? Purificación de las minerales sedimentadas, y biopsia al
santo óxido rojizo, formado en la superficie del hierro, por la
acción del aire húmedo. Bebe de sus órganos, de las entrañas
purgadas.
Dejando críticas para debates
parciales de excremento humano a quien discute de la autenticidad de
dios, María y José han ahondado donde fue enterrado Jesús. José,
tras su asesinato se llevó a su hijo a escondidas de donde debía
descansar, para tener la serenidad que no tendría de otro modo.
José ha cavado por dos veces su
propia tumba, extrayendo tenencias que sobre tierra han permanecido
en la memoria. María profundiza excavando junto a él sin detenerse
en el presente. Escarbando limpian concienzudamente hasta el
cimiento de la ofensa.
En túmulo reposa Jesús. Su imagen
está momificada, descompuesta. Etéreo simplificar cautivas
impresiones. María soslaya su pelo, la melena ladea apartada de
rostro protegiendo sencillez, de extraños. Tímido en la humildad, no
conlleva majestuosidad, sencillo como fue, amado como sigue siendo
por sus padres.
Su niño descansa en parte, asienten
ambos en el dudo cargar cargante que la cárcava es traumática, y si
descansasen junto a él, no sería un premio, sería lo más justo, lo
más suyo, lo más natural.
Entrañable, entre María y José
compinchan afectos. Invocar recuerdos, memorizados aluden no ser
algo nuevo, son parte de los días, y cada uno tiene veinticuatro
horas al evocarlo, sin esquivarlo al segundo.
José simula no intentarlo, pero debe
y prosigue su aparente error parado. Le clava a Jesús una aguja,
pero carece de savia en los tejidos. La paradoja del destino gasta a
malas ganas por hacer las cosas, y ahora será Jesús el elegido para
llevar la Svástica hasta la muerte a ¡Heil Dios! Pensándoselo, y sin
mediar decidirlo José acomete un abanderillado al corazón de Jesús
para extraerle la sangre, y satisfacer la necesidad. María prefiere
no mirar, traumática no coloca donde agarrarse ni dispone suelo
donde apoyarse. No acierta donde encontrar aire que la serene.
Profana el tiempo pasado y arrastra a
José en él. Al agarrarse le tira al remoto lejano ocurrido.
Las manos de Jesús sostenían la
eternidad, un medallón que le regaló su Madre lucía abandonado de
respaldo. Los cuervos sobrevolaban el rumor de carnunidada, el olor
putrefacto era llevado en el viento, los comensales divisaban
atentamente su oportunidad. Hace ya tiempo tuvo que haber llegado a
ejercer como panteón de morada, para nutrirse de parásitos despojos.
La fatiga de trasnochar la realidad descubriendo vil miseria,
sincera enemistad de siglos hacia el pueblo judío, hacia religiones
distintas, desee el autoritarismo hacia los pobres misioneros de paz
sembraban vidas pasajeras en un ideal eterno.
-¡Tolle, tolle, crucifige eum!
¡Quítalo, quítalo, crucifícalo!
El Grito no era sordo, el espanto del
dolor lo notaba el sol, sudando rayos miraban hacia el lugar donde
se ocultara el día, para no ver este horror. Momentos antes, días
anteriores Jesús fue apresado por los romanos, ajusticiado por orden
de Pilatos, condenado a la crucificación -¡Madre, no lloréis!, soy
un esclavo, un enviado de la fe divina. Mi existencia es suya, él me
dara un nombre, él me hizo hombre, recordad que debéis perdonad a
quien me hizo mal, ya que Dios a conciencia lo indujo. Creed en mis
palabras, soy la voluntad de mi Dios.
Recuerdos compartidos entre María y
José representaban cercanos, fulgían en ellos, y cada uno a su vez
expresaba los suyos propios.
Los de José le hacían a Jesús parecer
en sus palabras antes de morir podría comprender que fue el propio
Dios quien le mató, de forma indirecta. Su pensar es muy subjetivo,
una reflexión interpretada a su modo, como tantas, como antes, como
siempre, como ahora no conoce la extendida realidad, pero reconoce
donde está la mentira y todavía queda una búsqueda en sus días, una
que guardar....
Los gritos de los clavos eclosionaban
lejanos recuerdos, de todas aquellas cosas que vuelven a esta tierra
testigo de horror. Otros tiempos que dejaron huella en la humanidad,
ella cómplice involuntaria del autentico culpable de su desdicha.
Esos días que vuelven empañado en arena que se mete en los ojos sin
dejar paso a mirar atrás a aquellos momentos felices que no
volverán, aquellos años que Jesús, José y María no le importaba que
nadaran en arena los días, ya que al anochecer la luna iría a
descansar, y ellos cansados del día rogarían por uno nuevo,
insignificante y enriquecedor, ¿dónde está el sentido de ese amor?
Si, llámalo amor, a la unión, al deseo de fortificar su familia, de
cubrir con una manta de buey a su hijo del fresco atardecer.
¿Dónde está la explicación a miles de
años, ser baluarte, bandera nodriza de una paloma blanca, emisaria
de un corrupto engendro que jugó a ser Dios? ¿En quien confió
solemne con palabras de misa le engañó? No tentada, no quiso saber
que significado tenia su redacción de un reino que nunca se acercó,
ni a él ni a un hijo que paciente por verle esperó, para cubrirle
del frío amanochecer.
El percutor mudo percata de
existencia en el exterior. José decide asomarse, y sin necesitarlo
se detiene cuando pretendía salir fuera de la tumba, volviendo hacia
atrás. -Tenemos compañía María -anuncia.
-Que comience la fiesta -acepta
preparada la invitación. José le instruyó del ritual con el que
posible se hallaran inmersos durante su travesía. El postit
explicativo de enemigos dispuestos a todos, donde la nada ya es
morir sin contemplación, deseosos de su deber cristiano.
Fuera, más de una decena de hombres
armados hasta la mochila ceremonian en concilio a la espera a que
salgan a su visita sorpresa. Llegados en un santiamén prevenidos de
algún modo por Corpus Christi, rodean estratégicamente el
cementerio. Hoy Dies Natalis, día natal, no volverán muchos a
encontrar un nuevo amanecer, el que Dios hace aparecer creando cada
día tras la noche. Día natal, el día de la muerte del que vivió,
santamente matasellan su día del nacimiento al Cielo. No leyeron la
letra borrada, las vírgenes bienvenidas no se las darán, dispusieron
entregadas en el preludio, la introducción a la existencia. La nula
necesidad de transcurrir por este mundo de pruebas, ellos han
sorteados todas las tentaciones expresadas, puros laicos 100%, el
pueblo de Dios contra el pueblo de la tierra, ejerciendo de juez
parcial el criterio hemisférico de mente abstracta
En calma áspera se espera
sucediéndose heterogénea austera, aguardándola sacudiéndose aliviada
complacida. Entre manos dispares, sin que se las resbalen de pudor
diversas Svásticas boomerang aguardan ser meneadas, para correrse
degustando sangre impregnada
Calma... mucha calma... Una
perturbación sorprende la quietud del ambiente. Viene de las
catacumbas, husmeando la salida. Sosegando subjetivos alternan los
hombres despertando excitación, contando la llegada para
meticulosidad para sí mismos, tres... dos... uno... De la tumba sale
una rata, la calentura descarga calma... intranquila. ¡Cero! De
saltos prodigiosos se personan José y María surcando la empalizada
de la troposfera. Extienden sus brazos orquestando armas que vibran
al viento.
-¿Queréis fe? Criogénizar la mia
-alecciona José intenciones
Si quien pretende dar una sorpresa,
encubierto agazapado esconde las pulsaciones aceleradas al sentir
asombro que la confusión ha sido variara, la recibe ahora histérica.
Las venas bombean deprisa, en la pista se presenta la pareja
dispuesta demostrando no acallarse.
Las balas de las escopetas y rifles
de asalto de José y María, que transportaban en la bolsa de
contrabando en la que llegaron aquellas armas esperando lo
sospechado, en cobertura rifan boletos sentenciados, tras coches,
árboles y lapidas. Los hombres semi ocultos esperando pasar el
aguacero tocan ahora su turno, y tras asaltar el tiempo de reposo
dirigen sus ametralladoras surfeando de proyectiles el soplo
corriente, hacia ambas figuras universales.
Ambos, José y María respectivamente
acometen saltos diagonales, cambiando sus posiciones en volteretas
inverosímiles. No es preciso pararse a reconocer que las balas de
estas armas no se podrán considerar convencionales, y estarán
especialmente hechas para causar frenadas o acabar mortales llegado
al fin.
Dos esvásticas peregrinan el cielo
sajando explicaciones. Azorando el vuelo, dirigen cuerpos oscilantes
a por María. Ella esquiva una, escorando el torso. La segunda se
avecina con miramiento fijo a su cabeza. La ve tan cerca que podría
peinarla, la siente tan próxima que arropa en su ropaje tempestad de
susurros de muerte. Sin vacilación, José de una palomita llega antes
de que el arma se incruste en la frente de María y lo lanza en
formación recogiendo desgarres a su pase. Tres sacerdocios
sentenciados en día de duelo, caen ante las cuchillas de la
Svástica.
Los caídos no pueden seguir, pero los
combatientes emisarios de Dios son feroces, y no lo esconden. No
tienen miedo a perecer en destino sin sucumbir los propósitos.
Cuatro sacerdotes se emplazan ante ellos y a una distancia comedida
de unos seis metros enseñan sus Svásticas amenazantes, blandiendo
engañadas de tratarse navajas y las arrojan simultáneas a José y
María.
-Dame la mano- apalabrando da figura
en idea formal José al agarrar a María en acuerdo, y se
teletransportan unos metros mas allá del punto donde las
destructoras armas debían cercenar. Descartada la parada prevista,
siguen su camino clavándose en el pecho de uno de los religiosos
enemigos, que retorcido cae. Otras dos Svásticas son maniobradas a
voluntad de José, que zigzaguean en el aire vagando hasta cuajarse
en robos los cuerpos combatientes de la cruz, puliéndoles ultima
respiración al sorbo de una pajita que lo emitiera.
Uno de los sacerdotes de los cuatros
que atacaron en este último envite se dirige al todoterreno que
estacionaba cerca de él-. ¡Vamos, dale! -Le gritaba al compañero que
estaba en la parte final del vehículo, que conducía entre sus manos
una ametralladora pesada. Al grito dado vaciaba sus disparos
siniestros por doquier. José y María se encogían, tras la losa
diluviaba decenas de casquillos a escasos centímetros de ellos.
José llama un favor a María- Crea un
aura!
-¡¿Qué?! -recelosa le extrañaba tal
antojo de José, de duda lo pasaba a broma sin sentido.
Opuestamente a 180º del todoterreno,
había llegado un nuevo carro de asalto, un semioruga modificado
proveniente casi con toda probabilidad de los utilizados por el
ejercito israelí décadas antes, que hacia dejarles cogidos a grandes
claros. Al soltar la lona asoma en el vehículo acorazado otra
torreta igual que la que estaba disparando a José y María.
-¡Confía en mí! -le arrima José a
María el deseo.
María sin encontrar significado, da
manera a lo que dice José. Ella crea un aura, y se sorprende tras
abrir los ojos que encerrados a la visión abstrajeron lo que
acaecía, de la transformación que ha hecho José de su creación. Lo
ha ensanchado creando un escudo-. ¡Levántate, vamos María! -Tras el
aura reconvertido en defensa avanzan consentidos del rocío que se
condensa de impactos resbalando gotas de proyectiles a la vertical
de la protección, mientras otras balas remontan en retroceso a
origen tras el choque contra la defendida muralla.
En uno de los rechazos, la munición
secesionista acaba con la vivacidad del que descargaba el chapurreo,
que regaba la demarcación del terreno con pólvora de guerra. El
conductor atrevido sale apuesto voluminoso del vehículo, pero frágil
mide el suelo su masa antes de llegar a la ametralladora.
Disminuyendo, caído al peso desciende el organismo de su entidad.
Desde el otro terreno, José oye como silba la encañonadura de otra
arma pesada.
-¡Ahora, gírate! -señala José. El y
María así lo hacen, chocando las balas que les llegaban de traición,
los cuerpos de los asaltantes
Sin proceso al descanso se acercan
varios vehículos más y reforzando el ataque un helicóptero cubriendo
el espacio aéreo. Dejando titubeos José agarra a María, y situándose
encima de la tapa de una alcantarilla perdida de una calle
adoquinada, empieza emerger hacia arriba-. Agárrate María.
-¿Sabes José que sufro de vértigo?
-en su nerviosismo le comentaba ella.
-Eso se quita mirando abajo -María
mira y se siente alterada, a punto de desmayarse.
José debe agarrarla con sujeción
violento, antes de que pierda el firme y a un mal paso resbale a la
nada cayendo- No hablaba en serio María, te daba conversación.
María aturdida farfullaba -no has
cambiando nada, sigues siendo el mismo de siempre.
-¿Por? -preguntaba él.
-No, por nada, por nada, tu conduce
-aliviaba en té de palabras hervidas su mareo María, que se dejo
rendida de la emoción de vértigo caer a los brazos de José.
Anclado en el aire, el helicóptero
buscaba el lugar donde estaban ambos personajes. Los perdieron de
vista al volver en un giro, y ya no lo encuentran desconociendo el
despegue de ellos. No hace falta esperar mucho, tras una
insospechado topar ante sus propias narices los descubre. Al lado de
la puerta, los dos ocupantes traseros del aparato desconfían de la
aparición. La boca de uno de los adeptos fan a la cruz ansia modo de
caverna a inquietudes de comprender sorprendido lo que estaba
viendo, inseguridad que aprovecha José para yuxtaponerse a su lado y
precipitarle fuera de la nave tirando de él, aposentado desde la
alcantarilla. Quitándole peso que lastre, José le ayuda del estorbo
del fusil, que lo coge prestado para guardarle un ¡PANG! al otro
soldado que se acercaba hambriento, con malas intenciones de
comerles a bocados haciéndoles picadillo con una hoja. Sin corte, le
salió cargador tragarse una bala por la boca sin masticarla antes, y
a efecto soluble e instantáneo cae a plomo con el estómago al vacío.
Abandonando la tapa de despegue
entran dentro del helicóptero, ayudando José a su compañera íntima a
recostarse en un lado. El prosigue su empuje llegando hasta la zona
de control del aparato. Sacude sin saludar una patada al copiloto
que le había percatado su presencia e intentaba levantarse para
hacerle frente. Contra el suelo a la contra, merendando la suciedad
del suelo le tiran de los hombros la camisa, estrechándole para
ceder zurcido acaba expulsado, echado mísero a la calle, punzado de
un hilo aloja en el descenso sobre un olivo. Asustado, antes de la
llegada del nuevo inquilino un gato que no deseaba bajar, armado de
uñas fuertes, aguda arañándole el rostro decidiéndose devaluar
ingrávido al cambio de notoriedad, mientras el hombre caído del
cielo se encarama y no soltaba el árbol, viendo la larga separación
de llegar abajo seguro. En terreno llano, llegaban algunos vehículos
rodando deprisa, ante sus vistas los sucesos sobre el aire.
Desde el asiento desocupado, José
daba un decigramo ultimátum en la espalda al piloto, que le miró.
José le da opción- ¿Te bajas o te bajo?
Una vuelta de respiración después- ¡Ahhhhh!
-Gritos en la altura y el piloto cae a la otra zona del olivo que
asentaba a su compañero acompañándole. Agarrándose cada uno por un
lado de la rama del mismo árbol empieza a ceder fruta prematura ante
el peso de ambos inclinándose mínimamente.
Los vehículos recién llegados
hilvanaban a la altura el armamento, zurciendo a balazos el cacho de
aire sin tierra que elevaba al helicóptero por encima. Estaban por
la labor de rellenar de plomo el pespunte que efectuaban a mira de
ojo. Antes que imperar un zurcir a remiendos de bala José corta,
bordado de realce hacia el relieve de las nubes.
-¿María, estas bien? -Gritaba José
desde el asiento del piloto que había destronado y ocupado.
-Sí, estoy mejor. ¡Mira José! -le
señaló a voz al llegar a la cabina.
-No te preocupes por el helicóptero
María -creyendo que se refería al que les llegaba a lo lejos de la
policía israelí.
-¡No, no es eso lo que me inquieta!.
Es... -la mano fuera de cuartel buscaba señalizar un punto-. ¡Ahí!
-le fija a dedo sobre el cristal donde mirar.
-¿El mosquitooo? -Apresura José
disparatado, cuando el trazo que señalaba la mujer se agigantaba.
-Peeroooo que mosquito mas gordo,
¡esto es un mosquitón! -Exageraba José al definir como crecía.
Moviendo urgente los mandos del
aparato, haciendo un rectificado en el aire José evita el choque del
misil que venia certificado hacia ellos. Siguiendo el ataque recto,
encamina hacia el olivo donde seguían presos a media voluntad los
dos hombres sujetos a la rama, que rota cede ante el peso de los
esbirros para su suerte. Cayendo, ceden espacio para que el torpedo
pase rasando el árbol sin chocar, y prosiguiera estrellando ante un
todo terreno al llegar a zona de impacto, que secundaba la
permanencía de la persecución iniciada en el cementerio tras los
huidos.
-¡Es un jet José, es un jet!
-Aceleraba convulsionada María en su etapa de nociones de medio
desmayos.
-Sí, coge aire -le pedía José. No era
una forma de responder, daba una petición de lo que ideaba hacer.
-¿Qué? -Le preguntó ella eligiendo
que era capaz de cualquier cosa.
José no lo vuelve a repetir, de un
looping lanza el helicóptero a las alturas. María encara rostro de
maquillaje blanquecer
-Aguanta María -haciendo un tonel
avanzado elude un doble torpedo y la anima entregándole
conversación-. ¡Tengo una idea, quédate aquí!
-Vale -dice María -sin mucho animo de
hablar- aquí te espero.
José ha desaparecido del pájaro de
acero cuando ella levanta la cabeza buscándole. De golpe María
reflota del síncope estando nueva- ¡Pero si yo no sé dirigir el
helicóptero!
En su mente José le hace llegar un
misil inteligente teledirigido- Posdata, esta puesto el piloto
automático, vuelvo en un segundo -María se lo toma frío en el
ambientado caliente, pensando que José sirve en broma destemplada la
indebida precaución.
El jet se había colocado enfrente del
helicóptero, con aspecto decidido le tiraba por las ganas hacerle
llegar un cohete certero sin paliativos. Desafiante el piloto del
ave de fuego dirigía la mirada hacia donde creía estar todas sus
presas. Al tener el sol dándole en los morros no llegaba atravesar
la retina del pajarito indefenso, atenuado condenado por decreto
real del halcón de metal.
El golpeo provocativo aposta sobre la
cabina del avión hace que el aviador quede prendado a la vista, al
ver que un hombre, José, está adherido al ala. Profeta- ¡Cuidado,
que voy!- Dentro de su caparazón se retuerce sus garras de pelea
haciendo ademán de encontrarlas retráctil en un pliegue. Las saca
reconvertidas en una pistola automática de mira precisa para
despejar el cristal. Abierto a llevarle en alas de victoria extiende
el brazo hacia donde está José. Este utilizando su poder
telequinético conmueve en la llama a un mechero e incipiente
antepone en moverse a ralentí un bolígrafo saliendo derramando quema
de tinta negra, rubricando impulso sobre el botón de salto de
expulsión. Repitiendo ejemplo de uso, sillín y piloto saltan por los
aires perdiéndose en el horizonte, mientras José reconduce el avión
bajo un estado de fuego lento ser llevado por las olas del viento,
al baño María.
Regresa a por su sueño real, y con
tacto la desplaza saltando en seguro del helicóptero al avión,
dejando al aparato anterior regalado a ras del suelo ante la atónita
mirada de niños palestinos, que disfrutan simulando ser ellos
contraataque Torá. Pedido medio equipo bueno a pares, los
nones hoy tocan al bando del barrio enemigo su ley llegada por
designios de totalidad a la revelación. El génesis antipalestino, el
éxodo de casas por lo visto de propiedad levíticas. Deuteronomio
traducidos del tetrisgramatón ¡Por Yahveh¡ Sólo ellos, los
niños lo pueden ver, antes de ser secuestrados sus cerebros. Por eso
no mutilan el aparato lapidándolo, por ello no matan adosados de
metralla, recrean exclusiones las jugadas disputadas de héroes
escolares, con huesos de dioses frágiles y mortales.
-Vamos María, vamos a España -le
invita José al país mediterráneo. El tour iniciado en Israel les
lleva intercontinental a tierra de herencia islámica reconquistada
por cristianos. Al-Andalus sigue en mente beréber a contiendas
estratégicas encima de tableros. Deber de mente que sigue la escala
estival. ¡España¡
Entretanto, unas horas más tarde que
acabase la aventura de sus compañeros en Israel, Gaudi y pequeña
Flor no se han olvidado, y se encuentran atareados en la iglesia de
León determinando lo que hasta ahora es nada que se asemeje a lo que
andan registrando. Desde hace una hora cachearon fuera antes y tanto
después como ahora dentro, sin dar remoto acercamiento a ninguna
reválida.
Con tanto estudio de la Iglesia
acaban sin más ganas de continuar el informe académico. Flor aparta
la atención, calzando jugar a saltos las baldosas blancas que
revestía el suelo de la iglesia compaginadas a peleas con baldosas
grisáceas, y atrae la de Gaudi, que se fija en los saltos de
extensión, y da creatividad a lo que ha sacado de su imaginación
según parece. Busca altura para verlo mejor desde otro ángulo, y no
le basta haberse subido a uno de los bancos de la iglesia, que ya
vacía por la hora tardía se recogían fieles a sus casas. Apañado,
dejando el decoro asciende arrodillado a la pila bautismal e
hincando los pies para aguantar del tirón se los pasa por la piedra.
Los brazos le aúpan en "oles de torero que te pilla el toro" a las
barras que enrejan a buen recaudo una precisada luz ambiental.
Asido, tomado con fuerza la sujeción, entre barrotes se va para
arriba apuntalando las manos sobre los esquinazos de la columna, y
haciendo frente al pavimento cara a cara confronta sus
aseveraciones. Lo que la vista le da es el uso Cociente.
-¡Ahí esta! -dotado de alborozo,
suscitaba incoar la espera resuelta.
Pequeña Flor no sabía de que iba el
acierto que usaba Gaudi. El hombre contaba los cuadrados formales
que dibujaban la superficie de la iglesia. Lo que veía lo tenía ya
aprendido de haberlo visto en la catedral de Amiens, provincia
cercana a París. Sin duda era un parecido alertador, y una cosa no
cuadraba. En Amiens el suelo simétricamente entrelazaba Svásticas.
Aquí al igual, exceptuando que además de las cruces con brazos,
transversal cortaba la fraternidad geométrica de todas las Svásticas
una invertida a Z. Bajó de la pila, sucia, corrida de polvo se
flotaba las manos satisfecho. La dicha se la tiró a qué lado debía
dirigirse de la señal que la letra señalaba a pies juntillas, y
ordenó que debe conocerse el principio para llegar al resolverse un
final. Fue hipnotizado a la parte noroeste, la tachadura gris y
negra ante los mismos colores de raza, cambiando combinación de
convicciones alargaba enredadera por la pared hacia la narcosala que
lo ocultaba detrás, donde se donaba a encendidas velas, alivio que
procura preocupaciones insatisfechas, al encendido reposo de
apagarse consumidas.
Ante la pantalla táctil, arrancaba
crucigrama a llamas.
Agarró un cirio y enardecía
seleccionadas casillas encendiendo motores, cilindro de cera plegaba
fuego a velas. Al abordaje la flota ideaba la táctica, en un ataque
enrojecido al aire avivaba la Z del Zentriufismo, y sonó, calculado
metódico a tecla. Languidecía el momentáneo visto bueno, improvisado
de aplauso al disparatado casillero con una unitaria letra correcta
válida de respuesta.
-¿Has oído? -le comentaba pequeña
Flor ajena al entendimiento de Gaudi.
-¡Si! -le confirmó él-. Pero no sé de
donde ha venido el ruido.
-¡Me parece que llegaba de allí -pudo
apreciar Flor.
Eso creía también Gaudi que lo
confirmaba señalando con el dedo índice de su mano cerrada aquella
dirección-. ¡Sigamos las baldosas de esta formidable Z!
Pequeña Flor ahora acertaba a
comprender parte de lo que había hecho Gaudi-. ¡Sí, vayamos a ver al
Mago de Z! -daba cierta espectacularidad cómica al detalle.
La parte de la horizontalidad del
dibujo finalizaba sin concluir la raya, al pasar a un escalón de
tarima. Dejando liberaciones, no era más que a ojo añadirle los
metros que le faltaran, revisando la primera horizontal, para
matizar llegar en redondeo al altar, justo a la mesa consagrada al
culto. Por insano gaje de oficio, Gaudi se acercó detrás de la
devota encimera blanca piel de naranja cubierta de formica, y
sorprendió lo que se estaba trajinando a escondidas. El sonido seco
y corto abrió al lado de las cajoneras una puerta que estaba
simulada sin pomo ni nada que pudiera parecer lo que simulaba
abiertamente.
Flor contigua agachó la cabeza para
tender la vista, e inesperado soportaba ser apretada cafre de los
pechos hacia atrás. Del meneo cayó al suelo,
-¿Qué estáis haciendo aquí? -El
párroco local de las liguillas inferiores del vaticano los había
encontrado merodeando irreverentes el altar. Gaudi que quedó
aturdido de golpe le sobrevino un ostión del padre, religioso le
precipitó encima de la mesa despertándole a consecuencia. Los
elementos simbólicos de la mesa rodaron alrededor. Gaudi quiso
ponerse en pie pero recibió un nuevo revés que le dejo planchado
sobre la tabla de meditación, almidonado listo para el sacrificio a
los dioses. Pequeña Flor apresuraba rehacerse del zarandeo agarrando
la pierna de quien le atacó, pero recibió por insolente una patada
en el estomago que la dejó deshecha, a punto de echar las tripas. El
cura homologado no podía reflensar rápido, se hacía lío para hablar
correcto, y decidió acabar con dudas de quienes serían matándoles.
Puesto de pie a la altura de Flor, la
amargaba poniéndose encima de ella con cada pie a un lado del cuerpo
de la rendida mujer, que la miraba desde abajo. El cura osciló su
brazo sacando de la cintura una pistola, sin salida para escape Flor
no dudaba que era la terminación de un rito frenético.
-¡Deme las ultimas bendiciones,
padre! -le confesaba Flor como última petición.
El cura prudente no soportó
subestimarla y rechazó retardar el balance de cuentas, antes de
echar el cierre al gatillo que maullaba dominado entre las manos.
Sin dejarla de apuntar la sedujo
masoquista la posición de amo reinante. Con el otro brazo alcanzó
haciéndola flexible una cruz que quedaba a salvo en la mesa de
combate, y proclamó- Besa la cruz porque es tu último minuto de vida
-en puro arrojo la envió a la cara de Flor.
Ella se tapó la cara con la mano para
que no le golpeara, y pudo a la vez que sujetarla erguirse y en una
abdominal clavarle la punta de la cruz de acero en las partes del
indigno y censurado sacerdote. Abarrotando sangre del miembro
apuesto de Dios era de cajón tras chuparle la punta del crucifijo,
la necesidad de vivir se escurría en el charco rojo que formaba su
propia corrupta naturaleza. Resbaló hacia atrás, golpeándose de
cabeza no alcanzó la meta.
Flor se levantó dolida, notaba apego
al pietazo que recibió exteriormente- ¡Con un minuto me sobra
imbécil, qué pocas películas has visto! -cabreada no le quedaba más
que enviarle de remite con destino rechazado sus señas personales.
Balanceó a Gaudi, animándole a
cargarle despeje a su impercepción de lo pasado ya tratado.
-¡Ohhh! -me duele la cabeza -sacudía
Gaudi consciente de que le habían tumbado.
-¡Y a mí el estomago! -no le callaba
Flor, si era cuestión de quejarse.
Gaudi emprendió levantarse cauteloso
viendo al párroco asesino, asesinado de estampa navideña diabólica.
-¿Qué ha ocurrido? -preguntó; y
cuando lo hizo disputaba como hacia esa tontería, de lo que se
reflejaba por sí en obra tan encomiada.
-Por la parte que le condujo a la
muerte ha sido homenajeado con la cruz ganada
-Querrás decir Cruz Gamada -corregía
Gaudi, incipiente de recuperar su nitidez.
-¡Ganada, ganada! -desmentía tal
distinción- Antes de que nos atacara he podido lograr ver que
bajaban a un pasadizo -acudía al momento que precisaba la situación
de ellos allí, refiriéndose a la abertura que practicaba la mesa,
sin confundirse- ¿Es capaz de continuar o prefiere quedarse aquí?
-intentó ser práctica para proceder como actuar.
-¡Estoy casi bien! ¡Dont´t worry, be
happy! -comentó el hombre. Hecho y derecho con el pecho para
adelante era muy expresivo al responder.
-¡Entonces Vamos! -pidió sin dulzura
Flor.
-¡Espera por favor, hemos de esconder
al muerto! -comprendía Gaudi de hacerlo antes de irse.
-¿Para qué? No podemos limpiar toda
esta sangre -Flor razonaba siendo más precisa.
-La sangre se puede disimular con
vino, y viendo que este se ha derramado -le invitaba a que mirara
ella la mesa-, podemos -paró de hablar y recolectó la bebida de la
uva que en el copón milagrosamente quedaba, bebiéndoselo- que se
crea que lo es.
Sujetado por cada brazo llevaron al
confesionario al condecorado a do de pecho, dejándole en secreto
dentro.
-¡Ala! -ahí te quedas castigado por
malo -impartía Flor enseñanzas de ciclos deontológicos
Con el paquete entregado impotente y
estéril de plena satisfacción, Flor y Gaudi se cuelan para adentro
de la gruta que empezaba detrás de la mesa del altar. Ella abre la
batida portadora de una linterna de gran potencia, y menos mal,
porque el pasillo es irresistiblemente oscuro, y se pierde toda
visión en el transporte del ángulo que no embarca en su dirección.
La estrechez del ancho se cronometra en décimas de segundo, en la
separación de los hombros a dos pulgadas de la pared, y un peinado
punk de quedarse lacrado al techo. La igualdad equivalente del común
denominador da 1,10 metros a la corta, y la multiplicación de las
fracciones comunes, 1,80 en perpendicular al plano de paso, que
sustrayendo la resta topan en metro cerrado con una puerta.
Se murmuran de cara a un despacho.
Intenta acceder y lo consigue, no esta cerrado con llave.
La sala ceñida no deja selección a
muchas maniobras, lo que en parte también ayuda a no estirar
desmesura para guardar secretos que andan buscando. En la
compostura, Gaudi fisga entre un archivador del reducido despacho
del mes en IKEA, y pequeña Flor en los cajones de una mesa de
escritorio de mesura casta metódica.
Gaudi puntea entre medio centenar de
carpetas, pasándolas al descarte al ver las portadas que no le
atraen. Llamativa rasca sensatez hacia una al ver la gráfica un
escudo pontificio, que hace cama de reposo a un apreciable
manuscrito, que los saca con cáscara. La holografía la repasa con
cortinas corridas por encima y decide guardárselo dentro de la
camisa, para proseguir la indagación.
Pequeña Flor le llamó su atención- ¡Gaudi
mire! -Él miró hacia donde estaba la mujer que le tendía en sus
manos un objeto egipcio, en concreto era un pequeño Anj. Se acercó a
la muestra de Flor, lo cogió acercándolo a la vista, y-...
¡Fantástico! ¡Increíble! ¡Sublime! -Gaudi no descartaba halagos
relatando confianza de éxito. El grabado era idéntico al ideograma
de la representación de la imagen que encontraron de la puerta
derruida de la iglesia y a la Svástica del martillo y la hoz.
Aguando la fiesta oyeron voces muy cercanas- ¡Apague la linterna!
-pidió Flor a Gaudi, que apretó con juicio el aro de luz ahorcándolo
para hacerle callar, hasta que le dio el tiempo libre para descansar
de su bochornosa faena. Flor atragantó a la entrada del cuádruple
despacho de metros cuadrados, y asomó la vista por la puerta
abriéndola mínimamente. Procurando asegurar su anonimato, cogía el
agarrador sin soltarle del cuello para que no estornudara.
Clarificaba luz por el conducto que
les había traído a la sala, y como el fluido del destello iba
cediendo apagándose por completo. Gaudi se aproximó a Flor, si dar
un cuarto al paso se aceptaba poner separación a la diferencia de
acercarse, curioso para conocer de qué diablos era el sucedáneo que
la empalagaba a la vista.
-He apreciado una luz a mitad del
pasillo, y después ha cesado de alumbrar repentinamente. Debe de
haber una falsa pared -miraba Flor, y sin separarse -. ¿Ha
encontrado algo más?
-No -le cuchicheó el hombre a su
lado, evitando ruidar-. No hay nada más aquí que sea importante,
podemos irnos -reseñó.
Dejaban a espaldas la habitación y
linearon el túnel avanzando redomados, desconfiados ante la
adversidad del peligro.
-Por aquí se perdió la luz -comentó
Pequeña Flor al sitio que daba por cierto
Gaudi recurría a la llave de
contador, tras tantear la pared-. Debo de encender la luz, no se
puede ver nada así.
-¡Esta bien, espere! -Dando el
acierto a la solicitud de su compañero la mujer decidía que deben
afrontar el riesgo que supone seguir adelante, pero rebajado a la
décima de la cuarta parte. Sacó de sus bolsillos una caja de
cerillas y ardió una, intentando disimular mejor con una luz más
débil. La rodeó sobre si misma, en la búsqueda de una señal que
posibilitara la entrada a otro nivel del pasadizo donde ahora
estaban inmersos.
-¡Allí hay algo! -advirtió,
creyéndolo ver Gaudi. La cerilla se apagó, dejándoles al ceder de la
mano enfrascados en el oscurantismo del enigma.
Flor consiguió encender otra cerilla
y dirigió la llama hacia donde le indicó Gaudi. Arañando la
brillantez esculpió sacando a la luz un saliente entallado, de
aplique daba escudos de armas al mudo pasaje de contención
-Mire Gaudi, detrás hay corriente -la
llama no resistía el empuje del aire y se echaba para atrás recelosa
de miedo.
-Para entrar debe apretarse algún
resorte, quizás... -el lacónico cuerpo de la segunda cerilla ignora
el empleo esforzado, y acaba rendida en la lucha. Instante que no
discierne ni amedrenta a Gaudi, que fijo en interés se lanza con las
manos apretando con un dedo de cada mano el escudo de armas del
emblema, que cediendo atrás lo aprovecha en la negrura de la ceguera
para abrirse una inexplorada senda. Y se dirige como quid salvador
al pueblo que le sigue a Flor puntillas, que tras él marcha por las
escaleras que aparecen del milagro hecho por el nuevo Moisés.
¿Y qué despreciable argumentación
puede justificar estas palabras? Sacadas de libros sagrados, no de
relatos literarios, ¿o fueran los mismos entonces? Memorizaba
viniendo a su pensamiento ideales cronológicas de enredos.
La presencia innegable de la
reducción de la mujer al papel de posesión comprado por policías
regentadores de prostíbulos, la condonación implícita de la
esclavitud, y las leyes de venta de indulgencias pontifican el
edicto a plazo sin vencer de una opaca arca perdida en una cuenta "offshore"
suiza a buen rendimiento, con titulares eclesiásticos.
"1. El eclesiástico que incurriere en
pecado carnal, ya sea con monjas, ya con primas, sobrinas o ahijadas
suyas, ya, en fin, con otra mujer cualquiera, será absuelto,
mediante el pago de 67 libras, 12 sueldos.
"2. Si el eclesiástico, además del
pecado de fornicación, pidiese ser absuelto del pecado contra natura
o de bestialidad, debe pagar 219 libras, 15 sueldos. Mas si sólo
hubiese cometido pecado contra natura con niños o con bestias y no
con mujer, solamente pagará 131 libras, 15 sueldos.
"3. El sacerdote que desflorase a una
virgen, pagará 2 libras, 8 sueldos.
"4. La religiosa que quisiera
alcanzar la dignidad de abadesa después de haberse entregado a uno o
más hombres simultánea o sucesivamente, ya dentro, ya fuera de su
convento, pagará 131 libras, 15 sueldos.
"5. Los sacerdotes que quisieran
vivir en concubinato con sus parientes, pagarán 76 libras, un
sueldo.
"6. Para todo pecado de lujuria
cometido por un laico, la absolución costará 27 libras, 1 sueldo;
para los incestos se añadirán en conciencia 4 libras.
"7. La mujer adúltera que pida
absolución para estar libre de todo proceso y tener amplias
dispensas para proseguir sus relaciones ilícitas, pagará al Papa 87
libras, 3 sueldos. En caso igual, el marido pagará igual suma; si
hubiesen cometido incestos con sus hijos añadirán en conciencia 6
libras.
"8. La absolución y la seguridad de
no ser perseguidos por los crímenes de rapiña, robo o incendio,
costará a los culpables 131 libras, 7 sueldos.
"9. La absolución del simple
asesinato cometido en la persona de un laico se fija en 15 libras, 4
sueldos, 3 dineros.
"10. Si el asesino hubiese dado
muerte a dos o más hombres en un mismo día, pagará como si hubiese
asesinado a uno solo".
El mas aclamado de todos, el Papa
León X, máximo corrupto de leyes con ofertas 2x1 hasta fin de
existencias terrenales.
Los descarríos, la pedofilia,
afeminados, lesbianismo, perversiones monosexuales, e inmoralidad a
infinito más exculpos de amen son congénitas parroquiales. La
protección violadora de la prohibición explícita de adorar que se
manifiesta en los textos bíblicos fue presunta de impura casualidad.
Y arrastrando de incestos, sus primos
judíos ortodoxos mandan versículos por stop.
"No hagas amistad con el habitante
del país que visites, no sea que llegue a ser una trampa para ti.
Más bien destruye sus altares, quiebra sus estatuas y corta sus
árboles sagrados" (Éx. 34.12).
Dejando enfermedades mentales
eclesiásticas descendían inquietados de dificultad por la escalera.
La balaustrada era de madera oscura, se denotaba al poco detalle al
ir resguardado en la oscuridad allá donde la sombra fenece y no
conoce vida. Los peldaños eran de piedra, y se agradecía que no
fueran también amigo del mismo tronco que la pusilánime barandilla
aquejada de estilo hipocondríaco, y es que resfriado a la humedad
que azotaba haría un chirrido estruendoso, alérgico a pisotones.
En el descenso del camino, se abría
el pasaje del temor para dar con un complejo chiringuito artesanal.
Sobre el techo, se proveía luz con modernos focos que iluminaban una
cueva amplia en la apreciable intensidad, donde a la vista daban
cuenta de hasta media docena de personas, hombres todos tal como
afirma democrática jurisprudencia, y la mayoría atenuados bajo capas
de sacerdotes.
Gaudi que bajaba primero torció el
cuello queriendo expresar lo que veían. Pequeña Flor le miró sin
detenerse, y le empujó de sobra sin apreciar retroceder en la marcha
adelante.
La cueva podría tener a vista pesada
unos cien metros cuadrados, que cuadrada no era la forma cabal que
mas se ajustaba al sitio. Aparte nacían y descendían varios pasillos
sin enumerar, donde no podrían calibrar proporción.
Depreciando el último escalón se
apean de la travesía descendente, y se ocultan agachándose con
soltura dinámica acogidos tras cajas de madera, evitándoles ser
pillados.
Advierten que los individuos que
aposenta la cueva tienen el garbo para no ser meros mercenarios de
Cristo, ¡Ustashas| -estima marcada Flor.
Asentados, esperando en reserva de
cautela dejan que pase el transcurrir del flujo de los
contendientes.
Aprovechan un parón relajado para
moverse lateralmente detrás de una carretilla elevadora, que alzaba
en parada de batería cajas empaquetadas de una altura de más de dos
metros. Por el desagüe del palé tienen indubitable manifiesto, que
hace poderosamente llamar el interés de ambos, secuestrados por el
reparo circunspecto. De una singular máquina iban saliendo
producidos en cadena crucifijos por el tubo de descarga. Las cruces
de souvenir de D.C. troqueladas o creadas bajo otro significado
abogan por una cinta transportadora donde van cayendo los crucifijos
al salir del torrente mecánico, mientras un gancho de acero agarra
en la avenida del carril de canalización las piezas enviándolas para
su embalamiento en cajas de cartón. Auténtico taller clandestino,
pero no cuaja, esto no son recuerdos hechos en bodegones, aquí
venden muerte, y el precio para conseguirlo lo desconocen Pequeña
Flor y Gaudi, analizando el trabajo que se desempeñaba en aquel
lugar sombrío. Encapotados, cubiertos de nula idea siguen
agazapados, no les vale más consuelo por ahora. Lo más raro es
contemplar el mecanismo que fabrica las cruces. En el tubo de carga
de la tolva, el material que echan es extraño total, que ni siquiera
a primer pensamiento podría deducirse que fuera el material que han
bautizado como raenio, el que encontraron en la Svástica asignada a
María. Este es un elemento transparente, una combinación de parecer
agua en aire, y carbón. Tan incongruente como perturbador. Pronto
encuentran algunas respuestas al desacorde mental.
-¿Qué tal están saliendo? -Preguntaba
interesado uno de los secuaces recién llegado al sujeto que estaba
al aparente cargo de la maquina originaria de la producción en
cadena de la confusión.
-Va bien, la producción marcha según
se marcó.
El hombre que había preguntado
desnutre del transportador mecánico una pieza y se va con ella a la
dirección donde estaban Flor y Gaudi. El tipo, por fortuna para
ellos antes de llegar a su encuentro se desvía por un pasadizo, y
Flor decide que es momento de salir del atolladero y buscar más
respuestas al estigma que les predecía seguir al distinguido fulano,
como dueño y posible confesor de respuestas sobrenaturales.
Ellos dos, hacen esfuerzo por
seguirle sin ser desenmascarados, para liberar el propósito de los
crucifijos. El reclutado sacerdote se ha detenido ante una mazmorra
desvirtuada. Toscos travesaños desfigurando quitan hierro de
condición humana a un hombre de aspecto desnudo, agotado del
presidio donde le tenían retenido acusaba estar derrotado. Molido de
esfuerzo estaba prendido a grilletes, y desgañitaba compasión.
El sacerdote abrió la jaula, y entró
dentro sin temor.
-Creería que la santa inquisición fue
cosa del pasado -en la presencia comentaba pequeña Flor.
-No, no, esto no tiene nada que ver
-decía Gaudi en voz de baja, inquietante sus ganas de saber lo que
estaba ocurriendo allí, expresaba agitado de ansiedad.
El supuesto sacerdote Ustasha dentro
del calabozo instigaba malestar al cautivo sin buscar ninguna
finalidad, más que el propio lacerante despreciativo incordiar.
Sujetaba la cruz que trajo de la cinta magnética y la emprendió
dirigiéndola al prisionero evocando unas oraciones partidarias del
latín sin ser concisa, que Gaudi transcribe mentalmente haciéndose
recordar. Todo quedaba ahí, en palabras en medio de la oblación,
cuando a las pocas dudas idiotizar como del crucifijo salía un rayo
metalizado cristalino que desahuciaba la vida del preso, mientras a
la inversa el objeto en forma de cruz tendía a llenarse de una
sustancia que no se podía descifrar de que estaba compuesta la masa.
Huella impresa de la pasión estupefaciente, un algo inexplicable
para Gaudi y Flor.
-Tu fe era buena, -oían decir al
individuo que ya había acabado, condenando al penado. Satisfecho
porteó fuera de la jaula conduciendo marcha atrás a pie, por la
gruta subterránea que le había traído.
Pequeña Flor y Gaudi no negaban
mirarse sorprendidos sin amasar muy bien que había pasado, y sin
despejarse prosiguieron al sacerdote acompañándole en rastreo. El
individuo que les precedía se detuvo, y alojó el crucifijo
arrojándolo sobre una recipiente. Despegado al acomodo vuelve a
reiniciar la marcha que llevaba. Pequeña Flor y Gaudi se
entretienen, dejando escapar en su seguimiento al cruel asesino, a
la hucha donde depositó la cruz especialmente tratada.
Poderoso les llamo la atención e hizo
quedarse allí, el contemplar que el frasco de la cruz estaba
pluralizado al repleto de mismas e idénticas singularidades. Todas
cambiadas en género de lugar, eran desemejantes a las que se estaban
produciendo en la maquina que vieron al principio de la galería. Si
se trataba de una mina era incuestionable compararlo, lo único que
el elemento era pretendido por algo más codicioso que el dinero, y
no pergeñaba valor real suficiente.
La diferencia de estas piezas con las
antecesoras no era en apariencia, una metalizada capa las envuelve
alteradas por una especie de campo magnético. Flor cleptómana
enfermiza de lo pasado, a cobro se oculta uno de los crucifijos,
Gaudi seducido al palpar las cruces, les ofrecían la tentación de
apoderarse personalmente con alguna. No dio tiempo a que se
decidiera, insospechadamente Gaudi es agarrado de los morros por un
brazo sin dejarle que pueda maniobrar. Pequeña Flor agarra una brida
de la mesa que adueñaba la mesa cercana a ella, y se da la vuelta
intentando defenderse con mas coraje que esperanza.
Pero no hace falta, es José quien
estaba sujetando a Gaudi.
-Schhh, -entrante chispea guiñándole
el ojo a Flor. Gaudi se alivia a darse cuenta que era José y libera
un aliento de sosiego al sentirse redimido.
-¿Cómo has llegado tan rápido aquí?
-le preguntó Flor a José.
-Cogimos un vuelo directo -le
contestó.
-Ya, seguro -renqueando en la
respuesta que le había dado José gruñía Gaudi.
-¡Alto! ¿Quiénes sois, que hacéis
aquí? -sin dejarse que se apretaran las manos se dirigió a ellos
alzando la voz uno de los habitantes establecidos en la caverna.
-Somos de congregación alahajá -dijo
José abreviando excusas.
El hombre que los preguntó, diluido
en interpretaciones exégesis permanecía retenido en el pensamiento
del entendimiento, hasta que otro sacerdote le despertó del sosiego
medievo.
-¡Es un infiel, deténle! -le gritaba
su compañero. Desde las alturas que le situaba una escalera de dos
plantas los deslumbraba por encima de ellos, y pensando rápido
cambió orgulloso de orden-. ¡Mátale! ¡Mátalos a todos! -sentencia,
finalizando su intervención.
El sacerdote que había sorprendido a
los intrusos, junto a un nuevo sujeto que había llegado alertado por
el griterío empujan lanzando los rayos de sendos crucifijos sobre
ellos.
José desconoce que es pues acaba de
llegar, pero no apremia reparo para ahora comprenderlo. Lanza al
aire la mesa contigua a ellos, haciendo de contención detiene el
primer envite.
-Cuidado José -advierte Gaudi-. Esos
rayos quitan la energía del cuerpo, matando a quien lo reciba.
-Mas o menos -recalca Flor, queriendo
destacar que era una valida casi compuesta.
Se deslizan en pasos hacia atrás con
los rayos lanzándose sobre ellos. Procurando cubrirse de ellos José
los detiene con cualquier cosa que encuentra a mano o a pie,
poniéndolos de escollo que dificulte la progresión de los radios
lumínicos.
Rebatidas sus intenciones de
escabullirse chocan contra una gruta cerrada. Sin vía de escape, la
salida está cerrada de par en par
-¡No hay escapatoria! -Pequeña Flor
lee en alto el pensamiento de los tres.
José miraba hacia el tapón de ruta,
todos lo hacen queriendo encontrar un posible escape, que ineficaz
haciendo frente común, asumen. Flor se apañaba en que actuara el
crucifico del que se había incautado en la previa.
Sus enemigos fortalecidos aumentaban
el cerco empequeñeciendo la parcela rival, con una docena de
efectivos que no se sabía ni de donde llegaban. Los aparentes
Ustasha hostigaban enviando una y seguidas después más veces sin
cesar los rayos luminosos hacia ellos comprometiendo la integridad.
Flor rumia -es inútil, no sé como
hacer funcionar esto -comentaba de la cruz que había arrebatado
antes.
-¡Déjame a mí! -le pidió Gaudi.
Cuando se la pasaron embaucó en latín las palabras que escuchó
anteriormente en la tortura, y se seguía sufriendo de la ineficacia
de poderlo manejar.
-¡De todas formas parece tener
limitada su fuerza! -reflexionaba Flor. Efectivamente tenía razón.
Los esbirros que atacaban con aquellos cacharros, desechaban tras
varias descargas contundentes su arma al suelo, y utilizaban una
cruz nueva, recién salida de fábrica. Urdía el ingenio sin
convencimiento, de la creencia sin juicio de ser monocargadores no
recargables al vacío, una vez utilizados.
José amortiguaba el intenso asedio
proyectando un escudo que parece medio aguantar, aunque no es todo
lo poderoso para asegurarlo. La energía de los crucifijos pereciendo
en su culminación son inmediatamente sustituidos por otros de
refresco, y el acoso atacante no limita en ninguna ocasión la
intensidad de la embestida.
El empuje no cesa del fusile de
rayos, y negando fulminante el brío de la arremetida se gastan casi
por completo los envíos de rayos. -¡Traed más! -Gritó uno de los
combatientes antagonistas al agnosticismo. De esta detención de una
baja munición se aprovecharon los perseguidos para reponer conjuntas
ideas.
-¿La bebida vertida de la fiesta es
cosa vuestra? -Preguntó José.
-¿Qué fiesta? -no comprendía Gaudi de
que estaba hablando.
-De la sangre a la entrada.
-No, si ya me dijo Flor que era
difícil disimular...
-¿Qué fuera vino? Lo parecía, pero su
sabor me lo desconfió.
Gaudi sospechaba mal, y se hacía
sumiso al maquiavélico accesible de José.
Este amansó -¡A ver si vas pensar que
me la bebo, pero su olor es terminante!
-¿Y María? -Gaudi, ferió pregunta de
fructífera practicidad.
-Se quedó fuera, estaba algo mareada
del vértigo de la travesía -decía sin que pudiera presentar ninguna
ayuda.
-¿Y si atacaras ahora José? Podríamos
pasar entre ellos los tres con el escudo -daba de posibilidad Flor.
-¡No me atrevo!, podría entrar un
rayo y dar, sobre todo a vosotros.
-¡Entonces debes intentarlo tu sólo!,
José, debes irte y escapar -razonaba Flor.
Gaudi daba la misma aceptación -Creo
que si, ¡es lo mejor!
-¡No! -Súbito rechazaba lo que
entendía ser intolerable en las difíciles circunstancias en la que
estaban negociando los términos de rendición Flor y Gaudi.
-¡Escúchame José, nosotros no podemos
hacer nada, y esto se va ir complicando, y como tú...
-¡Mírame Flor! ¡No! ¿Me oyes bien?
¡No! Pensemos otra forma de escapar ¡los tres!
Cabezón de primera, dejó perdida la
ocasión de irse y ganó la confianza en luchar por sus amigos.
Los sacerdotes sin perderse en
charlas habían llegado tutelados con cajas repletas de crucifijos
humeantes, radiantes de capa metalizada y arrojaban nuevamente sus
rayos sobre los tres arrinconados.
-No sé si podré contenerlos mucho
tiempo -José quería ser sincero, a pesar de que tal vez debería
medir más las palabras que podrían molestar la sensibilidad de los
que le rodeaban-, podría llamar a María aunque no sé si me
escuchará, ni si nos sería de auxilio.
El socorro de José da síntomas de
agotamiento, debilitándose se deteriora cediendo ante los continuos
rayos que le llegan lanzados por los sacerdotes. José, que receloso
no quería involucrar a María, teme que sea la única esperanza de
liberarles, y teme también de que sea una encrucijada mortal para
todos.
-¡Llamaré a María! -se decide,
regañando entre los dientes.
-Creo que ya no hace falta -dice
pequeña Flor. La aparición repentina de María rapta toda mirada
hacia el techo. Su irrupción acoge los ímpetus del lugar, con
entrada violenta ha llegado en un estallido sobre la techumbre.
Bajando en espiral cabeza abajo remolina lanzando soberanas dosis de
hojas planas distribuidas cortantes de la Biblia minúscula reclutada
del piso de arriba, que maniobran en su pecho de magia magnética.
Batallando bajo pose de bibliotecaria, única e irrepetible, despeña
con mucho corte a los sacerdotes que indagaban asomados a lo alto
los anchos movimientos de María, con medio folio fuera de la
impresión general el resto del cuerpo lo atraviesan por mirones.
Haciéndoles pose de frente caen bajo
prosa los contrincantes, del reverso de la que en deriva sonríe a
José. Cabizbajo los sacerdotes van sucumbiendo al atrevimiento de
sacar la jeta. Acongojados por la contraofensiva de José, desligado
del aislamiento mana y emerge solapazos a sus enemigos a mano de
palos, nunca mejor dicho.
Gaudi y pequeña Flor se habían
quedado turbados mirando a María sorprendidos, y contenidos por si
podrían ser útiles sin tirarse a la ruina absoluta.
Despejado el encuadre de la opresión,
los Ustasha se echan para atrás no queriendo quedarse acompañando a
sus compañeros ya ateridos, curvados por el frío suelo
María va yendo al final donde seguían
Flor y Gaudi, que permanecían estáticos sin decidir si salir ya o no
-¡Vamos! -dice-, ¿a qué esperáis? -dándoles la decisión moderados
por ella, ellos salen al salto del interruptor.
Cabeza abajo María les da la salida-
¡Agarrados a mí! -Gaudi y pequeña Flor se sujetan firmes cada uno a
un brazo de ella- ¡Vámonos! -Da la señal y los tres levantan el
vuelo hacia el techo.
Contemplar a María es tarea empeñosa.
De tenerla por criatura dócil, descomunal ha variado en el
conocimiento que se tenía por propia y extraña. Y ahora es ella
quien quiere ser, sin que nadie la mande trabajos forzados. El peso
que soporta es ínfimo, la fuerza de semidiosa libera a Flor de
compararla con la conocida por antigüedad de José.
Con mención a él tras haber llegado
María junto a sus refugiados arriba a la otra planta, José en
solitario salta sobre la mesa central del almacén y en el largo
tablero se adelanta en carrerilla. Prosperando a galopada lanza a
puntapié una jarra metálica de cerveza que molestaba en el
recorrido, hacia un Ustasha que llegaba al frente. Partiéndosela en
la cabeza, deja seco el recipiente y húmedo borracho acostado en el
suelo al soldado sacerdocio del golpetazo. Con arrebato brinca de
ímpetu hacia el agujero del techo, conforme lo atraviesa reposa
sobre la base del suelo de la planta base de la engañosa Iglesia.
-José mira a María sorprendido y
orgulloso-, ¿tú no tenias vértigo? -Le pregunta.
-Ya ves, la evolución de las
especies, ¿o no te gusta este cambio?
-Me gusta me gusta -afirma y conforma
José repitiéndose las palabras.
En constante éxodo del pueblo
perseguido, los Ustasha a trompicones se les oye llegar hacia ellos.
Sin dar ninguno de los cuatro una voz de carraspera, sin sugerir
escape y partir veloz, sincronizados van hacia la salida de la
iglesia. La huida es un instinto humano, sin negarlo en el momento
de peligro.
Gaudi que había salido primero por la
puerta giraba hacia la izquierda, y postró su decisión José que tras
él le detuvo-. ¡Por aquí no! -le confirmó arrimando su brazo de
camarada.
Flor que venia detrás ya había
adelantado a ambos tras la parada, y al mover la cabeza por lo que
escuchaba de José también se detuvo, teniendo el temple sereno
miraba a su amigo eterno.
-¿Qué pasa, Flor? ¡Poshli tovarich!
María que era la ultima en salir
mostró el camino verdadero de la salvación-. ¡Es por aquí! -"Así,
los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos".
Todos la siguieron esclavos de la
devoción por la vida. José hizo acopio de ganar tiempo cerrando las
puertas de madera de la iglesia. Apoyó su dedo pulgar en la
cerradura fundiendo transigente al metal. El plomo del pestiño era
liquido caliente, templario rejuntaba la puerta sellándola.
Al lo rápido velados por la luna
tienen que entenderlo, y precavidos sería poco para el asombro de
Gaudi y pequeña Flor al mensurar el jet de donde vinieron María y
José.
-¿Qué, no os gusta? -les sonreía
José.
-¡Es un avión! -Gaudi exclamaba sin
dudar apenas.
-¡Ya os lo había dicho! -le comentó
José. -¡Venga, subamos antes de que vengan los malos! -Una regaña
leve para menguar el carácter monstruoso porteado en capítulos que
se vuelven en cada era solar pesadez, repitiéndose clásicos
tendenciales.
"Los buenos" escalan por la nave
ocurrentes de irse más pronto que tarde de la clausurada velada
santa. Cuando han contado "cuatro" tornan el vuelo alejándose sin
odiar la despedida. A estas alturas no les sorprende ver salir
diminutos puntos de la iglesia, "matamarcianos en red". Con las
cuatro vidas intactas siguen la partida a remolque, estando a la
altura de las circunstancias.
De vuelta a París vuelan pasando por
el desfile de nubes, sin contar el aire fresco en las que andan
metidas las ignoran.
Tras indicar al piloto automático las
coordenadas que debe seguir sin despistarse, José decide ir hacia la
parte trasera del transporte. Sus demás compañeros reposan e
intercambian información sobre lo vivido recientemente en ambas
aventuras.
Los tres hacen un rápido parar, y
acercan su mirada azarados hacia José al verle junto a ellos,
alertados por no haber nadie pilotando.
-Tranquilos, está controlando el
mecánico suplente para que nos lleve a casa.
Los tres cortan precisas atenciones
hacia él y siguen en su charla. José se distrae de tanta tensión
acumulada, y se recosta al abrazo de uno de los sillones que
ofrecían deseo de poseerlo.
-Y eso es lo que pasó -oye decir de
boca de Gaudi. Parecía que ya había acabado el pase completo a la
explicación, y con tanta faena desde temprana hora no le apetecía ni
preguntar el qué había contado. Corrompido de bostezos, persuadía
quedarse a dos velas por deseo propio
Gaudi se movió hacia José no
queriendo dejarle al margen de la sociedad-. Le estaba comentando a
María como dimos con los explosivos crucifijos. -Gaudi acabó su
desaborida declaración y retornó su hablar a ambas mujeres
presentes.
-También lo curioso fue encontrar-
José paró la secuencia, despertado aposta no conciliaba ya
acomodarse de segundas escenas, y cambió de plató-. ¿Y qué fue, como
disteis con las cruces?
Gaudi volvió hacía él, dejó su mente
ocupada pensando y rectificó su anterior aclaración- Perdón perdón
si, te cuento- explanándose sin dejar recodo por conocer a sesión
continua. Recostado al suave relax del sillón, José visualizaba las
medidas descripciones que daba Gaudi junto a la ayuda estimada de
Pequeña Flor, aportando detalles de la película. María como simple
concurrente de la ya sabida trama callaba. El arte del filme no era
difícil imaginarlo, la interpretación que se daba era merecedora del
atento interés del suspense.
-El relieve de la cabeza del Anj como
veis tiene la misma figura que ya vimos en la Svástica y en la
propia pared derruida de la iglesia de Azogue. Como ya os estuve
afirmando no existe que se sepa públicamente algo que se parezca,
aunque fuera remotamente. ¿Y ya qué decir de la Z central? -En el
relieve del objeto egipcio bajo la hoz y el martillo lineado en
svástico fecundaba una raspadura en Z- ¡Nada, ninguna reseña sobre
esta Svástica Anj! Una Svástica comunista enrolada en una Anj,
parece un juego macabro.
-Algo debe significar -definía Flor.
-Sí, ¿Pero el qué? Creo que hay algo
que se me escapa cada vez que lo repaso -creaba Gaudi progreso de
que hay que investigarlo más a fondo.
-¿El Anj realmente es de la época
egipcia o es sólo simbolismo? -quiso conocer José.
Gaudi iba a contestar, pero Flor le
gano la baza respondiendo antes a la lógica pregunta de María
-A la prueba hecha del carbono 14 que
he comprobado con el equipo portátil no miente, y nos cuenta que
puede tener bastantes siglos antes de cristianizarse la era antigua,
que sacaría de margen a las civilizaciones egipcias -era una
cuestión que meditaron sin darse ninguna presumible certeza.
-¿Cómo os financiáis? -daba interés
hacía nueva inquietudes María al ver por ejemplo aquel fabuloso
aparato portátil analizador de ADN que no sabía su valor, y se le
hacía difícil añadirle ceros a alguna numeración.
-Mejor no preguntes, no te gustaría
saberlo.
-¿Tan malo es? -se asustaba Gaudi de
imaginarlo.
-Bueno, malo -sin perderse en la
razón- según se mire -apreciaba Flor, ¿o no José?
-Lo único malo y también beneficioso
para nosotros es que todo es libre de impuestos -explicó dándole más
vueltas para hacerse pensar la forma en que era. José, ya cansado de
estar sentado se levantó y describió más correcto lo que le llegó
pedido de duda.
-Mendigando a la puerta de la
Iglesia.
-Ja, muy bueno José -reprochaba
quedándose sin conocer la verdad Gaudi.
-¿Habéis visto a los pobres que piden
en la Iglesia? Pues ellos son nuestros recaudadores.
-¡Estas de broma! -se afirmaba Gaudi.
-¡No, así es! La Iglesia da mucho
dinero y como parásitos nos alimentamos del huésped religioso.
¿Hablas en serio José? -era ahora
María la que aun no terminaba de tenerlo seguro, por si se trababa
de una guasa.
Flor le confirmó -Reclutamos a
nuestra gente, nos hacen de informadores y cobradores a la vez.
¿Y, y cómo lo hacéis? Me refiero ¿a
qué como contactáis con esa gente? -María se sentía con ganas de
conocer más.
-Fácil "¿Buscas dinero fácil?", con
anuncios en periódicos, todo a través de contactos virtuales,
llamadas telefónicas.
-¿Y cómo qué la Iglesia no lo sabe?
Con centenas de personas -miles- aclara Flor- con miles de personas
haciendo ese trabajo. Yo no lo sabía -cuenta María,- pero se me hace
difícil de esconder algo así
-Sí lo saben, ¿quién crees que es
nuestra competencia económica? Lo que no saben es quien está detrás.
Todo está muy bien organizado para llevarles a distintos nombres,
diferentes empresas, cuentas opacas, y aun llegando a toda esa
información no les interesa removerlo mucho al estar ellos metidos
igual en el negocio.
-¿Pero montar una tapadera tan grande
es demasiado para vosotros? -seguía María consultando recelosa.
-Efectivamente, es un trabajo
encomiable, pero no estamos solos. Hay mucha gente detrás que daría
la vida y desgraciadamente la han dado por ayudarnos.
-¿Y cómo esas personas os siguen?
-María parecía poco precisa en no acabar las preguntas.
-¿Con fe? -respondía ironizando José.
¿No preguntas por qué, no quieres saberlo María? -le pasaba la
pelota a ella que escondía hablar, y es que José no cedió el testigo
de fe- Por infé, por desfé, por haber sufrido a cuerpo algún horror
por Dios a ellos o a sus allegados. Por culpa del engaño religioso,
por bendecidles en la putrefacción de sus esperanzas, de haberle
llevado a la muerte en vida sin más espera que no haber nacido.
María no resistió el empuje tan duro
de José, no aguantaron sus ojos cansados de mirar tan de cerca a su
chico rudo, con mal genio, y los cerró para que no saltara a la
vista el desparrame que podía empapar desconcierto.
José le llegó, molesto del modo de
ser sus maneras y la abrazó sin dejar soltar ninguna palabra que
dañara a su sueño dorado.
Para no perderse en emociones Gaudi
introdujo algo que se le había pasado por alto, y comentaba
levantando la voz para que estuvieran pendientes de él.
-¡Escuchad! - Hay curiosidades que
podemos comparar y nos ayudará a aclararnos. El Anj es a nuestro
tiempo una cruz, aunque para algunos egiptólogos lo han detallado
como un lazo, otros en cambio han creído que podría ser la parte
superior de una sandalia y también están los que opinan que
representa un cordón umbilical anudado. En las pinturas egipcia se
han hallado representaciones del Anj en la boca o en la nariz de los
muertos y de los dioses, queriendo aportar la afinidad un soporte de
vida.
-¿Un respirador nasal? -preguntaba
Flor.
-¡Aliento vital! ¡Fuerza vital
imperecedera! -era claro Gaudi definiéndolo.
José se acercó a la mano de él antes
de que siguiera narrando más hechos. Le retiró el Anj y lo puso de
frente a la cara de la cruz que se habían traído de la Iglesia. La
pareja formaban gemelos en similitud exceptuando la cabeza de Anj,
en forma y medida encajaban como estar paridas por igual maestro
hacedor.
-¡La madre del cordero, si son
iguales! ¡Perdón, es la emoción! -rescataba Gaudi sus impulsos más
humanos. Todos sonrieron, especialmente María que estaba cierto lado
apagado de un intenso debate tenido antes con José.
-¿Y si estuvieran hechas las cruces
con el mismo fin que los Anj?
-¿Para dar la vida? No es
precisamente lo que nos estaban concediéndonos los Ustashas allá en
la Iglesia.
-¿Y si...? -María quería comentar
algo pero le pareció tan ridículo que no lo aportó.
¿Qué, María? Dinos que piensa.
-Nada, era si... nada, una tontura
-lo entendía sin decirlo.
-¡No te lo calles por favor,
cualquier cosa nos puede valer para ayudarnos! -le solicitaba Gaudi.
-Qué lo diga... Qué lo diga... -
canturreaba Flor, y Gaudi y José en patio de colegio acompañaba
infantiles el estribillo-. "Qué lo diga, qué lo diga"-, todos pedían
en cantos.
-Está bien, sois como niños
-sonriendo les decía.
-¿Y sí en vez de dar la vida su
propósito fuera lo contrario? ¡Quitarla!
-¿Quitarla? -No le parecía a José muy
cómoda esa presunción de María.
-Ya os dije que era una tontería.
-¡No no, tienes razón María, podría
ser! -Agradaba Gaudi con este nuevo enfoque. El rayo de la cruz
quitaba la energía del cuerpo y dio muerte al hombre que vimos de
conejillo de indias, y lo que jamás se pensó, que un Anj hiciera la
misma labor en su época.
José, achuchó un beso en la mejilla
sonrojada a posteriori de María.
-¿Me lo das por lo qué he dicho?
-¡Sí! ¡Es una excusa perfecta para
poder acercarme a ti!
María y José, José y María, se
obsequiaban alternos yacimientos de agrados.
Parecía tener buena aceptación el
comentario de María considerándolo de esta otra practica, y
recitándolo como ya fue mirado tantas veces el Anj por Gaudi, lo que
se le ausentaba lo tenía delante de sus ojos, la Z-. ¡Diossss!
-Reclamó el grito pero no la presencia, sino la ausencia oculta- La
profecía me había nublado en los últimos tiempos quedándome fijo en
los periodos trascendentales, e ignorando que todo parte de mucho
más antes. Creo que quizás toda la forma de entender la religión
cristiana ha sido desviada igual que los cepos de plastelina para
averiguar la profecía, distinto camino hecho para proteger el
verdadero. La Z, la misteriosa Z la tenemos aquí en el Anj, y yo era
incrédulo de crear una relación en esa civilización, pero lo que
nunca se me pasó por la cabeza es que el origen de la letra Z está
encontrado en la escritura jeroglífica egipcia, donde se
representaba mediante el dibujo de un carro según algunos, o el de
una hoz según otros pocos. ¿Y esta hoz no será la referencial para
la que aparece como embuste comunista? El martillo es otro desorden
sin base científica, ¿pero el dislate de la hoz, la Svástica, la Z y
la profecía no lo son?
José desnutría el rebuscado desvarío
del deseo vivo. Loco se respiraba arcanos, misterios reservados para
no ser conocidos. Enajenado calculaba inmensas perdiciones arcaicas,
y nadie llegó a vaticinar que las traspasadas fronteras del segundo
milenio pudieran hacer cosquillas de destrucción envuelta en
incomprensión.
Ido, en eventual vesánico no imagina,
y en cambio presiente el desvelo futuro del pasado.
Sólo miraba al cielo cuando llovía,
como tonto reprimido para agachar la cabeza por el peso de las
gotas. Condenado en la tierra las nubes se reían de su estancia, de
cada paso escupía sus tacones barro, encaminado de cabeza seguía sin
fin al paso previo.
-Los fenicios la llamaron zain,
"arma" -enredaba o tal vez aclaraba con más detalles que iba dando
Gaudi-. En el alfabeto griego es una especie de cetro, ¡de arma!
Contando lo realizado, acaecidos
derrochan producción de particularidades.
-Tendremos que esperar a llegar al
laboratorio, a ver que puedes sacar Flor -le señala en mirada hacia
ella, movimiento el objeto a descifrar que levanta entre las manos,
como una carga pesada de maldad.
-Lo que sí pueda ayudarnos es el
manuscrito que encontré en los archivadores del subterráneo de la
Iglesia -decía Gaudi mientras intentaba sacárselo debajo del jersey,
donde resistía rapto sin permiso de ser mostrado. Con el revuelo se
me olvidó de que me los había guardado- la excusa era poco inventiva
y sonaba a cierta, tanta como que lo era. Cómplice Pequeña Flor se
solidarizaba junto a él-. Yo tampoco me acordaba. ¿Contenía algo
interesante para traerlo? -Preguntó desligándose de ser coautora de
todo lo que tratara el tema códice.
-Más que el manuscrito que no detallé
por falta de luz, fue como podéis ver por el escudo pontificio que
llevaba. La carpeta es reciente, años, décadas, no más, y el escudo
no respeta ninguno de los papas de este último siglo, y tampoco de
ninguno en concreto.
Flor que parecía tenerle manía a
Gaudi procuró no hablar y esta vez guardó su frenesí de vitalidad.
Gaudi no pensaba que le tuviera tirria, aunque si que era muy
impulsiva, lo mismo que le pasaba a él a veces como ahora, que
quería concienciar lo referente- No es que me sepa de Memoria todos
los escudos papales para listarlos, pero si que este no lo había
visto nunca.
¿Será de algún religioso inferior?
-pensaba José consultándolo.
-¡No creo! ¡Mirad! -dijo, pero sin
enseñar nada-. Tiene figura de cáliz, que es la forma más utilizada
en la heráldica eclesiástica de los papas.
-¡Déjame ver por favor! -le pidió
cortés María a lo que no puso oposición Gaudi, dejándole la carpeta
con lo que contenía sin soltar en prenda. Lo colocó asentándolo
sobre un sillón y en cuclillas lo exprimió-. Este escudo se parece
al que tiene el obispo Ratzinger
-¡Ratzinger! -Sacudió la venida de su
nombre en alto.
-Si, pero sólo en parte, no es igual
del todo. De esto estoy segura porque lo vi hace unos días cuando me
hospedaba en casa del príncipe Masín, y Ratzinger estaba también
invitado para una congregación que tuvo lugar en París.
Pequeña Flor se acercó al ordenador,
que comunicaba con la red por vía satélite, y encontró fácilmente lo
buscado-. Aquí tenemos el escudo de Ratzinger como obispo, y...-
hizo un leve espera cuenta atrás- ¡Aquí el escudo anterior como
arzobispo de Munich y Freising!
Los cuatro miembros tripulados
pegaban latigazos al cuello para comparar las imágenes virtuales con
la física y el parecido llegaba traídas por las miradas. Ciertos
simbolismos predecesores estaban en la nueva composición, y otros
echados por concilio ecuménico se cubre de impositivo jurídico,
ilusismo iuspositivismo, afinando.
-La disposición de las piezas de los
escudos parecen seguir un mismo patrón -dejaba Gaudi su opinión. Los
comentarios de los demás les daba la razón al participar en el
coloquio ordenado por historia no común.
Gaudi quería llegar a la parte donde
no había estado más que un entrar, mirar y cerrar. La carpeta que
estaba en manos de María almacenaba más de lo mismo, y era hora de
saberlo.
-¿Miramos que hay? -consideró a María
que cediera para devolverle los papeles.
Ella sin tenerlo en cuenta abrió la
carpeta sacando el manuscrito. Cuando lo manoseó, delicado
condicionó que no tocaba hacerle este papel, e inconsistente se lo
entregó a Gaudi que buscando intimidad se lo llevó a escondidas para
estudiarlo apartado de lo demás. No era por disimulo, su careto
importaba tendencia de seguirlo aliciente.
-¡Estupendo! Esto esta muy bien, pero
si... ¡Ahá, aquí está! -Desdeñaba frases como conversador loco,
atraído al estudio del ocultismo. Todos querían saber que pasaba,
¿cuál era tan maravilloso interrogante que entusiasmaba a Gaudi? La
intriga que presenciaban de él rondaba a su cercanía.
Flor, muestra de exculpación, en
sigilo le preguntó-. ¿Que dice?
Gaudi que estaba a ras del papel
esculcándolo no dijo nada. Tampoco se giró, e hizo un tentempié de
espera con un gesto de su mano levantando pidiendo un plis. En un
tris se levantó, con el escrito se fue hacia el frontal del avión, y
lo colocó a la altura de los pensantes sujetándolo con un click
imantado sobre la puerta de la despensa de aluminio.
-No sé por donde empezar. Esto que
leo es un tremendo salto histórico que culmina el más grandioso
deseo de saber, y es nada más que el comienzo de lo que parece
escapar a nuestro alcance. Da certeza de mi desvelación de parte de
jeroglífico y lo que comentaba José, de ser su vida no terrestre.
-¿Entonces...? -Se apresuró a saber
José lo que intuía.
-Advierto que esta hoja escrita en un
griego inusitado está incompleta, debe corresponder a un tomo, y por
lo que relata diría que se integra en el libro escrito en antaño
dado por desaparecido de Ptolomeo.
Ptolomeo
fue un matemático griego...
-Nos hablo de ello en su casa -le
ahorraba Flor la explicación repetida.
-¿Ah sí? Entonces si, eso es, así es
-afirmaba entusiasmado de enviar ya formado el cuento a otra parte,
de palabras que recopilaba, de aciertos en tiros de conocimiento, en
las impresiones diversas se recomendaba un estimulo de la
perseverancia.
-Cuenta la llegada de seres
provenientes de otros planetas, de Dioses que regían en aquellos
tiempos acá en la tierra, y de un Dios que veneraban en Egipto los
esclavos e incluso los faraones. Indica un cúmulo de potencia que se
servirá para detener el fin del mundo cuando llegue, para
conseguirlo con las siguientes tablas que... ¡y no dice más!
-¿Quiere decir...? -quedaba en la
duda María pretendiendo saber más.
-¡Lo que dice! -Se expresaba Gaudi
tajante. El mismo intuyó que su respuesta era tan seca que
desconsiderada a la opinión siguió contando-. Interpretarlo como
todas las escrituras tiene sus vicios y sus posibles errores, pero
esto que dice es un poderoso manuscrito jamás visto por la fuerza
pública.
-¿Y qué valor tiene de autenticidad?
-quería María asegurarse de que fuera tan real como que fuera seguro
total.
-Sólo hay que ver como está
redactado, el lenguaje, el papel hecho de hoja cortadas para formar
un tomo. Relata datos históricos ya sabidos que citan unos 400 años
antes de la nueva era que concuerdan con lo que al menos creemos
sucedió. Si lo que mencionas que fuera un ardid con el propósito de
conseguir cierta finalidad escapa ya a lo que puedo sacar de aquí.
Entonces -se dirigía a él ahora
pequeña Flor-, ¿por lo que está grabado se presume conocimiento de
que hubo vida extraterrestre en aquella época?
-Al menos eso creyeron, otra cosa
diferente es que se tratasen de seres ilegítimos manipulándolos a
voluntad. No debemos dejar atrás que los faraones eran para el
pueblo llano dioses.
-Quizás podría referirse a Dios,
¿pero el manuscrito habla de seres no? -administraba Flor esta dosis
de apreciación.
-Si, si -confirmaba Gaudi. No pone
números pero cita a varios.
-Déjame que le eche un vistazo el
carbono 14 -pidió como buen hacer Flor.
Las preguntas detuvieron el deseo de
aparecer quedando en tensión transitoria callarse, pero fue nula no
idearlas donde discurrían en la incertidumbre mental.
-Si os preguntáis si el resto del
libro estaba allí en la iglesia lo dudo, al menos donde guardaban
los documentos no vi nada más, pero no encuentro significado a que
estuviera esta hoja suelta en un archivo.
-Cómo tú dices, era un libro
desaparecido, tal vez sólo exista esta hoja, ¿no lo crees así?
-Dudar o creer José, es una respuesta
difícil de decidir, tú lo sabes bien. Toda la vida se ha confiado
que el libro estaba perdido, ahora encuentro esta hoja y no puedo
arriesgarme más que en suposiciones. Debe servirse que es lo único
que queda del escrito o está repartido en algún lugar diferente el
resto, puede que aun peor, en distintos. No lo sé.
-No te preocupes -rebajaba con ánimos
la desganada respuesta de Gaudi por no ser eficaz en la ayuda que se
precisaba.
Repentina pasajera trasmitió José un
detalle-. Esta Lámina no ha sido arrancada del libro, si os fijáis
ha sido cortada, ¡Y mirad! -José prensaba su dedo cerca donde
señalaba, sin tapar el sitio del que detallaba- Hay un valle, como
si hubiese sido cortado por unas tijeras en dos cortes.
-¡Es verdad! -opinó María, que
aplaudía con entusiasmo junto a los demás en su cara la oportuna
exploración de José.
-¿Podrías saber con exactitud como
fue realizada la separación del tomo Flor? -le preguntó su amigo del
alma.
-Podría intentarlo, y compararlo con
la base de datos de materiales e instrumentos cortantes. Si fuera un
corte reciente seguro, si es de la época de Tutankamon desde luego
que no quedará ni maldición si tuviera -realizaba esta explicación
para responder a José-. Me parece que voy a tener bastante trabajo
cuando lleguemos. ¿Quién me va a pagar las horas extrasssss?
-presumían sus palabras ironía.
-Flor, pequeña Flor, ¿no compensaría
ese trabajo un masaje que cautivara tus tensiones, y aliviara el
estrés que carga sobre tus hombros? -Seducía en palabras mientras
sus brazos agarraban la zona del cuello de ella, que a remolque
relajada farfullaba con los ojos y la boca cerrados. -Shiinnn
María miraba, no era un hecho de
insegura pero se sentía pobre idiota en medio del intrépido
masajista, y no pudo remediar su sensación -¡Eh, que yo también
quiero un masaje! -dándole lleno que no eran celos sino el gusanillo
de la envidia.
-¡Y yo! -Confirmaba Gaudi que también
necesitaba relajarse.
José pudo sonreír a todos, ante
tantas peticiones.
Sonó un chirrido por los altavoces
del avión-. Es el ávido de que estamos cerca de casa, voy a la
cabina a preparar el aterrizaje -salvado por la campaña se
escaqueaba del empleo que le demandaban.
-¿Y dónde piensas hacerlo? Le
preguntaba Gaudi a José.
-No sé, improvisaré -respondió José y
se fue a buscar los controles del aparato.
-Si, si, tan tranquilo me quedo yo
con ¡el efecto improvisación!
-Je, je es usted una persona llena de
humor, le dijo José en la despedida que ya había cursado al puente
de mando. Gaudi miró a pequeña Flor y María que sosegaban tranquilas
en los sillones, sin dar apuesta a que estuvieran o no despiertas,
para haber preguntado si lo que decía José era sólo broma o no.
Curiosa interpretación opuestas al contrario de posiciones justas
iguales.
José descendió el avión y tiró del
tren de aterrizaje para ir resbalando hasta el hangar, que era lo
estrictamente amplio para aparkinarlo.
La introspección en el rato libre
equipara pensamientos de actos a sentimientos. La emoción contenida
en un saco de pulgas con mal avenidas vecinas termitas, provocan
agitación de voracidad por comer en escape infructuoso las vigas de
maneras metálicas.
Cada par a dos pares, cada impar a
cuatro individuales, y carentes de una unión particular se
encartaban de ser testigos elusivos a encausados directos.
El pensamiento de hacer espera tanto
tiempo prorrogando en meditados actos, no relega lo que se aceptó
como paréntesis hasta la hora de la causa llegar. Por cansino
sentimiento la tardanza era un desgaste constante, mucho de lo que
no hubo se perdió sin llegar a formar, en alguna parte.
Tras el descanso necesario vuelven a
reunirse los cuatro compañeros de escapada, tirando a bloque dando
todo. Repuestos, enteros de fuerza van a tope. Hablando en grupitos
de dos, por un lado Flor y María, por otro sin perder rueda de lo
que hablaban José y Gaudi esperando entrar al relevo, cada uno en su
parte magistral.
Se hace un parón general tras el
rodaje fácil y encaminan el primer escollo importante, la quebrada
de la cruz.
Flor lleva la voz cantante. Ha
analizado la ruta que le quedaba y ha aparecido una energía cósmica
que fluye variopinta, dando parte de ello a los demás, de la
dificultad a la que se enfrentan.
-Tenía razón María. Este crucifico
está creado con la intención de retener energía para después
liberarla.
-¿Qué energía es la que pueden
absorber de un hombre? -dejaba Gaudi su duda.
Hubo un renglón en blanco, para
satinar la correlación intervenida.
-¡El alma de los hombres! -Alguien
saltó primero, y se repitió de boca en boca.
-¡Y transformar esa energía en otra!
-daba la nota concordante Flor al estudio más imaginativo.
-¿En cuál? -le preguntaba José sin
andarse con chiquitas
-No lo sé, pero sea cual sea en una
inmensa. Yo he sido incapaz de movilizarla para compararla
científicamente, excepto usándolo como si fuera un arma nuclear
atómica o pura gasolina, y por su quema es excepcional. El alcance
puede estar distorsionado, pero poco.
-Para que luego digan que no hay
energía sustitutoria al gasoil -dijo José irónico.
-¡José! -le atontó María que no era
esta etapa de risa.
Él, acostumbrado a que nadie le
pusiera los pies sobre la tierra firme, sin que le empujasen
palabras con fuerza a la dirección correcta se equivocaba con fácil
decisión de ir por libre hasta donde llegase, para no acabar como
empezó, y dejarlo intacto sin disputarlo. La idea tonta de pensar
que cuanto más sepas menos importa la cosas, que si se llegara a ser
Dios haría que no importara nada y se pasaría del todo.
-Por cierto, el manuscrito puede
tener entre 19 y 25 siglos, un abanico centenario muy abierto pero
sin duda lo importante es saber que es real, o usando el copy
paste por entonces -Flor resolvía términos breves explicando la
fase de la prueba del carbono 14 por escrito, enseñando el documento
del impreso del resultado-. He podido dar con el filo que
seguramente cortó la hoja del libro -cambiaba de ritmo en plena
ascensión a la identificación con codos y señales de la cruz-.
Asombrada me quedé, pero llevamos en continuos tirones encontrando
valiosísimas nuevas conclusiones, que de por sí una sola sería el
estudio de muchos años -sin esperar si le seguían sus compañeros,
ella tiró para adelante-. El corte fue realizado por un abrecartas,
algo rudimentáriamente común y que no da más pista que pudiera
identificarlo más exacto. El filo del corte indica que puede tener
varios siglos de antigüedad por la oxidación del hierro desprendida
en la analítica, pero no se decide por haberse cortado hace tanto,
parece mas reciente al estudio hecho. ¡Ahí algo más! -marcando los
tiempos, Flor daba los concernientes cambios de desarrollo. En
cadena, la asimilación aguantaba maltrecha las acciones fortuitas-.
Que nos dice donde puede haberse hecho el corte, o al menos donde
estuvo esa hoja alguna vez.
Todos esperan pacientes las
explicaciones de Flor, cada nuevo logro era unir una pieza más al
rompementes.
-Percaté en la inspección de la hoja
un cuerpo distante separando los puros comunes que podría tener de
huellas digitales, cuerpos filosos como cabello etcétera, y el
genosensor electroquímico encontró una estructura de lino. Aislando
esta referencia, saqué que contiene sangre del grupo AB, que la tela
posee quizás ente mil y tres mil años de antigüedad, siento no poder
ser más exacta en este apartado, e irradiación instantánea de
protones con la combinación del deuterio, presentes en la materia
orgánica y formados por un protón...
-¡Y un neutrón!-. Adelantaba Gaudi el
final de la combinación de la formula.
-Y un neutrón, así es- complació Flor
el alcance de la comprensión por Gaudi de lo que ella estaba
hablando.
-¿Y? ¿Y qué quiere decir? -Preguntó
María que junto a José esperaban más detalles de aquella
significación, aunque a él no le hacía extraños los comentarios
sobre alguna de las cosas que se estaban dando salida, y que en
cambió al igual que ella se sorprendió tras escuchar lo siguiente de
Flor...
-Que tiene la misma composición que
la sabana blanca -matizó.
La extrañeza destacaba tras conocerse
el alcance de aquella especulación.
-¡La Real Sabana blanca es un cuento,
no es lo que quisieron dar a entender! -se pronunciaba padre de la
conciliación en espíritu resuelto.
-¡Tiene razón José, nunca existió la
sabana blanca, era propaganda! -apuntaló María aportando valor a lo
que había dicho momentos antes él.
-¿Tú sabias eso María, y quizás...? -Gaudi
quería preguntar, pero no se atrevió arrojarse atrevido a marcar la
indecisión de cosas que hizo plantearle Dios, que él se había
discutido durante el paso del mundo ante su vida.
María delicada, raspaba motivos-. Si
lo que quieres saber es si conocía mentiras, las había. Crédula no
era importante razonarlo, por ejemplo si la sabana santa no era real
lo primordial era el mensaje que proporcionaba, que en aquellos
momentos daría siempre como cierto-. Inequívoco Gaudi asentía
irrefutable de entenderlo al sentirlo en lejano auténtico.
-A pesar, no siendo de método el que
han querido hacer creer su naturaleza de haber cubierto el cuerpo de
mi hijo Jesús, parece estar ligada a ser un misterio que podrían
unirse al raenio y a la Svástica comunista, ¿no? -compensaba las
afirmaciones y las interrogaciones.
-También es cierto que puede haber
sido manipulada toda la información del estudio sobre la Sabana
Blanca que parecía estar hecha de imparcialidad, aunque era antes de
saberme ignorante de lo que estaba pasando, el pensarlo. Ahora
sabiendo y teniendo en mis manos el raenio, la Svástica de la hoz y
el martillo no pongo fronteras a los limites de nuestro o debo decir
más específico, mi desconocimiento -maquillaba Gaudi el rostro de
cómo se miraba.
-¿María, tú has visto la Sabana
Blanca? -le preguntó José.
Ella respondió manifestándose sincera
en la confianza de la charla-. Sí, algunas veces, y tengo que
admitir que varias ocasiones me paré buscando lo que su imagen me
decía, ¡buscando a mi hijo!¡ A nuestro hijo! -Rectificó y aposentó
alargando su brazo para que José le ayudara a sostenerla en la
palpable evidencia de consternación.
José se impulsó hacia el necesario
bienestar que solicitaba María, a la que premió de sosiego.
-¿Y donde está ahora la Sabana
Blanca? -Le pidió José sin parecer trueque, dominándola de frente la
cubría su mirada por entera, privándola de la vista de Gaudi y Flor
a su espalda.
-En el sitio más protegido del mundo
¡En los archivos secretos del vaticano! -Tan tangible era la
reacción de todos como verdadera la causa, privar la precipitación
de veredicto a condena inasequible de modo de hallarla en contienda.
Capítulo VIII El
condenado Vaticano
Aeroporti di Fiumicino e Roma. Sin
bultos el equipo formado por Gaudi y José han desembarcado del
directo vuelo de París con llegada 13:45 a la capital Italiana. El
sol pega fuerte en la calle, ¿esto quiere decir algo? No todo tiene
sentido o explicación, ni da significado para repercusión.
-¡Taxi signori!
-¡No grazie! -apartaba José al
taxista que se ofrecía a la carrera, que no alcanzaría ni los 20
años.
-Puedo llevarles donde quieran
signori. Mejores monumentos molto bello, ¿Vaticano tal vez, o
degustar los mejores espaguetis de Roma? Ristorante Toscano Parlante
-¿Se come bien allí? -interesado José
gastronómicamente parecía haber cambiado de decisión.
-Sì signori, meraviglioso quello
migliore, amo suo espaguetis, el ristorante è della famiglia.
-¿Quiere comer buen hermano pasta
Italiana antes de continuar nuestro camino espiritual? -Le arrimaba
José las ganas a Gaudi.
-No me importaría, es que no lo había
dicho pero tengo un hambre atroz.
-¡Buon signori, por aquí per favore
-el joven muchacho les dirigía hasta su transporte privado. Al
llegar abrió cortés la puerta trasera para que entraran, y salió
pitando.
El Taxi transitaba por las
congestionadas vías romanas.
-¡Signore, coja una guía para conocer
más detalles del trayecto! -decía desde la dirección, el conductor.
José sacó del espinazo del asiento
delantero un sobre, que contenía dos pasaportes- las vistas son
estupendas -comentó.
-Si van al museo no se darán cuenta
de las buenas falsificazioni de algunos immagini, sono opere d'arte
-detallaba el joven italiano.
-Seguro que pasan por originales-
comentó José, para después preguntar ¿Qué tiene de especial el menú
Toscano Parlante?
-Il mio papa è morto, ahora yo sigo
el negocio della famiglia. Hoy hago un favore a un amigo que trabaja
en la Ciudad del Vaticano.
-Siento enormemente la pérdida de su
padre, añoraré las veces que visité su restaurante -dijo José
entristecido de lo que había escuchado. Repuso la conversación tras
el reposo muerto de la noticia que le llegó-. Me ha dicho que tiene
un amigo en el Vaticano, ¿es difícil entrar allí? A trabajar me
refiero.
-Está muy seleccionado el acceso,
pero si se acercan pueden pedir, conociéndole, una estancia. Hay
vacante un puesto en el servizio alla notte -las referencias eran
perfectas para José, que entendía correcto cuanto decía el ragazzo-.
Si quieren ir al Vaticano es mejor ir ya, hay grandes esperas para
pasar y llegar a tiempo.
-Sí mejor -confirmaba José.
El joven romano les llevó dejándoles
a las puertas del infierno, que estaba restringida para merecedores.
-¡Ciao Signore, fortuna! -les deseaba
el muchacho.
-¡Ciao, grazie mille! -se despedía
José.
-José, tengo una gran pregunta que
hacerte. ¿Qué pasó con los espaguetis?
-Jaja -José reía de la gran
preocupación de Gaudi- Tranquilo, encontraré algo para comer
mientras te colocas en la entrada.
El hambriento hombre hizo caso a José
que se marchó a un puesto cercano donde adquirió unos paquetes de
comida de pasta hecha para llevar y un par de bocadillos de
calamares. Al volver advirtió a Gaudi- los bocadillos son para la
noche, no te lo comas ahora por favor - aunque no era lo mismo que
haber ido al restaurante, no hacían ascos a la comida que tenían.
El paso se hacía largo de cola ante
el santo sepulcro. Infinita fe la que la mueve, lenta resguardada en
el amparo de la creencia súbita. Gente llegada de todas partes de
ambos hemisferios, distinta piel, distinto idioma, desiguales
caracteres y en paz descansan su devoción por el santo oficio.
La paz radical es la que hace de
regreso a José ante la vergüenza de la humildad que recogen sus
ojos. La sencillez de botas desgastadas de peregrinos sangrándoles
llagas secas sus gargantas, llenas sus pupilas vaciantes a ráfagas,
igual a la explicación de la palabra, "tiempo que dura el menguante
de las mareas". Ya ha entrado la luna llena por el horizonte,
dictando que la bajamar de hoy será en máximas.
Los coches han circulado sin parar
durante la jornada y siguen saliendo a la llamada de la selva, a
pesar de que el sol se halla ido del día. Abundantes personalidades
llegan, santifican, vienen, dan su pésame, van teñidos de
bendiciones, para seguir el orden mundial como hasta hoy sin parar
por un nombre, avances empujados por mártir.
Se detienen ojos, antes los BMW de
grandes cilindradas que conducen los obispos que acuden al
consorcio. Estudiada la rima para repetirla en la junta de
accionistas para elegir un nuevo presidente corporativo, la
administración depende de su política, continuista o ultra
conservadora, fundamentalismo extremista o fascismo capitalista
burgués.
Hombres de poca creencia que incitan
a decenas de millones a tenerla. La fe ni se crea ni se destruye,
sólo se transforma, de reformas de negaciones, de símiles de dolor,
de misiles de terror, de esperanza descorazonada, de corazones
desesperanzados, de espera se ruega en espera apremia, en muerte se
recompensa en espera...¡Banal demora!
Respetuosa baja la noche enfundado la
calle de negro, luto por el muerto difunta serenata al viento,
adagio, "Cantata de la Ascensión", al primer soplo del aire
es una fantasía coral que rastrea como tal serpiente venenosa en el
triste color, disimulando sus anillos rojos, negros y amarillos.
Contraste el aire y el viento enlazan una lucha por conseguir en
dueto las trompas y el continuo. Por no haberse consumado aún el
reino de Cristo, el ser humano no tiene derecho a ser representado
con trompetas, reniega la corriente de aire orquestada. ¡Hasta
siempre!, hubo que poner muestras a Dios, crearle pies de apoyo para
justificarle. Encomendados a lo grande-, "Estoy listo, ven a
buscarme", -escucha el movimiento las palabras de un polaco
enfilando tenor. En medio de las cuerdas que hacen transitar viajera
penitencias, las campanadas suenan. ¡Dong! ¡Dong! ¡Dong! ¡Dong! ¡Dong!
¡Dong! ¡Dong! ¡Dong! ¡Dong! ¡Dong!
El reino de Dios por fin ha hablado
en aparecido esperado. La aria se convierte en un sereno recitativo
de susurros fracasados al viento-. "Calla alma audaz, y no intentes
comprender el misterio" -musita Polka Miseria al lado, ¿fuera
de una voz, fueran alisios? ¡Fue recibido! El dúo del polaco tenor y
su mujer dramatizando contralto, con amor corroen su continuo
acompañamiento. Ensillan en canon y luego al unísono una plegaria
que es como el comentario sobre las palabras finales del recitativo-
"Ningún ser humano logrará escudriñar la potestad divina". Mandato
de Dios ofuscando las pruebas del crimen imperfecto. La serpiente
coral conclusa se aleja. Calladas las campanas, las voces
congregadas, los instrumentos siervos obedecen, esclavos ante la
ilustración, de estrofa final regalan su alma- "Jesús mi alegría"-.
¡Y tu condena Dios! -se despide en el retenido enclave, que amenaza
José para su fuero interno.
Gaudi llega a la cadena humana. La
vigilia del abuso religioso, exceso de mente carnal caducada privada
por atrofiada cuaresma. Hijos de mala madre pensarían que piensan,
padres de buenos hijos aceptarían menester porque Dios lo ha
querido.
-Los museos abren a las 8:45 horas,
la cúpula de la basílica a las 8:00 horas, la basílica a las 7:00,
las tumbas de los papas a las 7:00 horas. He comprado antes como
dijiste dos entradas, aunque como ves pone la fecha de hoy.
-¡Está bien! No importa- Sin dar
acentuaciones dice José a Gaudi que le daba los horarios previstos
de salida-. Es aun temprano, descansa.
-Me sentaré a tu lado si me lo
permite amigo mío -dijo e hizo Gaudi aceptando que José sentara de
buen ver la decisión, comenzando hablar en Latín para no huir
palabras a oídos ajenos.
-Querido José, Flor me contó algunos
hechos de tu vida ya que me intrigaba. Espero que no te lo tomes a
mal, ni creas que es cotilleo.
-¡Ya!, ¿sólo interés profesional?
-José le devolvía las palabras en la misma lengua. Hacia bastante
que no hablaba, y muy poco le costaba seguirlo en el idioma nativo
del imperio donde ahora repasaban en historias próximas.
Gaudi no dijo nada más, pensando que
José estaba molesto.
-¡Eh Gaudi! No hablaba en serio.
Claro que puedes preguntarme lo que quieras, menos si me gustan las
Navidades y el portal de belén, que si te gustan las anécdotas Belén
era una prostituta de Jerusalén y ejercía en el portal donde acudían
los auxiliares romanos-. Le arrimo confianza del recelo que parecía
en principio.
-Gracias José. He estado pensando
mucho en todo lo que ha ido sucediendo desde que os conozco, y sigo
muy confuso en tantas cosas. ¿Tú sabes qué necesidad tiene Dios de
haber creado este teatro? ¿Lo sabes José? -preguntaba sin distraer
sus ganas de conocer.
-Tal vez todo sea tan sencillo como
alegar que el mismo que iguale al circo romano, por diversión. -Hizo
retén en el descansillo para intervenir sin reservas-. ¿Qué puedo
decir? Un no te diría que no sé nada, y el mostrar un certamen por
el enigma detallo demasiadas hipótesis... El privilegio del poder
supremo, el control sobre la humanidad, decisión a satisfacción
sádica. Juega Gaudi, siempre lo ha hecho, juega con todos nosotros
en un macabro tablero real. Coloca sus figuras tratando cruel su rol
ingenioso.
¿Nunca te has figurado la
representación de lo divino por extravagancia? Lo inmaculado en
blanco, y el sacerdocio en negro. La iglesia está sostenida por los
pobres, ¿no sería más lógico dar la los recursos para paliar la
hambruna? Todo sigue igual que desde el primer recuerdo que tuviera
de mi vida. Puerta de Jericó, Basílica de san Pedro, todo es igual,
las mismas mentes retorcidas.
-¿Pero se han hecho progresos, no lo
crees? La gente es más libre, la paz cada vez es mayor, la gente
tiene un bienestar...
-¿Encubierto?
-...mayor civismo -le pillaba a Gaudi
el paso cambiado el último dicho.
-¿Cinismo? No Gaudi, nada ha cambiado
¿Progreso, qué progreso, de qué progreso me hablas?
Indiferente se vaga por cajas
cuadradas viendo lo que ocurre a una esquina de tu casa, a unas
horas para llegar donde esté la falta de arroz, a la toma de sobra
sabida de artillería donde reina un dictador.
¿Progreso? En el último siglo las
víctimas por guerras han superado todos los números incontables,
jamás hubo tanta muerte, tanta desolación. Dos guerras mundiales,
una cagada de un pájaro destruyendo Hiroshima. ¡Enola gay!
-dijo estas dos palabras José en desconsideración con el habla del
pueblo norteamericano, usurpado por indios de las tribus forasteras
buscadas por delitos crónicos europeos. Sindicaron una nación
desterrando sin pago por la vida a sus natales naturales, copularon
esclavitud para formarse una profesión USAda libre-, hasta a broma
de diarrea mental suena si no fuera real. Más de 1.300 millones de
personas viven sin agua potable, el 40% de la humanidad no dispone
de servicios sanitarios, 840 millones sin comida. Cada día mueren de
hambre en el mundo cien mil personas, 30 mil son niños de menos de
cinco años de edad. 50 mil de enfermedades que pueden prevenirse. 4
millones de mujeres, mayoría niñas se venden como esclavas al año.
27 millones de mujeres obligadas a prostituirse, la gran puta de la
vida sigue siendo igual Gaudi. Él le escuchaba perplejo, siendo un
necio impotente de poder decir algo, de poder rescatar una cifra,
una subsistencia. Que barata es la vida, más que una llamada de
socorro, más que una trago de agua, más que un chicle pegado al culo
del mundo para disimular que no existe debajo de la mesa lo que no
quedemos ver ni tocar. La mesa infla contaminada de goma contagiada
por unos y por otros, hasta dar tanto asco que se dé por perdida,
eludiéndola la confirman, y se ocultan en el carrillo del globo que
aun se mastica.
José había hecho trizas, pulverizando
la piedra caliza que había recogido del suelo. Nula su posibilidad
al rescate de superhéroe, le mataba por dentro.
-¿Y Dios tiene la culpa de ello?
-Preguntó Gaudi queriendo saber que opinaba su amigo.
-¿Dios? Dios es el proxeneta de la
vida, el traficante de almas, el vendedor de papelinas mentirosas,
el narcotraficante de la droga religiosa, el capo homicida. ¿Y
culpable?
¡Es aclamado por su pueblo! Pero no
es sólo él, a veces me cuesta creer, ¡creer!, que palabra tan
ridícula en mi vida, seguir confiando en que lo que quiero tiene un
merecido bien. Lo que ocurre en el mundo está sostenido por los
mismos hombres, que se destruyen unos a otros, y yo dándome de
defensor por las luchas perdidas a manos del indefenso, y estimo, si
esa persona desamparada en idénticas circunstancias de su opresor
actuaría como él, y me pesa Gaudi, pensar eso por lo que llevo
vivido.
-Hay que dar un voto de confianza,
que al menos puedan elegir su destino cada persona -era la postura
que le mostraba Gaudi a como pensaba.
-Por eso sigo, por eso creo, por el
credo a la humanidad aun confío en que llegue a ser así. Pero las
palabras no son gestos, son rituales de conformismo. Los datos que
te comentaban tan fáciles de suprimir. Hablemos del hambre, si solo
se aportara un 5% de las riquezas de cada uno no existiría el no
poder comer 800 millones de personas. Y cuando me digo que me siento
decepcionado, no hablo de cientos de personas, ni defraudado con
miles de ellas, son tantas que conforman aceptando lo que hay
imberbes al sentimiento, me anulan.
-Hay gente buena en el mundo José,
hay de todo. Quizás el problema es querer que todo sea perfecto y
eso jamás pueda ser. Igual que existen manzanas maduras, existen
otras con gusanos. Las personas somos iguales, incluso piensa que
sólo necesiten un empujón para ser mejores.
-También me he explicado tantas veces
"quizás estén dormidas", amaestradas a la resignación de someterse a
que otros deben actuar antes que ellos. Y todo gira, y cabreado pido
lógica, ¿Cuánta sensibilidad se derrama viendo "La lista de
Bambis" y cambiamos de canal exasperados desmoralizando a la
realidad?
-Puede qué la gente necesita
esperanzas y no más carga, la vida no es fácil para nadie.
-Hablas como Pío XII ante la negación
de dar ayuda a los judíos en la segunda guerra mundial. Pasó aquí
hace años, aquí mismo. Es patética mi actuación, ¿a que sí? -se
sopesaba el inseparable enfado que le irritaba.
Gaudi dejó que siguiera expresándose
José sin decir él nada-. Me permito la capacidad de decidir lo qué
está bien y está mal, lo que debería ser, lo qué deberían ser, lo
que deberían hacer. Me tomo el privilegio de decidir por los demás,
¿qué me separa de ser autócrata?
-No José, no es eso. Tienes la razón,
muchos te la darían, pero humildemente te digo algo que si puede ser
recogido de la Biblia aunque nos pese. Somos ovejas y necesitamos un
pastor que nos guíe, nos perdemos fácilmente y necesitamos valores.
Creencia en virtudes, estimar que tiene un significado lo que se
hace abortando que sea una inutilidad. Una persona que le conduzca
los primeros veinte pasos.
-Gaudi, yo fui pastor, y me niego a
pensar que tenga alguien que llevar a los hombres por el sendero. No
Gaudi, no son animales, no son animales, son personas.
-¿Qué diferencia hay José? -Le
discutía a su amigo apoyando la mano en su hombro, confiándole su
cariño.
-No lo sé, sinceramente Gaudi, no lo
sé, jamás lo he podido entender, pero un 5, sólo un 5%, tan sólo un
5% -repetía José no queriendo aceptarlo, la frustración no se la
puede permitir, al menos hoy.
La charla les lleva de zancadas por
varios cuartos. La huella del rastro son palabras de arrestos, a los
minutos sugestionados en adelante puestos a la hora de la verdad,
por tiempo oportuno.
José saluda al hombre que iba
posterior a ellos disimulando que volverán por la mañana, que se va
al hotel junto a su amigo del camino, y ambos personajes abandonan
la fila.
Al llegar a los urinarios del ala
norte se detienen por aguante de José y entran en ellos. En los
escalones de bajada chocan con un hombre fondoso de camiseta blanca
mojada. Llevaba la divisa roja de la escudería ravioles, y los
sonrió a su pase por boxes.
Los servicios están admisibles de
ver, sin encarrilar una recomendación para un amigo. El tumulto
ordenado por masiva afluencia de gente ha desbordado las
previsiones, y se pormenoriza en la indigestión de uno de los
señores roca, que no puede tragar más y desboca línea de saturación
al derroche del hombre.
José revisa que no halla nadie en los
retretes. Al comprobarlo se para en el último con las intenciones
entendidas-. ¡Venga Gaudi! -Este, sin decidirse no quiere dar un la
resbalón en suelo mojado para nada. José le señala con dos dedos al
interior, puede que halla algo escondido, piensa. José le constata
aquella agudeza-. ¡Hemos de entrar por aquí!
Gaudi se acercó y no encontró la
diferencia con los demás. Miró arriba y nada reseñable. Un cuarto de
espacio quedaba hueco, por si los peros. Miró abajo y largó la vista
pasajera, ¡mejor no mirar! Aguantó a que José conociera el panorama
y se lo presentara. Estando preparado José levanto la tapa del
depósito de agua, y vertió el sólido de la comida que llevaba en las
manos. Hacia fuera enganchaba las amarras de un cordel a la bolsa de
plástico, que a su manejo ataba los dos bocadillos. Tiró de la
cadena, esperó a que se llenase la cisterna y volvió a tirar. El
exceso de comida, por abuso desniveló el agua subiéndolo del límite
normal y sobrante se desvió por una cañería de nivel superior que la
distribuía por una canalización secundaría, que jamás se podría
pensar para que servía. El elemento líquido era la llave para que un
artilugio por escaso margen abriera la parte desde el water hasta el
esquinazo del fondo derecho. José empujó la baldosa de la pared,
para dentro enseñaba un paso subterráneo pendiente en la bajada. Del
agua se sacó esa conclusión.
-¡Entremos! -Afinó José con señuelo
para ir adelante.
Cuando Gaudi conmoviéndose acertó las
palabras, -¡Vamos allá! -empujó a la pared para volver a tapar la
hendidura por donde se colaron. Al cerrarse, parecía que el pasadizo
que inauguraban estaba agregado de oscuridad, pero no era así, una
leve claridad se despegaba desde las lejanas honduras.
Bajaron cautelosos, la visibilidad
era suficiente para no desviarse, aunque tenue e inepta para
salvaguardar sus movimientos de tropezar con alguna piedra o lo que
la imaginación pudiera hacerles creer sin crearlo.
Llegaron hasta abajo, dejando su
descenso. La terminal anticipaba a las alcantarillas que procesaba
los residuos del vaticano, nunca mejor dicho, pero posible destacado
escrito. El vino muerto navegaba fuera del cuerpo para desembocar
tras el cauce de la fiesta del concilio. El trámite de tripas de
langostinos que vomitaron hartos, en la orgía del banquete. La
desmesura es un don, el festín un señor, y el cuerno clavado de
púrpura superior riéndose de un chiste converso.
Oyen ruido, convergen en que son
pisadas acercándose a donde se encuentran ellos. El tambor de las
zancadas afianza que provienen de alguien o puede que de varios
individuos a un ritmo de nueva usanza. No se sostiene al rutinario
procedimiento de comprobación de túneles por la guardia Suiza, y
pensar que fueran otras personas sin rango por estos lares, lo
declaraban descabellado. El ruido se justificaba con gran poder de
ser visto, primero en sombra, por el paso ante la luz de una de las
bombillas que abastecía al túnel. La aparición, tirado para adelante
del perfil larguirucho sobre el suelo dibujado en desplazamiento,
sombreaba con su silueta la incógnita de que podrían haber sido
descubiertos.
Eso pensaba Gaudi a la sombra,
resguardado estaban ellos entre lámpara y lámpara que se cuidaban de
desenmascaran de poco en poco al subsuelo, para no formar mala
sombra. Ante ellos en carne y hueso se encontraba a cerca de cinco
metros de diferencia un guardia suizo, que podían detallarle a mano
hasta la sombra de ojos. Gaudi se inclinó por hacerse el valiente e
inventó, haciéndole sombra al inoportuno anticipante. Con voz
decidida le dijo -¡Detente, o te disparo! -Guardaba una mano en su
pantalón de algodón, componiendo el encubrimiento de una pistola.
-¿A Sms´s? -mostraba el apuntado de
cabeza hacia el bolsillo de Gaudi, siguiendo los ojos la dirección
allí.
Gaudi entendió que no podía haberlo
engañado. Se Fijó en que el foco de carga de su móvil lucía
intermitentemente, y en la transparencia del pantalón al apretarlo
con la mano transpiraba
Perdida la improvisación, apretó con
más fuerza el móvil para sacárselo y dar un certero golpe a un
guardia que seguramente le pararía en la distancia que les separaba
con la lanza que portaba.
José que en modo silencioso evitaba
enviar cualquier vibración, su tono sonó polifónico al tiro a tres
bandas respondiendo al saldo unísono, para apresurarse a coger el
móvil antes de que Gaudi descolgase su golpe. José pudo retener
antes que su compañero contestara sin preguntar quien era al
uniformado, que retuvo la espera a tres que Gaudi no intuía de la
extraña reacción de su amigo.
José se adelantó un paso y se abrazó
al robusto soldado, que congratulado no exageraba estar del lado de
él..
-¡Salutacion, no quería asustados! -
les propinó cordialidad.
-¡Tranquilo! -Confirmaba José que ya
poco importaba. Bien que a Gaudi le hubiese gustado saberlo de
antemano, aunque fuera a base de una llamada a cobro revertido que
salía a recogerles.
-¡Gaudi, este es Markuss! Un viejo
amigo, y de quien oíste hablar que nos ayudaría en el vaticano.
-Los amigos de José son mis amigos
-le ofreció la mano el recién desconocido.
-Yo soy muy amigo de José, ¡y más con
esa lanza! -le afianzó con su mano un saludo de tanto gusto
-Es una figura decorativa, donde esté
un kalashnikov que se quiten estas cuchillas de afeitar -la
planta desenvolvía a un hombre belicoso-. ¡Debéis seguidme, no
tenemos mucho tiempo para la visita guiada!
-Tenemos que ir a los archivos
secretos, ¿cómo lo ves? -José cuidaba los modos para así atenerse
sin malentendidos.
-¡Tiene tres niveles de seguridad
para pasar, no hay descuido para llegar allí. Acabo de salir de
control y en mi paseo debo confirmar ante la puerta el que me abran
desde el centro de mandos. El problema será para salir. Mi guardia
acaba en 20 minutos cuando vuelva a la sala y deje la tarjeta de
entrada. Me escurro las neuronas pero no puedo hacer mucho después.
-¿Si dijeras que has extraviado la
tarjeta de pase? -sugería José.
-¡Para nada! El acceso se acciona
introduciendo una tarjeta en cada puerta a desactivar, y otra desde
control, y sólo hay 5 segundos de separación para que se valide.
Será algo más complicado, pero confiemos en que se pueda.
-Digo yo que podríamos hacerlo a la
fuerza bruta. Ir a ese centro y apoderarnos del control -era la
ocurrencia de Gaudi por ahora.
-¡Nada, eso no! -Negaba Markuss ese
intento-. Para pasar hay una zona de descompresión para dejar las
armas. Ningún guardia puede pasar a control portándolas. No se puede
esconder, son detectables, y se revisa como norma a través de
cámara. Mi propósito es volver a por vosotros a la sala de archivos
secretos con la excusa de haber olvidado algo, pero no confiéis
mucho. Lo mejor es esperar a la nueva ronda dentro de hora y
veinticuatro minutos e inmovilizar al guardia que vaya allí.
-¿Una hora y veinticuatro minutos?
-se preguntaba Gaudi dudoso.
-Sí, es una validación para tener
horarios cambiados cada día -explicaba Markuss sus motivos.
-¿Pero cómo podemos salir si se
necesita el paso de llave desde control? -todo era cuestión de
conocerse con seguridad en la práctica tarea programada, definía
José el perfil de lo que pensaba.
-¡Sí, os explico, pero acelerar el
paso! -lo decía Markuss con gran interés en forzar la marcha.
Para llegar a los archivos secretos
hay que pasar tres puertas, las dos anteriores son salas
intermedias. Cuando yo u otro vigilante ronda la primera puerta se
detecta en el panel un pitido acústico, el guardia hace una seña a
la cámara dando el ok. En ese momento desde control entran su
tarjeta de paso, y hay 5 segundos para introducir la tarjeta. Si no
se hace hay que esperar 15 minutos, por motivos de seguridad.
Cuando se pasa la primera sala, en la
segunda puerta hay que hacer lo mismo, y en la tercera igual. A cada
nivel se dejan uno o dos minutos en pasar de uno a otro. Las salas
se miran por encima, al ser rectangulares sin columnas no hay que ir
mirando cuidadoso. Para salir, si esperáis a otro vigilante tendréis
que reducirle. Hay un ángulo muerto desde la entrada a la última
sala, que te dará José décimas para que cierre quien vaya y te hagas
con él. Cogeréis el walkie del compañero y diréis clave 34,
recordar, clave 34, significa que necesita que acuda un vigilante
para algo sin importancia. Cuando llegue os hacéis con él, os
cambiáis de ropa y salís los dos como si fuerais ellos. ¿Entendido?
-Comprendo, ¿pero para acceder ahora
contigo no nos verán las cámaras?
-Cuando salí de control dejé
reproduciéndose una grabación de una antigua ronda mía.
Por eso las prisas, aparte de que no
puede variar mucho el tiempo medio en la ronda, estamos sujetos a la
cinta de vídeo. Como aparezca yo en imagen y no estemos allí la
fastidiamos! De lo demás no tenéis que preocupados, está inutilizado
al completo el sistema de detención de presión, olfativo, y calor
corporal e implícitamente la red infrarroja vibracional. Las cámaras
están congeladas pero volverán a funcionamiento en la siguiente
tanda de vigilancia, menos la de los archivos secretos para dados el
escape de salir. ¡Vamos más deprisa por favor, tenemos cuatro
minutos!
Markuss aceleró más la ya intrépida
descarga de pasos. Gaudi y José le seguía al hombre que les guiaba
adelantado por la ruta nocturna del vaticano. El delgado compañero
de José se preguntaba, ¿para qué había comprado dos entradas, cuando
tenían alguien dentro que les iba a mostrar gratis las
dependencias?- ¿Tú amigo es de confianza? -Le preguntó a José.
-¿Markuss? -Daría la vida por mí, no
temas.
-¿Cómo entró en el cuerpo de
seguridad de la Santa sede? -se interesó Gaudi preguntando respecto
al compañero que acababa de conocer.
-No fue muy difícil, cumplía todos
los requisitos. Católico, suizo, varón inferior de 30 años, más de
1,74 y con título de Escuela Superior.
Dejaron sumidero repelente atrás y
más de 200 segundos por pasillos y habitaciones para llegar a la
primera puerta, según comentaba Markuss ya en plena carrera-. Alli
está, ¡corred!, no nos queda tiempo. -desde el panel contemplaron la
muestra en imagen de Markus, pero no sonó el pitido como que estaba
en la inserción. Iban a llamarle por el walkie cuando la luz
resolvió a favor y zumbó un pitido por el altavoz de la
correspondencia. El vigilante que estaba al mando de la dirección
golpeó sobre la luz diciendo -seguro que es un aparato japonés,
siempre a destiempo. -aportaba como buen medidor suizo la
apreciación. Metió la tarjeta de control y sonó la puerta donde
estaban Gaudi, José, y Markuss que pasó su tarjeta de seguridad. La
puerta se pudo abrir con prescripción.
-¡Justo a tiempo! -dijo tras poder
abrir. Recorrieron la primera sala despacio, ya no había prisa y
había que esperar un par de minutos. Una vez pasada la hora cautelar
se repitió la imagen, el sonido, y la puesta en llaves de cómo fue
en la primera puerta, y mismo procedimiento ante la tercera para
llegar a su objetivo. Más entrar les acompañó a una zona próxima al
lado izquierdo hacia el fondo y les indicó. ¡No os mováis de aquí
cuando entre el siguiente turno, será cerca de 1 hora y 24 minutos,
recordar! -Gaudi amaestraba al reloj para que avisara del horario.
-¡Te agradezco enormemente lo que
estás haciendo! -mostraba José gratitud por su parte.
-¡Tonterías! ¿Quién tiene que dar las
gracias más? -le devolvía Markuss la pelota. Sin tiempo se fue hacia
la puerta, y procedió a su salida. La puesta en marcha de la hora
seguía contando a cada segundo.
El archivo secreto del vaticano, los
anales de la historia bajo llave. Secretos sumarios de gestos
nefastos de la iglesia para ser abandonados, contradicciones a
actuaciones autoritarias al estudio del canon de la iglesia católica
de milagros en pretextos para tener su glorificación a cualquier
acción. No importa santo oficio de trabajar para comer, pero si el
verídico muestreo de vino convertido en divino, o saludable jamón
con forma al corte del rostro de Dios, e ineptitud de tacos a
repartir en la ración de comida imprescindible para llegar a una
nueva mañana.
La sala es enorme. En dos pisos
literas literales literarias franjan en dos laterales-. Antiguo y
nuevo testamento -diferencia Gaudi. Los textos de palabras separados
por escalerillas en distintos paneles para cruzar de consonante
consonancia a paseante de asonante. Librería barata catalogada por
ciencia-ficción de la Biblia en religión a callados muertos reales
nigromantes, de letra grande en plenitud del diario de vivir.
Pasatiempo destructivo del Cantar de los Cantares, de Hechos de los
Apóstoles. Epístolas de filemón, mortal de los Sapienciales, de
cómica inquieta en conspiración contra las sagradas escrituras.
Diccionario expositivo de más que vencedores del corredor celestial
viviendo la gran comisión de la santa inquisición, a pecadores en
las manos de un Dios encabronado. Hubo un borrón aposta airado para
que soplara contra las hogueras de su condena. La acción del
espíritu santo es la breve historia de excusa resumida de la iglesia
cristiana, las obras esenciales de grandes lideres de la iglesia.
Desenmascarado de la guerra espiritual, rompiendo las maldiciones en
la victoria sobre la oscuridad de los espíritus malignos con forma
de credo, predicaciones del manual de ministros de pescadores de
salmones domingueros. Tesoros en vasos vanos, embarro de bosquejos
de puntos y de pones. La sanidad dicina de una pasión santa de un
arma en busca del poder, responsable ante el Dios soberano la cruz
confrontando las postetades de la oración, de las palabras ¡A
muerte!, contra los enemigos del imperialismo de Dios. Derribando
fortaleza contra las huestes enemigas que de relato del lado bello
del mal, milagros en nombre de Satanás, del nuevo cometido de su
maestro Dios confiándole para la campaña en cultura de crear un
mundo hostil. Muerte de siembra, siembra de Dios. Aguas refrescantes
para vivir sin fruto devoto de lleno espíritu. Instrucciones
prácticas de coacción, de libertad de expresión, de santuamigos, de
dar el mayor legado dinámico, la doctrina sin preguntas de
respuestas de formulario. ¡Cuidado con las falacias! Engañadores
espirituales procuran atraer al laico de Dios, manosea José entre
sus manos, del confiscado fraude al que se sometió para afirmar la
armonía de los evangelios, el comprendio manual portavoz tras firmar
so pena de muerte, que fue inducido por Belcebú, bajo amenaza de
festejo medieval castillos de fuegos artificiales, con la
muchedumbre en la plaza mayor esperando el pregón del sermón que
limpie al hereje de no engañar la verdad más, sin que lo manejen
debe aceptar a Dios o ¡A muerte!
Propones homilética y supones homilia
la instrucción de versículos desalmados, en salmos desvirtuados.
Diccionario enjaular de los tiempos bíblicos. ¡Miserables Testigos!
¡Aceptar a Dios¡ ¡Y a muerte! ¿Simplemente estúpido o narcotizado de
secta? Las buenas nuevas inconversas solamente por gracia de Dios
que dejó completa provisión al hombre de la salvación, con una
ración de suelo y una cuota con premio al vencimiento de cielo de
tasas elevadas, interés inmejorable del que trae de serie
imaginable, estofado canino.
¿Cuál es la diferencia entre la
gloria del cielo que espera hogar celestial, y la condenación a la
demora por tierra firme de misioneros sin misiones? Predicadores en
mansiones, propagadores de bendiciones, evangelizadores asaltantes
de tu porción del estafado camino.
Una pasión santa, teología básica de
los dóndes sin los dones del espíritu santo y la deidad de Dios. El
esbozo histórico de las grandes controversias cristológicas, el
adversario contra el mudo mundo, la insuficiente carna y Luzbel en
las tinieblas de papel del mudo diablo alado, cortada la lengua por
el jefe aliado para que no consiga pronunciar verdad que desmentir.
El discípulo amado del ministerio apesta eólico abandonado sobre las
alas al viento. El tabernáculo del burdel, de la taberna de profetas
enunciando borderías. Canalladas fueron escritas por creer, por
premio al azar, por consideración mandataria divina venciendo en
tierra de gigantes al huracán de la fragmentación grupal. Confiando
aunque la vida duela en tiempo de adversidad, hechos reales de
autores compartiendo la soberanía de Dios, la bibliagrafia tras el
reconocimiento de santo terco, su entenderle en sus momentos
malignos, con estimación de apego. ¡Eh, soy Dios! Título de
adoración, y escritor cambiado a timonel de galenas, moviendo a reos
devoradores de chicha ¡Punto, punto, coma! Frases rítmicas ¡Punto,
punto, no comas! Frases descritas, apreciadas al involuntario
altruismo de remar donde la embarcación real está echada a dos
manos, para utillaje en navíos de paz de vela blanca, con remos en
filo para cambiar la enseña por oficio a pirata, navío de batalla
para apoderarse de nueva testa, no miento. Mollera de enseña, sesera
a media asta en señal de cráneo bruto, como colofón de
condecoraciones de dos huesos blanquecinos. Darse cuenta ¡Bandera
Pirata! De hambre oculta, que patraña decía "como distinguir entre
los distintos apetitos y cómo satisfacer los más ocultos que son los
del espíritu", sin duda coartada notas de la libreta de un pavo con
halcón de buche que comensal a pollos jóvenes sin cabeza.
Cubo evangélico desenmascarado, el
plan maestro de la evangelización de la inhumanidad de Dios, él
escogió los clavos y los cabritos cánones cabrones. Hermenéutica
lumbrera en su camino explorando el génesis, la magnificencia del
templo de personajes de glamour de la Biblia hills enseñando a los
niños valores inmorales, difamo alrededor de la mesa por no obedecer
antes de decir si, reflexión por querella del gozo del infiel
comprometido, Cristocéntrico, carabina del conflicto creador,
todopoderoso consolador estimulante conforta el cuerpo y el alma del
intranquilo, bajo la perspectiva de lo que el hombre proteo desea de
la mujer.
"Si el esclavo tiene esposa (que fue
dada por el patrón), luego de seis años el esclavo quedará libre
pero la esposa y los hijos que haya tenido con ella serán del
patrón" (Éx. 21.4).
"Si un hombre vende a su hija como
esclava, ésta no podrá recuperar su libertad como la recuperan los
esclavos varones" (Éx. 21.7).
"Si dos hombres pelearan entre sí y
la mujer de uno de ellos se acercara para librar a su esposo de los
golpes del otro, alargara la mano y agarrara a éste por los
testículos, sin piedad harás cortar la mano de la mujer"
(Deuteronomio 25.11). Presentes de la
forma no popularizada en los mandamientos a escondidas como los
pensamientos de aquellos machos machotes de palizas a perras, a
patadas a puercas, a viciada femenina del pollo vaciada de sus
sesos. Valientes cobardes, religiosos inmorales, hombres mujeriegos
instruidos anormales, amorfos de prohibidos abortos de padre
confesores, y tras el desvío cura al cantar del gallo. Para que el
amor no se apague, comparte la batalla de cada hombre joven de cinco
discípulos contra uno se convierte en uno contra todas, para mediar
en guerrillas de posesión de misionero, en uno a solas contra
princesas premiadas de furcias. Destapa el frasco de las esencias y
entrega su néctar vertido en la boca, ya sabes cual le gusta más. Su
contenido del equilibrio, del trabajo carcelario a la soltura de las
muñecas sumisas por esposas.
No todos, intento que dijo después de
reescribir escena de ponerse de pie, en el papel parece mejor, si
tienes fe en cada oración. Con intención hizo de esquivo al
tentador, sabiendo que no era amor de verde hierba se revolcó, su
falda inmaculada blanca pura se manchó. Apretarse el botón sin decir
ni a Dios, agachar la cabeza y la boca cerrar, todo el daño hace
efecto inmediato, casparina de ácido hacia ti salídico.
El placer traspasado dura un segundo
tal vez, para dejar a cambio el dolor que no destempla de estación.
Jamás ya corrió, pues las vías atentadas impedían el paso del
tranvía, y allí sola quedó en manos de Dios. A miradas la cabeza
aparta, cien pasos alejadas de la calle de buongiorno bambina.
Bebiendo llora, y de espaldas calla. Nadie alrededor le roba la
mirada de unas gracias en desgracias de todas por nada.
Temarios distintos de polígrafos del
convencimiento de la creencia de las ordenes. ¿Cómo enriquecer su
vida sin dinero? Responda al ideario folleto novelista de su
esperanza. Héroes de la fe, corramos con los gigantes, acreciente el
fallo que hay en usted. Cómo desarrollar la perversión, el balón sin
inflar, la afluencia de humo y la provocación. ¿Provocador?
Disputero del Dios que está en tejado, a patada que reviente cuando
baje le devuelva al cielo. El diácono inferior del nuevo travestido,
es la guía del erudito. El lado positivo del fracaso es el poder de
aliarse con la iglesia, éxito diario del liderazgo extremo. Seamos
personas sin vergüenza. Visión 400, misión de cómo crear grupos de
células integristas en la iglesia con pastores y laicos, top secret,
precintado por sello de la Cámara Apostólica. ¿Cómo llegar a ser una
mujer de ovación? Experimenta el gozo que viene de vivir a la manera
que agrada al Tribunal Supremo, al fruto del jardín oscuro da las
gracias y ama al restriego de Dios con todo tu cuerpo, al abrigo del
calientísimo explora las profundidades de los bolsillos del
omnipotente impotente, y búscale el propósito apasionado. "¿Dónde
estás? ¡Te amo! La lamo ¡Fláccido! Me engañaste tras la puerta mi
carácter de mujer virtuosa". El poder de la esposa que llora,
elástico fresco para madres estiradas enfrentándose a la realidad
junto al ministerio que un católico no es egoísta, comparte en el
monasterio con todo el ministerio la dicha de ser mujer, esclava de
casa adornada. Las mentiras que las mujeres creen no serán las mías,
para comenzar la verdad derrama tu recelo por tu ego en celo.
Mujeres llenas de desgracia, ¿Cómo llegar a ser la mujer de
excelencia que Dios diseño? Facilitándole ser una ramera de robot,
dos palabras en su voz ¡Sí señor!
Cada duda de himnos y cánticos. Tela dura, tapa el descrédito de letras vendidas por robos a bobos. Una torta así de grande dame madre por palabrear, sólo soy un corderito tullido, los secretos de la mala uva de David en la vid dejados atrás de cosecha de almas, el remanente comando asesina las flores del amor y marca Armagedon, el remanente poseído del sacrilegio. Los ángeles guardaron silencio engañadores.
José, el libro, nos muestra el
corazón y la mente de un hombre formado en el crisol del rechazo, de
la soledad, de la privación y de las falsas acusaciones. José, el
verdadero, abre la palma de su mano y la aprieta sobre el tomo
cargado de rabia, inmortalizando corruptos actores Hollywoodenses.
No es el teatro chino sino el "Memorial Vaticano". José deposita en
su estante la divulgación, insatisfecho de la lectura. Prólogo,
menospreciándola se vuelve de espalda.
Gaudi en atracción fue hacía el
libro, lo sacó y no notó nada extraño en apariencia, pero lo
ponderaba eso sí, ligero. Lo abrió y encontró las paginas
troqueladas por la marca estampada de la palma de mano de José, que
había dejado hueco completo todo su interior. Enmarcaba su acuñe en
vacío el contorno de las hojas que hacían de cuadro al emborrado del
libro. "Escribir poesías no es fácil porque es necesario comunicar
con cristianas palabras lo que siente el corazón", sin embalaje que
honra a su Dios, ¡Qué sublime idiotez!
Sin corazón, muerto escribe poesías
un Mesías.
Decía algo así, como que si venias el
órgano apocado reviviría
y si le traes quinina, lo
mantendrías.
Pero amputaron, por su enfermera no
llegar,
dejó plaza libre lista para algún
pájaro con alpiste,
Que canta boyante, por ser lo más
importante.
Poeta inconsciente ya no entiende
nada su mente.
Trovador en preparatoria de sueño,
sopor profundo componiendo
Rapsoda de letargo, recitador en
estado de reposo de versos inactivos y en la nulidad religiosa
catatónica atractivos. Colapso de juglara, decaimiento brusco del
agudo cante grave paralización malabar, insuficiencia respiratoria
para contar el cantar. En coma la sensibilidad poética, no existe
corazón, nubla cielo y huye de la tormenta hacia el calor, al de las
palabras que suturan las heridas de Dios sin rendición. Faltar con
agravios, criticar injuriando, queda cuerda para rato.
Teatro de títeres. El arrepentimiento
de la iglesia al rapto de señales de su venida del príncipe que hubo
de venir. Iglesia y secta, bajo la seducción de la cristiandad. La
clonación humana patentada por el jerarca. A pesar de todo Dios
sigue siendo un desconocido, tantos documentos, anotaciones,
manifiestos, apuntes de misivas de mensajes ¿La respuesta de la
iglesia? ¡Titulares de arrebato imperativo!
Ligero de equipaje con actitud de
vencedor, ya está dispuesto a ser nuestra nada. Avergonzados del
evangelio rebeldes protestantes, escupen al rostro de Dios. Camino
al calvario, al morir walkirias te llevarán al paraíso de Valhalla
creciendo a través del conflicto cuando un enemigo ataca, el desafío
de servir, el ayuno escogido por Dios, el beso del cielo, el dador
de sueños. El trueno apacible del poder de la cruz en el resto de tu
vida al sacrificio de punto cruz y raya, del valle de los huesos
secos en busca de paz en el ojo de la tormenta. "Espíritu santo
tengo hambre de ti", ética cristiana, fe mas allá de la razón.
Iglecrecimiento imbecilidad integral, la fuente de aspirada
fortaleza con enfoque en el reino de la Iglesia. El campo de batalla
más allá a la cumbre de la mente con pasos dentro de las aguas.
Por si lo querías saber promesas
eternas para ti, promesas inspiradoras de que Dios Satanás no es
mito, date seguridad eterna señor "¿en qué puedo servirte?" Sin
santidad nadie le verá sobre el yunque controlado temperamentos
transformados, que todavía remueven piedras de un amor que puedes
compartir a fuego santo, de una fe sencilla con una vida con pleno
propósito venciendo al adversario. ¿Tiempo del fin, o fin del
tiempo? A su Decisión José cerrando vademécum-... ¡Tiempo de
resolver!
Habían repasado el tema durante 40
minutos, y no sabían explicar la respuesta a la cuestión que se
planteó.
Gaudi asciende la mirada al techo de
la biblioteca, la tapa del sarcófago de libros retiene su atención.
Va caminando cerrando los ojos a dispar, y dobla replegando los dos
tras los párpados. Inquieto señala sobre la lámpara central de la
fila india que forman todas halógenas, menos esta que tiene forma de
cruz de aluminio inclinada 180 grados. Gaudi se dirige al centro de
la sala, justo debajo de la contradictoria lámpara. José se ha
acercado también viendo como Gaudi se inclina sobre el suelo. La
baldosa forma una imagen del vaticano con el número romano MCMXXIX,
sin aportar nada más sensato que evaluar. Gaudi reputó de nuevo
arriba a la lámpara, y siguió cambiando la vista abajo pensando.
José no entendía muy bien lo que
estaba maquinando su amigo, y dejó que hiciese libre su pensamiento
antes de preguntar-. 1.929 fue el año de la creación del estado de
la ciudad del vaticano, gracias al pacto de letrán -arrojaba sus
primeras interpretaciones el estudioso ilustrado.
-¿Sí, y? Preguntaba José para
intentar en la respuesta razonar lo que Gaudi quería dar a entender.
-Ese año también hubo un eclipse
solar, que confirmó las teorías de Albert Einstein. "Los
fotones es pura energía que se mueve a la velocidad de la luz".
Einstein sugirió en 1911 que un fotón con una energía
específica, determinada por su frecuencia o longitud de onda, posee
una masa equivalente. Esto vino determinado por la famosa ecuación
de Einstein, E = mc2, que indica que la masa y la energía son
equivalentes. Por tanto, como las partículas materiales, los fotones
se ven afectados por la atracción gravitatoria de los grandes
cuerpos, lo que hace que se modifique su trayectoria. Una
consecuencia de este concepto es que los rayos de luz que pasan
cerca del Sol cambian su trayectoria debido a su campo gravitatorio.
Así, las estrellas, fijas aparentemente en una parte del cielo,
cerca del Sol aparecen en posiciones diferentes a las que realmente
ocupan. Sin embargo, eso no se puede comprobar normalmente, ya que
el Sol impide observar las estrellas que están cerca de él en el
cielo. Por tanto, solamente se podrá comprobar este fenómeno durante
los eclipses de Sol, ya que es entonces cuando las estrellas que
están cerca del Sol se hacen visibles.
Al principio, Einstein pensó
que la solución de Fridman no era realista. Pero en 1929, el
astrónomo estadounidense Edwin Hubble anunció un descubrimiento que
habría de revolucionar todas las concepciones sobre el Universo.
Hubble descubrió que las galaxias se alejan unas de otras, con
una velocidad proporcional a su separación, ¡tal cómo lo había
predicho Fridman! Si miramos las luces de la sala parecen
usar la misma densidad que las estrellas.
José intentaba seguir el caso
práctico para acertar en el ejemplo que le mostraba Gaudi, que
añadió-. ¿Cuántas luces hay? ¡Diez! ¿Cuántos planetas básicos a la
vista tiene la vía láctea? ¡Diez! ¡Y allí tenemos al sol! -Exclamó
emocionado. Todo el techo era una plataforma que arrojaba rayos
alumbrando la habitación, más las lámparas que la acompañaban no
permitía verlo, por el espejo que creaba-. ¡El centro es la tierra!,
ya que siempre ha sido la creencia de la iglesia, Dios y tierra, el
centro del universo -era el pronóstico de Gaudi.
-¿Estás seguro? -preguntó José de tal
liosa lección de medios enteros.
-Sólo es teoría -lo dijo tan sencillo
y claro, que José lo entendió dejándolo en adecuado.
-Entonces según esa solución, para
poder ver las estrellas correctas -Debe haber un eclipse total-,
Abrevió para dar la respuesta Gaudi décimas antes de que José
confirmara la propuesta -. debe apagarse la luz.
José alzó su mano, de la estantería
que adosaba contra la pared cerca de ellos se desprendieron un par
de decenas de libros, buscando auxiliarse de su sitio concedido
eclosionaron al aire lejos de la madriguera. José atrapó uno al
vuelo robándole una página, le pegó mitad del chicle que masticaba,
y la lanzó al techo donde quedó colgando pegada. Las demás hojas de
los libros hicieron ídem y se arrojaron cortándose las franjas al ir
enloquecidas hacia luz tapándola, mientras las portadas caían
delicadamente a los pies de ellos sin causar al oído levantamiento.
En el ascenso, se cubrió todo el campo del techo de retoñas hojas,
cesando la fuente de luz que emitía.
José rompió de la chaqueta de Gaudi
un botón triangular, lo tiró con efecto hacia el cable de la
plataforma que lo torció con agresión, rompiéndolo lo desunió.
Dejando desnuda la comunicación de electricidad hacia el
planisferio, provocando que cesara la luz y quedando sólo las de la
hilera de lámparas, que indistintas expedían unidades de ondas rojas
prolongadas al suelo menos una que la mandaba perpendicular, para
detenerse en minúsculo color fuerte contra la estantería. José y
Gaudi subieron de nivel para ir hacia donde el haz del foco acabó
exportado.
Fueron molestados por la entrada del
sonido que escuchaban de un abrir de puertas. Alguien había entrado
en la cámara anterior, y era cuestión de medio minuto que llegaran a
la sala del archivo secreto, si era el propósito. No se era capaz de
meditar que se quedarán allí la persona o las personas que portaban
el aviso de llegada, ni ir fondo del ángulo muerto
Fuera de sitio, zapatos irrumpen
golpeando contra el suelo la tabla sujeta a la calma. La puerta
metálica, tanto en la hoja como en el marco recubierta
artesanalmente con duelas de madera antigua, avanza su apertura tras
el desbloqueo de la cerradura de alta seguridad. Sujetando el bombín
acorazado llegan dos guardias suizos. Desde la puerta el que
precede, las pisadas detiene.
José y Gaudi acurrucados encima de la
entrada de la puerta, en la cavidad de apenas un madero de ladrillos
hacen pie sujetos a la pared, evitando ser vistos se retiene la
tirantez del oprimido listón a punto de resquebrajarse y expeler
astillas del tronco en su caída.
Si dieran un paso más los guardias
les descubrirían. El lugar tranquilo esconde lo ocurrido hace
instantes allí. Las hojas que empapelaban el techo habían vuelto a
sus libros y de enlace a la estantería de origen. José se percató
que una hoja, la que había adosado el chicle, seguía en el techo
apurando desprenderse tras la orden del retorno. La que adjuntaba la
goma de mascar quedó en tierra de nadie, y no salió precitadamente a
no encontrar camino fiable. El libro del que había salido
descompensado se colocó al revés, con el lomo hacia adentro del
mueble esperando las últimas palabras. Gaudi reflexionaba irónico de
que fueran punto y final por ello. La fuerza del libro tras anunciar
José la retirada aclamaba su llamada con toque de zafarrancho de
descanso.
José no quiso actuar hacia ningún
lado. Se confiaba presenciando como el libro se agitaba en su
estrechez, con los demás del estante haciéndole la lectura
imposible, la diana causaba conferencia no aceptada. La cubierta del
tomo usando la misma línea de espacio que sus vecinos libros, y la
solapa que esgrimía tonos cortos, ligeros incesantes de sonido
apocado en su ridiculez de terreno para soltar fuertes castañuelas
de abrir y cerrar como desease, pero la hoja no se daba por perdida,
se desunía desnudándose de su entorno y quería regresar a la tierra.
Navegaba desligándose de su atadura y cedía ante la presión con don,
con donoso en su donaire que apretaba la goma, que ya no intentaba
extender las medidas preservativas haciendo caso omiso a José
parecía estar del lado vaticano. En su rectitud cedió, rebotando
severa como era inconfesable contra el íntegro techo caía traviesa.
-¡Espera, ya lo he encontrado!,
¡estaba aquí! -Era la voz de Markuss que a su queja de regresar para
recoger un descuido le obligaron a cambiar hora, y llevarse a otro
vigilante. No pudo hasta ese momento en que el otro guardia le
secundaba sin saberlo, poniéndose delante de la cámara pudo tirar el
guante blanco que venía buscando, antes de que entraran en el
archivo secreto. Markuss presenció una hoja como excitada caía
insinuándose. Su compañero sujetaba el pomo a espalda de la gravedad
del papel que se estaba manejando, y cerró la puerta sin admitirlo a
tramite de cacheo. Tras el gatillazo de la pareja, el coito
interruptus aplomaba.
La hoja desvirgaba por los aires
cayendo sin discreción, manchada de rojo olía a fresa que de la goma
quedó su alocada presencia. Caía y se detuvo en las manos de José
cuando los guardias ya habían dado pasos atrás, no queriendo ver la
desvergüenza que ruborizaba en líneas la página de su realización.
Volvieron a donde estaban en el
preámbulo. Libros vaciados con hojas colocadas en pósters de
plataforma, las luces bajadas, el haz rojo cautivando escena, y José
y Gaudi entregados.
Pegaba la costura del fulgor rojo en
un tomo a grosso modo estrecho. Gaudi lo sacó, vio y enseñó a José
que no era el libro que buscaban de Ptolomeo, lo que al
principio les desilusionó, pero a la vez resultaba interesados en
saber que trama reflejaba el mismo y que luz podía dar a este
arsenal de ignorantes de luminosidad.
Era un fascículo más que un libro, y
ponía en texto grande "MCMXXIX Ciudad Del Vaticano", el anverso
venía despoblado. Lo abrieron esperando encontrar alguna clave y
sólo hallaron una página con una fotografía del plano del vaticano,
que era sin duda el acuerdo que habían llegado para la demarcación
de la ciudad del vaticano por el pacto de Letrán.
-¡Aquí no hay nada José! ¡Esto es un
fraude! -Dijo desconcertado Gaudi.
-¡No lo creo Gaudi! Esto es semejante
a cuando querían matarte, no sabias que fuera por ello, y ahora
igual, esto -señalaba la onda que generaba la lámpara hacia donde
estaba el libro-, lo demuestra.
-¡Si si, no pongo en duda eso!,
pero...
-¿Pero quizás hubiera antes otro
libro que ahora no esté? Se preguntaba José, casi dándole la razón a
Gaudi.
-¡Eso es José! ¡Estaba donde no ahora
está! -El enredo hacia añicos el pensamiento de cómo tratarse la
postura.
-¡Qué idiota somos José! -Gaudi se
dio y regaló un espoletazo.
-¡Gracias por la parte que me toca!
Le aceptaba José.
-¡No, no! ¡Si lo somos! ¡Mira José!
Los templos del vaticano a vista de ave son iguales que la cuchara
de la constelación de la osa mayor donde se encuentra Mizar, la
estrella doble, la estrella Z.Y es ahí donde falta el edificio que
aquí señala,.
-¿Y cual es? -le pregunta José.
Gaudi impulsa su andar al plano del
vaticano que adormece actual en la pared, y a vista de pájaro
muestra la foto a José. -¡No tiene más sentido! -Decía-. ¡Mira, y
traza la recta de los edificios! ¡Son los jardines, y siguiendo la
verticalidad es donde estamos nosotros! ¡Esto es infarto demoniaco!
-Hay algo que se nos pasa por alto
-prestaba José encauzarlo convencido.
-Hay amplias perspectivas, está la
fecha MCMXXIX, la cuchara de la constelación de la osa mayor, la
estrella zeta, el...
-¿Qué peculiaridad tiene esa
estrella? -Preguntó José.
-Zeta es la nomenclatura de Mizar la
segunda estrella de la cuchara. Es una estrella doble, su compañera
es Mizar 2 que sólo puede verse a través de un telescopio.
-¿Y no te suena a casual eso de que
sólo se pueda ver a través de un acertijo?
-Si, ¿pero desde donde mirar? Aparte
no tenemos lentes, precisaba Gaudi angustiado.
-No creo que sea todo tan literal. A
ver, 1929 ¿no puede ser una posición, una coordenada?
-Podrían ser tantas cosas, de
combinaciones no...
-Creo que ya lo tengo. -José detuvo
el negativo contar de palabras a Gaudi, que le prestó toda la
atención.
José sin conciliar el posible dilema
satisfecho, se afinaba entre sus bolsillos buscando algo-. ¿Te queda
alguna moneda?
Gaudi se sacó dos euros de su
pantalón y se lo ofreció a José, -¿Para qué la quieres?
-Para comprarte una estrella -le
sonrío en su nula explicación.
José sacó la otra mitad del chicle
que aun masticaba, y echó a suerte la moneda arriba. Tendía el valor
del cambio en su propio mecanismo de rotación a dar vueltas sobre sí
misma. Tan deprisa y voraz era que atravesó la pantalla que formaba
el espejo de la pared haciendo un corte perfecto en la operación
idéntico a la composición de la moneda, que bajaba al suelo suelto
en metálico y en efectivo la pieza devuelta. La moneda se situó
sobre la cortadura que hizo en su volver tras el rebote del techo, y
unía sus bordes con los de la incisión soldándose con el chicle.
Antes, ante el brutal impacto soltó un meteorito de papel, igual
tamaño, igual forma que moneda daba la cara a estrella metálica,
pero cayó hacia lo alto. Era la primera vez que Gaudi veía llover
hacia arriba.
José le encendió de su mente en
pausa-. Aquí tienes tu estrella doble.
Gaudi loco de adivinar esperaba
conocer cual era el propósito de este acto de empeño. José inclinó
el recorte del espejo redondo colocándolo al borde de la librería.
Esto sorprendió a Gaudi, que lo desplazó al detalle que prensaba sin
cavilar sobre la base del estante por dentro justo donde pegaba el
rayo, pero al ponerlo a su modo el espejo enviaba el rayo que
provenía de arriba a un lugar remoto, en ocasión perdida.
-¡No Gaudi, nos seas impaciente! El
hombre retiró sus zarpas, al ser recriminado por José y saber que no
era lo que se proponía en idea. Volvió a levantar José la moneda
colocándola de nuevo frente al borde. Si no corregía el cuerpo
dejándolo de lleno junto al anaquel no llegaba al rayo, se quedaba
corto, así que en perfecto ubique tocando desde fuera del estante
ligeramente con la parte baja del espejo, llegó correcto el rayo
para ajustarse a la lente metálica, reflejando la luz
espectroscópica hacia otro parte de la sala.
-¡Sujeta aquí Gaudi! ¡Procura no
mover el espejo! -le pidió José ayuda en su colaboración.
Gaudi Sujetó, y José fue hacia donde
apuntaba el cruce de luz. La estría roja iluminaba hacia un estante,
puntual al lado derecho. No cuadraba llegando en concreto a ningún
libro, en zona desahuciada paraba. Parecía un contratiempo, uno más
para ellos y quizás la ruptura de tanto miramiento de descifrar
cuando pudieron estar equivocados, o al menos en esta última jugada
de José. Él, observó que en el estante había seis libros, pero por
la magnitud que dejaba en su apalancamiento podía y faltaba uno más
para cuadrar. Los demás estantes tenían esta notabilidad, libros
ordenados sin apenas huecos. En ninguno de los que había visto y
ahora echaba otra vista comprobándolo lo tenían. Sacó todos los que
enfilaban en la garita del estante a la izquierda de la luz que
pegaba al lado, dejándolos sobre el suelo-. ¡Gaudi, dirija la luz
hacia el interior del cajón! -Advertido por José, Gaudi le complació
con imperfecciones mareando el rayo en la apariencia de mostrar el
juego de la lente reflejando tratarse de rayos de sol. Cuando pudo
aguantar el pulso, la estantería despejada se cubría de presencia
luminiscente. José entonces pudo echar la mirada al interior bajando
su cuerpo para colocarse a la altura del estante, y descubrió una
forma acuñada en el dorso del cajón. Parecía un escudo del vaticano,
y es que la luz no era completa para tratarlo de certificar. Lo que
sí se daba por bueno era un agujero pequeño, minúsculo, en el centro
del emblema. José rebuscó entre sus bolsillos, no más monedas porque
ya tenía lo que necesitaba, y lo que buscaba y encontró era un
bolígrafo. Lo introdujo para presionar sobre el orificio pero no
servía, este era más canijo. Decidió que había que sacarle punta,
entonces retiró el recambio de la tinta e intentó en segundas
conseguir que encajara. El tamaño ahora si era aceptado, y empujó
ejerciendo la presión suficiente que hizo descubrir un botón de
anclaje en boca del ojal del hueco encontrado. Sonó a destensor y el
lado derecho interior del estante se abrió, dejando de libre
extracción de datos a la vista un libro, tan secreto como empolvado
de festividad. El libro había permanecido encubierto detrás de la
estantería, ajustado en el punto donde el rayo les indicó
previamente la localización.
-¿Es él libro? ¿Es el que buscamos?
-Le pedía Gaudi saberlo, lo necesitaba colocado al remate
alternativo de la sala.
-¡Compruébalo! - José hizo ademán de
tirárselo. Gaudi le respondió- ¡Nooooo! -el grito escandalizó al
templo, tanto que se ruborizó. Fue deprisa, sin pararse, irritado de
voz para aceptar gustoso el libro que le mostraba José, y lo
contagió de detritus rebuscando entre las páginas dando garantía que
efectivamente era el tomo que habían estado intentar localizar.
-¡Sí José, es él! ¡No me lo puedo
creer! -Dijo entusiasmado- ¿Crees que habrán oído mi grito? -Dijo
arrepentido.
-¡Sí! -Contestó José con aplomo.
Nula era ya la advertencia de José,
porque la alarma ajetreada de confluencia arrimaba cercana. En la
antecámara al archivo secreto, veinte guardias suizos llegaban con
metralletas y pistolas de asalto haciéndoles de parapeto para cuando
saieran los intrusos. No existe ninguna estrategia nueva, deben
seguir el protocolo jurado, matar el cuerpo y después preguntar para
salvar el alma.
La sala anterior es una cámara
espaciosa, destinada a la función de ser un obstáculo más para
llegar al archivo secreto si se obvia y no relega el enorme valor
monetario de los lienzos, simples retratos adueñados para consumo
irracional, del pillaje por angelitos con tenedores de punta láser.
Piezas de la colección circense de la
pasarela romana, titiriteros llamativos de ejercicios de gladiador,
de espectáculos elevados de agilidad, de piruetas cambiadas por las
existentes metralletas, y acrobacias de moda medieval primaveral.
Payasos multicolor, oriundos de alguna cantonada. Mercenarios
sedentarios por mil euros mensuales, y cada reducción de gasto
militar será empleado en salvar miles de vida en equivalencia. Hoy
habrá recorte de personal, reducción de presupuesto militar. ¡Hoy se
hará colecta!
La puerta de la cámara secreta se
abre. A los soldados elite del vaticano no les tiembla el pulso,
conjugados al desconocimiento del miedo, conciliados esperando en la
puerta...
¡Crédulos! Los fantasmas vuelven del
"Sacco di Roma", en nuestros días en el saqueo del vaticano
hallarán la recompensa de la muerte sirviendo. ¡Su cruz ha llegado
mártires!
Estampida de libros salen
volteadores, como mariposas al viento arremolinadas provienen del
interior secreto para mudar, formando oleadas en vuelo horizontal se
lanzaban tomos directos el volumen de su significado ¡Armada
invencible, nada los podía detener!
Bombardeaban en picado, comisionaban
contra los enemigos, les abatían y formaban cimas sobre sus
perdedores cuerpos. El ulular de los disparos de los contrariados
guardias topaban en los libros que detenían las balas acogiéndolas
en sus senos.
Reducidos a nada, de lleno han pasado
cuerpo trasero a tierra. Con la batalla acabada en el primer asalto
salió José, y tras él Gaudi detrás presenciando la lona del panorama
escuchado tras páginas escritas. Centenares de libros sepultaban a
los guardias, algunos heridos y otros muertos bajo el manto de
textos.
Gaudi empezaba a maniobrar, para
arrastrarse en las colinas y laderas que se habían formado para
llegar a la primera de las tres salas, pero José le retuvo- ¡Espera,
déjame que abra el paso!
Gaudi se quedó quieto esperando que
José encabezada la expedición de vuelta, pero José no se movía.
Elevó los brazos subiéndolos en vertical despidiendo la original
fuerza de su ser, imantando de energía la sala. Era imposible el
desplazar a aquellos hombres enterrados vivos, su poder no era tal.
El no podía mover ni desplazar a seres vivos, las habilidades de las
que disponía le limitaban, pero si podía empujar objetos y en eso
consistía su concentración. Luchando interiormente regaba el
ambiente, los libros iniciaron un temblequeo de moverse
desplazándose. Lento y rigurosa parecía empresa difícil mover el
volumen de no sólo los libros, sino al freno de las personas tapadas
que sumidas ejercían su descanso sin poder reaccionar atrapadas en
el soterramiento. Bastión fortificado de superación por José que
parecía insatisfecho de sus límites, conseguía con todo amor propio
el empuje de los libros abriendo una hendidura central, los
distribuía a izquierda y derecha formando un gran surco.
Gallardo, consiguió mover toda la
masa amontonada dejándola agrupada en dos grupos colaterales. José
inició el paso, y Gaudi le siguió sin dilación- Vamos Moisés, yo te
sigo- confirmó Gaudi diciendo lo que tal escena le parecía.
-Aun quedan 80 prosélitos -contaba
José números reales a la cartilla de catequesis. La Guardia Suiza
estaba compuesta por cien soldados, cuatro oficiales, 23 mandos
intermedios, 2 tamborileros, un capellán y 70 alabarderos, que eran
los portadores de la alabarda, la arma tradicional de madera con
punta de lanza que se escuda como arma ceremonial.
Gaudi y José no se detienen en
cuentos de catetos catequistas y pasan lanzados desde la última de
las tres salas al pasillo de entrada. Un contrincante que viene en
su contra se lanza con la lanza intentado penetrarles. De susto la
para José tirando de un brazo sin que puede moverla el soldado, a la
vez que con los nudillos apretados ejerce un puño en su cara, que
partiéndole la nariz cae. Golpea palma en mano contra la barra de
madera de la lanza, partiéndola, viendo venir a otro lacayo que le
apunta carne de cañón, se la tira salvaje barriéndole del medio.
Agarra el arma retenida por el
oriundo cantonés helvético al paso. Caminan ligero casi a trote
ellos dos, discrepando con los combatientes que llegan a galope. Las
balas se esparcen de un costado a otra ala, los guardias vaticanos
que se presentan a la llamada del deber van cayendo ante semejantes
por un enemigo ardor sin armadura, sin alarde, con su cuerpo como
sortilegio brama asignando intrépidos ritmos de golpes, y balas
agitadas a chupadores de credo, como monstruos en la noche son
combatidos con todo el bien que le ha sido designado para tal
propósito.
El cazador está dentro de la cueva de
las alimañas. El portador de la profecía de la liberación se ha
infiltrado en el campamento base de la reina madre. La predicción la
creó él, la jura de la toma de la ciudad prohibida la prometio él, y
juró a muerte por Dios que le mataría. Hoy acabará con sabandijas
que le cubren su palacete, renacuajos saltarines en la charca más
suntuosa. Racionar en el temple de su auspicio equivale a asignar a
cada soldado una única muerte sin ensañamiento, sin exasperar el
dolor en él, deliberadamente enmienda la duración del tiempo que se
les acaba a los fieles mercenarios de mil euros de crédito en su
convencimiento, eliminados como lo que fueron, fe de erratas.
¡Exterminados!, en el fuero de sus cuerpos, competentes
privilegiadas ratas mordiendo del queso suizo, del alijo del tráfico
ilegal de corrupción, del transito de influencias al movimiento
lícito del género de mercancías. Lechones cuajados, apostillan en el
archivo público de José su inspección espontánea de final
previsible, fecha de caducidad ¡Hoy!
A cada metro de terreno aparecen
nuevos guardias suizos dispuestos a detener a los entrometidos sin
derecho beatíficador, sin éxito en sus más que codiciados deseos. La
ofrenda floral de José no está ligada a las creencias populares,
burladas por los aterradores profesadores de la fe, fervorosos
acuden a la llamada de la iglesia, a la ceremonia del sacrificio
ofreciendo su cuerpo y sangre, fiel entregados a las precisas
palabras. Dádiva floral de José, que no regala flores sino dona a la
vida ¡muerte!, que acumula interesado el dinero no embolsado de
donativos caprichosos de respeto, para dirigirlos al lecho de los
que no tienen para mamar pecho, para las que se los arrancaron, y a
los que no se les parte por decir, ¡Ayuda! ¡Me muero por no comer,
envíame el fruto del grano! -de culo van.
A José se le acaba la munición de la
metralleta y la arroja en marcha a la cabeza de un reventado tras el
vestigio, enemigo. Un contingente de unos diez soldados se echan
sobre él, con la intención y única de santificarlo, para laicos
entiendan que santificándolo será dedicárselo a Dios. ¿Algo que
objetar? ¡No creo que no! ¡José arremete bárbaro!, y lucha ante
preparados hombres de gimnasio con palmos de metros combatidos en
tatami, igual casi que José, pero él conoció y luchó sobre antiguas
colchonetas hechas de pajas en el campo abierto, sin agua, sin
viento, sin dudar bregaba allá en la divisoria del nuevo horizonte,
del nuevo testamento, y durante muchos siglos más durante y después
que relatar.
Era poco menos que julio, camino de
insurrección, en injurias alzadas se escuchaba la vulgaridad de
gónadas, sobre mercantiles afanadores de lucro sacado en la
contienda. Bravatas esforzadas en que fueran escuchadas, soberbio
afanaban edictos de ley acongojantes por tenerlos siempre en la boca
su despreciable lucidez, de mentirosos enojados por pillarles a
descubierto de la impureza de su corrupto mando. Don Alonso dícese
Guzmán el bueno, de hijo ilegítimo, de capitán de reyes católicos,
Alfonso X, Sancho IV y con apoyo moro por estado soberanista del Rey
de Marruecos. Y prefirió el sacrificio de su hijo Pedro antes que
rendir la plaza de Algeciras. Osado desafió tirando del asediado
castillo el cuchillo con el que su incesante conquistador le
provocaba, e irritado este, degolló al joven ante la insulsa y
arrogante mirada del Juez de arbitraje.
José tuvo una reacción desmedida, sin
poder transigir aquel miserable condolerse, la sarta en deshonra le
claudicó tan ruin veneno de culebra de arroyo escapada al desarrollo
de un malogrado pinar. Una rivalidad de tantas que se avergüenza de
haberla vivido. Observando como Guzmán el bueno despreciaba a su
propio hijo, y como el enfermizo Don Juan maniatando a su propio
paje que era el hijo de don Alonso, le degolló. Para no contento,
mandar cortar su cabeza y catapultarla al castillo.
José enfermado de lo poco en la nada
que entendía renegaba de la supremacía deletreada por humanos. Un
padre que dejaba matar a su propio hijo, mientras otro villano
mataba a un sirviente suyo simple por el hecho de ser del
discrepante padre.
Insubordinó su espada, empuñándola
cuajó cuantas cabezas a su filo se acercaron, y descabalgó a zenetes
de sus estribos al amputarle piernas. La sangre regó el árido trozo
de tierra donde inspeccionaba el grupo superior de la octava de
infantería de Guzmán el bueno. Su acabado pusilánime, y la
reconquista de sus bríos por ser más auténtico, sin ideal acampar a
sus anchar y buscar su mundo, estaba a decenas de años de ser
encontradas en la batalla de Nicópolis.
Uno a uno acabó con toda una legión
de su propio ejército. Este momento fue interpretado desde el
castillo como hora de salir a defender la ciudad. Jinetes Hispanos
atacaron el campamento pero José no tenía amigos, y aquel que se
cruzara era doblado por su endemoniada espada.
Se dirigió a Pedro, que a pesar de
que José divisaba alejada la amistad en su norma con los demás
hombres, había presenciado gran nobleza en diversos gestos de aquel
paje, hijo del propio dueño de la plaza a conquistar. Se retuvo a su
yaciente vida, y le dio un beso en la frente participando de alguna
manera que él sería quien lo apadrinara como su hijo en la muerte,
al no haberlo tenido aquel muchacho en vida. Le arrancó el puñal, y
se levantó aun mirando lo que quedaba en el destierro del suelo.
Compuso su mirada hacia la almena del castillo, donde permanecía Don
Alonso, y le envió de vuelta a casa el puñal. Habría más de 200
metros de diferencia, pero la distancia no le imposibilitó que
derramando el cuchillo sangre del hijo caído en su vuelo acabada
clavándose en la armadura del rey, justo en el corazón que no
merecía tener. El armazón que cubría a Don Alonso defendió ser
atravesado en defensa del cuerpo, pero sí fue al menos suficiente
para que un centímetro le hundiera debajo de su piel, cicatriz que
le quedó afrenta el resto de la vida. José, violento cruel, arrojaba
su fiereza descomunal sobre oponentes adversarios, e ignorados
benimerines de su división...
Ahora igual, atroz arremetía tan
cruel que si se viese le daría miedo su propio yo, de cómo contendía
ante los seguidores de la hincha vaticana, que Gaudi en sus cuentas
matemáticas le decía a su espalda-, "28" -soldados sentenciados, más
los 20 que habían quedado apuntados en la reserva de los libros. Los
rayos vaticanos perdían luces por truenos presenciales de José.
Se oyó de improviso fuertes
explosiones, varias consecutivas sin que parase la embestida de
José, pero si los refuerzos que acudían de guardias suizos que
disminuyeron en venir. Tras librarse de la última hornada combativa
parece que pueden pararse, y no en su caminata, sino de maniobrar
decidir como salir de allí. Habían llegado a un punto donde partían
diferentes canales, uno de ellos era sin duda de donde habían
venido, ¿pero cuál? Y no sonaba absurdo no saberlo, ya que aparecían
exactamente los mismos túneles desde el frontal, que el reverso de
donde se pusieran Gaudi y José. Y no solo esto, aparte cuando
entraron no pudieron tomar señal para su salida, porque en ambas
paredes que delimitaban lo que podría describirse como una zona
central, el punto x de los canales tenía sendos tabiques de entrada,
cada una calcada.
Mediaron en su decisión acertar en la
dirección por donde huir, y antes que optaran una voz les hacía
mirar hacia donde les estaban chispeando. Era Markuss, el guardia
suizo amigo de José.
-¿Ha ido todo bien? -Preguntó más
llegar a su nivel los dos hombres que fueron a su encuentro.
-Sí Markuss, hemos conseguido
encontrar lo que buscábamos, espero que sea suficiente.
-¡Me alegro! -Sonrió profundo Markuss
a sus dos compañeros de fatiga.
-Vayamos por aquí, os conduciré a una
salida segura. Con las explosiones desconcertaremos a la Policía
Italiana que se concentrará en documentar las inmediaciones del
Vaticano -les entregó a cada uno una linterna para alumbrar el
camino. Era lógica la certeza de que Markuss le llevaría fuera del
Vaticano, en territorio italiano.
Por el túnel viajaron adelante sin
apenas comentar nada. Tras una próspera marcha, Markuss la detuvo al
llegar a una bifurcación.
-Ir por aquí -mencionó el infiltrado
guardia suizo-, por el camino de la izquierda -hablaba intermitente
por la carrera que se habían dado-. ¡Escuchad bien!, cuando lleguéis
al final del corredor sobre la pared encontraréis una argolla,
¡Tirad de ella, y os dará la salida! -Se detuvo para coger aire y
siguió explicándoles-. Yo he de volver, dentro de diez minutos
sonará la tercera carga de explosivos para distraer a los
carabineros italianos en vuestro escape. -José asintió, le agradeció
agarrándose a Markuss de los antebrazos, conservando durante un
segundo el parón del tiempo. Sosteniendo las cinturas de José y
Gaudi, Markuss le dice a este un favor último-. ¡Cuida de José! -Gaudi
aceptó honrado este cariñoso mensaje que le daban.
Markus se dio media vuelta y marchó
acelerado distanciándose de ellos dos. A los pocos segundos las
miradas de ellos que retenían su retirada hacia atrás dejaron de
divisar al soldado suizo.
-¿Porqué ha vuelto y no viene con
nosotros? -Preguntaba Gaudi- ¿No correrá peligro...? -De carrerilla
le hacia llegar sus dudas a José, temeroso de qué le pudiera pasar.
-No temas por él, sabe cuidarse.
Ahora va a causar un poco de revuelo, y liar a los carabineros. Un
poco más tarde saldrá del vaticano, quedarse después de lo de hoy
sería muy arriesgado. -José paliaba en parte la sensación que tenía
al respecto Gaudi, y le animaba apoyando hombro en brazo. Al hacerlo
José percibió la sensación de miedo que tenía no por él, era miedo
en general por todos y más por Markuss. José también recelaba, pero
debía continuar-. ¿Estás cansado? -le preguntó a Gaudi.
-Puedo seguir -Le contestó a José, no
queriendo lastrar para nada el escape.
-¡Vamos entonces! -Dijo José, y de
nuevo los dos marcharon ligeros a la carrera por el túnel guiados
por las linternas de gran potencia que portaban, sin tensión a que
pudieran tropezar.
Los pasos retumbaban al pisar,
haciendo que el silencio hablase. Hacia la otra recta Markuss había
llegado a la banda intermedia de los túneles donde recogió a los
hombres que acababa de dejar, tras guiarle por donde escapar. Se
sobrecoge al hallar de frente al candidato a la presidencia
vaticana, Ratzinger. El guardia del vaticano le saluda oficialmente,
y al hacerlo sin que pudiera verle venir es atacado con brazos en
cruz perdiéndole la vida de un suspiro. El cardenal recoge su alma,
tras matar al cuerpo que moraba en él, con su crucifijo.
Entretanto José y Gaudi sin tener
conocimiento han llegado al final del túnel, y buscan la argolla que
les menciono Markuss cuando aun vivía, sin que ellos puedan saber lo
que acaba de pasar. La encuentran medianamente fácil, que sin
conocer que está pasaría desapercibida al estar cubierta a la pared
por una capa de oscurez total, del mismo tono rojo amarillento del
túnel para su disimule. Tiró José de ella y una abertura se abrió,
concediendo la medida necesaria para que pasaran sin agobios. En
este momento midieron sin grado de escala un corrimiento de tierra,
únicamente era la sensación al encontrarse en la cámara caliza.
Ellos saben que el estupor obedece a la tercera carga de explosivos,
de la cual ya estaban advertidos.
Zigzean en el pasadizo que se
estrecha cual fuera un embudo, y en la parte trasera encuentran otra
gárgola, que al tirar de ella José debe hacer la abreviación de
contradecir términos y reverenciar empujando. Al mover la piedra
hacia afuera se maquilla para ellos la luz del manto de estrellas en
el púlpito de la anochecida noche. Con la acalorada marcha Gaudi y
José, ambos hombres saltan del agujero donde encuentran a tierra
firme, en apenas un metro de separación ya van respirando aire
fresco del que llenan sus pulmones, del contaminado aroma de la roma
industrial.
Entre paredes orbiculares con varios
metros crecidas en su desarrollo pueden divisar el cielo, pero ahora
están pillados en un laberinto que Gaudi no retiene en querer
conocer su lugar-, ¿dónde estamos?
José no desembaraza respuesta de
inmediato, y le da a Gaudi la libertad de pensar que lo desconoce-.
Menudo asunto padre- bascula para incitarle a recibir una respuesta
condicionada a la eucaristía particular, pero José salía del círculo
vicioso de entre las paredes en un desplazamiento por un surco
radial, diciéndole-, ¿de verdad no sabes dónde estamos?
Gaudi salió seguido con alta
sugestión. La circunferencia que les aprehendía era monumental, una
plaza de gigantesca relevancia llena de fieras célebres en antaño
centraban su apogeo, hoy decadentes felinos rugen maullando las
ruinas de -El coliseo- Pronuncia Gaudi hallando sentido por sí mismo
en su inconfundible respuesta.
No necesita esta vez que confirme
José la apreciación, porque certero lo sabe que eran las ruinas del
Circo Romano.
Prestando gran afición por el
Monumento cede al empuje de José y al propio esperado por él de
secuencial el presente, en un rato al futuro con latidos y
respiración calmada en bostezos-. ¡ Arrivederci Vaticano! ¡ Presto
ritorno Coliseo! ¡Ciao Roma!
A pesar de la hora, hay bastante
gente por las calles al ser festivo, y se juntan los foráneos
turistas a la fiesta papal. Las sirenas de coches de policías y
bomberos no resulta ocasional para ellos dos, que en plaza de España
toman un café dejando que se escape los minutos antes de dejar la
ciudad. Sonámbulos caminantes calmados de cafeína cogen un taxi no
registrado y les lleva a la estación de cercanías a las afueras de
roma.
Con el billete en reserva, y el
engañado equipaje de dos maletas consignadas automáticamente por
algún amigo familiar en la propia estación, atrapan el tren de
camino Roma-París. Estaba planeado rehusar cogerlo en Roma que
estaría atascada de incertidumbre y subirse en subsiguiente
intervalo al destino Francia, sin sospechas.
Capítulo IX Ptolomeo
& Ptolomeo
En el coche-cama. Gaudi se había
acomodado en que la vida transcurría en tres días. Uno se pasaba
durmiendo, otro soñando, y el tercero cansado de malos sueños se
prefería estar dormido descansando a la repesca. José llegaba de
refrescarse, enjabonado de suprimidos negativos-. ¿No está viendo el
libro? -Le pregunta a Gaudi.
-Me da un poco de temor lo que pueda
encontrar y prefería que estuvieses aquí. Creo que era meritorio que
te enterases según lo viéramos juntos.
-Te lo agradezco Gaudi. ¿Está escrito
en griego no? -le preguntó.
-De lo poco que ojeé en la librería,
el texto estaba redactado al igual que la hoja que encontramos en
León no exactamente en la lengua común, parece desviada a un
dialecto de raíz griega -pausó y pronunció la incumbencia- ¿Vamos
allá! -Quizás no lo preguntó, y tomaba la decisión de entrar en la
historia.
Para José con pocos precedentes
habitaba la opulenta falta de conocerse, desde sus orígenes.
Gaudi revisaba el libro leyendo para
él deprisa, saltando páginas adelante y atrás, y razonándolo lento
en acampadas intermitentes para digerir el calado intestinal que le
apretaba según leía. Para José, la más pronta explicación era
haberse entregado a voluntad el tiempo al libro, de lo lento que
pasaban los siglos esperando propiamente dicho conocerse.
-¡Pero esto no puede ser! -Actuaba
Gaudi excitadamente sorprendido.
-¿Qué ocurre? -preguntó preocupado
José de lo que se pudiera haber hallado.
-No concordaba las fechas, los
lugares, los nombres y tanto que este libro no es de Claudio
Ptolomeo.
-¿Entonces nos equivocamos de tomo?
-Volvió a preguntar José, realizando el desmedido pensar que habían
fracasado en su actuación en el vaticano.
Su acompañante lector pasaba el dedo
entre líneas, traduciendo lo que decía.
-No José, este es el libro que
queríamos. -Mira- le lleva de la mano a una pagina del tomo y no
encuentran perdida la falta una hoja. -Es la que encontramos en la
iglesia de león. ¡Este es el libro! Pero no está escrito por
Claudio Ptolomeo sino por ¡Ptolomeo I Sóter!
-¿El qué fue rey de Egipto?
-Respondió en pregunta José ante tal revelación.
-Sí -afirmó monosílabo-. Aquí detalla
en principio parte de sus guerras al lado de Alejandro Magno cuando
era general de sus tropas, incluso menciona brevemente cuando vivía
en la infancia en Macedonia. Por eso este inestable griego, allí
hablaban un dialecto similar. Por lo que parece son crónicas de su
vida, una especie de diario, y siempre habla en pasado. Así que
serían una especie de memorias.
Gaudi miraba a José tras contarle
estas apreciaciones. Los dos se estudiaban, y podían decir tantas
cosas que no dijeron nada. Tenían tantas dudas que obviaron el
preguntar, y actuaban las respuestas que podría dar ahora este libro
que indicasen las acertadas. Gaudi volvió a fijarse en la lectura y
continuó narrando según derivara, contando los números de las
páginas- Ptolomeo I Sóter curiosamente también tenía un libro
desaparecido -dio este detalle a José y continuó en la forzada
realización de incorrecciones paradigmas.
-Nos menciona la tierra, donde fue
descubierta por seres superiores de otro planeta. Dejaron a un
dirigente para enseñarles, aprender y experimentar. En los últimos
siglos este ser se creyó un Dios impartiendo injusticia en su
parcialidad. Decididos que era el momento de controlar su mal
desempeño en nuestro mundo descargo de funciones, se podría traducir
como deshabilitarle de su cargo. Llegaron del mundo lejano a por él,
para llevárselo y diera cuenta en su planeta de origen. El que se
denominaba Rey de los humanos fue con ellos con un presente para su
pueblo natal. Un arca, un recuerdo troyano del pueblo de Egipto por
considerarles sus grandes amigos, y se invito a trasladarlo en un
barco volador. Debe querer referirse a una nave -dejaba su pequeña
corrección Gaudi.
-Cuando llegaron al mundo originario
le condenaron por su apagada solidez en los mandatos que debía
obedecer en su hacer en el mundo humano. El condenado se rebelo,
ayudado por hombres de la tierra que viajaron preconcebidos
polizontes en el arca. ¡Fíjate en el dibujo! -le mostró la imagen
que enseñaba el libro.
-¡Es una copia del mitológico caballo
de Troya! -apreciaba José más verlo.
-Copia o no, lo utilizaron para
sorprenderles. Sigo -paró de parloteo exquisito y se concentró en
leer-. Conseguimos huir en un barco vola.., ¡en una nave!
-¡Para! -le detuvo José-. ¿Has
pronunciado conseguimos?
-¡Sí! -ratificó Gaudi.
-Entonces uno de los hombres que
viajaron el arca era el propio escribano que nos lo entalla de su
puño.
-¡Si! -sin condicionarse Gaudi por
este aporte que se apreciaba fácil, lo dejo de corto para seguir
transcribiendo la historia escrita-. Alejándose por barco de vuelo a
la Tierra se trajeron adrede por ocurrencia premeditada dos niños
-ahora si Gaudi paró dando prioridad a la llegada de su
pensamiento-. ¿Hablará de Ti y de María?
José compartía prominente la misma
ocurrencia, que para darla como sensata preguntó convincente -¿Qué
edades tenían esos niños? ¿Hace fechas de cuando fue?
Gaudi pasaba página para responder a
lo que obedecía-. Menciona niños de leche hablante, quiere decir
menor de seis años y mayor de tres.
José no tomaba esta respuesta como
cierta para hacerse acreedor de ser él uno de los niños que se
mencionaban, al haberse memorizado recuerdos de su niñez, ahora ya
extinguidos por distintas edades vividas.
-La fecha de cuando viajaron entre
planetas no la indica pero sabiendo, o presumiendo que Ptolomeo I
Sóter vivió siglo tres A.C. debe guardar cierta simetría
-aportaba Gaudi-. Antes de escapar, por mandamiento del Dios humano
que les anticipó donde y como, consiguieron inutilizar los
parámetros de seguimiento del planeta de origen para interrumpir la
localización de la nave y llegar a la tierra. Al volver se sirven de
la inoperancia en origen para desplazar la tierra-. ¡José! Aquí
habla de que la tierra permanecía quieta, y ahora no me especules
que era un dicho por la ignorancia. Te cuento que dice, que se
localizaba en otro apartado espacial. Hubo inexcusable por fuerza
mayor que trasladar el planeta antes de que enviaran barcos de
guerra para castigar al insurrecto y liberar el secuestro de los
niños. Nuestro Rey del cielo desvió la tierra poniéndola en otros
mundos, en giro medido con otras estrellas ante un gran astro de
luz, ¡El sistema solar! -afina Gaudi al entenderlo-. Así pudo
disimular este planeta, y formó un escudo que impedía verlo en su
giro al camuflarlo detrás de una estrella que distorsionaba si
llegara algún seguimiento del planeta de origen o de cualquier mundo
exterior al que respiramos. ¡La estrella zeta! -acierta en
decidirlo, y muestra a José un gráfico de una constelación que
estaba dibujada en el libro.
-¡Es la osa mayor!
-¡Exacto! Y la estrella que brilla
con más fuerza, concuerda en la posición con la estrella zeta, ¡la
estrella Mizar! Parece aclarar que esta estrella junto a una doble,
debe habla de Mizar 2, actuaban de espejo si alguien miraba hacia la
tierra desde otro destino sólo salían espacios de la nada, un vacío
apropiado para engaño profundo.
-¡Qué filósofo te pones con tu
griego!
-¡No, no! Lo dice aquí, bueno, mas o
menos -pillado por sus palabras sonreía a José, y acude sin dejar
solo al hueco a la apertura del libro que encierra por un dedo,
¡todo!
Al pasar de hoja se detiene
explicativo por lo que muestra-. Parece por la forma una especie de
observatorio astronómico o una piedra de sacrificio -la ilustración
antojaba un circulo de piedras-.
Está descrito que era el puente para
viajar a la estrella que tenía el motor impulsor de energía del
mundo en caso grave. Fue dispuesta por el visitante legítimo para
administrarla, sin conocerse la totalidad o parcialidad que usó, y
ante una nueva amenaza se conmutaba la clave credencial. Se
accedería grabando el criptograma con las inscripciones establecidas
secretamente por los visitantes estelares. ¡Y están aquí, son estas!
-cuádruples ojos fijan la inscripción a representar.
Eran cinco líneas de caracteres
equidistante. La primera-, está en latín ¡Cero!- acertó José.
-La segunda es una cifra griega, ¡35!
-anunciaba Gaudi.
-La tercera es árabe -transleía José-
creo que dice 26 11 1941.
-¡La fecha del ataque a pearl haword!
-certificó Gaudi.
La quinta -José dejaba sin intentar
corregir la frase cuarta, que al igual que la sexta eran ideogramas
sin fundamento conocido-, no sé en qué lenguaje está escrito.
-Va a ser... ¡Indouropeo! ¡2004 2005!
¿Dos años correlativos? -dudaba de haber ajustado bien.
-¡Es una sola referencia Gaudi! ¡20
abril del 2005! -era acertada la afirmación.
-Y se cierra el jeroglífico de
arranque, ¡clavándolo con una Z! -decía Gaudi, aceptando que había
mas cosas interesantes que contar, aun no fueran números-. El hombre
que hace el grabado en la piedra -según observaba en el manuscrito-
parece llevar, mejor dicho ¡es una Svástica! ¡La Svástica comunista
era el sello de unión del otro mundo qué sólo las dos familias que
pactaron el cierre de seguridad conocían! -cogía carrerilla para
leerlo del tirón- Me han colmado José, lo digo con toda la apología
que pueda expresar de aspiraciones por saber.
José callaba reteniendo recopilar
cada detalle. Tan disparatada síntesis para oídos religiosos,
enjuiciarían malas dotes para hacernos chantajistas de amerroneas
celulares del cerebro, por anomalía depravada carente de
complementariedad anorgasmica.
-¡Qué locura! -intentaba decir algo
de lo que no sabia como explicarlo-. Una coordinación perfecta en su
momento, con claves numéricas de distintos idiomas -o surgidos del
mismo -alternaba José por si acaso-. Las frases tercera y sexta
deben ser signos de los visitantes espaciales, y aunque no sepamos
que cifra son no nos hace ya falta. La grabación hay que hacerla tal
cual es en cada lenguaje.
¡Lo tenemos José! ¡Tenemos todas las
claves! ¿Pero a cual entrada se referirá para acceder a la estrella
de energía? Hay varios monumentos prehistóricos con ese aspecto, y
eso en el caso de que no halla desaparecido el expreso.
-¡Ese es nuestro trabajo Gaudi,
descubrirlo! ¡Nos jugamos la vida en ello!
Gaudi siguió metido hasta la retina
confiando en expandir la realidad.
-Cambiando de contenido, el Anj lo
utilizaba Dios para recuperar la vida, ¡no!, la energía a otros
dioses menores. Cuando dice dioses menores podría tratarse de
individuos como tú -sin preguntar le decía a José.
-¡No lo descartaría! Lo del Anj tal
como nos dijo María era cierto. Tiene un sexto sentido.
-¿Por ella o por ser Mujer? -invitaba
Gaudi a la cuestión.
-Por las dos cosas -admitía José en
respuesta.
Gaudi reemprendió al caso- Nos
impresionan en esta imagen de Anj el enterramiento junto a los
difuntos.
-Deberían funcionar como un
transmisor entonces.
-¿Pero después que ocurrió? Pasada la
civilización egipcia no se prosiguió con el rito.
-¡No lo sabemos! Si seguimos pensando
que Dios robaba la energía de los cuerpos, la pudo haber sustituido
o perfeccionado por cualquier otra cosa, y la cruz irrumpió en esa
etapa de tramite no lo olvidemos. Ahora sería la versión 2.0
-¿Versión 2000? -calibraba Gaudi.
-Hablaba más bien de una
actualización de su programa malicioso.
-Como un virus -alertaba Gaudi.
-Como un troyano estratégicamente
insertado socialmente antes del inicio. ¡Somos colmenas de energía
para él! Campos de exterminios para adueñarse de nuestras almas y
utilizar su poder, y de donde más consume es del mercado negro.
-Pues si que es bicho malo el asunto
-daba doble inocencia granuja Gaudi en su frase.
-Hay algo que tienes que tener
seguro, y es que no hay que menospreciarle ya que corremos el riesgo
de morir todos.
-No tengo miedo a la muerte José,
¿cómo puedo temer lo que no conozco? ¿Tú sabes...?
-No Gaudi, no puedo explicarte que
ocurre cuando se muere, y es mejor así. La absurda espera conociendo
el final es un definitivo morir en vida, mejor hacer esperarla
rebosante de ella- daba consejo, que no práctica de maestría José.
Definieron centrándose en la
explicativa conclusiones masificadas
-Así ha estado siempre descartada la
existencia de este libro, que permanecido sellado para la humanidad
Es un peligro para ellos por toda la información trascendente que
abarca -era un detalle hábil que daba Gaudi.
-Tal vez Dios hizo que le escribiera
la biografía, o guardar el pin de acceso a la energía.
-¡Push! No te creas que no, hay
aspectos que son narrados de boca de otro, y no sé separar si fue
para que lo redactara Ptolomeo, o se lo apropió para después
plasmarlo a su letra. Y bueno, lo que quería comentarte volviendo a
la mención del tiempo que ha estado oculto el libro, es que entiendo
que fue pasando de padre a hijo por distintas generaciones de
Ptolomeo, al menos una, ya que al final hay, si centras aquí la
vista lo verás -enseñaba a José donde mirar- una parte escrito con
distinto pulso, no soy grafólogo pero diría que es distinto tipo de
letra, y se nota en el grosor con el que se ha escrito.
-Tienes razón Gaudi, parece que es
como dices.
-Pues déjame decirte que lo que
cuenta es que tras desviar el planeta Dios apagó bastante su fuerza
y casi absoluto desapareció para reponerse de energía. Los niños que
vinieron del mundo lejano fueron sacrificados al llegar a la edad
adulta tras haber tenido relaciones obligadas con humanos. De cada
uno de los extranjeros estelares se obtuvo un hijo, en un caso un
niño y en otro una niña, que alguien raptó del palacio real para que
no corrieran el mismo favor que sus ascendientes.
En segundo preámbulo, la inyección de
apetencia usual de embriones inhalaba examinar aplicaciones madres y
padres de José y María, asesinados por Dios. Y ellos, niños de
laboratorio piramidales, sus lados de triángulos se juntaron en un
solo extremo, Jesús.
-Lo más duro espera siempre al final
-abroncaba Gaudi dando por terminado el libro.
La balada triste se dejaba escuchar
por ambos lados. En el exterior no se tenía forma de contar, en el
interior, lo que se lleva dentro permanecerá por siempre muerto.
La música melódica engañosa le hace
sentido de sufrirlo, aunque calle, no se tendrá ya más tarde
apacible, nada.
Lo tenía todo para hacer su poca
inventiva canción. Una estación de un tren del que se escapó, un
amor que se prometió, una tristeza de libro, y una María que no
podrá superar asomarse con los ojos cerrados al infierno que
trasluce ante las persianas de los párpados. La misma estrofa para
cada rosa, y la suya personal le hace dedicárselo muy mal.
Buscando un momento para cambiar de
tema, como no te metas nunca te dejarán-. ¿Para qué querías que
comprase las entradas del Museo? -aprovechaba Gaudi con
justificación pasar a un punto aparte.
-Por si acaso hubiéramos tenido que
esperar a que abriera y salir como turistas -le daba la pauta
razonable.
-Pues me debes 24 euros, que lo sepas
-le simpatizaba Gaudi, que tenía otra pregunta reservada- ¿Cómo
supiste lo de la inclinación del espejo?
-En 1929 hubo un gran acontecimiento
que dejamos pasar, el crack de la bolsa de Nueva York que formó una
línea a la baja, en caída libre.
-Gaudi se asombraba de la causa- ¡Yo
jamás hubiera atinado con ello!
-¡Tú has dado con todo, eres el
enemigo numero uno de la iglesia! -Le señalaba José.
Rendidos por la Roma vaticana
detienen la charla requisados por el cansancio, acostándose en las
literas que disponían. La sucesión de sueños dispersan plantaciones
irreales, terciando la tregua del descanso la curva del pestillo de
la puerta del vagón parece virar. Suspendida la lentitud de abrir
los ojos, se avivan conectándose tras la rota cadena del sueño. José
incumple una ordenanza, dejarse sorprender.
-Soy tu amigo José, sólo quiero
hablarte -la mano prescribe lo que dice la voz que le habla al
faltar a las palabras, arrestando la boca con susto y violentando a
que quedara echado sobre la litera. Desengañado de amistad José se
azuza para quitarle de en medio directamente, sin rodeos. Sin más no
poder, echándole de su lado consigue respirar con la mira puesta en
su amistoso enemigo- ¡Ratzinger!
-¡Eres muy rencoroso José! ¡Además
tengo algo que darte! -Gaudi reposaba quieto dormido ¡o muerto!, en
rápido pensar no dejaba José de suceder reflexiones. Ratzinger se
aprovechó de esa confianza para engañarle. Sacó lo que sí se podía
esperar de él, una Svástica comunista para cortar por lo sano aquel
vínculo esporádico e inseguro. El mal trato que le sacudía Ratzinger
enviándole fortuito el arrojo de enajenación, privaba de una nueva
oportunidad de hacer las paces. José no quiso liarse en recoger el
presente de Ratzinger, y se fue con la cabeza bien alta atrás. Evitó
el encuentro, pero desalentado del incidente por el golpe que se le
vino encima, se hacia daño rompiéndose en la cabeza parte donde
detenían sus sueños, un madero en el tabique. La Svástica marcó a su
lado izquierdo la despedida.
Cuando abrió los ojos, sensitivo
relacionaba haber sido un apurado sueño, empero detenía una
corrección el listón de madera donde soñó que impactaba la Svástica.
Había en el sitio una raja profunda, y era desidioso decir que si,
que ya estaba antes. No la había visto, pero por ello no creería que
hubiera sido la presencia de Ratzinger allí real y se hubiera
marchado de haberlo sido sin matarle volviendo a llevarse el arma.
El sueño profundo le tendía una reclusión de la orientación.
Se levanto y oía como Gaudi roncaba.
Se pidió un trago de agua, y se sirvió salir al pasillo para
despejarse. La postal que emitía las ventanas del tren era de
catálogo a pasos deprisa, sujetados por postes inacabables por el
circuito de variación.
La óptica pescaba en la noche luces
para distinguir cruces con niveles, avisado era previsor de andarse
siguiendo las señales. A la parte derecha del vagón vio salir del
penúltimo compartimento a un cura siguiendo la misma dirección. En
esta ocasión, es cierto que por la muerte del anterior papa y la
preparación para nominar el sucesor en el futuro, cónclave la
asistencia de seleccionados alistados soldados rasos de Dios a la
ciudad del vaticano. Al caso usual de ordinario, le despierta
suspicaz aligerando preguntarse dónde irá. Había un servicio en el
esquinazo del vagón a la izquierda, y la cafetería también siguiendo
el mismo curso en el primer vagón, en puertas a la locomotora, que
andaría aparte cerrada. Decidía antes de preguntarse otro qué,
atestiguar registro por vocación achuchado por el traqueteo.
-16B -era el camarote por donde salió
el sospechoso, puntúa José sin prisas.
El sacerdote desmandaba sin
suspensión las siglas de la interrumpida establecida de no fastidiar
la segregación de la unidad constitucionada indivisible incorpórea.
Uno tras tres más, se desliza con
calzado de tanqueta aferrando huellas, fondeando la patria europea
al sondeo de ministro eclesiástico de la derecha conservadora,
añorando doctrinas totalitarias nacionales. Vistiendo de gala su
traje de faena, compañía "camicia nera" del diseñador
mussolini, catarsis en la reserva de cuarto al llegar al último
vagón, el de mercancías.
El sacerdote echaba horas extras,
polifacético empleado de Dios, hermano político, soldado piadoso,
almacenista fervoroso, y ahora practicante de contable y aprendiz
creyente de monos incubados en seis días. -Una, dos, tres, cuatro,
cinco, y seis, ¡correcto! Se agranda al comprobar que están todas
las cajas que transporta garantizando el buen aporte a la comunidad.
Al techo colgado de pies haciendo
dotes de vigor se columpiaba José, que había escalado por el
exterior del tren, cotilleando al pasajero achaque del noctámbulo
que no tenía cura para dejarle dormir con pequeños angelitos.
El viajero doblado del crónico
trabajo abandonaba la postura molesta que le ocupaba, y dejó la
jornada infernal para retirarse a descansar. La puerta de salida de
entrada se cierra, la de entrada de salida se abre por José,
presentando honores.
-Provisto de atención, en dos
trancadas acordona las cajas visitadas expuestas para hacer balance.
Levantando provisional por tirón de nervio una tabla de la primera,
que hacia contrapeso para las otras metía el ojo, sin tener
oportunidad de magrear tocaba renunciar. Picado, iba de cabeza el
brazo y rascó ente la tabla abierta para revisarla dentro. Cargado
por tope sacó la mano, la abrió a la vista y eran crucifijos como
los que le atacaron los supuestos Ustashas en león. Invadido por
nutridos amuletos del mal se le calló en condena cuando los acunaba
en su mano.
Con la custodia moral bajo su habito
personal, había regresado el sacerdote para la revisión que se le
paso por alto sin fichar. Nublado, equivocado de contemplar la
evolución de las especies- ¡Es mentira, no es posible! -encontrar un
hombre allí-. ¿De dónde ha llegado? -¡Malditos eslabones! ¡Monos
tenían que ser para que no escucharan a Dios!
-¡Llamaré al revisor! -no tiene más
recurso que el pataleo, bocaza de amenazas por denunciar al estar
sometido al analfabetismo racional.
-¡Creo que no! -Reprimiéndole José
paraliza su acción, deteniendo la continuidad de la insustancial
palabra de tutela. El hábito del cura rasgado de pavor se lanza a
por un crucifijo dilapidados imprudentes por el suelo.
José no acierta al creer que lo
armará para atacarle, y al contrario, busca defensa pidiendo ruegos
para que no le hagan daño.
-¡Nadie me puede salvar! ¡Confío en
Jesús hoy! -José iba a trenzarle la cara por nombrar lo que no tenía
que decir, habiendo sido enseñado mal por un foro de familia
católica protestaba cuanto le venía en gana, pidiendo respeto por su
entendimiento verdadero. Cruzado de bruces se cruza crucificado por
un crucifijo que se activa y le sorbe la vida de caramelo desgastado
de emporio.
El clérigo sin energía, agotado, se
rinde al descanso eterno. José ya no puede hacer nada por él, ni a
favor ni en contra. Teme acercarse a la cruz homicida, tras haber
comprobado que atacó al propio sacerdote sin tener ninguna
explicación. El pequeño arma recupera su estado tras haber pasado
por el encendido vitaminado del alma que se embuchó y aceptado por
el riesgo lo recoge, por la enigmática necesidad. Descamisa al
difunto accidentado por su trabajo para calificarlo de Ustasha o
sacerdote rojo. En blanco asiste al pecho, y no hay cruz que marque
un signo de inscripción para escombrar. El asomo de no tener
contraseñas cuela atender que no era afiliado a alguna de las
fuentes más corruptas y sanguinarias del derecho católico, y no
debía conocer el poder de los crucifijos. Le levanta para limpiarlo
a la vista, y dando fe de testaferro el río recibe la herencia del
cuerpo con sus pertenencias guardadas en varias cajas, por el
trasvase de José desde el puente de la descansada vida.
Quizás no era un mal hombre discute
José sin incumbir inclinaciones cordiales a la rama del árbol donde
se saca pócimas de cianuro por aleluyas.
No tiene palabras de ocasión,
revendida toda facultad transige sin llegar a conocer nunca en
palabras lo que siente demostrar. Arruinadas esquelas no sirven a un
Dios decirle que descanse en paz, escasean los remedios, pura
dolencia manchada por juramentos inacabados.
José de marcha al tren, arranca la
vuelta a su vagón. Al entrar el sueño de Gaudi le cuchichea-, ¿de
dónde vendrá?
José acopla recopilando cuanto ha
estado haciendo y lo demuestra en esquema ambiguo.
El tren transporta armas
succionadoras, y se ha cargado, vendimiando los jugos, un religioso
-lo decía aposta, al opinar José que estaba arropado en irreflexivo
Gaudi.
-¡No pasa nada, hay muchos curas!
-estropeó lo que pensaba José de él. Se reordenó cuando iba a darle
más singularidades al darse media vuelta Gaudi sin retardarlo no
prorrogarse en hacer ronco su discurso, quedando aplazado el caso
cuando despertaran ambos en buenas ganas
-¡Buenas noches! -La luz huye
asustada del ronquido de Gaudi.
El revisor golpea el sueño a las
puertas de los buenos días-. Quedan 50 minutos para llegar a París
caballeros -les devuelve los billetes y sigue repartiendo saludos
madrugadores con el pasaje en la mano.
Es primera hora para la capital, y
los preparativos de llegada no aguardan para prevenir aceptarlo. Los
pasajeros revisten el tren, los pasos se encuentran en hora punta, y
los w.c. con retención. Muchas de las puertas cerradas a la noche,
se despejan airadas abiertas.
José simula ejerciendo de mirador de
ventura, colando la vista por la rallada numerología 16B. Hay que
guardar la espera, una pareja anciana recoge a última hora bolsas y
maletas del número elegido para buscar premio. Al despejarse el
coche-cama del frustrado en su carrera católico, recibe para él por
extravío una cartera que pertenecía al susodicho.
Apeados del tren, el tumulto es
generalizado. Los espigados gendarmes franceses dan la terrosidad
que atrae su seguridad. Un pastor Alemán que en correa lo rigen,
amiga la mirada en José. Es instintivo, él comprende al perro
perfectamente.
Ya en la calle andan despreocupados,
cuando una furgoneta gris metalizada les arrincona a la pared
subiéndose al bordillo. A las puertas averiguan que es Flor
saludándoles-. ¿Os gusta como he toneado la furgoneta?
-Me parece que se dice tunear
-enmendaba Gaudi.
-Eso he dicho -apreciaba Flor-.¿Bueno
qué, os gusta? -se sentía con ganas de que la puntuaran,
-¡A mí sí! -aprobó José-. ¿Y esto a
qué se debe?
-El otro día viendo los todoterrenos
que llevaban los cristianos..., y ya sabes, la envidia es muy mala.
-Tú eres peor -le contrariaba José
amigablemente. Subió al renovado vehículo, y de rebote le aplacó un
beso en la cara.
La marcha alegre ponía la primera
para callejear hasta que cogieran ritmo, y cambiar en A6
-Lo del Vaticano sería cosa vuestra
-sospechaba Flor.
-Nosotros no hemos hecho nada, ¿qué
ha ocurrido? -era José el que comentaba y preguntaba negando todo
los cargos que le imputaran.
-Poca cosa, varias explosiones dentro
de la comarca de los santos, y un caos enorme.
-¡Yo la única comarca que conozco es
la de Frodo! -exageraba José su argumento.
-Imaginar a la gente que espantada
quería salir fuera, y la policía vaticana cerró las puertas en la
frontera con el argumento de rastrear a los responsables.
-¡Qué patético! - dijo José molesto
de chorradas católicas.
-¡Lamentable! -expresionaba Gaudi-.
Nosotros nos fuimos por fortuna antes -era sincero al comentario.
-¿Y María? -preguntó José sin
esperar. Su importancia se lo merecía.
-Se quedó allí. Quiso acompañarme
pero preferí que no, por si la detectaban, y patento que algo debe
de estar pasando, he visto bastante agitación religiosa por la
estación.
José manejaba la cartera sacerdotal.
-debe ser por el comunicado oficial del Vaticano, ¡Toma Gaudi, lee!
-le desvió un albarán para que lo leyera.
-St-Germain-des-Prés 600
unidades, Notre Dame 600 unidades, Sainte Chapelle 300
unidades, St-Eustache 500 unidades, La Sorbona 500
unidades, La Madeleine 600 unidades, Sacre Coeur 500
unidades, St-Augustin 400 unidades. Es una redacción de
entregas a distintas Iglesias de París,
-¿De qué? -preguntó la mujer.
-¡De crucifijos Anj! -respondió Gaudi-
¡Están armando las casas del señor D! -no era extraño que él lo
supiera. Aunque anoche estaba atolondrado cuando José tuvo el
desenlace con el religioso, a la mañana antes de llegar a París le
había contado lo pasado.
-¿Qué es eso del Anj? -desconocía
Flor.
José le dio la explicación coherente
sobre el objeto egipcio, y lo relacionado al libro de Ptolomeo. Para
no repetirse luego con María, no lo describió al detalle dejándolo
para cuando estuvieran reunidos los cuatro. Tres marchaban por la
carretera, y el complemento era una cuidando su espíritu en armonía.
María se preparaba para darse un baño
de satisfacción, acompañada de Pachebell, que la emboba en su
canon "di mayor". El disfrutar de simples placeres sin fustigarse la
piel, de pecaminos hace murmurarla en melodía de seducción.
Tolerada al agua, templada de nervios
aparta el albornoz, regalando al ensueño de su dorso cautivadas
estrías de beatificación.
Entra en el agua sin bendecidse,
cuando oye un ruido que la inquieta. Mira sin salir que es la
ventana golpeando al viento, y cierra a los frescos aires la puerta
del plato de rodaje del baño. Y se conmovería de trailer en suspense
si mostrara público, y se temblaría de miedo si fuera el gígolo de
lectura que acompaña antes de dormir debajo de la cama, donde
permanece hasta que se comprueba que se oculta cuando lo imaginas,
del susto que no le llega a María por la vista. Al vaho de ser el
espejo de la mampara sintetizado había formado una T mayúscula de
terror. El signo de la cruz marcaba territorio.
Pachebell
del asombro salta de pletina. El Rock daba acordes sustanciales de
vivencias.
-¿Con esta música puedes pensar José?
-le extrañaba a Gaudi.
-La escucho para no pensar -acoplado
con estilo le razonaba.
-Bueno, con lo que me habéis contado
parece que ¡vamos a por todas! En estas presidenciales vamos a botar
a Dios -satirizaba satanizada Pequeña Flor.
-Si salgo elegido tú serás la
ministra de Tecnología y ciencias de la Información. Para ti Gaudi
la secretaría de educación, o si prefieres la de religión -ironizaba
José.
-Muy gracioso, me quedo con la de
educación -práctico era su debate-. ¿Y para María? - pedía
favoritismo para convenir la cámara de los inusuales.
-¡Asuntos sociales! Pero tendrá que
hacerlo mejor que hasta ahora -era el discurso solidario de José.
Conciliador de diálogo abierto hasta las cuatro -Y punto- en boca.
Con poca broma se ganaba puntos de
Kilómetros, 53,6 y habían llegado a la hora de almorzar.
María salió corriendo para recibir a
José, y le adelantó un beso de degustación celestial. El telón se
echaba para abandonarse ellos dos al resto del mundo.
Al paso de los minutos de camino a la
hora, seguían metido de lleno emparejando sus asuntos.
-Me contó Flor como la encontraste, y
los años que la mantuviste congelada hasta poder hacer un
transplante de corazón seguro -comentaba María.
-¡Ya sabes porqué es tan dura, lleva
hierro de cosecha en la sangre! -deseaba José quitar dramatismo al
pasado donde fue trágico tener a la niña criogenizada.
-Te admira y quiere enormemente.
-¿Si hablara con ella me diría lo
mismo de ti? -bromeaba José.
-No hace falta. Tú sabes lo que
siento, lo que siempre he sentido.
José parece mostrar que sí, y un
pretexto le retiene en la ranura. María le agarra la mano, le quiere
hablar, lo necesita, expresar ¡Todo!
-Sé José que te fallé cuando te dejé
en Jerusalén, y eso siempre estará ahí. Y no me digas lo típico de
que yo no puedo comprender lo que pasaste, porque en el mundo que
recorrí me faltabas a cada decisión, no sabía que camino seguir, y
sólo obedecía sin tener que creer si era si o si era no. María a
José, José a María eran suyos el mismo sentir.
María bajó las defensas y brotaban
chispeos por mirada. No era un espejo, en falta contemplaba tendido
en aguacero los nubarrones consternados en la tormenta que encerraba
en chaparrón a José, que le habían paseado por la tempestad sin
amainar flojera. Y ella, que le remolcaba agarrada a una palma
sanada incompleta no conseguía detener como se abnegaba. Tuvo que
lanzarse al agua fría, que no porque fuera sospechada era más fácil
atreverse al ser de absoluta realidad, con la necesidad de ir hasta
aquel punto donde le dejó antediluviano.
"¿Pero quien le ayudará a él en su
oceánico mar al que yo arrojé? Le endose a su cuello la losa
tirándole al fondo. No puedo ni negarlo ni confundirme de no
arrepentirme, de hacerle destruido a sus sueños de ser tan sólo él".
Ella gritaba al odio en un suave y
dolorido sonar-. "¡Perdóname José! ¡Perdóname José! Ruego me
perdones, porque sé que no estuve contigo ayer, y embarqué dejando a
nado pacto de la devoración mis emociones, y remé ignorando el mirar
atrás porque no podría soportar verte allí alejado encharcado y
hundido, profundo flotando agarrado a un letrero, con mi nombre
llamándome". Eran gritos no escuchados por nadie. María no abrió la
boca para decirlo, pero aterradores alaridos huecos dirigidos a la
tierra la levantaría, arrojados al espacio a la luna desplazaría, y
enviados a un hombre le mataría de fobia de lo que es amar, o le
reviviría de descargas eléctricas de darle lo que es amor en el
enconado resentimiento.
Encontrado José arrastrado, despojado
de piel le cubre el menosprecio desaire. Sumido de agua, tendía
sobre un islote de madera suavizando al tacto el nombre manchado de
tanto pronunciar, desgastado en el tiempo sonaba en la locura del
alejado piélago donde surcaban gotas de las profundidades marítimas
del océano, de la arrojada lluvia, ¿De lágrimas? ¿Qué lágrimas
pueden echar unos ojos que quedaron ciegos mirando, besando el
nombre de ella en unas letras? No eran lo que ahora José sacudía
mojado, era agua que tuvo que tragar en su desesperada tierra
perdida que pisar, bulimia de la salada saciedad arrojaba tras
llenarse ansias de ansiedad, gula de la amarga lluvia ácida devuelve
deformada de vapor que humedeció las entrañas quemándole fósil.
María remaba cuanto podía a su
rescate para llevarle a tierra firme, y ya decidida se lanzó al foso
del pozo y se fletó a José. Corrompidas emociones ondeaban en
sensaciones de intencionalidad, obsesión de lamentos despegaba de
José mancha negra de carburante, chapapote se despedía del casco que
retenía la cicatriz de él, que jamás, a pesar de inútiles parches
retuvo el terror poseso. Dolor, frustración, cualquier
entumecimiento se despide, abierto el engañado obstruir libera al
agua toda pena que le desconsuela, y María propia dueña de él le
serena, en brazadas de nada le llena, precisa centrifuga separando
los meridianos goteos mezclados de lo que es propio él y de ella.
Mientras tanto se le va, el estado de
un suspiro de un beso que María le da le alivia. Atento refresca,
oxigena su inconsistente naturaleza, para él le llega de libre
libero regazo hasta el alma, libido incontenida será la mezcla única
de fluidos que desean compartir, en pelea por paletear en su
unificaciones de dialécticas lenguas reman en saliva, besos
sacudiendo espuma en la cavidad de la boca, mordiscos intencionados,
restriegas de labios que reportan el vicio verdadero de amar.
Estrechando el espacio, se abrazan cuerpo con cuerpo burlando la
estupidez de retener hacia donde la marea les arrojó. ¡Secos!,
corazones anatomizan la bienvenida al estrujo de las carnes, alas
sensibles enumeran vuelos en lo que giran al cerrar sus ojos. Y por
poco que quieran, eso tan sólo que quieren, es eso único que algunos
mortales afortunados al sentirlo antes del efímero roto lo
bautizaron como ¡Amor Eterno!
Horas que pasaron al pasado por
presentes dejados de comida, de cambios de ropa, de aseo, y ya por
sentado reunidos intercambiando impresiones.
-Creo que debo responder yo a esa
pregunta -anunciaba Gaudi a lo que se había formulado, que ya dicho
dijo a continuación-. He transcrito del manuscrito que antiguamente
Dios canalizaba así su fuerza, y ahora gracias a este nuevo
instrumento puede absolver toda la energía vital de cada alma, ¿Con
qué propósito?
Con el libro de Ptolomeo Gaudi
sospechaba que lo que intenta es apoderarse de las almas del mundo,
pero solo actúa en las que tienen fe extrema aférrima.
-Si nos cernimos a lo estrictamente
documentado en estos textos, Dios usaba y necesitaba esa energía
para su preponderancia, un poder cósmico inigualable. Pensaría a
deducir que no tendría mucho mas que José o María sin la energía que
depura de cada alma. Ahora con el poderío de extensión en el mundo
como refleja el armamento de crucifijos en distintos lugares podría
dar lugar a que Dios necesitara una mayor energía, y me temo que mas
que necesitar la use con un propósito terrible, ¡destruir la especie
humana!
-Pero si aniquilara de modo
apocalíptico, ya no tendría semillas para más energía en el futuro
-exponía Flor.
-Quizás no exterminaría a toda la
raza, y jugaría en dos variantes. Una adquirir el mayor poder
posible y dos, advertir a la minoría que quedara como que todo fue
un castigo divino por una vida trivial de la sociedad actual,
pensándolo a este lado -definía-. ¡Como Sodoma y Gomorra!
-ejemplarizaba mirando a José.
-A mi no me mires, yo no había
nacido. Quizás si tienes razón, o quizás todo eso es una fábula...
-¿Fábula?, ¿a estas alturas? -le
recriminaba un poco Gaudi la ingenuidad de José.
-¿No existe alguna forma de
neutralizar ese poder? -Preguntaba María, instigadora de la
neutralidad sin tener que luchar ni sufrir.
-Temo que no, la única destruir a
Dios directamente -hablaba José-. De todas formas podría existir una
oportunidad tanto para luchar contra él como para evitar los rayos
de los crucifijos si conseguiríamos...
-¡Llegar a la fuente del poder!
-respondía Gaudi en apoyo a lo posible.
-¡Tenemos las claves, pero no el
sitio!
-¿Te apostarías algo? -jugueteaba
Flor la indecisión de José.
-¿Has...? -José no dijo lo que se
apreciaba. Flor había encendido la pantalla general y mostraba la
imagen grabada como zona mágica por el libro de Ptolomeo.
-He comprobado todas las
construcciones megalíticas y no he hallado ninguna que sea
semejante, guardando las distancias 100%, Después, gracias a la
ayuda de Gaudi que se ha estado comiendo el coco -con la mano él le
restaba importancia que no era un logro suyo y devolvía la
concentración en lo que seguía narrando Flor- se ha ecuacionado las
distancias de las piedras representadas en el libro por el número pi,
pero no con el verdadero. Ha sido con el de Claudio Ptolomeo,
que se usaría coincidiendo la fecha del libro con su base matemática
para acordar el gráfico, o lo que le diferencia de Fibonacci
23,56 partes por millón, y la obra coordinada por exactitud de
reforma es la de Stonehenge.
Flor dividía la pantalla para colocar
una foto reciente del prehistórico megalito y compararla a misma
escala con la del libro. La semejanza era evidente, ignorando
algunas piedras menores que se trasladó por hurto con los años.
Sobrepuso las dos imágenes en una, y no quedaba duda, ¡idénticas
similitudes!
Nació la nueva era, la de la
meditación. Stonehenge creaba inmensas sensaciones, muy
distintas y tan unidas entre los cuatro.
Capítulo X Stonehenge
Anclaje, y llegan tirados por
parapente adiestrado por José y María, para dar en clave la decisiva
fundamental a esta tierra. Fría, verde, zona inhóspita alejada de
actual, el campo abierto retiene historia pasada con mucho valor y
honor, de gente que entregó su vida por un ideal, y otros por quitar
ese bien.
Caídos al complot en un anillo
rodeado de un terraplén y un foso que marca una circunferencia de
algo más de 100 metros de diámetro. En el interior del talud hay 56
agujeros, llamados "Agujeros de Aubrey". En los extremos de
dos diámetros que entrelazan el monumento se encuentran dos rocas
menores y dos montículos, entre los cuatro componen "las cuatro
estaciones". Se hallan de cabeza camuflados por el césped otras dos
circunferencias de agujeros en el suelo, conocidos de exterior a
internos por agujeros Y y Z respectivamente, en Aubrey y en
el mundo entero. Pertenecen al número de piedras del insigne
círculo de Sarsens, rodeada en formación caravana de defensa
comanchera en treinta metros de diámetro por treinta megalitos de
arenisca grisácea.
La circunferencia está dividida en 30
partes iguales. La altura del dintel (4,925) es igual al sexto del
diámetro del círculo. Interiormente se encierra el círculo de "piedras
azules". Adentrando en el círculo de Sarsens se descubre
una herradura formada por cinco trilitos, un avance adelante y otra
herradura más pequeña de piedras azules, y llegando al meollo se
tropieza con la "Piedra del Altar".
Ellos se encuentran empedrados
maquinando como hallar el llavín para abrir la puerta misteriosa,
tachando verosimilitud de dar con la elemental que sirva. Al acercar
la Svástica cerca de los trilitos las piedras rugían el genio
retenido.
-¡Deben de ser los puntales para
abrir el portón! -Gritaba José.
-Gaudi trazaba el jeroglífico de
Ptolomeo dividido en cinco líneas, de los cuales tres eran números y
dos los desconocidos signos, y como apuntaba el libro encontrado, de
solución se cerraba con una Z. Al comprobarlo se desvanece de golpe
en la piedra toda la escritura.
-Puede que halla una específica para
aceptar la combinación -era la sugerencia de María.
El prisma del cielo se iba cambiando
a flash de película rápida. En color del segundero dan segundos en
días de entrada y salida por estacionales trimestrales, las nubes se
congregan, se dejan ver recopilación de soles, ida al sol de vuelta
la luna. Figurado de paranoia se acaba la tira mostrada al tiempo
que se detiene.
-¿Qué era eso? -Gaudi no se paraba
para preguntarse la sucesión de ciclos mundanos vistos.
-¡No sé! -alarmaba José no pudiendo
disipar la turbación.
-¡No me gusta esto! Siento ser la
negativa del grupo -decía María instruyendo cuidado.
Flor serenaba la auto negatividad de
María y particularizaba el aumento de lo que era un síntoma
colectivo.
-María tiene razón, hay algo que no
marcha bien y no es cosa nuestra, nosotros no hemos provocado nada
-se preservaba el acaso mea culpa de ellos con absolución
demostrada.
A toda vela desplegaba Flor en su
portátil conexión a Internet buscando entre sus mediciones favoritas
de alteraciones sísmicas, militares, pasantes espaciales, cualquier
noticia, y encontró miedo. -¡Es terrible, el eje de la tierra está
inclinado!
-¡No puede ser! -se cantó en más de
un timbre de voz distintos desmentidos.
Pequeña Flor comprobaba la
trayectoria con la ayuda de los satélites.
-¡Está confirmado! Girado 23,5 grados
al sol.
-¡La posición del solsticio de
verano! -clamaba alocado Gaudi.
El equipo informático recibe una
alerta- ¡Merde!, con esto no contábamos -repele Flor lo que
encuentra, tan impresentable repulsiva como manifiesta.
Pasa a primer plano un avance
extraordinario de la CNN, y sube el altavoz para que todos oídos
aguanten lo desagradable que se transmite.
-"Las últimas noticias que tenemos es
que son ya cinco ciudades con Dusserdof las que han sido
bombardeadas, presentado todas ellas ataques aéreos escalonados. Las
primeras fuentes no pueden concretar a quien se pueden atribuir
estas matanzas de civiles. Se oye hablar a los ciudadanos, hecho que
no podemos confirmar, haber visto alienígenas lanzado bombas sobre
las ciudades sin ningún objetivo en concreto. Recordamos que el
primer conocimiento tuvo apenas hace 23 minutos en un mercado
callejero de Hensilki, y después han ido sucediéndose el
mismo modus operandi de ataque sobre núcleos de poblaciones
en las ciudades de San Francisco, Barcelona, Moscú y Varsovia.
¡Tenemos ya las primeras imágenes de los atacantes! Se la
mostramos...
Lo que se da en la pantalla es la
terrorífica imagen del horror. Fuerzas enemigas seguidas por ataques
aire-aire de cazas de combate americano no consiguen vulnerar el
blanco, al causarle impacto. Tras el fuego, sale de la nube de la
explosión un jinete en el cielo cabalgando en una montura de animal
con aprieto de unicornio, desplegando bolas incendiadas que naciendo
de su cuerpo las propulsa abajo, a lo parece ser que buscando en la
diminutez de la altura donde discurre gran actividad de personas. La
cámara recoge la colisión al llegar al estancado puente de la ciudad
de San Francisco que se precipita al agua quemado sus agarres de
sujeción.
El comentarista veleta de asombro y
se queda sin palabras dejando muda la imagen, que en primer plano se
acerca al terrorista aéreo. El detalle detalla un demonio alado,
blanco, vecino anudado de rojo sobre un unicornio pintado al matiz
de la nieve.
-¡Es un arcángel! -Afirma Gaudi
conocerle por los textos, antes de ser lo último que se transmite.
Desde la insolencia de conocer la verdad en el estudio técnico, es
cohibida demostración total de terminación por protestas. Se quedan
sin cobertura televisiva, no hay ninguna señal, han cortado el hilo
de vida de la emisora con la relación por lo que se puede entender.
Los ojos del mundo en cambio reciben
testimonio bíblico. Los asesinos de Dios crean confusión caótica en
la globalidad del planeta. Los distintos ejércitos internacionales
intentan eludir los ataques con sus mas imponentes armas, que
derrotadas no les conduce para sacarlos del plano de la esfera
celeste. Un escudo invisible vela por estos ángeles menores de la
jerarquía angelical, chocando contra ellos implícito una bomba
nuclear autorizada desde La India rebota destrozando en su caída una
parte de Islamabad. Creyendo que es un fuego del fronterizo país,
Pakistán responden armamento nuclear en Nueva Delhi. El informe de
los americanos les llega tarde al país islámico, donde sólo
notificarán una disculpa, por ciento y pico de miles de muertes.
Repartida conciencia desnutrida a poco toca nada.
El caos mundial es tan temerario que
la gente enloquecida desatina angustiada en su sensación de ser los
últimos minutos del perdido futuro, cualquier lugar es abusado sin
contenerse la esquizofrenia. En una iglesia católica en pleno parís
decenas de fieles tiran abajo la puerta de la catedral de Notre
Dame, que estaba a la orden del obispo peleada por cerrojo. Los
enloquecidos parisinos asustados piden clemencia-. ¡No tengáis
miedo, es solo una prueba de fe. Dios está con nosotros y Dios nos
salvará, y nos llevará a la vida eterna... -el clérigo sucumbe entre
los brazos de sus fieles, se cae por un disparo de parte innoble
ejercitado a cinco metros por un veterano combatiente de la dura
vida, uniformado de repartidor de correos. ¡Hoy se envía spam a
muerte masiva!
-Yo no he hecho nada... para que me
lleve Dios -se reparte el mensajero-. Yo no he hecho nada -les sirve
a las demás personas angustiadas que abarrotan y circunscriben al
sacerdote venido a tierra.
Una de las mujeres recogía el libro
que apretaba el perdido católico y la emprendía a golpes contra el
suplicante hombre, que entre los demás le desconsuelan del todo y le
acogen a reveses para que aligere el bulto de la pistola, ante la
avalancha humana que frustra en él sus propios temores y vergüenza
de lo que acaban de ver, por desaprobación de una ambiciosa alianza
popular.
Segundos fuera todo lo malo se pega,
y acto seguido las nocivas acciones se pagan. De una cruz cohibida
entre demasiados desconocidos, incontrolable los amiga abrazando sus
almas y besándoles listos sus cuerpos para la muerte.
Escenas tan terribles desnutren una
civilizada humanidad allá donde la hubiera. En los senderos mas
inquietantes del mísero día a día, no parece valer aquello de estar
acostumbrado a la limpieza negra por un Dios racista.
Cada arena minúscula sortea para que
no le trague el agua del mar, no la emborrone y sea mojada, inundada
por el flujo que engulla mar adentro...
-Mar adentro me llamas, mar adentro
voy con ganas.
Mar adentro sé que no hay nada,
carencia que temer en tus aguas renaceré
Mas adentro, no me entretengo y no
temo.
Mas pecador, me vuelvo en tu paz de
nuevo pescador,
Del consuelo que me arropes con tu
amor.
Mar adentro, mas adentro,
Tierra adentro me reitero, esperando
tu encuentro.
Llévame Dios... llévanos a todos a tu
lado por favor. ¡Arrepentidos hombres de buen corazón -desde la
azotea de un edificio a la altura de quince pisos se dejaba la
garganta un hombre que unía una mujer por derecho de mano,
dirigiéndose abajo como un repentino y esporádico Mesías se arrojan
ambos contra el asfalto, dando a lo que imitar.
El caos anárquico de las calles por
las innumerables ciudades, de distintos lugares recónditos del
planeta dicta de broma de mal gusto alentada por los Cruzados de
Dios, que publican ostentados en su brazo ser ángeles de la doble
Z.. Unos verdes pubescente neonazis de San Petersburgo felicitan a
uno de los asaltantes de la guardia roja. Habían visto por
televisión su linaje, y recibidos por una bola de fuego les firmó
festejándoles la alegría eslava.
En los menhir no han escapado al
tiempo- ¿Qué significado tiene esto? -preguntaba María.
-Están siguiendo el dictado del
Apocalipsis con una escuadra -precisa Gaudi.
Y al momento de callar les llegaba
comprometiéndoles un arcángel surcando el cielo aéreo. Los ha visto
y va a por ellos.
-¡Destruirá el Crómlech, tenemos que
apartarle de aquí! -reclamaba Gaudi predilección de voluntad por
preservarlo a cualquier valía. Instintivo se echó a correr campo
abierto, de costo se ofreció barato a cambio de una pizca de renta
sin calcular en tiempo y en vida.
-¡Vuelve aquí! -le pedía perdida de
su favor Flor.
María se resbaló por la hierba tan
deprisa como se superaba para llegar a neutralizar a Gaudi e hilarle
con un aro intercesor que instrumentaba lineal sin cartabón. José
inflaba por su parte un escudo protector ante la hipérbole canica de
fuego que manejaba el arcángel en su confección, y para no excluir
que Gaudi y María estuviesen vendidos por tan flojo arancel de
escolta, iba a su ayuda.
-Flor, ponte detrás de mí -José
esperaba en la distancia cubrirles a todos. La fogata del obús
neumático explanaba al sacudir la banda fronteriza entre la vida y
la muerte, haciéndole retroceder de arrastre- A ir marcha atrás José
combustionaba ardoroso al tener la coartada de haber tapado con
suficiencia a María y Gaudi que no habían cogido ningún rasguño. El
arcángel tras descargar tiró para arriba sin importarle el resultado
parcial de la consecuencia de su apoderado episodio.
-Ya ha pasado Flor. ¿Pequeña Flor?
-insiste José convencido en llamarla, ella no responde-. ¿? -le
pregunta en silencio sin respuesta-. ¡! -Exclama abatido, perdedor
de un nuevo amor.
Cortada la raíz de la vida, sin
respiración, sin aire, sin el caudal del sol su tacto se mancilla,
no huele a primavera, no encarrila en cara una bocanada de candor.
Su pequeña Flor balanceaba entre los brazos de José. No puede
sostenerse por su propia base, tronchada su raíz ¡partieron!,
¡dejaron la tierra muerta! Las palabras se retuvieron desecadas, la
piel fría de la helada que antepuso al fuego que quemó cerraron
ojos, que cojos miraban aun en la nada de la ya perdida
indivisibilidad de sumar y seguir, de volver con ganas a emerger
legañas en rutinarias mañanas. La pequeña Flor comparecía... nunca
supo decidirse que Flor fue. Si fuera rosa, de los vientos la
llegarían del horizonte al rescate, si fuera jazmín, los pedúnculos
del sustentáculo del labio rojo de carmín ahora sonreiría, pero
afirmó ser margarita deshojada, que él bordaba maquinando invención
cada pétalo para coserla a la vida, al que de un Dios salido de
putas le daba una patada volándola sin rumbo.
Nubes grises, detrás de su perfil
llueve en la calle-, no me hagas por favor salir de ti. Me mojaré al
alejarme, dejaré todo al azar -llegaron en un momento las nubes
rugiendo al viento, tanto retorno imperecedero reteniendo que jamás
llegase este instante.
Se acabó, se mojó, se anegó. Caña
rota-, y solo yo caminaré hacia el intento de salvación.
Y se mojó, entre la lluvia se
marchitó. Y se alejó, entre la niebla se perdió. Y se dejó, su
suerte a los duendes.
¡Y si, ahora es el irrevocable
momento oportuno las descripciones!
-Porque tú ya no estás, porque nunca
volverás, ¡Por qué!... ¿Por queeeé?
Por inconsciencia me detallo en
lagrimas, por el espejo quebradizo la boca simulada erge lamentos
obstinados encuadrar, para formar lo que nunca verán, ya que pasados
de vueltas, salidos del eje, lo que hubo, lo que se usurpó no se
puede devolver cuando de mis manos intenté retenerlo inútilmente,
del despoje de mi mundo. Pero no soy Dios, no me creo que estuviera
en mi decisión, cuando llega la despedida me enloquece, tanto te
acompañé a la salida, frustrado en el borde del precipicio destiento
por acorralarme. Cada reflejo es un ultraje, y para no perderme sigo
deciento en las descripciones, de vidriados de lunas rotas que no
soportan mi cara descompuesta, del castigo de verme así. Y no me
quedarán al corte rastros de cicatrices tatuadas en mi piel, de
estreno muda nueva disimula dermis de muestra, pero debajo las
heridas moran, aunque nadie las pueda al mirar escocer. ¿Cómo fueron
travestidas? Arrancándomela a tiras, y funde una nueva capa de base
de ácido de lagrimas, el epitelio tejido por capas y espadas, por
muertos queridos que se unen yuxtapuestos me quemo en mis adentros,
y ya no respiro, solo emito bocanadas de soplos de quejido.
Y a cada regalo de tu tiempo junto a
mí que se fue, cada obsequio de cara a ellos me imploran lloros por
volver, y en uno me reviento, en dos maldigo, y a la de tres me
enfundo mi alma al revés y odio todo lo que me haga recordar, que
quisiera en vendetta bastarda acabar con mis propias manos, dejarlo
acabado a ese Dios consentido muerto.
Y están en tragedia cada ser que se
entregó a la causa porque yo le animé, y no les dejaré en un nulo
recuerdo, en indultos de acabado disimulo, porque no consigo revelar
la imagen latente en mi mente, pero con potestad desvelo lo que
impide mi sueño de tenerles, desentrañar lo que estaba oculto. Por
sentirles en vida, encarrilo sus memorias...
Golpe en la sien, para recordar.
"¡Suerte, no va más! ¡Calla insensato!, escucha el relato que el
destino erigió".
Vuelven a sonar las campañas, ya es
medianoche. No se notará si andas, tus huellas en suelo arrendado no
perdurarán. Tanta suciedad de sangre venosa que lavar, tanta
falsedad, en el color de la niebla la linfa se incorpora incolora.
Y sólo será una cuestión más, un ego
personal, centro toda la ansiedad. Solitario se verá, es costumbre
ya, todo o nada, ¿de qué dependerá? Señero se notará, sin necesidad
en la falta de costumbre por cambiar. Y vacío, en sólo sinónimos
sólo tan vulgar, el viento decidirá, en que lugar cara o cruz caerá.
La cara por volver, la cruz de Dios tomar el dominio de tu regreso.
Sobre la ciudad templos de oro, y en
defensa calles de penuria de guerra, de morfina inquilina, de rezos
embargados, de soldados atrincherados de la guarnición sin comida,
hambrientos del último bocado de hace dos días de carne de caballo
desclasificado.
Campanas suenan, la puerta cerrada
siempre queda al toque, de no dejados pasar. Quizás mañana podáis
escalar con ganchos, en puenting columpiar la ruleta que gira el
caldero del aceite hirviendo. Las flechas confiscadas al plano por
carnes de huesos, o músculos en armaduras presos. Lanzas rotas,
degollina que brota, en el campo contrincantes eliminados por fuera
del juego de un dardo incendiado. La baraja que reparte defunciones
desde la torre ya se comió anteayer al caballo, hoy sólo quedan
peones que devorar, y el propósito roe, se recrea en el pasatiempo
de sumar matanzas para historias de terror de los orgullos de
asesinatos festejar.
Frío, o tiemblas sin mimos al
distante lejano apego del cariño, hace que no puedas dormir. Se
rumorea que la rebelión interna no se tardará en cursar, tú
lucharás, tu espada a la batalla se unirá, tu vida una más, en rifa
te la jugarás.
Paralelos imaginarios, ejércitos
apostados en rodillas se contemplan separados por castillo que hace
de papel, de señal en un terreno, de llave de entrada, el que
representa fingir con destreza que es la máxima a la mínima
restriega, hipotecada de por vidas.
Día arbitrario en pie, trompetas
suenan que abren ¡Ya!, la partida. Los gritos anuncian la lucha por
ganar, la sangre que correrá, de cuerpos que caerán al foso del
pantano al lecho del eterno descanso. Heraldos en la bandera que
portas en la triunfal campaña consigues la honra, si ni siquiera
saber cuantas águilas lleva.
Sobre apostar al nacer nadie te dice
con tu cuerpo no has de jugar, ¿qué importa en la hora de la verdad?
Todo o nada fue siempre tu bandera, partida se quedó en la arena.
Los halcones desayunaron águilas, tu apuesta se perdió tras la
puesta de sol, y deploro por tu siesta alegre, sabiendo que
despiertos en vela los dejaste a ellos para siempre.
Golpe en mi sien, para no olvidar,
que hubo una vez en algún lugar sangre y dolor por lograr un mundo
mejor. Amigos a mi lado entregando su savia hermanados por ayudar a
liberar la libertad, en llamadas de fuego clamo por dar las gracias,
por darme consistencia para guerrear sin saber donde íbamos a parar.
A tu lado yo luché porque en la intrepidez te encontré, a mi lado
creciste porque en mi creíste, y no te, y no os defraudaré, y en los
restos mis palabras clamaran justicia por reconocerte. Tú en mí no
te pierdes, te memoro, y en tu lecho te incordio para dar a conocer
al mundo de ti, que la recompensa será justa dártela si la serena
paz de tenerla no se retrajera. La señalo, la marco en delirios, la
retrato en pintadas que encuadro, en la retina diapositiva me
acuerdo perfecto de nuestros encuentros. Embarcan sentimentalismos
de tantos amigos perdidos, me tendieron la mano, "simple sin
comillas" simple, mejor, obraron el prodigio del milagro, en lucha,
ofreciendo sus presentes por vencer para sus hijos un futuro que
ellos presentían ausentes.
Acuerdos de firmas, de campos de
paralelos 38, pueblos se extinguían, y en la batalla hombres caían
sin compasión, sin justificar un metro por ganar, un nombre de un
reino por cambiar, una forma de puerta a un estilo de cultura de
templos religiosos por reformar. Por tu lengua que no te entienden
te despellejaron, por tu color distinto fuiste esclavo del
trashumante delirio, como ganado vendido por señores ganados
vencidos ante vosotros puercos rendidos. Escucho el filo de tu risa
acondicionada de la pérfida alzada de iza, de bandera pasó a
nudillos, a cuellos acorbatados de cuerdas ajusticiados, por
revendedores de daño, de alquilados déspotas sin mediar sonrisas,
enseñando fobia de desprecio fueron el precio al pago de un nulo
juego, que en tablas ha seguido perpetuo, todos perdiendo fichas en
el tablón, retirándoles la combinación del color por la presencia
negra de la ausencia de luz.
Y era de día, y me acuerdo de ti
mujer esperando a tu hombre, incansable aguerrido corazón en un puño
que junto a la puerta su venida jamás sonreía, a la espera de la
llegada estabas con el corazón a pecho a descubierto... rechazando
el concluir de noticias anunciándola de su amor sucumbir
Y era de noche... y no me suena esto
a cualquiera de mis reproches, porque ella sólo sabía llorar de sol
a sol en la reglada frustración, regalada por una hueste sin
entrañas que le partió al frente, se le encogió corazón de nombre
hombre, corazón de apellido como el de tu hijo, corazón que suena en
tu vientre a su ritmo, corazón de piedra te adueñó, de su regalo de
vencedor...
Pasando los días se envejecía, sin
conocer la alegría. Cortes en la piel, y las manos viejas te ves,
grito al viento, no puedes, deseas, se acabe ese instante. Tanto
orgullo en el mundo, tanta muerte, ¿para qué? Para los fines de
tres, treinta y tres jeon de viudedad por que no vuelvas a
ponerte corazón sonriente en pie.
Y ellos se fueron, no todos pudieron
volver como me prometieron, alzados de convicción dieron su sí por
lo que ellos querían dar, por un mundo mejor, por ti que un día no
habrás conocido ni esta vida, ni sabrás de mí ni de ellos, sueños
dueños del reino que tu tienes bajo tus pies.
Y desgarrarás toda tu ira en lagrimas
perdidas, sin saber que ellos no fueron libres de ese placer, y
tuvieron que pagar esa emoción con sangre en sus manos y un ultimo
adiós... de su estirpe se extirpó, de su sangre desangró, de su
linaje sin herencia apadrínalo.
Ido de rabia y de cólera se tiende
José hacia arriba, clama al arcángel, que inflexible no media entre
decisiones de uno ser mas importante que otro en cundir la tierra de
inmolados. José le llama con intención para que regrese contra él, y
conseguido, a la carga atrae con montura arrojándose a tumba abre
fácil, aventajando un haz de calor pernicioso. José quemado de ceja
a ceja no pestañea, deja en frío que se acerque la calorífica
digestión y lo detiene en sus manos. El arcángel sorprendido quedó
atañido y le costaba rectificar al vuelo. Sigue línea recta al suelo
en perpendicular a él, poco antes de llegar a abrazarle se remonta,
y es cuando José le devuelve la pelota de calor que aislada en él se
había desarrollado en bola helada de un chispeante azul cándido,
deslucido por un color tan oscuro que si la muerte tuviera uno no
daría referencia al negro, seria al que José había transformado la
bola roja de calor. Lanzándola al ente espiritual le hace rodar al
suelo. No se queda esperando y va a por él. Cuando le tiene a mano
lo levanta como si fuera un niño y le rompe el espinazo sentándolo
en su rodilla. No le basta, y al suelo el asesino tallado con un pie
José grapa el cuello y con el derecho bota una patada que le arranca
la cabeza.
Gaudi y Flor atentos están ya cerca
de él. Transcurrió tan deprisa el empalme de hechos que les costó
seguir a José, que afectado decidía- ¡Tengo que detener a todos los
engendros antes de que destruyan la tierra.
Yo... -María quería exponerse a su
lado.
-No María, no me servirías de mucho.
Mientras tenéis que conseguir descifrar la clave de entrada al
portón, puede que dependamos de ello al final. No te preocupes por
mí, mato y vuelvo -Le monta un beso en los labios y se da con el
unicornio salvado, pasaje al cielo-. Llévame a donde estén los demás
-anima al animal agasajando en lindezas la crin. Tirita en los ojos
y dibuja un mapa en su cabeza con las variantes del caballo volador,
añadiendo al cóctel las fuentes de calor del planeta. -¡Te
equivocaste creando demonios Dios, si ha de existir uno para ti lo
vas a ver acabar... te!
Con una furia emergida de miles de
años José está dentro de rabia incontrolable. Mareando la ira de
cataclismo, despedaza apogeo de revivir una y siempre toda
experiencia anulada, cortejada de impotencia. Mantea barriendo en el
cielo impurezas, sembrando su parterre íntimo discurre ya a la
extraordinaria velocidad que la criatura que la aúpa puede alcanzar.
Vuelan literalmente impulsada por José.
Da alcance a un miliciano de tercera
jerarquía, no da frase para ningún entretenimiento. De un salto
tremebundo viniendo desde atrás José se arroja en caída libre al
esperpento género terroritario. Enmendado de severidad por José, el
arcángel sin cupo de actuar no subsana del cuello que le cruje, y se
enmarrona a la vista del cielo. Ángel caído a la tierra, reparando
deformidad fustiga réprobo al suelo.
En la región del Lazio
remedando antiguos presagios de historia, Roma es acorralada de
llamas por dos pirómanas extensiones del Creador, haciendo horas
extras a dueto. Con estado independiente, el vaticano es protegido
por invisibilidad a cualquier imbécil de dar gracias a Dios de
milésimo portento.
A través de la atmósfera irrespirable
balsámica de olor a azufre, en picado arribando por alto llega
velocidado un meteoro sin mediaciones de parar lo que los arcángeles
han infringido en alguna estreñida versión de risa, descatalogada al
componer irremediable testigo de ofuscación que es un modo de ser
humano con dúplex cabalgaduras. Alzada, erguida con cada pie en
sendos unicornios pisa a fondo, desbocando lleva a mano las riendas
de brillante de luz. José expanda los brazos y entrona a respectivos
monstruos amaestrados con el reino de los cielos.
Tribu de que no son nada, vienen
enrolados disciplinas castrenses migratorias, alertados por la
ruptura del grupo. Ya han dejado el olor del viento unos cuantos por
un hombre rebelde, que no deja conforme que la nada le robe su
acabe. Cinco execrantes le vienen cercanos a por él, José modifica
el buscarlos y ahora les lleva a su aire, lejos de poblaciones
habitadas. Por el franco de la derecha llega división de sostén, por
el frente columnista de soporte reforzado otro feto inhumano sale a
por el insumiso hombre, que al tenerle cerca le consigna salva.
Respetando por su honor José se inclina al lomo del unicornio. El
clonado aborto de Dios profiere bramidos- ¡Prietas a las filas!,
intensamente al descarrío de tenerle ileso de peligro. José
restablecido de animal, echa un lazo de fuego gélido y ata de un
exhibicionista rodeo a la cruda feria, no curada de espanto le
aplica una rígida contracción correccional. Destituido relegado de
su asiento se revolca afinado por firmamento. La correa que amarra a
la cintura se troca en cabo de soga, al partirse en dos el deforme
espécimen asado por el azote glacial de la cuerda. Con flojedad
empuña sin alma y con gran parte de su ausencia perdida, sin
entresijos, el cordel que espoleado guillotina todos los impropios
enganches, dejándolo holgado de gravedad.
Gaudi y María a miles de Kilómetros
se afanaban marcando en piedras la inscripción del criptograma a
punta de Svástica. Todas iban cayendo borradas en la cuenta a la
negativa aceptación de las escrituras.
Contagiados de incredulidad no sabían
programar público el secreto.
-Puede que ya no esté la piedra
concreta que necesitamos -se rendía Gaudi hecho polvo, tocado por la
china que se había metido en la plantilla de los pies.
-Las piedras son lo de menos, se
podrían mover. Cuando crearon esta entrada ya contaría que el
material usado era inerme perecedero al tiempo, o eso espero
-recelaba María de repente- ¡Tiene que ser algo distinto a como lo
estamos haciendo y tiene que estar aquí!
Se pegó contra el menhir cansada al
destino que le atrajo, o ella atrapó la dicha al colocarla en mano
al jeroglífico. Tapaba con los dedos la horizontalidad de los
primeros caracteres de la frase tercera, redactada de los signos
indescifrables. La fortuna que hizo no dar al enter tras acabar de
marcar el pictograma le daba una ventana de ayuda.
Estrelló la Svástica lineal por el
ecuador imaginario de los símbolos de la tercera y quinta frase. La
separación de territorios dejaba boquiabierta la lingüística. A dos
partes del trazo, arriba y abajo conjugaban textos. En la parte alta
seguía siendo ininteligible el contexto, pero abajo Gaudi leía en
indoeuropeo la tercera frase de izquierda a derecha-. "La voluntad
de la unión progresará nuestra concordia" -y en la quinta separada
por mano de María-. "Dos mundos, dos espíritus diferentes, juntos
somos uno. ¡Esta es mi llave! ¡Estas mis palabras! Que la Z lo
enZelle para siempre".
No quedaba más que hacer una X
transformativa a una Zelle para encajar las contraseñas.
Se arrió un muro cristalino con dos
circunferencias de luz separadas por un radio de dos metros. La que
tenían delante iluminaba extendida a la pérdida de la vista humana,
y si hubiera mediación comprobarían como viajaba a casi una centena
de años luz, a la plasmada por los astrónomos ¡Estrella Mizar!
¡Estrella Zeta!
María estaba preparada para partir,
era notable demostrar que lo sentía. Gaudi tampoco podía negarlo. Se
movieron adelante pero pararon en seco, no sabían el paso correcto,
un último pedrusco aguardaba por pulir.
Alterado en estado alejado de este
mundo latía croando la vibración que producía la luz tan de cerca al
notar la Svástica. Estaban así a una sandez de conseguirlo, para
ojos que no puedan llegar a donde estén ellos ahora, deberían pensar
que están a un palmo de transportarse.
María, poco conformada de aguantar la
salida nula, derrite la Svástica mentalmente. Cuajándola líquida,
quedando las arterias del plasma interior flameada sin desangrarse a
la herida abierta del órgano necesario, en mano la vierte a una
palma permeable. Se esponja el raenio por debajo de la piel entre la
dermis y la epidermis, reptil transborda gimiendo visible por las
crestas papilares y los surcos intercapilares, dando diversiformes
desviaciones, empalmes, convergencias, interrupciones, fragmentos
surcaban "in crescendo" al estirar y contraer su impresión
dactilar.
Al contacto con la zancadilla de
entrada, posa los poros de las huellas digitales en una capa
invisible de aire, dejando un vaho inalterable de la impresión del
dactilograma, y se moldea una vuelta de mejora al seguro dispositivo
ingreso de admisión.
-Faltan más conexiones -aseguraba
Gaudi-. Una más -se remangó y ofreció el brazo al poste de la
barricada. María aceptó la petición del chanchullo que se traía
entre manos y le suministró raenio. El montaje de las gotas batía en
crecido infiltración de goteras con forma y dimensiones variadas,
peinaba crestas y cortaba surcos.
Gaudi decantó por retratar su rúbrica
al compás debajo de la de María. Por la otra cara se dibujaba nada
más que una fijación de lo que tenía que ser una inexorable palmada
de éxito, pero ayudado por el calco, el triunfo al menos divulgaba
chivatazos. El hombre trajinaba sudor en mano, hasta activar la
aclamación prosperando al prólogo-. No es suficiente- se enfadaba de
pecar sin exceso por defecto.
¡Y clack! María pintó un tripartito
apropiado al oportunismo. Agitando la membrana de la Svástica, dio
noción al brazo partido de la derecha de la bestia matada por José (atraida
insinuante al tirón partiendo cualquier denegación), volcando raenio
a las yemas de la falange de los dedos.
Tolerando medias mangas de santo y
seña, el portón valla el corro menguante de los menhir formando un
disco, sacudiendo centelleos en órbita. Un reflejo de olas ondeando
transversales mostraba Stonehenge sin ningún menhir, ni
dintel, nada, ninguna piedra se visualizaba a cámara rápida.
A la hora del acceso, ya rebrotada
taquilla censurada se pierden Gaudi y María la exclusividad por las
malas artes. Se han iniciado en la A para llegar a la Z, y no queda
más que desistir al desahogo al ver como llegan desde el cielo a por
ellos un pelotón de arcángeles engarzados en blancos unicornios. Hay
dos que se diferencian, uno negro montado por Ratzinger y otro rojo
llevado despiadado por Dios, que hostiliza en una guerra no
declarada al centro de la curva cerrada donde se aseguraban a la
defensiva María y Gaudi. Vapuleado por singular, se desmorona el
resguardo que les respaldaba.
¿Qué hacer sin saberse la respuesta?
¿Adelante? Puede ser mortal. ¿Marchar Atrás? Atrás, mejor no
regresar ¡jamás! Arriba Dios, Ratzinger, y monstruosos arcángeles
demostrativos de arruinar vidas dejan los sueños asesinados por un
puñal en las entregadas ganas de no volver a despertar. Alejándose
de la realidad abandonan cualquier hizo o dijo, que torne en una
maldad miento.
María toca el redondel de la lumbre
templada de luz dispuesta aventurarse, y se capea olvidando la parte
de tierra de la que partió para juntarse en un nuevo mundo. ¡La
estrella Mizar! ¡La estrella Z! Gaudi se aunó a este lado del
portón, habían ganado unos segundos, ¿pero para qué? En un amén la
erupción de Dios será repentina.
María aun no compuesta del todo dejó
algo suyo en la tierra. Retrasó la mano para recoger el plasma de
Jesús y llevaba algo en la sangre, el raenio que había configurado
la Svástica. Cortando el paso entre mundos se zanjaba en dos, junto
al cuerpo del arcángel que intentaba pasar, quedando en tierra casi
todo menos la extremidad a donde quería llegar y no consiguió al
extremo límite.
Con el portón desvanecido Dios arroja
un cableado elixir de temperamuerte derrumbando uno de los menhir a
ceniza.
A este lado de la estrella Z, para
los recién llegados parece que todo es igual, un círculo de menhir
rodean el centro de la piedra angular de entrada. Están contadas tan
precisas que al salir del medio no calibran que se encuentran en la
cima verde de un despeñadero feroz.
-¿No estamos en la tierra? -se
preguntaba Gaudi.
-¡Creo que no! Decía envolvida María
al mirar.
La masa de la gravedad era réplica a
la de la tierra, el aire era limpio y se podía respirar, aunque era
extraño porque pesaba. A cada bocanada de respiro entraba gotas
sólidas minúsculas que hacían cosquillas por la nariz.
Gaudi aplaudió y al mirar la mano
tenía aire orgánico de mínimas burbujas que se desvanecían solas, a
su vez María cazaba por su puño este impropio aire de naturaleza
desconocida. El producto era igual, aire comprimido que se perdía
como si fuera arena en caída, con la diferencia que desaparecía.
Polvo de estrella, era la peculiar forma de entender la química.
La luz llegaba en ondas magnéticas, y
no era uniforme. Pegaba claridad en algunos sitios y entre pasos
oscuridad, repetida y desconcertadamente. No tenía mediación
práctica, por poco o por mucho pasaban de la noche al día. No era
sólo esto, sino que en la perpendicular la luz tocaba varios puntos
de un cuerpo donde en otros no era posible llegar.
-Parece que estamos detrás de una
persiana -comentaba María sin sentido a este fenómeno.
-Creo que la explicación puede ser
más sencilla de lo que vemos. El aire -agarró un poco para soltarlo-
es irrealmente compuesto y ligero. Tal vez por alguna razón que
desconozcamos se pegue a una capa alta o baja de lo que podíamos
asemejar con la atmósfera terrestre. Esos pozos de nubes -señalando
al espacio exterior- diría que es un conjunto sólido de este aire,
pegado o en movimiento por lo que parece. Aunque discúlpame María
todo esto que te cuento son teorías de un charlatán sin ningún
carácter científico que lo avale.
María le entregó un gesto de que
estaba con él en esa particularidad hasta que se demostrase lo
contrario- ¿Y ahora aquí qué hay que hacer? -confundida no acertaba
en el procedimiento.
-El libro de Ptolomeo no da
instrucciones a partir del portón, deberemos estimular nuestra
intuición y hallar lo que se guardaba con tanta fascinación, lo digo
pero... ¿Adónde iremos ahora? Esto es un desierto sin brújula para
nosotros -entrañaba Gaudi preparando la incertidumbre arraigada.
María no estaba de acuerdo, y destacó
apuntando un sitio. Gaudi se arrimó a donde estaba ella y presenció
la cúspide de lo que parecía una pirámide. Al estar la colina por
delante tapaba la certeza.
Fueron allí, no podían tardar en
descubrir si era la dirección correcta a tomar.
Era difícil moverse por las corridas
velas del planeta. Molesto en los ojos daba de mínimo para ir
cuidándose en un ascenso por el sendero de sobrasada petrificada que
llevaban. La temperatura al igual que la luz era contradictoria, un
frío próximo a los diez grados peleaba de calor con los cerca de
cuarenta que apuntaba donde daba de lleno la luz.
-Los que vivan de vivir alguien aquí,
deben ser inmunes al resfriado -decía Gaudi. Y es que la exposición
ambiental era radical, bastante inhóspita para una vida terrestre
pero no descartada para otras formas distintas.
La duda era participativa para ambos,
y Gaudi lo aplicaba en voz- ¿Habrá vida en este planeta? -sin tener
en cuenta la respuesta María narró los pasos atrás-. Hasta ahora no
hemos vistoooooo ¡Ahhhhh!
-Gritó del susto que se había
llevado. De cara, un nativo a grandes rasgos similares a los
terráqueos se paseaba de frente. Quiso remediar para que no se
transmitiera el contagio del sobresalto nervioso, tocando el hombro
del hombre que estaba sobre ella pero le traspasó doblemente.
Primero no pudo palpar cuerpo al atravesarlo y consecutivo el
lugareño la pasaba a través sin tacto. Un espíritu que no se detuvo,
y del que María consciente recapituló despierto al fijarse en la
mirada que la echó.
María y Gaudi quedaron al lapso
circunstancial del que se iba aquel hombre por el sendero.
translucido más que diáfano. No se dejaba ver a través de él nada,
pero su masa era abusada sin moléculas de cohesión.
-¡¿Era un fantasma?! -de los nervios
María dudaba cuanto decía ser posible.
-En este mundo tal vez tengan
distinta composición que la humana. Lo que ya tiene menos lógica es
que no se extrañara a vernos. Al menos podemos consolarnos de que si
no se puede tocar, también no pueda invertir el atributo que lleva,
o no, a saber -echaba quinielas a lo tonto sin saber qué era lo
acertado.
...A las puertas del portón, rodeada
de maldad de la buena, se instiga al mundo perdido. De la mano de
Dios recupera raenio que llevaba en plaquetas acoplada la sangre de
Jesús, en su descomposición plantada en la hierba.
El jefe del clan sujeta al brazo a
uno de los no hombres de su séquito, con la condescendencia del
capataz Ratzinger. Al forajido elegido le injertan absorbiéndolo,
gota a gota que le sube desde el suelo raenio. Como pasó hace rato
con María y José, a este endemoniado angelito tiene ahora la misma
naturaleza flotante por debajo de la piel.
Dios canalizaba de antemano, por la
presencia ocular que necesitaba más de una palma digital. Tan rápido
como pensamiento hace fraccionar la base de la mano del arcángel en
tres finas lonchas, que se colocaron en Zeta en la compuerta para el
paso.
El portón generó la bienvenida a la
clave circulando el espejo de mareas onduladas.
-Lávate las manos para que no se te
infecte!
-¡Si no es nada! -se recapacitaba
Gaudi de la recomendación de María. El hombre se había hecho un
corte insignificante al resbalar en terreno mantecoso, e intentar
sujetarse al caer para no perder la tierra se la clavó.
Se acercó al arroyo para limpiarse, y
menos asombro que de primeras, aunque sí espectador fotográfico
comprobar que el agua no era líquida. Se explicaba en una pureza
pareja al aire, al sostenerla en el hueco de su mano en gotas
sólidas.
-Como le hubiera gustado a Flor ver
esto -resentía en el ánimo al pensarlo.
María daba sin decir lo mismo al
pensarla.
-¿Qué estará pasando en La Tierra, y
dónde estará José? -no eran preguntas para María, se esperaba la
respuesta a la vuelta.
José está entretenido por varias
legiones de arcángeles que intentaban atajarle. Luchando por
supervivencia el instinto implantado a los destructores celestiales
han llegado a la llamada de la manada, para desesperar al peligro
que le ataca.
El hombre rodeado por la mayoría a la
que se enfrenta deja de ver aeropista. Los continuos giros y cambios
de frecuencia direccionan la improvisación que acaba planeando.
Al calor de quintales de fuego que le
persiguen, se retira con la montura en la profundidad vertical al
lago Titicaca, que le deglute sin oponer reticencia. Sumergido al
anexo de bolas caloríficas de grasa combustible caídas a por él, se
desvanecen en las mediaciones de la vista de los gángster empleados
de Dios, que a pocos metros grapados al aire esperan encontrar el
cuerpo, o en mayor medida el alma de José.
Las criaturas no dan para más, aunque
no comprendan de lo que se trata si se sobreentienden que se han
puesto muy pesados a la comba, y ahora en la cuerda de la longitud
del contorno del perímetro, esperan circulando al corro de la
patata.
Se equivocaron en los parciales, a
los tiempos, no son tan bravas como se venden. Se quedaron frías,
ensopadas desprevenidas por la tromba de agua. José al enlagonarse
había retenido la onda de rebote, la sujetó llevándola al epicentro
de los cuerpos esféricos incendiados que le seguían, las apareó y
por petardo rompió aguas en una ducha fría creciente que pilló
pálidos, a los pardillos enrojecidos enredadores.
José que se nutría de la subida de
capacidad del agua, llevaba el empuje del unicornio traspasando lo
que ninguno pudo evitar, que se les colara de caño entre los
sensores rabos que eminenciaban al acabe del lomo enchufado, por la
presión del caudal.
Los ángeles no se iban a quedar
fríos, insatisfechos de nadar y guardar la ropa. Un fósforo de
emergencia los había encendido preparándoles para la borrasca, y la
que fue máscara en presencia exterior, se quemaba por entera finura
enseñando el demonio que llevaban camuflados en pamplinas de santo.
Mas peligrosos que nunca formaron
decididos por todos, acabar con el prohumano antes que ahora, mejor
que ya, decir ¡muerto ya!
A los batallones diocesanos con
instrucciones clara de hundirle, los tripulada galgo José en la
dirección de la tormenta, que en programa en abierto descargaban las
nubes lluvia. José calado hasta los huesos valía de carnada de cebo
para abarcar la red que ningún tiburón de las alturas ondaba
receptor. El reclamo estaba abordado, y José comprendió tendiendo
los brazos en alto en uno sólo, para instalarlo como antena móvil
para hacerles llegar el mensaje desde el cielo.
Lo que estaba por llegar no se hizo
esperar, un trueno lo avisaba. Caído como un rayo, tanto que era
fiel vivo, se incurrió en José, que con la templanza convencida daba
auge al intento que seguía a la sequía ocular de sus adversarios.
Extendió el brazo izquierdo con forma
L, de novato del cielo, y con el derecho en disimulos dedos que
estaban pegados, al aire conducía atrás. Tensionándo los estiraba
sin perder la unión comunicativa entre diestra y zurda. Soltó
tirantez, y adelante una chispa al soplo del viento encendía de la
insustancia una flecha incendiada de electricidad, que descargaba
fundiendo los plomos al tocar a la panda de los engañosos seres,
fulminándolos instantáneamente.
Los restantes arcángeles de la muerte
inflexibles anodinos no miraban la escapatoria, y no se les volvió a
presentar. José sprintaba enflechando en ristras a los apurados
infelices. Satinados santificados de luz, sería la más próxima de
sus satanificada vida que apagaban al bufido por mal pagadores de
sus pecados.
Visto y no visto se publicó al cielo
tantas luces que celebraban fiestas patronales de santa jodida del
tenebroso. Se clausuró el torneo de rivalidad, no quedaba más por
hacer, y ahora le esperaba en la siguiente fase un contrincante más
duro de roer que las aladas ratas que fulmigó.
El unicornio ligado a José aguantaba
en carrera. La cabeza del héroe mundial flaqueaba de instintivos
desconfíos. Recorría el planeta otra vez en busca de María. El
egoísmo apartado de estar a su lado para el bien global le provocaba
una angustia negativa. El equilibrio le atiborraba elocuente si el
mundo era más importante que ella, que era su único mundo.
Desechaba pensar, pero no lo podía
escaquear, estaba ahí. Acechaba mirar al aproximarse a Stonehenge,
no la podía ver, no estaba allí. No se encontraba ni ella ni Gaudi,
en su lugar un centurión luminiscente partía al infinito, que ya se
sabía por otros que era la estrella Mizar. Hasta no estar cerca no
lo pudo apreciar, y es que a media distancia simulaba su aparición
siendo indetectable en nula opacidad.
Al círculo ondulado le habían hecho
un pase triunfal entre las piedras a Dios. Algunas estaban volcadas,
apartadas a un lado, prudente podría imaginar lo ocurrido. E
inseguro inquieto, conteniendo desgarre fue directo a la corredera
luz entrando a matar sin bajarse de la montura, saliendo a
escaramuza en la estrella Zeta.
El forcejeo con la fibra centrífuga
le despedía sin control. Le costó esquivar un dolmen al que del
hormiguero le picó en la pierna, pero no le pudo parar. El oxígeno
le llegaba con inexactitud de eficiencia, pero no le detuvo, la
negra sombra y la clara luz le intentaban engullir cada parte
correspondiente en su adicción, pero no le separó. María no estaba
allí esperándole, y no pararía hasta hallarla.
La cúspide que adornaba la colina,
cercana descubría una construcción de naturaleza artificial. Eran
monumentos hechos por seres cerebrales, y lo que iba de relleno era
la importancia de tenerlos a un centenar de metros de los ojos a
María y Gaudi. ¡Estaban retenidos, capturados!. Era claro que Dios
estaba detrás de la operación, y esta vez no estaba sólo. Le
acompañaba el enigmático Ratzinger y bastantes arcángeles bestiales
que andaban en las cercanías, con un aspecto mucho más portentoso
que los que había combatido. La raza de estos ángeles podían llegar
superior, por ser ascendidos a querubines fácilmente. No era
predilecto ni mencionarlo el qué fueran lo que deberían ser, cuando
José los moliera a polvo.
Estacionado entre matorrales, le
sonaba a su espalda la rotura de una rama en el suelo. Cuenta los
libros satánicos que al volverse un Judas vendiendo a Dios estaba
allí.
Su aspecto era humano, pero ya no le
quedaban por hoy acciones de creer bien, y se preparó para cogerle
antes de que abriera la boca.
El hombre que se hallaba en la
historia por omisión no indicaba por donde iba a salir, si correr,
gritar, o atacar. Permanecía quieto, y nada más sentirlo a la
tercera presencia que se unía en la viñeta, paralizado. Un arcángel
que eran tres cuerpos al de ellos los había localizado en la espesa
vegetación.
Por ser tercer consistente no
considerado agrado, quiso darle José un leñazo con el tronco que
ladeaba entre ellos, y en la pretensión se quedó, no pudo
levantarlo. Se empeñó tanto en removerlo de cabeza porque no se
levantaba, que recibió por descuido un golpe del último aparecido en
la contienda, que había estimado tirársele encima. Cuerpo a cuerpo
peleaban. El contundente físico de su competidor era una lucha dura
contra él. A la fuerza.mental también sacaba contrariedades, y es
que no podía ejercerla para detener la gigantesca musaraña que le
superaba por creces múltiples de masa muscular.
Se intentaba como se podía separar
uno de los brazos de la bestia que le ahogaba, y parecía escollo
costoso. No se rendía ni a la de tres, y le pegó un codazo en la
cara primero y tras ello un zurdazo de lleno en el estómago (o lo
que tuviera donde diera), que el gusarapo de tripas fuera apartaba
la monstruosidad atorado.
Separado de él, tan mala pata tuvo
que se cayó en la cuenta maestra para el arcángel, que copiando la
idea iniciada por José tomó a lo bruto roído de raíces el tronco, y
colocándoselo a lo largo lo paraba para ajusticiar a José de un
tenedorazo.
Picante, aun quieto con pocos
recursos el ángel gemía y no de placer, a no ser que fuera
hermafrodita necrófilico. Se arrodilló sin ser la hora del rezo. Se
tumbaba, cansado de la vida que le mataba. Detrás, con una estaca
fina de gruesa partida estaba el espontáneo que le había ayudado.
El profundo alarido de la bestia
inhumana llamó sospechosamente el celo de los demás seres de la
camada, que estaban a lo que caía. También había llegado la grave
aguda desgañitada a odios de Dios y Ratzinger, pero ellos tenían
otras preferencias. Dios ordenó a los subalternos que inspeccionaran
qué ocurría. No se separó de la celda de castigo, y continua
prospecionaba la construcción que estaban creando varios
reencargados apóstoles. Con tablas de troncos levantaban una
estructura que al estar iniciada no tenía esqueleto. Serraban con
sus uñas los maderos para encajarlos a la arquitectura que les
demandaban. Resbalaba líquido lechoso al extraer el tronco de
algunos árboles, y de cara evidenciaba erupción. No debieron tomar
corticoides para aminorar los efectos del látex.
Varios esculpidos deformes cupidos
fueron a donde oyeron el grito del rezario. José quería liberar a su
amor, a su amigo, acabar con Dios y quien se interpusiera en su
deber sagrado, pero el embarazo a frenar era múltiple. No tenía la
Svástica para delitonarle, y juicioso de lo que había sufrido con
sólo uno de los mostrencos dudaba que hacer. El nativo no esperaba a
que recapacitara decidido y tampoco a la llegada de los grandes
peligros. Le indicó a José que le siguiera, el gesto era
significativo de lo que le indicaba, atrapadamente descrito. José no
pudo más que seguir al hombre por si pudiese obtener ayuda de él
para recuperar a los suyos.
Bosqueó por los páramos, que atrás
apisonaban para expurgar el terreno de malas hierbas. El hombre
misterioso le llevaba al paso que debía seguirle. Se introdujeron
por el reducto cóncavo de un árbol frondoso, dispuesto de conejera.
José odiaba muchas cosas, y la fobia
de entrar en un sitio oscuro y estrecho no le estornudaba tanto
repelús que el desconocer el dónde, aunque la lógica le indicara que
el interior de la corteza estaría hueco de serrín, para poder
ocultarse al pensar de las cabezas de los demonios descerebrados.
Estaba más lejos de la realidad el
escondrijo. Gatearon más de cuarenta metros en un reducido túnel que
parecía haber sido excavado, limpiado y asegurado.
José había perdido al hombre al que
secundaba en la salvación, y es que el pozo lateral había cesado. La
estrecha mina había pasado a una imponente y reducida ciudad
subterránea, a la que la montaña se convertía en sus extramuros. En
un elevador doméstico les llevaba abajo.
La metrópolis quedaba a la apariencia
de estar anclada en el pasado. De tendencia antaña, el aspecto
definía a una cultura extinguida ya en la tierra. José prestaba la
sabienda de pensar que la civilización de este planeta estaba a años
luz de la tierra.
Al detenerse a la base se bajaron del
montículo-. ¡Vo vange! -eran las primeras palabras pronunciadas de
aquel hombre. José lo tradució por el movimiento de la mano que
decía- "ven, vamos, sígueme". José no tenía otro propósito que este
y caminaron por las calles llegando a una zona urbana.
Los habitantes subterráneos eran de
piel rosada pálida, aceptable por vivir en cueva sin exposición
prolongada al sol. La época anidaba retrospectividad, la ropa que
vestían enrolaban relatos de griegos, romanos, macedonios o
sucedáneos. No era igual a ninguno de los componentes detallados,
pero servían referenciales a José al paso amplio de la palabra. Lo
que les desconcertaba era que los lugareños no se fijaran más en él,
al ser extranjero de patria. ¿Estarían acostumbrado a la presencia
humana, habría terrestres allí, o ellos lo eran para no preguntarse
más afinidades?
Una mujer que se le abalanzó sin
darle recado para apartarse, le atravesó cuerpo inocua. El
recibimiento por José fue inventado, no tenía apropiado como
reaccionar.
Tenía que comprobarlo. Tocó al hombre
que le guiaba y era de carne y huesos, o si no era así si que era
sólido. Con el repaso morfológico de José le miró sin pararse y
volvió a mencionar-. ¡Vo vange!
La experiencia que atravesaba él no
sabía dónde iba a parar. Tan sólo pensaba en regresar a por María y
Gaudi. Al cruzarse con otros ciudadanos de la ciudad encantada,
premiaba comprobar de uno en uno como eran cuerpos trasparentes. No
todos, y se diría que se sorprendía mas cuando uno era habitado de
carne, que los espectros sin organismo.
Lo que era otra incomplexión fue como
las personas, si hubiera que denominarlas de alguna manera, al
pasarse una atravesando otra quedaban trabados en goma de mascar.
Esto duraba un mínimo hecho y era peculiar, difícilmente explicable.
No se pasaron por más detalles, para
entrar en un edificio con amplias columnas embebidas. Encontrarlos
por otras edificaciones que habían repasado era sencillo, pero las
que estructuraban el habitado palacete calibraba tener una categoría
que no se podía pensar en rápido.
El hombre que le socorrió le arrastró
con voluntad a la cámara oval central. Era amplia, un órgano rector
amplio de la sociedad. Casi una centena de personas se hallaban
ocupando los asientos en gradas semicirculares.
En mayúscula subió el tono de los que
debatían en la unísona generalización al verlos llegar. Dos hombres
que ocupaban de pie la exposición enfrente respecto a los asientos,
cambiaron con preocupación la charla de audiencia reservándola para
el que había traído hasta esta sala a José.
El eco que rebotaba hervía sin tiempo
a coacción. Tenía el fuego en la lumbre a las amistades familiares,
y extendía que había desaprovechado los minutos.
Ocho segundos antes de decidir
largarse su rescatador se intentaba comunicar con él-. ¡Lai maune!
-se afanaba en dedicar esfuerzo interpretario.
El idioma del nativo era tan distinto
a cualquiera de los comúnmente conocidos que quedó sin entender que
quería expresarle en su decir.
-¡Raihy Vualk! -afinó cambiando de
palabras, y el expósito se convirtió en un párrafo entero que le
dirigía a los otros dos individuos que permanecían al lado.
-¿Raihny vuelka? -sondeó José.
-¡Raihy Vualk! -repetía el hombre
misterioso. ¿Vas yunge?
-¿Vos yange? Brien
-¡Brien!
En un entendimiento inatendido por
José, acababa pareciendo un intercambio de palabras.
¿Puedes entenderme? -le preguntaba
directo a José, que le llegaban expresas. En la cabeza secundaba un
recuerdo que nunca pensó que lo tuviera.
-¡Vas runge mild! ¿Me entiendes mi
niño? ¡Claro que sí! ¡No llores más mi niño! ¡Mamá siempre estará
aquí contigo!
La que hablaba no era la madre
auténtica que la había adoptado, la voz del pasado pertenecía a la
madre que le había parido. Era la primera vez que se acordaba de
ella, nunca la recordó, si es que fue hasta siglos después de nacer
saber que existía, y ahora la encontraba repentinamente dentro de
él.
-¡Sí! Al principio no pude entender
vuestro lenguaje -respondía José al anfitrión de la velada
ceremonia.
-Antes utilicé nuestro idioma
autóctono. Con el que estoy hablando es el lenguaje transmitido por
los originarios. ¿Tú eres uno de ellos? -le preguntó.
José poco asemejaba con quien le
estaba comparando- No sé quienes son, yo vengo de la Tierra.
-¿La Tierra? ¿La estrella azul con un
astro gigante de luz y uno pequeño blanco muerto que se diferencia
en la oscuridad viéndose entero , y otras veces sólo partes?
-¡Sí! El astro de luz es el sol, y la
pequeña la luna, que oculta parte de ella por la rotación, por el
movimiento alrededor del sol.
El hombre con el que conversaba elevó
la voz para dirigirse a los demás asistentes. Lo anunció en su
idioma paterno, pues José no lo entendió. La resonancia embalaba el
recinto, lo que les hubiera dicho les levantó de sus asientos.
-¡Nosotros somos de la tierra!
-manifestó a José el parlamentario con la inmensa complejidad que
generaba-. ¡Háblanos! Todos conocemos el lenguaje originario -le
solicitaba.
José apalabraba en acuerdo con
delicada constancia, repeticiones, rectificados y expresiones
enrevesadas que se quedaban en una zanja sin dar pujanza por
consensuales.
Resumió en alto como había llegado,
con qué intención, y varios conceptos generales sobre Dios, los
arcángeles, la profecía, y el rescate ineludible que procedería.
Entre los tres hombres que ocupaban
la parte baja de la cámara al lado de José, llevaban la voz cantante
del coro. A la inversa detallaron a José hechos insoñables para él,
que era la previa para conocerse mejor.
Contaron que su pueblo era
antiquísimo, de una civilización de la tierra. Sus especificaciones
confirmaba que se trataba del querido planeta azul.
-Nuestro pueblo se llama atgants
-dijeron.
-¿Atgants? -nunca había escuchado
este nombre José, y no lo relacionaba. Quedaba muy lejos en sus
tiempos.
-Al idioma originario quiere decir
Atlántida -le dijeron tan natural que no ocupó nada.
-¿Atlántida? -Se daba José inquietud
de repetirse al conocer tal conocimiento-. ¡Estamos en la Atlántida!
-se sumergía del zambullido mediático que traía la noticia.
La Atlántida, el continente perdido,
buscado en épocas por los "diálogos" que escribió el filósofo griego
Plantón donde escarbaba en qué moró a este mágico pueblo un
cataclismo que les hundió bajo el mar. Un enigma apoderado por los
humanos en busca del dorado, que nunca prestó atención.
¿Descenderían los griegos de los Atlantes?, ¿quizás Plantón tuviera
alguna conexión especial con ellos? Deprisa atendía que el filósofo
enunció que se había sumergido esta civilización, y era erróneo. No
le quedaba más sentido para hallarlo, y seguía esperando que hacer
respecto a la ayuda esperada a María y Gaudi. La razón que retenía
su marcha era comprender que con el conocimiento sería la única
utilidad para ilegitimar a Dios y derrocarle.
Los hasta ahora nativos, y desde
siempre Atlantes seguían detallando ajustándose carismáticos. La
interesante conversación que se mantenía actualizaba a José
precedentes de historia naciente creciente.
La Atlántida era un pueblo
rudimentario, vivían cordiales con el fruto de la agricultura, la
pesca y el ganado en una isla. Intentando acercar más por donde
podría estar situada en la tierra, pero los datos que aportaron no
eran firmes para reconocerlos.
Fueron visitados por una raza
superior de otra estrella, con un progreso avanzado en sabiduría,
armamento, y poder tanto mental como en materiales propiciados para
consideradas ayudas. Los visitantes les entregaron parte de ese
conocimiento para el progreso Atlante, y quedó uno de ellos para
conocer la forma de vida en la Tierra y administrar bien esa fuerza
concedida.
El pueblo renovó grandioso. Sin
perder el equilibrio cordial y humilde que siempre les caracterizó
la vida mejoró en las ramas de la sociedad. Instrumentos nacidos
para facilitar un mejor y más rápido trabajo con menor esfuerzo,
nuevas virtudes de conocer la escritura a través de números y
símbolos, prevenir y curar enfermedades, poder trasladarse mas
rápido. Se construyó barcos capaces de llegar a otros reinos donde
jamás habían estado.
El administrador que cuidaba de ellos
exploró nuevas culturas fuera de la Atlántida. Viajó a distintos
lugares y al agasajo le recibían creyéndole un Dios.
Fue en este momento cuando la vida
pacífica de los Atlantes cambió. El administrador haciéndose pasar
por el creador de toda existencia creaba una religión para su
adoración. En la Atlántida cambió el status (José traducía al toque
personal), quería que le idolatraran. Ellos conocían su procedencia,
eran humildes pero orgullosos, y preferían no tener privilegios que
estar a la dicha de la voluntad de rebajarse a la supremacía
absolutista.
Tuvieron ataques consecutivos durante
grandes épocas por la conquista de la Atlántida por reinos
exteriores. No reconocieron que eran enviados por el propio
administrador para arrasarles, y quedar inmune de cargos ante los
suyos si eran exterminados de una forma natural. Resistieron todos
los intentos de entrar a la isla, el poder que les habían entregado
en tutela los visitantes era inmenso, y los ejércitos que le
atacaban tenían algún tipo de potencia no natural, pero escasa para
superarles.
Fueron reconvertidos en guerreros de
una paz duradera (parecía adornaba teatral ciertos comentarios).
Se acabó en un instante su historia,
un tornado les arrasó y se los llevó por un interminable viento
impetuoso giratorio junto a la isla a este mundo, tan distinto al
que tenían. Tuvieron que adaptarse refugiándose debajo de la
superficie, lo que fue la Atlántida terrestre estaba fuera. No había
mares, el agua de los ríos manaba y volvía acabarse en el mismo
suelo.
Cuanto decían a José, les
fraternizaba de haber sufrido al igual que él represalias por el
mismo verdugo. En la inmensidad de la punta del iceberg, al bajar el
agua rayaba que la masa de hielo flotante era diamante de
mantequilla cristalizada.
Cuando el tornado azotó, la mayoría
de los Atlantes murieron al desprenderse cuerpo y alma, les quedó la
energía que llevaban propalados por los originarios. La definición
trababa que eran los espíritus que vivían sin descanso (José ya
tenía respuesta a los fantasmas que halló por la ciudad). Los que
estaban en la cámara llegaron con vida, con cuerpo y sin alma a este
mundo. Era tan anormal recibir la ilación de las tres variaciones
que se desviaba de la facultad de pensar concreto al correcto de que
un Atlante era Alma, Cuerpo y Energía. No comprendió mal y los
fantasmas tenían nada más que Energía, ¿y los del montón restante no
tenían Alma? (José dejó que precisaran).
Sólo menos de doscientos de los
cientos de miles aguantaron el recorrido. Los que veía en cuerpo no
conservaban alma, y al morir renacían tras largos periodos de invida.
Era una regeneración voluntaria del poder que retuvieron, siendo la
única capacidad que tienen permitida en esta estrella. Las demás que
disfrutaban en la tierra estaban invalidadas por la entramada
configuración del sistema de este mundo, que desimantaba las dotes
originarias.
En la tierra se comunicaban con los
originarios a través de puertas de piedra, pero el administrador la
hizo desaparecer. En la estrella Mizar les ha sido eternamente
imposible poder llamarles, y acabaron por callar. Tampoco pudieron
volver al mundo inicial. El portón no contenía cerradura, estaba
abierto, pero sin alma no se conseguía regresar.
Recapitulando lo vivido e invivido
por los Atlantes había llegado al fin del inicio. Dios llegó a la
tierra como amigo y se convirtió en conquistador, creando la
religión para provecho determinado. José era descendiente en mitad
de aquellos a que llamaban originarios. Pudo hasta sentir la memoria
de su madre olvidada por la historia, y le hizo crecer repasando el
nacimiento.
José disponía de los naipes precisos,
debía desenterrar los comodines.
-Dios debe haber venido a destruir el
surtidor de energía que puede hacerle parar según la profecía.
¿Sabéis dónde se encuentra ese poder?
-¡No hay ninguna aquí! Sólo la que
trajimos, y carecemos de que nuestra energía cósmica pueda ser
utilizable. ¡Es ineficaz! La profecía debe estar equivocada.
-¡No puede ser! -negaba José que
fuera así. -¿Para qué iba haber venido entonces si no hay más
energía que.. -compilaba inventario de los datos del manuscrito y
las extensas coincidencias que había tenido en los encuentros de
hallar las claves. Agrupó estos hechos, más cruces aspiradoras de
almas, más la construcción que estaban creado los arcángeles ¡y se
encontró engañado! ¡No existía enigma! ¡ERA UNA TRAMPA!
-¡Estáis en peligro! ¡Dios está aquí
por vosotros, para quitados vuestro poder y usarlo en la tierra!
Los Atlantes se lo pensaron y no lo
aprobaban, o no querían suponer que se estuviera en lo cierto. José
quería entrarles en razón -En la tierra es capaz de robar la energía
humana, el alma. Aquí hará lo mismo con vuestra energía. No se
contuvo los comentarios escépticos por los pobladores Atlantes.
José atendía que como ellos, él
tampoco había podido usar su tributo natural desde que había llegado
a la estrella Mizar. No se le quitaba de la cabeza una pregunta-
¿Por lo tanto Dios tampoco tendrá poder aquí?
-¡Tampoco!
-¡Entonces he de irme! A quienes amo
me necesitan, y la protección de la tierra ya sólo está confiada en
mi. Si Dios alcanza lo absoluto será el fin de la raza humana.
-¡Te matarán si vas! Incluso sin
poderes tiene una legión de guerreros monstruosos.
-¡Prefiero morir por lo que quiero,
que cruzarme de brazos resignado! -A los Atlantes les molestó el ser
indirectamente ejemplarizados
-¡Yo iré contigo, no tengo nada que
perder! -había calado las palabras de José en el primer Atlante que
vio con vida-. Será interesante ver de nuevo a nomadó, que es el
nombre verdadero del que se cree un Dios. ¿Alguien más vendrá?
-Gritó a las tribunas.
El pabellón se decantaba al silencio
para camuflarse, y las quejas de excusar por razones de razonar.
-¡Vámonos Ya! ¡Siempre fuimos unos
cobardes y no habéis escarmentado! -era aplacador con los propios
suyos aquel hombre que encontró en José un motivo por el que luchar,
por el que vivir, o tal vez por el que morir. Cualquier combinación
era mejor que la intacta resignación, integra de conformismo.
Dejaron a los demás perdiéndose como
habían estado milenariamente, en palabras.
Capítulo XI José vs
Ratzinger
-¡Vamos por aquí! -El Atlante que se
llamaba Iniger según se había presentado en un minuto previo, le
llevó a un salón armamentístico. Las armas eran reliquias, y poco
intensas para una ofensiva complaciente, pero mejor que al desnudo
poder disponerlas.
José aceptó coger un par de hachas y
un sable de hoja curva, que se iba ensanchando desde la empuñadura.
El Atlante eligió una vara de medio metro, de hierro hueca con corte
recto afilado.
Equipados, salieron disimulada con
matorrales a la superficie por una cueva, esta vez si del tamaño
para no tener que raptar. No le habían contado, no hubo tiempo para
más lecciones, si en esa estrella habitaban otras especies, o
únicamente se ocultaban del exterior por el variante clima.
Con gran rapidez recorrían el
tránsito que les distanciaba, hasta que llegaron al campamento de
Dios. Presenciaron temerosos que la sospecha de José formaba cuerpo.
Habían construido una cruz de madera, con más o menos siete metros
de altura. Estaba acabada y los arcángeles que remataban la
realización del trabajo iban bajando.
Ratzinger echaba la vista a la
construida cruz apreciando estar bien apuntalada, y golpeaba con el
pie en la parte baja para sostenerlo. Dios estaba caminando desde
allí a la poca separación a donde tenían atrapados en lianas a Gaudi
y María, cercados por dos arcángeles que cuidaban no pudieran tener
voluntad propia de decisiones.
José ponía voz a las palabras sin
sonido que llegaban de labios de Dios, de lo que estaba diciendo a
los prisioneros.
-Escrita está y escrita y vivida se
volvió. El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Eufrates; y
sus aguas se secaron para que fuera preparado el camino para los
reyes del oriente. Y vi salir de la boca del dragón, de la boca de
la bestia y de la boca del falso profeta, a tres espíritus inmundos
semejantes a ranas; pues son espíritus de demonios que hacen
señales, los cuales van a los reyes de todo el mundo, a reunirlos
para la batalla del gran día del Dios Todopoderoso. ... Y los
reunieron en el lugar que en hebreo se llama Armagedón. Nadie saldrá
de Argamedon hasta que se este consumada la palabra de Dios.
-¿Acertáis en descifrar el acertijo?
Ah mi María, que difícil es mantenerse fiel. Lo que se cree cambia
de la noche a la mañana, ¿a qué sí? -Ella intentaba desligarse de
las ataduras y le resultaba imposible. Cerrada su boca al igual que
Gaudi no podía expresarse, y la única manera era el rencor que se
mordían los ojos.
-¿Y tú Gaudi? Como el escrito te
menciona, el falso profeta, que memo con "tu profecía" ¿Ya te has
dado cuenta que fui yo quien lo planeó? Os conduje a las claves para
que dierais con las que me faltaban, la tres y la cinco no existen,
las falseé. De hecho ninguna clave ha existido, era un método
práctico cambiar la escritura engañosa de la entrada al portón por
ecuaciones numéricas para darla como pasatiempo. Me ha costado
demasiado milenios la espera que acaba hoy. No os sintáis mal de que
era algo personal, como esta profecía hay miles confabuladas a lo
largo de la eternidad para que alguien pudiera resolverla. ¿Ahora os
estaréis preguntando por qué el libro decía que el portón se abría
para salvar al mundo del Apocalipsis? Una mala transcripción
gramatical aposta, bien descrito diría que se abriría para engordar
el poder de dirigir, mutado a los tiempos actuales destruir al
mundo.
Ratzinger humilde siervo se acercó a
él, y le comunicó el precepto cumplido- Mi señor, ya está preparada
la plataforma.
-¡He de dejaros para siempre! -Dios
se marchó con su mano derecha hacia la cruz.
José había oído cuanto imaginaba, y
tenía que actuar sin el remedio garantizado para cubrir todo el mal
que acechaba. Aparte de los dos arcángeles que custodiaban a José y
María, en la cruz había otros cuatros y con lo dispersados elevaba
la cuenta a más de treinta.
-¿Está seguro de querer hacerlo?
-volviéndose le preguntaba al Atlante la confirmación de lo que iba
emprender!.
-¡Estoy contigo!
-¡Entonces, hasta la muerte!-
Salieron con la mecha encendida en las venas con destino al grupeto
de cinco arcángeles que guardaban los unicornios para el recorrido a
la tierra. El nuevo amigo de José lanzó por la vara de hierro al
aproximarse un dardo mortal que erradicó a un diabólico del
quinteto. José con la hoja de cortar en la boca, hizo volar las
hachas de sus manos para cuajar el ímpetu de dos ángeles póstumos.
Estaban tan cerca de los que quedaban en pie que llegaron a luchar
tan de cara que podían esputarles. José agarraba firme el sable al
salto de llegarle a su contrincante, que expectoró los ojos al
hacerle la raya en medio de la cara. El último velador de la montura
acababa clavado por la vara de hierro que el Atlante la utilizó como
pincho.
Se habían hecho con las primeras
unidades de infantería por sorpresa en la unicorneriza, y subieron
ambos vencedores a sendos cuadrúpedos, el Ring tocaba el decisivo
combate.
A la misma estancia, la cruz
comenzaba a girar la noria de sustancias redamadas en su conducto
por los arcángeles cofrades determinados por la autoridad de Dios.
Vertían a una trituradora crucifijos que habían traído desde la
tierra, eran los que estaban atiborrados de almas robadas. Al
echarlo se despedazaba a un lado la madera inútil, y al canal
mecánico entraba el molido flujo del alma humana.
El humano-originario y el
humano-atlante deflagraban al vuelo golpes de sable y vara en el
corrillo de anestesiados arcángeles insensibilizados por expediente
de maula.
Dios puso orden al regimiento de su
clamor-. ¡Detenedle Amorfo de fetos! -al menos él los reconocía.
Con la postura decidida del
equilibrado paralelo que dominaba su Jefe guerrearon a por los dos
seres inferiores que le discutían su lustrosa raza ariabótrica.
El orden mundial prevalecía en este a
la lógica común, los primeros en llegar fueron los primeros en caer.
Circunvalando daban la signatura precisa para autografiarles a
sablazos y varazos. Cayendo siete arcángeles, pero el reto daba
coletazos al tirar primero al Atlante Iniger de su montura y después
matar de un trinchete el unicornio que llevaba José.
Quedaron en el suelo, y aunque a la
cofradía le faltaba la bocanada para exhalar bolas de fuego no
lloraban, ahora no les llovía la nube amargadora de Dios. Se copaban
acotando en la división de los diecisiete un cerco 0, a ellos I y I,
para conformarles con abrazo de garras en un 8 y dejarles facturados
en el negativo balance de que no se pudrieran cuadrar una nueva
acción.
Dejando a las mascotas infernales
para la carnaza, Ratzinger no se separaba de Dios ayudándole en la
ingesta propagación en el embotellado crucifijo, que estaba en ese
momento llegando a la vertical por un principal segundo rebaje
después de haber pasado y repasado el contorno del armatoste por dos
veces.
Al llegar a lo alto del poste
vertical evaporó humo translúcido cristianizado de la cruz, y se
esfumaba al hervir al llegar a determinada altura. De inmediato los
efectos se notaban en la población de la estrella Mizar. A los
fantasmas sin cuerpos al contacto del aire rociado de la incoherente
combinación, les sacudía su energía, porteándola a la cruz dejaba
sin presencia a los espectros, no se continuaba nada en ellos. A los
Atlantes les desembolsaban al igual la energía que estancaban en el
pozo de sus cuerpos, y la entregaba para someterla de vuelta a la
gran cruz de madera.
El pueblo de la Atlántida estaba
siendo saqueado como advirtió José, y notaban disipados como se les
iba algo que tenían en esencia sin poder hacer uso de la fuerza.
Quitando la potencia de la resistencia su fisiología no producía
ningún efecto.
José y su compañero de armas plegaban
cortes a los arcángeles con tenacidad, pero el grosor y el número
aventajado de sus enemigos estaba a punto de dejarles sin
combustible.
Un arcángel fregando al aire su zarpa
arrancó la vara a Iniger, y le agarró enseñándolo a lo alto el
trofeo al que se había hecho merecedor. ¡Sin milagros el Atlante
esta muerto! José no podía socorrerle al estar prendido de alimañas
salvajes que tabicaban su intento de llegar a por el hombre
exhibido.
El milagro en lenguaje Atlante llegó
traducido en solidaridad, camaradería de entrega filántropa.
Un grupo, que era prácticamente la
totalidad del pueblo enfabulado en el tiempo habían acudido al
frente de batalla, tomando la decisión antes de que le hubieran
extorsionado la energía de los originarios. Cuando se produjo tal
ruindad estaban a la cabeza de vista de la guerra, intervenida de
vivacidad. Llegaron con aviso de entrada al campo, la corneta al
viento se ejercitaba de una lanzada a la caja torácica del arcángel
petulante que mantenía trabajando los bíceps el arresto del
condenado, que poniéndole en cuadro lo sentaba preparado para la
foto. La cabeza salió cortada por el filo de José, que llegó a
tiempo para no perderse un momento light, dejando a la camarilla
infernal los ojos rojos ante el negativo revelado de la escena.
El avasallo era contundente
agradecido por José, y Iniger que ya se sentía por todos que no se
obtendría de él más expresiones se manifestaba junto a su pueblo
reivindicando morir con libertad.
Al ver como estaban en inferioridad
numérica, Ratzinger le metía prisa a Dios, que apuraba las últimas
gotas de la energía cósmica Atlante más la fuerza natural de almas
humanas, que la cruz había en líquido exprimido, y concentrado se
apresuró de la urgencia al estar cohibido por la situación de
acogerse a un plan vitalicio.
-¡Coge a María, nos la llevaremos!
¡Será nuestro aval!
Ratzinger obedeció sin formular
comentario, su figura era descaradamente inapreciable que asustaba.
Levantó a María y la alforjó sobre un unicornio de los varios que
andaban desperdigados (no estaban las cosas para elegir), él se
montó con ella para ahorrar energía de buscar otra plaza libre. Dos
Atlantes de la avanzadilla se acercaban veloces a donde estaban para
detener su escapatoria. Dios sacó del árbol la Svástica que habían
registrado y reservado al cacheo de María, y la arrojó fracasando a
su paso el de los dos subversivos. Reprendiendo a los cuerpos de
sanción les atravesaba dejándoles muertos, y la mala educación que
sometió a la Svástica se detenía en una tercera víctima marginal, en
Gaudi, al que habían dejado tirado de lado.
Dios apeó a un arcángel, empleado el
unicornio dejándole al designio del amado jefe, y se marchó tan
rufián con su preferido guardián, y María tendida a la desobediencia
que intentaba hacerse rodar.
José corría pero no llegaba a tiempo
de impedir que se fueran, y pagaba al arcángel descalzado el enfado
colectivo de su viaje al paraíso estrellar. Secuestrado por el árbol
vio a Gaudi herido. Se acercó y le deslió de la boca el bozal que le
impusieron. Gaudi se mareaba de ver la sangre del su pecho, y José
se aprovechó para quitarle sin que se diera cuenta la Svástica. La
perdida era basta, pero minimizada al freno de haber pasado por dos
capas de contención.
El combativo habitante de Mizar que
había luchado a su lado llegaba junto a él con otros paisanos. En la
lucha central tenían acuartelados a los arcángeles para disponer
darles boleto de partida.
-He de parar a Dios antes de que
llegue al portón! -afirmaba José decidido. Echó una mirada a Gaudi,
a lo que Iniger entendió como deber-. No te preocupes, nosotros nos
ocuparemos -por este lado más cómodo, José se subió para salir en
marcha.
-¡Mira, han ido por la lluvia de la
ceguera! Debes cuidar de que no te toquen o desaparecerías -le
prevenía.
-¡Gracias! -no dijo más José. No
había tiempo para dedicarse halagos, o sensiblería. Dios se había
marchado con María, si cruzaba al mundo terráqueo jamás podría
detenerle, e indudable se cerraría el paso a nivel de los dos mundos
quedando atrapado para siempre aquí.
Esforzando al animal legendario le
llevada sofocado, a reventar. La ventaja que les sacaba de adelanto
se reducía, y es que sin saber que era la masa negra que aparecía
por el camino que habían tomado, tragaba a un arcángel junto al
animal que arrastraba engullendo a los dos. La lluvia de agujero
negros ralentizaba la carrera precipitada por ganar el viejo mundo.
Del grosor de ventanales se movían lentamente, cometas de oscuridad
imbatidas a la carrera tortugosa.
José vio como se tragaba al infeliz
ser, y se arrojó sin achicarse al circuito revuelto de obstáculos,
necesitaba recuperar terreno de su mala salida. De una arrancada
espectacular, cogió al rezagado arcángel de los fugados, y de un
puntapié le sacó fuera de la montura guardándole en el cajón negro,
que se comió el miedo demoniaco.
Las décimas se reducían por vuelta de
manteo de riendas, y remontaba al arcángel que le cerraba el paso
para llegar a los jefes de fila. El gregario componente malicioso
del equipo, fortuna en los entrenamientos que se habría dado, se
creía le garantizaría la victoria. Se pegó a José para desbocarle, y
echo la garra para atrás para ganarse de laurel del ímpetu alejarle
de la pista, a vía muerta. Pero le costó torcida la acometida,
porque el inútil había alargado el brazo al agujero negro detrás
suyo, que le tomó la mano. Se miró atontado lo que le faltaba,
aparte de seso, sin conocerse donde estaba. Tenía un corte seco,
como si nunca hubiera estado la parte abandonada.
José a falta de puntos que darle, en
vez de la mano le dio de pie. Haciendo un ejercicio de potro
gimnástico, volteaba en la montura para endosarle de una patada una
llave que sacó en la curva de la ventana oculta su cuerpo.
Dios se percataba de que José estaba
muy próximo, sin refugiados en medio más que su general Ratzinger
para retenerle. El portón estaba cercano, a menos de una milla de
rebasar la línea de entrada y dar vencedor del mundo a Dios. La
mancha negra de aceite la habían pasado y la velocidad exageraba a
tope las revoluciones del corazón de los cuadrúpedos.
Se estaba llegando tan deprisa a la
puerta de piedras, y José no llegaba alcanzar a ninguno de los dos
escapados, que iban de cabeza sin mirar atrás. Sólo tenía una baza,
montó en la mano la Svástica y apuntaba. No se decidía a quien
tirársela, sólo podría detener a uno, con mucha suerte. Fijó a Dios
y en el punto de mira estaba María, no podía perderla de nuevo.
Desvió su intención hacia Ratzinger, y ella tumbada turbada con las
manos atadas señalaba con el dedo a Dios como blanco limpiador
preferencial. José seguía apuntando a Ratzinger y deseaba a única
vez recuperarla, pero presentía que ella no le disculparía que
hubiera sido egoísta, y hubiera elegido quedarse únicamente con el
amor, y perderse al resto del mundo. La decisión que debía tomar era
la más difícil de su vida, renunciar a lo único que le importaba por
ser ella la que se lo pedía. Retener al amor, o librarse de Dios y
continuar el camino separados por un mundo invisible, una puerta
cerrada entre los dos que no se podría pasar una vez cruzada la
separación de dejarla en paz con su alma y desecha al sentir que ya
no estará nunca donde sea su aquí. Cambiante a los tiempos de moda
los nombres de los hombres, ¿cuál será su destino?, que le harán
pasar de brazos ganada de cuerpo, perdida de alma. Sin espero en el
desconsuelo de lo mantenido en recuerdos que en Zeta donde se es,
¿qué le quedará de ella sin ser capaz de repudiarse, y ser inmortal
al tiempo de despedida que le entregó para desprecio?
Inoportuna conciencia la hablaba del
comienzo del fin.
-Si te faltan teorías, no te
preocupes, hay tantas como días,
Como romeos escondidos andan en la
vida,
Perdidos, ¿y ellos dónde miran?
Si fijaran metas nada harían,
Si clavaran en ti tu mirada, todo
cambiaría.
Estas lista pequeña, date prisa.
Nunca pares o moriría, la fábula
forjada, en mi mente demente vacía. ¿De que valdría?
Esos cantos, esos ruegos, esos
llantos, ese cielo en el que tú creías.
Dime María ¿A quien querías?
Sacrificado te rendiría.
¡¡NO PUEDO PERDERTE!! -Con la entrada
en la mano besaba al unicornio de despedida, pegaba un azote al
bello animal bajándose al vuelo, y lanzaba la Svástica a sus carnes.
Le destripó en la locura, y las dos cabalgaduras adelantadas en
reciprocidad retrocedían al instante, por consenso sintieron
torturados en uno el indomesticable sufrimiento. No resignaron los
gritos al dolor y se detuvieron revelándose de riendas que hizo
tirar de la montura a los tres ocupantes.
Dios era el peor parado al haberse
frenado contra un dolmen del circulo central a metros
insignificantes de partir. Ratzinger había ido a parar cerca de
donde se detuvo la Svástica. Algo lastimado de los huesos fue a
cogerla, pero José, que no se había quedado atrás grabando en la
retina la secuencia, llegó intrépido para apartarle por puñetazos.
María que seguía atada, caída entre las piedras no parecía haber
sufrido excesivo el percance.
Pero Dios, a pesar de la contusión
estaba apunto de conseguirlo. Daba el primer paso hacia la tierra,
desviando la extremidad izquierda de la pierna le acompañaba el
brazo al entrar en el torbellino luminiscente. En la última jugada
se había hecho con la victoria, pero quedaba aun el suficiente
segundo para que al filo de la muerte la Svástica le seccionara el
tronco dejándole talado. Se arqueaba haciendo una flexión,
perdiéndose del resto del organismo divino parecía estar sujetado
por los intestinos para no caerse. José pudo pararlo antes de que
abandonara la estrella Zeta.
Ratzinger aun aturdía del mamporro
que se le había entregado a mala conciencia, José fue a buscar a
María antes de hacerse tarde, pero antes de que pudiera desatarla la
vista se giraba hacia la puerta de embarque. La cintura desligada de
Dios se cosía maciza recuperando el original estado. Cuando entró en
el marco de su grandiosidad, por entero vivo, enojado lanzó un rayo
permanente a José que le levantó dejándolo crucificado contra el
dolmen más cercano. Dios sin partir estaba de vuelta, permanecía en
Mizar su contorno, excepto el pie izquierdo que mantenía fuera de la
circunferencia ondulada de luz, con la huella pisando la tierra.
De este modo podía ser conductora su
energía sin suspensión, que había hecho gala arrojando contra la
piedra por fuerza ilimitada a José. María se removía para librarse
de las ataduras, y Dios la sentó a un dolmen anillándola con un aro
de luz el pecho y con otro la boca, del rayo afluente con el que
principalmente neutralizaba a José. Por lo que se entendía, Dios
tenía bastante rabia para que pudiera hablar la mujer. Repuesto por
el corte que le habían dado, ya no pensaba únicamente en irse lo más
aprisa posible, ahora se concentraba en odio.
Con clavos de luz martilleaba a José
por debajo de las muñecas, entre los dos huesos del antebrazo; el
cúbito y el radio, para no desgarrarle la parte muscular y cayera de
inmediato. Quería que sufriera lentamente, sin conocer que dos mil
años llevaba incrustado a carne viva el dolor-. Insensato, ¿qué
intentabas? No eres nada. Estabais a la caza de una solución para
matarme, organizados como boy scouts, sin saber que desde el
principio os manejé a conciencia. ¿Cómo crees José que encontraste a
María? ¿Y la profecía de nuestro esmerado traidor aventurero Gaudi?
Leo en tus ojos -hablaban en José- ¿Cómo es posible que no halla
muerto, si tenía la Svástica la sangre de Jesús? Ratzinger ya se
había despejado del golpe y andaba centrándose en lo que ocurría-.
Fuisteis muy listo hallaron la fórmula para introducir la sangre de
Jesús e intentar matarme, pero nuevamente os perdisteis en
creencias. ¡Jesús era tu hijo!
La noticia se recibía con un respiro
que no desintoxicaba la silueta que se había creado por poros de
dolencia.
-¿Porqué? -se autopreguntaba irónico
Dios-. Los padres de vuestros padres -hablaba tanto de José como de
María- construyeron esta estrella-almacén y eran los únicos que
conocían como acceder si fuese necesario una segunda vez, aunque
creo que ya habéis sacado muchas conclusiones a lo detective y sobra
comentarios. A sus hijos que fueron vuestros padres me vi obligado a
traérmelos a la Tierra para sacar de sus genes las claves, pero no
hubo manera. La transmisión era genética, al igual que os la pasaron
a vosotros aunque lo ignoréis.
-Cuando nacisteis escapasteis por
"coincidencia humana" de algún alevoso humano, pero fue muy fácil
encontrados y vigilados. Curiosamente, como predestinado estabais
hecho una para otro, al igual que vuestros padres que era juramento
el unirse antes de que llegaran aquí.
Mientras Dios contaba la historia
alborozaba al ver a José sufriendo por doble, ante la cruz y sobre
sus palabras. No era una llamada a darle una oportunidad el quedarse
allí y que se improvisara por infravalorarles una posible
consecuencia en su contra. Eso sólo pasa en las películas, dar
palabras para que te maten, nada podía hacer un mal papel, todos
estaban ya repartidos. Dios a pie de la tierra tenía toda la energía
dispuesta de los Atlantes más la de los humanos para destruir si
quisiera la estrella Mizar en un amago de chasquido de dedos.
Únicamente disfrutaba y echaba tripas afuera por algún motivo
especial toda la parafernalia ante sus derrotados enemigos.
-La ejecución de Jesús estaba
provocada porque podría conseguir tanto poder como yo al ser
engendrado por vuestra genética. La ocurrencia para acabar con él
fue la corona de espinos hecha del mismo material que la Svástica,
pero su muerte no fue tan predeterminada como puedas pensar. Es
cierto que intenté matarle antes, pero fue por otro motivo.
Miraba a María sin tentarle dar
ningún paso en contra de la tierra que pisaba. -De donde provengo
nuestras mujeres sólo pueden quedar embarazadas una única vez, por
eso quise ser yo quien la fecundara de forma natural -argucia
malévolamente- su óvulo.
María tenía ganas de meterse debajo
de tierra, pero no le dio esa satisfacción a Dios y le miraba a los
ojos.
-Extrañamente la gestación fue
múltiple, venían dos hijos de camino, uno mío y otro tuyo José -con
tantas historias de por medio era reminiscente a creer a Dios, ¿pero
para qué iba a mentirle? -Quise acabar con Jesús antes de que
naciera produciendo un aborto en María, pero maté a mi propio hijo.
Dios enconaba al acordarse, e intentó
mitigar la abominación del mal recuerdo-. ¿Nunca te contó María lo
del aborto espontáneo? ¿No? ¡Si en el fondo es una santa, siempre
reservándose su dolor!
José miraba a María para que no se
sintiera sola en la mal dicha que él, abatido al dolor, colgado de
brazos con el cuerpo que le tiraba hacia abajo, poco podía aliviar.
Los clavos de luz iban desgarrando lentamente la carne de los
antebrazos, y los huesos de las muñecas frenaban el descenso
acelerado.
Ella no podía mirarle, no quería
hacerle más daño del que ya se hacía sentir.
-Una triste historia que se perdió el
mundo. Ahora ya no me queda nada más que contados. Bueno si, mi
interés por recuperar la energía de los Atlantes es para destruir al
que fue una vez mi pueblo. Voy a ir a visitarle desde la tierra, y
formaremos, quitar el mos por favor, un nuevo sistema de unión, una
vez acabe con ellos. Pero vosotros no os preocupéis por lo que pase,
no estaréis allí para verlo, ni aquí. Vuestra energía como la de los
Atlantes la tengo yo. Cuando muera vuestro cuerpo dejareis de
existir. ¡La inmortalidad se acabó! -Paraba su extenso resumen de
descargos para correctiva sentencia.
-¡Vámonos Ratzinger! Z ya ha
pasado a mejor vida, está muerto para siempre -Dios acabó la cesión
de rayo que retenía a José y a María. A él, al arrancarle los clavos
de luz se tambaleaba agonizante al suelo, ella rastreaba para
llegarle como pudiese para sentirle la piel.
-¡Espera que recoja tu fruto mi Dios!
-comentaba Ratzinger agachándose a por la Svástica caída del último
lanzamiento de José.
Agradecido dios tanteaba el rostro
sádico. Se apartó a los ojos de los infelices que quedaban tirados,
y les demostró de espaldas la salida para traspasar el portón, por
definitivo y no tener que volverse arrepentir.
Ratzinger, el discípulo consagrado
por Dios, su elegido para la santidad, se lastimaba incomprensible.
El mismo se cortó en las venas con la Svástica, y al quite cuando
Dios se codificaba casi al completo se-, ¡NO ES VERDAD! -la
incrustaba al reverso del latigazo enviado, recorriendo el
hiperespacio exterior y el lánguido cuerpo interior de Dios. La
magnanimidad que llena las malas artes a la muerte le flojea, se
marea, y cae cimentando entre la base de la tierra y de la estrella
que rebrilla.
La obertura del diluvio ocurría en
los dos planetas por consecuentes. Del descubierto desmontado Dios,
desvanecía los millares de millones de almas capturadas en vida. Y
aun siendo ya consumidas en energía para su uso pérfido, quedaban
los cartuchos de cada una con pozos aglutinados de darle de cara al
nombre de la personalidad.
A cuentagotas se llovía honorando a
los muertos, liberando toda la carga no usada en la existencia. En
la tierra eran lágrimas lo que llegaba del cielo, en Zeta eran gotas
de sangre lo que caía. Al igual, la energía de los Atlantes volvía a
ellos, merecedores de reencontrarse. María y José si la tenían no
estaban en condiciones de uso, al ser planeta maldito para
aprovecharlo.
José estaba menguado sin fuerzas,
María que ya escapó de las ramas que la contenían, le abrazaba para
no perderle.
Ratzinger se acercó a ellos, y se
inclinó para hablar. José que no podía ni con su alma, le
distorsionaba su imagen, María cansada del camino duradero de
espinas no disponía de ganas de seguir luchando. Abrazaba fuerte a
José, porque esta vez si iría con él hasta el final.
-¡No tengas miedo Madre, soy el
espíritu santo!, por los siglos de los siglos...
Daría que pensar, sin renunciar a los
detalles que expliquen estilistas la conversión del modo terráqueo
al mundo religioso se presenta la duda elocuente, ¿quiénes somos?
Por esmero no concibo la propia idea sea real, y matemática enredosa
suma por continuar hacia delante. Se presume inquietud, anulo mi
afán por presentir quienes somos, y me preocupare por turnos
preferenciales.
Estos pensamientos, vagan cercanos a
José agravado, María diezmada, y Ratzinger fuera de tono al alejarse
hacia el portón. Anhelos por ignorar respuestas que despuntan la
realidad, acondicionado y entre todos los cuerpos y mentes las
sensaciones se vuelven palabras, estando impresionadas de puños en
gotas de letras de sangre.
Particular, cede los intervalos de
mutismo. Dios destronado por Ratzinger, angustia el propósito de qué
hará. Aparte de la humanidad, en el preciso instante que mira a los
sentidos adversarios sin ceder gestos que reflejen cualquier
decisión. Atenuante, embelesado, recoge la Svástica con que
sacrilegió parricidio. Transitorias se han ido preguntas del
momento, al ver un rostro desanimado en los ojos de Ratzinger, José
acoge el dolor como suyo. La tristeza que deporta necesita una mano
amiga, que le dé la bienvenida a la vida. Buen adicto a las cargas
multipersonales, ahora sabe que comparte lo que es sufrir, y
vocifera en tristeza lo que le demuestra ser humano.
La densidad del globo, aletargado
como el despertar del invierno de un oso, buscará una vez más
consuelo que acopiar, antes que sentirse mal. La verdad, ¿de verdad
importa? La mentira piadosa reconforta en el frío intenso. Sin
cariño de un abrigo, te ruego adorado sol me des tu calor, aunque me
quemes no ceses de cegarme. Mis ojos de ti no apartaré, no me dejes
en la noche gritando el origen de la luz. ¡Guíame hasta allí para
olvidar que sin ti me perdí!
Los Atlantes pagaron su ignorancia en
castigo, los moradores del planeta de origen se aproximarán roto el
espejo intermedio hasta el punto que señalen como guerra o como paz,
para que conozcan la realidad. ¡La distinta doblemática realidad!
El mundo viaja por el tiempo del
espacio, perdido en los confines.
La tierra descolocada, gira sin
conocer cual fue su principio, y sin fin, de momento que señale el
final.
Índice
Prólogo.........................................
................... 3
Capítulo I
Reencuentros..................................5
Capítulo II
Desconocida................................29
Capítulo III La profecía
Z..............................60
- Capítulo IV
Imborrable..................................81
Capítulo V La Svástica
Comunista................94
Capítulo VI El
desangre................................111
Capítulo VII La muerte de la
cruz...............119
Capítulo VIII El condenado
Vaticano........158
Capítulo IX Ptolomeo &
Ptolomeo...........191
Capítulo X Stonehenge.................................208
Capítulo XI Jose vs Ratzinger......................236
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